Y en el medio, tú: 1 Capítulo 3 #5
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Capítulo 3 #5

Pulsé el botón de enviar comprobando cómo automáticamente de llegarle, su estado cambio a online leyendo mi men saje de inmediato.

Para mi sorpresa, no hubo respuesta. Solo se conectó y se desconectó varias veces mientras sentía cómo mi mente disociaba, viajando hasta lo que estaría pasando por su mente.

Decidí tomarme aquella última conexión como una señal para apartarme de las tecnologías, guardando de nuevo aquel teléfono dentro de mi bolsillo.

Los que quedaban en mi salón seguían bailando cualquier género que sonara en forma aleatoria.

Tania me dedico una sonrisa alzando lo que quedaba de su copa antes de darle el último sorbo con los primeros acordes de la canción que catapultó a Isabella a la fama sonando de fondo.

Otra cruel ironía de la vida. Tener que observar allí apoyado en aquella barra de la cocina cómo la gente bailaba aquellos acordes con ritmos latinos autóctonos suyos que me transportaban a aquel video que había memorizado con lujo de detalles.

Detalles que hasta Tania trataba de imitar desde la admiración y el respeto.

Al verme mirándola, agarró su copa vacía antes de dirigirse hacia mí, obligándome a respirar hondo para no dejar que viera la absurda rabia que recorría mi cuerpo.

—¿Por qué tan solito? —Los brazos de Tania rodearon mi cintura desde atrás, colocando su cabeza sobre mi hombro.

—Yo me veo bien acompañado —respondí sonriendo mientras me giraba para ponerme frente a ella.

—¿Qué te han parecido mis amigos? —preguntó colocando de forma juguetona sus brazos alrededor de mi cuello.

Sonreí mirando a nuestro alrededor rápidamente antes de volver a mirarla.

—Parecen buena gente —respondí acariciando la barbilla de Tania con mi dedo índice—. ¿Y tú? ¿cómo te lo estas pasando?

—Mañana seguro que me arrepentiré de todo lo que me estoy bebiendo hoy, pero… —dijo divertida acercándose a mis labios—. Estar con semejante tío buenorro, merece la pena.

—¿Dónde? —pregunté divertido mirando a todos lados, simulando que buscaba a alguien.

—Pues tú, quién más —respondió entre risas antes de besar mis labios con un beso lento. Justo cuando aquel beso estaba empezando a ponerse interesante, ambos notamos mi teléfono vibrando dentro de uno de mis bolsillos.

—¿Rubén? ¿Eso es que te alegras de tenerme tan cerca?

—Eso es la llamada de la inoportunidad —dije volviendo a besar aquellos labios antes de sacar aquel maldito teléfono.

Tania se separó para llenar su copa, dándome espacio para comprobar de quién se trataba.

—¿Vienes o te espero? —preguntó agarrando otra botella de vino entre sus manos. Lamí mis labios al ver el nombre de Isabella parpadeando en mi pantalla—. ¿Rubén? —Tania volvió a preguntarme. Asentí disculpándome antes de contestar.

—Perdona… Es importante, ve adelantándote… —respondí con una breve sonrisa.

Tania asintió besando mis labios antes de salir de aquella cocina. Miré a mi alrededor para comprobar que estaban todos lo bastante ocupados o borrachos antes de salir de aquella cocina para contestar y evitar interrupciones.

—Hola —respondí tapando mi otro oído con el dedo índice para escuchar mejor.

—¡Feliz año! —La voz de Agustín desde el número de Isabella me sorprendió.

—Feliz año. —Me senté en el borde de mi cama—. Ya acabaste con el minibar, ¿verdad? —dije burlándome.

—Casi… Aquí andamos preguntándonos cuándo vas a ve nir a tomarte la primera del año y celebrar que volviste.

Alcé la mirada hacia la puerta escuchando de fondo la música de la sala donde se encontraba Tania.

—¿Y cómo es que me hablas desde el teléfono de tu hermana? —pregunté inhalando lentamente.

—No sé dónde dejé el mío… Es que llevo toda la noche esperando que mi hermana saque el licor bueno… Y dice que hasta que no vengas no lo me dejará acercarme…

—Por eso me has llamado, ¿no? Como excusa para beberte el licor caro de tu hermana —dije divertido escuchando lo poco que me permitía la música, las carcajadas de Agustín.

—Cómo me conoces… ¿entonces qué?

—No puedo, me han organizado una fiesta en mi casa y esta gente parece que no tiene pinta de querer irse… —respondí acariciando de nuevo mi labio inferior con la lengua antes de coger aire.

—Es una pena… Teníamos muchas ganas de verte.

—Yo también a vosotros… —respondí casi en forma de susurro, imaginando a Isabella junto a Agustín en aquella enorme cocina blanca—. Prometo escribir mañana para veros, si no tenéis mucha resaca…

—Bueno… Hablamos, ¿vale? —Su tono cambió como si alguien le cortara.

—Dale… Pasadlo bien.

—Igual, Lalo… —Hizo una pausa antes de despedirse—. Avísanos si te apetece mañana venir a comer.

—Lo haré… —respondí tratando de aguantar las ganas de preguntar por ella—. Feliz año, dale un beso a tu hermana de mi parte…

Al colgar me quedé varios segundos mirando el teléfono antes de alzar la mirada a la sala. Suspiré al ver que realmente estaba barajando la idea de ir allí para quitarme estas inmensas ganas de verla después de más de cuatro años sin poder tenerla de frente, sin poder olerla, abrazarla…