Y en el medio, tú: 1 Capítulo 3 #4
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Capítulo 3 #4

Y como me llevaba pasando toda mi vida, cada que el tierno recuerdo de alguna mujer o la esperanza de un nuevo comienzo rondaba mi mente, Isabella aparecía recordándome que siempre sería ella.

Suspiré al ver a Isabella en una de las páginas de una revista de chismes que ojeaba la mujer que iba a mi lado.

No era capaz de apartar los ojos de aquel cabello rizado oscuro y mojado sobre una tabla de surf leyendo aquel titular:

Isabella reaparece luciendo cuerpazo en sus vacaciones, esta vez sin Marc. ¿Nueva crisis?

Mis ojos trataban de leer de reojo con disimulo algo de aquel artículo, donde alababan su cuerpo con cuarenta y cinco años.

No pude evitar sonreír al volver a ver aquella foto subida sobre la tabla de surf.

Volví a recostarme en aquel incómodo sillón del avión al ver la señal encendida para que volviéramos a abrocharnos los cinturones recorriendo los últimos minutos antes de aterrizar por fin en Madrid.

El corazón me latía con más intensidad a medida que aquellas ruedas golpeaban el asfalto para empezar a frenar, observando cómo todos los que estaban en aquel avión desabrochaban sus cinturones para poder ser los primeros en salir nada más abrir aquellas puertas.

—Gracias por volar con nosotros, feliz año.

Las azafatas que te esperaban en la puerta se despedían uno por uno de todos los que íbamos saliendo.

Coloqué de nuevo la gorra sobre mi cabeza antes de levantarme, agarrando mi maleta de mano del compartimento de arriba.

Al bajar aquellas escaleras, el frío aire de diciembre me daba la bienvenida obligándome a ponerme la chaqueta para no helarme.

Paseé por aquellos enormes pasillos observando cómo la gente corría en busca de sus familias que estaban deseosas de recibirlos al otro lado de aquella enorme puerta que a mí me tocaba cruzar en solitario.

Mientras esperaba a que saliera mi maleta de aquella cinta circular, desbloqueé mi teléfono para comprobar la hora.

Aún quedaban algo más de cuatro horas para terminar aquel 2022.

Dos mensajes aparecieron en mi pantalla de notificaciones.

Isabella y Tania.

Mi subconsciente eligió por mí, abriendo el mensaje que Isabella me había mandado antes de devolver la llamada a Tania.

Tengo fe en que este año que entra será la recompensa de todo lo que los años anteriores te han quitado.

Gracias por estar siempre, incluso a miles de kilómetros,

Le estaré eternamente agradecida a l a vida por ponerte en mi camino.

Feliz 2 023, Rubén, ojalá podamos vernos pronto para darte un gran abrazo, amigo.

Aquellas palabras me sacaron una breve sonrisa antes de devolver la llamada a la mujer que me hacía olvidarme poco a poco de esta obsesión que había estado acarreando durante años.

Busqué su nombre entre mis contactos favoritos del teléfono mientras alzaba la mirada hacia aquella cinta que no paraba de dar vueltas dejándome ver mi enorme maleta al fondo.

Cuando tuve la maleta a mi alcance, la agarré para abandonar aquel aeropuerto repleto de gente deseosa de volver a sus casas para terminar el año con sus seres queridos.

Al cruzar la puerta de salida de aquella terminal, vi salir a Tania de mi queridísimo Mercedes para venir a recibirme con la más amplia de las sonrisas, siempre con su brillo que embriagaba a cualquiera.

Me recibió con un enorme abrazo como si lleváramos más de un mes sin vernos.

Al terminar aquel abrazo, agarré su cara entre mis manos, para demostrarle con un beso espontáneo en los labios lo mucho que la había echado de menos, sin saber que aquel romántico e impulsivo gesto lo estaban presencian do otros ojos que no lo observaban con el mismo entusiasmo que algunas de las personas que pasaban detrás de nosotros.

Al terminar de besarla, me quitó la gorra de mi cabeza para ponerla sobre la suya, dejando su pelo largo y ondulado tras sus hombros.

Su boca sonriente volvió a besarme, aferrándose a mi cintura.

—¿Nos vamos? —le pregunté mientras entrelazaba una de sus manos entre mis dedos.

—Vamos —respondió con una amplia sonrisa entre sus labios antes de tirar de mi mano para irnos.

Al arrancar, cerré brevemente los ojos esbozando una leve sonrisa al escuchar aquel motor rugir.

Tania se echó a reír mientras abría de nuevo los ojos mirando a mi alrededor, divertido.

Cuando miré a mi alrededor para comprobar que tenía vía libre para salir, observé una furgoneta Volkswagen California marrón y blanca aparcada en la zona de taxis.

Aquella furgoneta me sonaba de algo, en algún sitio la había visto.

La furgoneta salió a toda velocidad al darse cuenta de que la miraba mientras la voz de Tania me avisaba de que nos dejaban salir, captando de nuevo mi atención para salir de aquel aparcamiento rumbo a mi querido piso.

Nada más llegar, Tania abrió la puerta entregándome las llaves, provocando al entrar un grito unísono de todos los que estaban allí dándome la bienvenida.

Saludé uno a uno a los presentes a la vez que mis ojos buscaban inconscientemente a una persona en especial, a sabiendas de que tenerla allí era imposible ya que ni Tania ni nadie sabía de mi amistad con ella.

La noche transcurrió entre risas y alcohol.

Era raro estar sobrio entre tanta gente ebria celebrando la entrada de aquel nuevo año.

Este año, a diferencia a los que había pasado encerrado en Cuba, le di la bienvenida besando los labios de Tania antes de felicitar el año a los demás.

No recuerdo en qué momento de la noche terminé bailando uno de mis grupos cubanos favorito descalzo y con el pelo semirrecogido en un moño que me había hecho para la cena, acompañado de Tania que trataba de seguirme el compás.

Aquel momento quedó registrado en redes sociales para felicitar el año nuevo, momento que aproveché para comprobar la notificación que me había llegado avisándome de que Isabella había publicado una nueva foto.

Deslicé un poco hacia abajo la notificación antes de discúlpame para dirigirme hacia la cocina, dejando caer el peso de mi tronco superior sobre la barra para observar la foto con detalle.

En la foto se podía ver cómo Isabella aparecía tras Marc besándole en los labios sin dejar de mirar a la cámara, callando así los rumores de ruptura que llevaban meses acechándoles.

Inmediatamente arrugué los labios, apretando la mandíbula molesto.

Reabrí su mensaje felicitándome el año para responderle bajo los efectos de la sensación que aquellas dos fotos habían provocado en mí.

Feliz 2023, querida amiga,

te deseo de todo corazón que este año te d é la fortaleza que necesitas

para afrontar todo aquello que te quita luz y te des cuenta de lo excepcional que eres.

Yo también espero y deseo ese abrazo, feliz noche.