Y en el medio, tú: 1 Capítulo 2 #8
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Capítulo 2 #8

La piel se me erizó desde la cabeza a los pies al sentir sus labios sobre los míos, besándonos como si el mundo fuera a acabarse allí mismo, saboreando cada centímetro de mi boca.

Una de sus manos abandonó mi cara, para bajar por mi piel desnuda y mojada buscando partes de mi piel que llevaban tiempo sin tocar nadie.

Un leve gemido salió de mis labios aún presos de los suyos.

Una sonrisa se dibujó en sus labios antes de llevar sus besos por mi cuello, besando cada centímetro de mi piel, ambos mojados por aquella ducha que no dejaba de tirar agua sobre nuestros cuerpos.

Sus manos me alzaron colocándome sobre su cintura sacando nuestros cuerpos empapados de aquella ducha.

Aferré mis manos sobre su cuello, besando sus cálidos labios, recorriendo cada rincón de su boca, sintiendo los bordes de su barba acariciar mis labios al besarnos.

Entre besos ansiosos y caricias, dejó caer mi cuerpo sobre la cama, colocándose despacio sobre mí para terminar de quitarse la camisa empapada de su cuerpo.

Llenó cada punto cardinal de mi cuerpo de besos juguetones.

Mi cintura se arqueó al notar sus labios entre mis piernas, sus dedos sobre mi cintura, mientras mis manos apretaban los pliegues de aquellas sábanas…

—Rubén… —Cerré los ojos, susurrando su nombre casi en forma de gemido, buscando su cabeza con mis manos para atraerlo hacia mí.

Al abrir de nuevo los ojos, llevé ambas manos sobre mis labios.

Comprobando asustada, que seguía en aquella ducha, sola.

Tuve que parpadear varias veces seguidas mientras cubría mi cuerpo mojado, con el albornoz que colgaba de la pared.

Me senté sobre la taza cerrada de aquel váter, mirando mi reflejo a lo lejos en aquel enorme espejo.

Qué diablos acababa de pasarme. Mis manos nerviosas volvieron a cubrir mis labios, a la vez que mis ojos buscaban sobre mi reflejo alguna explicación de qué acababa de pasarme.

Posiblemente me dejé llevar por el ambiente, los vapores del agua caliente, por haber leído su nombre antes de meterme a bañar.

Tenía que ser eso, qué iba a ser si no. Cepille mi pelo rápidamente tratando de coger todo el aire que pudiera antes de salir de aquel maldito baño que me había confundido con tanta ducha efecto lluvia.

Al abrir la puerta, me asomé despacio encontrándome de frente la misma cama donde mi cabeza había fantaseado con Rubén desnudo, sobre mi cuerpo a punto de hacerme el amor.

Cerré los ojos resoplando, dejándome caer en un sillón que había frente aquella cama, recordando lo real que había sentido el tacto de mis dedos aferrándose a aquellas frías sábanas con fuerza.

La sensación de sus labios besándome ahí abajo.

No paraba de darle vueltas a los mismo. Qué tenía en la cabeza para estar pensando en esas cosas con este muchacho.

Posiblemente él estaba pasando uno de los peores momentos de su vida y mi cabeza enferma se ponía a pensar en esa cantidad de tonterías.

Resoplé aferrándome a la ropa que tenía entre mis manos antes de vestirme.

Bajé a cenar algo de lo que Yaris había dejado preparado antes de irse de fin de semana, acurrucándome en el sofá mientras devoraba aquel plato de salmón con verduras.

Automáticamente, al acabar de comer me consumían las ganas y busqué el nombre de Rubén, cayendo en mi propia trampa, contemplando aquellos ojos otra vez para seguir torturándome con aquella fantasía.

—¿Qué estás haciendo, Isa? —me dije a mí misma observando sus fotografías en redes sociales.

Froté la cara con mis manos soltando de nuevo el teléfono sobre el sofá mientras me levantaba observándolo a lo lejos con sus ojos mirándome aún—.

No me mires así —dije señalando el teléfono.

Contemplando aquella foto donde aparecía sonriendo en primer plano—.

Esto es tu culpa, por desaparecerte así…

—¿Con quién hablas? —La voz de Agustín esperando para entrar me sobresaltó.

Llevé una mano hacia el pecho tratando de recobrar la com postura después de aquel susto mientras me acercaba sutilmente hacia el sofá para bloquear el teléfono.

—¡Gus! —le regañé sentándome de nuevo en la cama cubriendo el teléfono—. Me has espantado…

—Perdona, he tocado varias veces… —respondió entrando con su teléfono en las manos—. ¿Qué haces aquí? ¿No os ibais de fin de semana?

—Ha habido cambio de planes. —Enredé mis dedos en el pelo mirando a mi alrededor—. ¿Tú qué haces por aquí?

—Vine a por unos papeles que dejé en tu despacho…

—Ah… Pues pasa —murmuré sentándome de nuevo en el sofá.

—¿Todo bien? —Sus ojos me miraban preocupados.

—Sí…

—Pues no lo parece.

—Preferiría no hablar de ello —dije viendo cómo se sentaba a mi lado.

—¿Quieres que vayamos a dar una vuelta?

—Gracias… —Apreté su mano en agradecimiento—. Pero no tengo ánimo, ni ganas de que nadie me vea así…

—Entonces déjame que te traiga un cafecito.

Besó mi cabeza antes de levantarse, llevándose el plato vacío que estaba sobre la mesa antes de salir del salón. Inhalé todo el aire que pude buscando con los ojos mi teléfono, rogando que su nombre volviera a aparecer casi con necesidad.

—Te buscan —la voz de mi hermano volvió a sacarme de mis pensamientos al verlo aparecer extendiendo su brazo, ofreciéndome el teléfono.

Pregunté quién era casi susurrando para que fuera quien fuera no me escuchara. Agustín alzo sus cejas con media sonrisa dibujando su cara pasándome aquel teléfono.

—¿Bueno? —pregunté colocando mi pelo tras mis hombros.

—Hola…