Y en el medio, tú: 1 Capítulo 2 #4
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Capítulo 2 #4

Desperté con los primeros rayos de sol sobre la habitación.

Froté mis ojos aún tratando de despertarme, estirándome mientras buscaba mi teléfono para mirar la hora.

Al girar mi cuerpo, comprobé que la cama estaba vacía.

Cogí aire para soltarlo lentamente a la vez que me incorporaba, acomodando mi pelo con una goma para recogérmelo.

Tras ponerme las zapatillas, salí de la habitación agarrando mi bata para cubrirme, ya que seguía haciendo el mismo frío o incluso más que anoche.

Al bajar las escaleras rumbo a la cocina me encontré con Yaris y Elia, la chica que se encargaba de cuidarla, preparando su mochila.

—Buenos días, señora —me saludó con una amplia sonrisa. Acaricié su espalda al pasar por su lado.

—Buenos días… Vi que el cuarto de Violeta estaba arreglado, ¿dónde se fue?

—Sí, señora, el señor Marcos vino por ella bien temprano —respondió Yaris apenada—.

—Está bien… ¿Quieres un café? —Volví a mirarla con una sonrisa para que se relajara.

—Gracias, señora… Ya desayuné. —Me dedicó una cálida sonrisa antes de seguir metiendo la ropa—. Además el señor Marcos me pidió que lo tuviera todo listo cuando volviera con la pequeña. —Miré divertida a Yaris y a Elia tras escucharlas hablarle de señor.

—¿El señor Marcos? —pregunté divertida al escucharle tal título con treinta y cuatro años recién cumplidos que tenía.

—Uy sí, señora… Él no es como usted… —Yaris respondió apenada.

—Y… ¿sabéis dónde fueron?

—A pasear el perrito de sus señores suegros…

La miré extrañada preguntándome si Marc habría dormido en casa de sus papás.

Froté sus brazos con cariño antes de servirme un poco de café.

Antes de poder degustar mi café, entraron con el perrito de mis suegros en brazos.

Su cara se veía cansada, seguramente se habría tirado toda la noche de fiesta.

Respiré hondo al verlo aparecer con la cara de trasnochado y su semblante serio.

—¡Mami!

—¡Mi bombón! —la llamé poniéndome de cuclillas para abrazarla. Ambas nos dimos un fuerte abrazo.

—Elia, ¿está todo listo? —Marc preguntó mientras soltaba las cosas sobre la mesa de la cocina.

—Sí, señor. —Giré la cabeza para mirar a Elia, que me hizo una leve mueca. Besé la cabeza de Violeta antes de ponerme de nuevo en pie.

—Por cierto —dijo agarrando la mochila—. Te he dicho mil veces que no me gusta que la niña se acostumbre a dormir en nuestra cama —dijo mirándome con sus ojos trasnochados—. No sé cuántas veces tengo que repetir las cosas.

—No sabía que siguiera siendo nuestra cama… —respondí devolviéndole la mirada—. Como nunca duermes en ella…

Marc respiró hondo agarrando mi brazo sutilmente para acercarse a mi oído y así nadie más escucharle.

—No estoy de humor para tus gilipolleces, así que no empieces —dijo colgándose la mochila sobre el hombro antes de soltarme—. Vamos, Violeta, despídete de mamá.

—¿Adónde la llevas?

—A casa de mis padres… ¿Tú me escuchas cuando te hablo?

Ambos nos quedamos viendo en silencio con el semblante serio. Marc lamió sus labios antes de apartar la mirada. Me agaché de nuevo tras un breve suspiro para ponerme a la altura de mi pequeña.

—Pórtate bien, ¿vale? Y haz caso a los abuelos —dije dirigiéndole una amplia sonrisa tratando de que no se diera cuenta de nada antes de besar sus mejillas.

—Sí, mami, te lo prometo —me respondió enredando sus bracitos sobre mi cuello abrazándome.

—Te amo. —Besé su mejilla con cariño antes de soltarla.

—Y yo a ti. —Sonrió devolviéndome el beso antes de irse al lado de Marc.

—Cuando esté llegando te llamo para que salgas, así que date prisa… No quiero tener que esperarte como siempre. —Marc se giró brevemente para avisarme antes de irse de nuevo. La mano de Elia se enroscó en mi brazo, acariciándome.

—No le dé importancia… Sabe que el señor se pone de mal humor cuando no duerme bien —dijo antes de irse.

—¿Sabes a qué hora llegó anoche? —pregunté devolviéndole la mirada—. ¿O si llegó…?

—Llegó en la mañana, serían las seis… —Se detuvo para responderme—. Se bañó, tomó café y volvió a irse

—¿Llegó solo?

—No, señora…

Elia me miró dedicándome una breve mueca respondiéndome apenada antes de irse a disfrutar de su merecido fin de semana.

Le lancé una breve sonrisa mientras me quedé ahí parada asimilando que quizás aquellos chismes podían tener razón.

Una vez me quedé sola en la cocina, pulsé el botón de la televisión al pasar por debajo de ella, escuchando mi nombre en uno de los miles de programas de chismes que había.

Suspiré sin hacerle demasiado caso mientras saboreaba mi café.

Reconocí entre todos los que estaban ahí, a un periodista de tenerle todos los días apostado frente a mi puerta, hablando de las últimas fiestas donde se había visto a Marc, acompañado de varias mujeres.

Alcé las cejas antes de centrarme nuevamente en mi café.

Sabía que las imágenes eran de anoche, ya que ni siquiera había tenido la decencia de cambiarse de ropa para disimular.

Era la primera vez que no podía apartar la mirada de uno de aquellos programas.

Salía riéndose junto a una chica a la que podía sacarle varios años.

Me dolía el corazón al ver aquellas imágenes.

Verle ser con esa chica como antes solía ser conmigo.

Estaba dispuesta a quitar aquel programa basura que me obligaba a recordar cuándo este matrimonio empezó a irse a pique, cuando escuché el nombre de Rubén.

Sentí cómo mi pulso esta vez sí se aceleraba mientras me acercaba a la televisión, sentándome en el banquito que había frente ella. Removiendo aquel café sin hacerle caso.

—Cómo hemos anunciado antes, tenemos una exclusiva sobre nuestra querida Adriana Sánchez, Carmen cuéntanos…

—Empezaron a aparecer imágenes de Rubén mientras la televisión se dividía en dos.

A la derecha aparecía la reportera sentada sobre una mesa mientras que a la izquierda pasaban imágenes de él parecidas a las que había mirado por internet el día de antes, acompañado de Adriana su mujer.

—Hemos tenido acceso al entorno más cercano de Adriana y nos han confirmado esta mañana lo que llevábamos tiempo rumoreando.

Al parecer la pareja habría puesto fin a su matrimonio, tras nueve años.

No hemos podido conocer los motivos por los que habrían decidido divorciarse, lo único que nos ha contado la representante de Adriana es que ha sido algo de mutuo acuerdo y que próximamente tendríamos a Adriana de regreso.

No nos han podido confirmar c ó mo se encuentran actualmente ninguno de los dos; pero, lo que sí nos han podido contar es que desgraciadamente, ambos padres del que fue su marido, Rubén, habrían fallecido…

—¡¿Qué?! —dije casi sin voz al escuchar aquella horrible noticia tragando saliva para poder volver a acordarme de respirar.

—Todo nuestro cariño a Rubén … es una noticia lamenta ble. Esperamos que se encuentre bien dentro de las horribles circunstancias que tendrá que estar pasando ahora mismo…

No podía dejar de mirar atónita aquella pantalla viendo pasar sus imágenes una y otra y otra vez mientras los tertulianos seguían comentando la noticia del divorcio de Rubén y Adriana.

Cómo era posible que la vida pudiera enseñarse tanto con alguien tan bueno como él.

Cómo era posible que Adriana pudiera abandonarlo tras haber perdido a sus padres.

Llevé una de mis manos al pecho casi empatizando con el dolor que debía de estar sintiendo Rubén ahora mismo.

Perdí a mi madre al poco de cumplir ocho años.

La pérdida de una figura tan importante como la de tus padres es algo que es capaz de destrozar hasta al más fuerte y, por desgracia, tenía que enfrentarse a eso solo junto con todo lo que implica un divorcio.

El sonido de mi teléfono me obligó a dejar de prestarle atención a la televisión, recordándome que Marc venía de camino.

Su mensaje avisándome de que acababa de salir de casa de sus padres me hizo correr escaleras arriba para vestirme.

Había perdido la noción del tiempo. Agarré de mi armario un pantalón vaquero oscuro y jersey de rayas.

Una vez arreglada y perfumada, me dejé caer un momento sobre la cama para hacer una llamada.

—Hola, bombón. —Sonreí al escucharla al otro lado de la línea.

—Hola, Pau. —Me acomodé el pelo sobre mi hombro derecho mirando rápidamente a la puerta—. ¿Te puedo pedir un favor?

—Dispara.

—Necesito que presiones a quien tengas que presionar para adelantar el videoclip de No sirve de nada para que salga… ¿sería posible?

—¿Cuándo?

—Ya… —respondí mojando mis labios—. Diles que está cortado, editado… que na más tienen que publicarlo

—Déjame ver qué puedo hacer, pero… ¿por qué la prisa? Lo teníamos planificado para principios de año.

—Lo sé, pero… me gustaría adelantarlo… Es una corazonada de esas que tengo.

—Está bien… Déjame ver qué puedo hacer.

—Gracias… eres la mejor.

—Lo sé —respondió burlándose.

—Llámame cuándo sepas algo

—Por supuesto

—Gracias… un beso. —Sonreí levemente como si me estuviera viendo antes de colgar.

Coloqué un mechón rizado rebelde tras mi oreja antes de meterme nuevamente en la conversación de Rubén. Suspiré al ver que aún no había leído ninguno de mis mensajes desde noviembre del 2017.

Releí despacio aquellas últimas palabras que le había dedicado sin respuesta.

El sonido de la puerta del dormitorio abriéndose me obligó a cerrar corriendo aquella conversación.

Marc apareció tras aquella puerta mirándome con una amplia sonrisa.

Me invadía una sensación extraña cada vez que alguien aparecía mientras miraba algo de Rubén.

Como si estuviera haciendo algo malo o me estuviera escondiendo por algo.

—¿Lista para nuestra escapada romántica? —dijo mostrando su perfecta sonrisa mientras se acercaba a mí.

Sonreí extrañada por su cambio de actitud, levantándome de aquella cama que rara vez compartíamos los dos.