Capítulo 2
Habían pasado cuatro años sin saber absolutamente nada de él.
No sabía si se encontraba bien, si seguía en Miami o si seguía vivo siquiera.
Era como si la tierra se lo hubiera tragado.
Desde que se fue, no podía parar de pensar en qué estaría haciendo.
Sobre todo, después del parón que el COVID nos obligó a hacer en nuestras vidas.
Cada noche rezaba para que Dios lo protegiera de aquel horrible bicho que tanto daño había hecho.
Quizás pareciera un poco «acosadora» pero me inquietaba no saber de él, porque Rubén siempre respondía los mensajes y desde que se fue, ni siquiera me había respondido a la foto que le mandé al cumplir cuarenta años.
Y hacía meses que había entrado en los cuarenta y cuatro.
Tampoco nos respondió ni a mi hermano ni a mí cuando lo felicitamos por sus cumpleaños.
Era como si la tierra se lo hubiera tragado.
—¡Isa! —La voz de mi hermano gritándome me trajo de nuevo del mundo cósmico en el que me encontraba—. ¿Dónde estás?
—En el despacho.
—Llevo un rato llamándote… ¿en qué piensas? ¿En papá? —Negué pasando mis dedos por el pelo, acomodándomelo.
—No… —Encogí mis hombros mirándolo—. En nada, en realidad… ¿Cómo se ha portado mi pequeña?
—Siempre se porta bien cuando va con su tío preferido.
Se acercó demasiado rápido a mí sin darme tiempo de reaccionar para poder esconder que estaba dentro de la conversación de Rubén. Me miró de forma intrigante al verme salir corriendo de su conversación.
—¿Le has escrito? —Negué con la cabeza a la vez que blo queaba rápidamente mi teléfono—. No me mientas.
—No tendría por qué mentirte. —Encogí de nuevo los hombros mientras jugaba dándole vueltas al teléfono—. ¿Y tú…? ¿Has hablado con él?
—Sí —respondió dejando caer su cuerpo sobre el sofá, acomodándose la camisa al sentarse.
Soltó un breve suspiro antes de empezar a explicarme—.
Nos hemos estado comunicando por mensajes, pero al poco de empezar la gira, no sé si cuando estábamos en París, recibí un último mensaje avisándome de que su papá había fallecido…
—Me senté junto a él al escuchar aquella horrible noticia.
Cómo era posible que nadie me hubiera dicho de eso antes—.
Lo del papá no se lo esperaba nadie… El motivo de su viaje era porque su mamá llevaba bastante tiempo enferma con un cáncer y estaba empeorando…
—Apoyé las manos sobre mi cara, dejando caer mis codos sobre las rodillas—.
Después de ese día… no hemos vuelto a hablar más…
—Sacó su teléfono del bolsillo delantero del pantalón para enseñarme los mensajes.
Me dio unos leves toques con el teléfono sobre mi pierna para que los mirara.
—¿Por qué no me has contado nada de esto antes? —le recriminé agarrando su teléfono.
—Hemos estado más de seis meses viajando por todo el mundo, he estado pendiente de la promoción del disco… de tus propios problemas con ese marido tan maravilloso que tienes….
—¿Y no crees que una noticia así es mucho más importante?
Lo de Marc no es excusa… Rubén estuvo cuando perdí la voz…
Deberías de habérmelo dicho, tú mejor que nadie sabes lo bien que se portó conmigo.
—Desvié la mirada hacia el teléfono bloqueado de mi hermano, acariciando brevemente la pantalla—. ¿Cuándo fue?
—Al poco tiempo de empezar, mediados de junio a más tardar.
—Santo dios… —Suspiré dejando su teléfono antes de ponerme en pie.
—Se me pasó contarte, con todo lo que hemos tenido que batallar con prensa, productores, organizadores… Y ahora con el tema ese del viaje que quieres hacer rollo familia feliz. —Se levanto tras sus últimas palabras.
—Lo necesitamos, Gus… Necesitamos hacer algo en familia, Violeta lo necesita…
—Mi sobrina lo que necesita es a su padre —sentenció agarrando de nuevo su teléfono del sofá que estaba frente a mí.
Cogí aire a la vez que llevaba las manos hacia mi cara.
—Por favor, Gus…
En ese justo momento tocaron la puerta obligándonos a los dos a respirar profundamente.
Tras respirar varias veces, contesté para que pudieran entrar.
Al abrirse la puerta, apareció Marc, para el coraje de mi hermano.
Agustín nada más verlo entrar, se disculpó antes de salir.
Ninguno de los dos se soportaba. Y si lo hacían era lo estrictamente necesario y eso a mí me dolía, porque ambos eran importantes para mí.
Marc se acercó a mi dándome un rápido beso en los labios viendo cómo la puerta se cerraba al irse Agustín.
—¿Estabais discutiendo? —preguntó dejándose caer en aquel sofá donde había estado mi hermano minutos antes, con sus ojos puestos en su móvil.
—No… Solo organizando cosas para el viaje que le prometimos a la niña.
—Ahora que sacas el tema, he estado pensando…
—Marc, no por favor… —Resoplé mientras me acercaba donde él, sentándome a su lado.
Al acercarme, guardó corriendo el teléfono en su bolsillo del pantalón.
Cada vez que hacía eso, mi cabeza recordaba los centenares de veces que mi nombre ha aparecido en programas de prensa rosa hablando de supuestas infidelidades por parte de Marc.
Por eso, cada vez que se comportaba así, mi corazón se resquebrajaba imaginando que algo de lo que decían podía ser verdad.
—Se lo prometimos…
—¿Puedes escucharme antes de ponerte histérica? —Se sentó sobre una de sus largas piernas, colocándose frente a mí—. He estado cuadrando algunas reuniones para poder pasar algo de tiempo los dos solos antes de hacer ese viaje, ¿qué te parece?
—¿Los dos solos? ¿Y Violeta?
—Había pensado decírselo a mis padres, sabes lo mucho que disfruta en el chalé… Y así el simpático de tu hermano puede descansar también
—No le digas así —supliqué provocando una sonrisa burlona en él.
—Bueno ¿qué te parece? Es lo que querías, ¿no? Además, te va a venir bien desestresarte un poco, creo que tanto trabajo hace que estés todo el tiempo amargada y discutiendo conmigo…
—Eso… y que nunca estas en casa… —respondí en voz baja mirándolo fijamente. Sus enormes ojos azules se alzaron para poner mala cara antes de levantarse del sofá.
—¿Ves cómo contigo no se puede? Vengo hasta aquí, trabajo el doble para poder cuadrar un hueco para darte lo que siempre me estás reclamando… Y tú saltas con lo mismo de siempre…
—Lo siento… —Lo miré agobiada al ver su enfado.
—Te recuerdo que cuando estabas de gira por ahí, cantando por todo el mundo no te reproché ni una sola vez que no pasáramos tiempo juntos o que no estuvieras en casa… Es más, me quedaba cuidando de tu hija.
Se levantó furioso del sofá después de lanzarme una de sus miradas más habituales últimamente sobre mí. Sus ojos que siempre me habían transmitido la calma que daba el mar al verlos, ahora me sacudían como si estuviera navegando una noche de tormenta.
—Tienes razón, discúlpame… —Me levanté corriendo para poder alcanzar su mano, agarrándola para entrelazar sus dedos con los míos, buscando su mirada—.
Lo siento, mi amor… —Besé sus labios tratando de captar su atención para que me mirara de nuevo—.
Gracias por todo lo que haces por mí, de verdad me hace mucha ilusión que podamos pasar un rato a solas…
Ya sabes lo mucho que me encanta pasar tiempo contigo…
Sonrió abrazándome antes de volver a besar mis labios.
No podía evitar sonreír después de cada beso suyo a pesar de llevar tiempo que sus besos no me transmitían lo mismo que antes.
—Le voy a decir a Elia que prepare las maletas.
—¿Cuándo nos vamos?
—Mañana. —Volvió a besarme dándome una breve cachetada en el culo—. Por cierto, esta noche ceno fuera.
—¿Esta noche también?
—¿Algún problema?
Rasqué levemente mi cabeza mirándolo, tratando de disimular mi desagrado a que saliera otra noche más. Me aterraba su reacción y que cancelara el plan si le decía que sí.
—No, ninguno…
—Bien, te veo luego entonces.
—Vale, te amo. —Volvió a besarme antes de salir de mi oficina.
Es cierto que discutíamos mucho, pero también era cierto que no se lo había puesto nada fácil.
Cuando perdí la voz, no podía dejar de llorar a cada rato, no quería ni que me tocara.
No podía hablar, no podía explicarle cómo me sentía por más que él me pedía que lo hiciera.
Y a pesar de eso, él siguió estando cuando el trabajo se lo permitía, cuidando a la niña por mí mientras me recuperaba.
Al igual que se ofreció nada más empezar la gira a quedarse con ella para que pudiera trabajar como agradecimiento por haber aparcado mi carrera al casarnos y así dedicarme a nuestra pequeña.
Tenía suerte de tenerlo en mi vida. Sé que existían rumores de infidelidad por su parte, pero él jamás me haría una cosa así.
Marc era desagradable a veces, pero la esperanza que me dio su amor no me la dio más nadie.
Por eso sé qué jamás rompería lo que habíamos construido juntos.
Marc era coqueto, eso fue lo que me gustó de él cuando nos conocimos, pero de ahí a engañarme había un paso.
Mira Rubén, cuando lo conocí tenía unos años más que Marc y ya estaba casado.
Me senté al volver a recordar a Rubén buscando mi teléfono sobre la mesa, levantando un montón de papeles que aún tenía que firmar.
Al encontrarlo, me metí directamente en su conversación.
—¿Debería llamarlo? —Acaricié mis cejas casi rascándome, tratando de saber qué era mejor—. Mejor llamarlo, venga
Volví a buscar su número entre mi agenda para pulsar su número sin pensarlo más. Los tonos se hacían eternos, mientras mi cuerpo era invadido por un nerviosismo extraño.
¿Por qué estaba tan nerviosa?
Era una simple llamada a un amigo al que extrañaba. Cogí aire para soltarlo después al salirme el contestador, golpeando con mis dedos la mesa en modo de espera. Miré cómo los segundos iban corriendo antes de que apareciera el pitido que daba inicio al mensaje del contestador.