Capítulo 1 #6
Abrí los ojos de golpe, comprobando que, a mi lado, sobre la almohada, solo se encontraba el culpable de traerme de vuelta de aquel maravilloso sueño.
Resoplé, dejándome caer sobre mis brazos, cubriendo mi cabeza bajo la almohada.
Cuando pude volver a la normalidad, me dirigí al baño, esta vez en solitario para echarme agua bastante fría sobre la cara.
Tuve que mirar varias veces la pantalla al leer el nombre de Isabella porque creía que mi mente seguía jugando conmigo.
¿ Cómo van las cosas en casa?
Gracias por estar siempre y por sacarme una sonrisa en los peores momentos…
Espero verte mañana,
¡Buenas noches!
Agarré con fuerza entre mis manos aquel teléfono releyendo aquel mensaje pensando en qué contestarle. Si le decía que Adriana se había ido o que las cosas estaban mal, se preocuparía aún más y no quería que se sintiera mal por cosas que ella no podía solucionar.
Todo bien, no te preocupes. Mañana nos vemos, trata de dormir algo. ¡Buenas noches para ti también!
Tenía que acabar con aquello pronto. Mi familia me necesi taba en Miami, no podía seguir perdiendo el tiempo.
En cuanto solucionara el problema de Isabella, tenía que irme para cortar esto de raíz, ya que así no podía ser el amigo que ella necesitaba.
Aquel viaje, junto con la distancia, me iba a venir bien.
Volver a estar con mi madre, que era mi mejor consejera para que me ayudara con esta obsesión que estaba empezando a hacerme fantasear para torturarme ahora desde el subconsciente.
No había podido dejar de revivir aquel sueño de Isabella en mi baño.
Se había sentido tan real, sus labios, su pelo.
Crucé los brazos incómodo, para luego descruzarlos y esconder las manos dentro de los bolsillos de mi vaquero, me sentía raro después de haberla imaginado así.
El día se había despertado aún más frío que el anterior.
Podía ver el humo salir de mi boca sin necesidad de tener que fumar.
Agustín me había pedido que entrara y esperara en la parte de atrás, ya que la puerta delantera siempre estaba atestada de periodistas.
No sé cómo podían acostumbrarse a vivir así.
Mis ojos estaban fijos en aquella puerta, no sé si deseosos de que se abriera o aterrados.
No sabía cómo iba a poder mirarla después de imaginarla como hice anoche.
No tuve mucho tiempo de averiguarlo. Me incorporé alejándome del capó del coche para acercarme un poco más al aparecer por aquella puerta del brazo de su hermano.
Lucía aún más hermosa que ayer. Su pelo rizado ahora estaba liso.
Sus ojos estaban cubiertos por unas enormes gafas de sol oscuras, al igual que su ropa y la bufanda que resguardaba su cuello.
Respiré profundamente al verlos bajar los escalones que los acercaba a mí.
—Buenos días.
—Buenos días…
Saludé desviando mi mirada hacia Agustín.
Él golpeó levemente mi hombro antes de pasarme la bolsa de Isabella.
Ella en cambio me dedicó una leve sonrisa antes de dirigirse al co che, se la notaba nerviosa, aunque no tanto como yo, que tenía que compartir coche a solas después de casi hacerle el amor anoche.
—Gracias por venir… —murmuró escondiendo su mirada bajo esas gafas.
—Para eso estamos —respondí abriendo la puerta del copiloto para que Isabella entrara. Ella se despidió de su hermano con un fuerte abrazo antes de entrar en mi coche.
—Ehh… —Gus se giró mirándonos a los lados antes de dirigir de nuevo la vista hacia mí—. Salid tratando de no llamar demasiado la atención. Yo saldré con la furgoneta por delante para que piensen que ella está conmigo e intentare alejarlos antes de reunirme en el hospital con vosotros….
—Está bien…
—La cita la tenemos a las diez, aún nos quedan cuarenta y cinco minutos, si veis que no llego… Entra con ella, por favor. —Esto último lo dijo casi en forma de susurro como petición entre amigos. Asentí abriendo la puerta del conductor.
—No te preocupes…
—Id con cuidado.
Ambos nos miramos por última vez antes de meterme en el coche.
Los ojos de Isabella miraban fijamente hacia el frente, su garganta tenía un vaivén al tratar de tragar saliva.
Abroché mi cinturón antes de arrancar el motor mirándola nuevamente de reojo.
Involuntariamente coloqué mi mano derecha sobre la suya dándole un leve apretón en forma de caricia, haciendo que su cabeza se girara lentamente hacia mí para observar aquella caricia.
—Verás cómo todo sale bien. —Le dediqué una leve sonrisa antes de retirar mi mano.
Ella encogió su cuerpo dejándose caer para ocultarse y que así nadie pudiera reconocerla si veían mi coche.
Lo bueno de empezar a movernos, es que la radio se encendió haciendo más ameno aquel silencio entre los dos.
Al salir de la urbanización noté cómo su cuerpo se empezaba a relajar algo más.
Su voz apareció en aquella emisora de radio cantando uno de sus éxitos.
Sus manos apartaron aquellas enormes gafas de sol de sus ojos antes de apagar la radio.
De reojo vi cómo su cabeza se agachaba aún con las gafas entre sus dedos.
Las soltó para recoger su cabello con la goma que adornaba su muñeca en una coleta baja.
—No vino… —El hilo que le quedaba de voz, rompió el silencio después de varios minutos. Aproveché el semáforo que nos detenía para mirarla.
—No sé, quizás… le haya surgido algo a última hora. —Mordí mi labio inferior, desviando mi mirada hacia el volante.
Sus ojos volvieron a entornarse, tristes, antes de colocarse de nuevo aquellas enormes gafas mirando de nuevo hacia la ventana, apoyándose sobre su codo.
—Ahora mismo lo único que tienes que pensar es en recuperarte…
El claxon del coche de atrás me hizo ponerme de nuevo en marcha mientras ella observaba por el retrovisor al coche que nos había pitado.
—No sé si pueda curarme… —Aquel susurro tratando de buscar voz a pesar del dolor, me partía el alma.
—Claro que vas a curarte —respondí mirándola brevemente antes de volver a mirar a la carretera—.
Piensa en tu hija… No la puedes dejar sin escuchar la voz de su madre.
Ella debería de ser tu único motor para seguir…
—Negué con la cabeza rápidamente antes de mirarla nuevamente de reojo—.
Sé que es injusto y mucho más fácil de decir que de vivirlo, pero tienes que achuchar un poco más…
—De reojo vi cómo sus labios se torcían dibujando una breve pero amplia sonrisa—.
Has podido con cosas peores… ¿Acaso no vas a poder con esto?
Su mano izquierda se posó sobre mi mano derecha que descansaba en el reposabrazos.
Su piel era suave y cálida, incluso en un día tan frío como el de hoy.
No pude reprimir mis ganas de estrechar su mano contra la mía.
Ambos nos miramos nuevamente, dedicándole una amplia sonrisa antes de continuar mirando hacia nuestro destino que se observaba al fondo.
Los siguientes minutos antes de llegar a aquella clínica, los recorrimos agarrados de la mano prolongando aquella caricia.
Fue ella la que soltó mi mano para acomodarse las gafas y el pelo al llegar a aquel parking privado.
Su pelo volvía a lucir suelto, adornando sus hombros.
Mis ojos no podían evitar mirarla de vez en cuando, tratando de disimular haciendo como que buscaba a su hermano.
Tras esperar un buen rato en el coche, Isabella revisó su teléfono, metiéndose en una conversación que tenía con Marc.
Lo poco que se podía leer desde donde me encontraba, se veía que habían estado discutiendo por la forma en la que él le hablaba.
Apreté los dientes cogiendo aire despacio.
—No le escribas nada más… —dije levantando la mirada hacia ella.
Sus manos salieron de esa conversación y buscaron entre sus contactos a su hermano antes de pasarme su teléfono. Al cuarto tono, Gus respondió.
—¡Ey! ¿Por dónde andas?
—¿Rubén? Este… llegando. Id entrando vosotros, puede que me queden un par de minutos.
—Está bien, ten cuidado, ¿vale? —respondí colocándome el flequillo hacia atrás. Sus ojos me miraron brevemente antes de desabrochar su cinturón—. ¿Lista? —pregunté al ver de nuevo su semblante serio.