Y en el medio, tú: 1 Capítulo 1 #2
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Capítulo 1 #2

La irritación de Adriana era notable. Se pasó todo el rato de morros poniendo mala cara a cada cosa que le decía.

Mi comportamiento también se lo puso fácil, ya que cada vez que Isabella aparecía, mis ojos solo podían observarla hasta verla desaparecer.

Por eso mismo tras varias discusiones ella decidió irse de la fiesta, dejándome solo en la puerta de aquella casa tras haberle suplicado varias veces que me dejara acompañarla.

Después de que se marchara preferí pasar a ser perfil bajo, andando por aquel enorme jardín entre la gente, buscando una zona donde sentarme tranquilo.

Mis labios soltaron un leve suspiro mientras tomaba asiento en un pequeño bordillo que daba a las mejores vistas de aquella casa.

Estaba empezando a caer el sol dejando ver sus últimos rayos.

Mis dedos pellizcaron las yemas de mi mano derecha mientras mi cabeza seguía cavilando.

Me incliné un poco hacia atrás para poder sacar un cigarrillo del bolsillo delantero del pantalón.

Coloqué aquel cigarrillo sobre mis labios mientras buscaba el mechero entre mis bolsillos.

Mis ojos rodaron al acordarme de lo bien que me vendría ahora el mechero que Adriana siempre llevaba en su bolso.

—Mierda…

Maldije entre dientes mientras frotaba mi cara con frustración alejando aquel cigarrillo de mis labios. Me encontraba tan metido en regodearme de mi mala suerte, que no había prestado atención a los pasos que se acercaban tras de mí.

—Discúlpame…

Giré la cabeza rápidamente hacia atrás, topándome de nuevo con aquellos hermosos ojos café y su hipnótica sonrisa.

—No por favor —respondí levantándome de allí—. Estás en tu casa…

—Gracias. —Sonrió mirando a nuestro alrededor.

Di unos leves toques sobre el bordillo mientras me sentaba de nuevo para que me acompañara. Isabella se sentó a mi lado, a una distancia prudencial pero lo suficientemente cerca para volver a disfrutar del olor de su perfume.

—Deberías dejarlo…

—¿El qué?

Señaló el cigarro que aún sostenía entre mis manos. Sonreí mirándola de reojo mientras guardaba aquel cigarrillo de nuevo en el bolsillo.

—Es que voy por partes… He dejado el mechero… Lo próximo será el tabaco…

Isabella pilló la broma y me regaló lo mejor que había escuchado aquella noche; el sonido de su risa.

—Es un buen comienzo.

Por un momento su sonrisa se volvió algo triste.

Sus ojos miraban al frente mientras su mano derecha pellizcaba delicadamente la palma de su mano izquierda.

Era tan hermosa. La forma en la que caía su pelo sobre sus hombros, su perfil.

No podía creer que estuviera viéndola a tan pocos centímetros de distancia.

—¿Todo bien? —pregunté viendo cómo sus ojos se agachaban contemplando sus manos. Su cabeza se movió asintiendo con una leve sonrisa en sus labios.

—Sí, es solo que estoy algo cansada…

—Mucha gente, ¿no? —pregunté viendo cómo giraba su cabeza sonriente al descubrirla—. Marc todo lo que hace es así… a lo grande.

—¿Os conocéis de hace mucho? —Sus ojos se clavaron en mí—. Marc y tú, me refiero…

—Es más amigo de mi mujer, pero… Sí, hace algún tiempo.

—¿Y cómo es? Es decir… —Se acomodó sobre el bordillo—. Sé que los hombres cuando estáis juntos sois de diferente forma a cuando estáis en pareja.

Agaché la cabeza tratando de buscar una definición más «políticamente» correcta de la que tenía en mente.

—Me temo que no puedo ayudarte mucho con eso…

no es que hayamos coincidido demasiado… —Me hubiera encantado decirle la verdad de cómo era por lo muchísimo que quería a su hermano y porque ella no se merecía que le hicieran daño—.

Tiene un sentido del humor que no consigo pillar, pero…

me pasa igual con mi mujer. —Vi cómo sonreía—.

Supongo que así es el sentido del humor de los españoles, sarcástico e irónico…

—Supe que no eras de aquí en cuanto escuché tu acento —dijo divertida.

—¿Tanto se me nota? —pregunté con una sonrisa.

—Lo tienes bastante neutralizado, pero…

Se quedó mirándome con una sonrisa tratando de adivinar de dónde podía ser. Sonreí devolviéndole la mirada con curiosidad por si lo adivinaba.

—¿Cuba? —preguntó entrecerrando sus ojos.

Asentí humedeciendo mis labios viendo cómo su rostro cambiaba a una enorme sonrisa de satisfacción. Ave maría, qué hermosa era.

—De la Habana —añadí.

—¿Hace mucho que estás aquí? En España me refiero…

—Hará… algo más de nueve años. —Abrió sus ojos asombrada.

—Es mucho tiempo lejos de casa…

—Demasiado, pero he estado entretenido… ¿Has ido a Cuba alguna vez?

Negó inmediatamente arrugando levemente sus labios. Sus dedos acariciaron suavemente su cuello haciendo que mis ojos se distrajeran unos segundos con aquel gesto.

—Ir sería como decir abiertamente que estoy a favor del régimen y de lo que están haciendo allí… Y bastantes cosas inventan ya sobre mí como para darles material de más….

Ambos nos miramos fugazmente dedicándonos una leve sonrisa. La sentí suspirar de nuevo. La miré disimuladamente, queriendo asegurarme de que de verdad estuviera sentado a su lado, hablando con ella.

—Creerás que es una crisis de estas que tenemos los famosos por no aceptar que vamos cumpliendo años. —Su voz sonaba avergonzada, como justificándose—.

—¿Qué cosa?

—Eso de salir con alguien diez años más joven…

—No soy nadie para juzgarte —respondí mirándola—.

Además… Cada uno gestiona sus crisis como quiere —respondí en tono de broma tratando de quitarle importancia al asunto viendo su tierna sonrisa—.

A mí me encantaría tener un barco cuando me llegue la crisis de los treinta y navegar a lo náufrago… Pero sin Wilson.

—¿Un barco? —repitió sonriendo—. Fíjate, no había pensado en eso.

—No me robes la idea, ¿eh?

Volvió a mirarme riéndose antes de agachar nuevamente la mirada hacia aquellos zapatos con aquel enorme tacón.

—A ti parece que no te ha ido mal, ¿no? —Señaló con sus ojos mi alianza—. Digo… Cuántos años tienes ¿veinticinco…? Y mírate, casado y todo.

—Veintiocho… —respondí girando aquel anillo sobre mi dedo.

—¿Dónde está, por cierto? —Giró la cabeza hacia los lados buscando a Adriana.

—Estaba cansada…

—Por cómo miras ese anillo mientras lo giras, imagino que no solo estaba cansada…

—Che… —respondí con una breve sonrisa antes de observar cómo aquel pelo rizado adornaba sus hombros—. Eres buena, ¿eh?

—Se me da bien observar, lo sabrías si hubieras seguido siendo mi fan. —Sonrió antes de apretar sus labios tras aquella pulla.

—Sigo siéndolo —aclaré—. Pero Adriana no me deja tener posters tuyos en el dormitorio…

—Sería raro… —Ambos nos reímos desviando nuestras miradas.

Mis ojos miraron hipnotizados cómo su boca mojaba sus labios antes de volver a mirarme distraída, obligándome a disimular.

—Así que… ¿veintiocho?

—Es por la barba que me hace más viejo. —Aquellas palabras provocaron una breve sonrisa en su rostro.

—Te queda bien, te da un toque… Misterioso e interesante.

Ambos nos quedamos varios segundos mirándonos en silencio aún con la sonrisa en los labios. Isabella Chadid estaba piropeando mi barba. Irreal incluso para cualquier sueño.

—Me la dejaré entonces…

Agaché la mirada concentrándome en controlar la sonrisa nerviosa que me provocaba estar a su lado viendo de reojo cómo su cabeza se agachaba para centrarse en sus manos que se pellizcaban levemente.

—Y… ¿a qué te dedicabas? Mi hermano me comentó una vez que estudiabas medicina…

—Traumatología… —respondí mirándola de nuevo—. ¿Y tú? Por ahí se comenta que eras cantante o algo así… —bromeé escuchando de nuevo el sonido de su sonrisa.

—Algo así, sí… —Sonrió antes de mirar al frente. Sonreí asintiendo, mirándola de reojo.

—Escucha, nunca se me ha dado bien eso de dar consejos, pero…

—dije colocándome de lado para poder verla de frente—.

Eres un icono, una leyenda de la música…

—Sus ojos volvieron a dirigirse hacia mí—.

Si alguien tiene derecho a enamorarse o a tener una crisis existencial por más loca que sea, esa eres tú.

Te lo has ganado. —Ambos sonreímos al coincidir nuestras miradas—.

Y si te sirve de consuelo… Tú aparentas más los veintitrés que Marcos.

Sus ojos me miraron sonrientes acompañando la sonrisa de sus labios mientras me daba un leve golpe en el brazo en forma de gratitud.

—Con lo amigo que eres de mi hermano y con todo lo que siempre me ha hablado de ti… ¿Cómo es que nunca nos presentaron?

Suspiré alzando los hombros.

—Tu hermano es el tío más espectacular que he conocido jamás —dije mirándola nuevamente.

Sus ojos miraban fijamente hacia al frente, sonriendo orgullosa por mis palabras hacia su hermano.

—Pero… también es el tío más hiperprotector que he visto con todo lo que tiene que ver contigo, así que quizás solo te protegía…

—¿De ti?

Nuestras miradas coincidieron nuevamente tras aquella pregunta, mirándonos fijamente.

No sabía qué responder a aquella pregunta.

No quería hacerla sentir incómoda, ni que pensara que era un fanático loco obsesionado con ella.

Aún trataba de buscar la manera de que olvidara el detalle del poster suyo en mi habitación.

Por eso no podía decirle que su hermano alguna vez me amenazó para no hacerle a ella lo que les había hecho a otras muchas mujeres.

—¡Isa! —Sus ojos bajaron lentamente después de regalarme una leve sonrisa al escuchar la voz de Marc llamándola enfadado.

Era la primera vez que me había alegrado de escucharlo. Isabella se bajó de aquel bordillo soltando un breve suspiro casi en susurro al sentir su voz llamándola.

—Gracias por la charla.

—Cuando quieras —respondí desviando la mirada antes de volver a mirarla.

—Puede que algún día te tome la palabra…

—Tu hermano sabe dónde encontrarme, por si alguna vez necesitas un amigo.

Ambos nos dedicamos una breve sonrisa antes de ver cómo sus ojos volvían a mirar hacia dónde se encontraba Marc saliendo de su boca un breve suspiro.