X Control mental (Código Once 2) CAPÍTULO 82
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CAPÍTULO 82

A ún no había bloqueado la cuenta —cuyo usuario era Taylor— cuando el teléfono de Tan volvió a sonar…

—¡Victoria! —exclamó el periodista con alegría al dar ésta señales de vida.

—¿Cómo estás, Tan? He visto tu llamada cuando me he levantado para ir al baño. ¿Es urgente? —preguntó la youtuber con la voz todavía algo tomada al estar recién levantada.

—Algo sí, sinceramente. Necesito que prepares un vídeo con todo lo que te voy a mandar.

Tienes que ponerte en contacto con todos los que se dediquen a subir vídeos en internet para difundirlo lo más rápido posible, y no quepa presión alguna que entierre la investigación de un plumazo —rogó Archer apresurado.

—¡Espera un segundo! —exclamó Puertos mientras miraba a través de la ventana—. ¡Acabo de ver algo imposible!

Victoria acababa de ser testigo de un suceso que no auguraba demasiada tranquilidad .

—¡Pedazo de accidente! Un vehículo se ha estampado sin frenar contra otro en dirección contraria. ¡Debía ir a ciento cincuenta por hora donde no se puede ir a más de treinta! —exclamó atónita.

—De eso se trata, Victoria…

Archer, al igual que a Gallardo, le relató todo lo que estaba pasando.

—No te preocupes, me pongo manos a la obra ya. Tenemos que hacerlo viral ipso facto —aseguró Victoria.

—No podemos dejar que muera más gente —imploró Tan—, por lo que te pido un último favor.

—Lo que me digas.

—Rastrea esta I.P. que te mando por mensaje y dime de quién es y dónde se encuentra. Vamos a dejárselo todo masticado a Gallardo.

—Voy a ello —asintió la youtuber a la petición del periodista.

Sarah volvió a dar señales que invitaban al optimismo, acababa de superar el siguiente obstáculo.

—¡Ya he podido bloquear el acceso a la cuenta de Sayetel! He cambiado la contraseña y cancelado los permisos de acceso —dijo Sarah después de conseguirlo a su debido tiempo, ya que, por mucho que se relacionase con facilidad con las nuevas tecnologías, no era ingeniera en telecomunicaciones.

—Y ¿qué pasa con la orden que ha dado Taylor? La frecuencia sigue con la automatización de llamadas en proceso —apuntó Tan desesperado.

—Déjame que vea cómo solucionarlo, amor. Más rápido no puedo ir. Lo primero era cortar el acceso a quien fuera, si no, si hubiéramos apagado las frecuencias, alguien podría haberlo puesto en marcha de nuevo .

—Te comprendo, princesa, pero entiende que está muriendo gente ya.

—¡No me metas más presión, coño! —respondió la joven que empezaba a perder los nervios y a verse con los ojos húmedos.

Sarah siguió indagando cómo se estructuraba el programa, dónde poder modificar las órdenes de emisión de frecuencias, algo que era más propio de un experto, pero gracias a la teoría de Xavier podían detectar qué ondas estaban en un rango fuera de lo común, y en una zona peligrosa para la mente humana.

La gran suerte radicaba en que podían comparar las emisiones de las otras compañías para cotejar dónde se encontraba la divergencia.

Al cabo de unos minutos, Sarah volvió a proponer algo:

—Creo que ya sé cómo hacerlo. Tengo que eliminar una discordancia que he visto en la programación. Esto está plagado de parámetros, pero la mayor parte parece estandarizada en todas las compañías excepto, justo, en la compañía Sayetel, donde los parámetros técnicos están alterados.

—Y ¿puedes modificarlo? —preguntó el periodista.

—Parece que sí. Voy a intentarlo.

La joven estaba a punto de efectuar las modificaciones que pondrían punto y final a aquella locura. Por instantes, nuevas noticias se iban sucediendo…

—Joder, me acaba de mandar un mensaje Gallardo en el que dice que acaban de notificar a la policía una cadena de suicidios en toda España. Han contabilizado en la misma hora ochenta y siete fallecimientos de esta forma. —Tan se dirigió a Sarah de nuevo alterado— ¿Cómo lo tienes?

—¡Hago lo que puedo! ¡Por más que me lo preguntes no voy a conseguirlo antes! —Se tocó, nerviosa, el pelo— Y ¡¡déjame en paz un momento!! —le reprochó al periodista .

La presión y las vidas a contrarreloj de tantos civiles estaban haciendo mella en la relación de ambos.

Xavier, que no dudaba nunca en expresarse, estaba siendo más cauto, y se había apartado a conversar con el párroco para no ponerla más nerviosa, porque la presencia de tres pares de ojos supervisando su trabajo por detrás de sus hombros la podría desquiciar, más si cabía, y llevarla a cometer algún error o pasar algún dato importante desapercibido.

Ahora ya tenía, gracias al mentalista, la información que necesitaba acerca de las frecuencias cerebrales, por lo que su ayuda había sido suficiente hasta el momento.

Cuando se acercaba el acontecimiento más esperado, en el que estaba la joven trabajando a contrarreloj, Tan volvió a recibir una llamada de Victoria.

—¿Novedades? —preguntó Archer.

—Sí, y seguro que te interesan —avanzó Puertos.

—Cuéntame.

—La dirección I.P., la hemos rastreado y localizado.

—¡¿No me digas?! Eso son muy buenas noticias.

—Sí, y ya lo he puesto hace unos minutos en manos de Gallardo también —aseguró Victoria.

—Tu trabajo no tiene precio—reconoció Tan.

—¿Y el mío qué es?, ¿una birria? —protestó de fondo Sarah entre dientes mientras seguía a lo suyo.

Archer la miró de reojo, se alejó unos pasos y continuó la conversación con Puertos.

—Y bien, Victoria, ¿dónde se encuentra esa I.P.?

—Pues la tenemos monitorizada, y es algo extraño, pero parece que esté con vosotros, en vuestra misma ubicación.

La información que acababa de aportar Victoria podría estar destapando alguna traición proveniente de alguno de los que estaba en aquella misma sala, pero sólo una persona tenía un dispositivo en sus manos y sus claves, y era… ¿Sarah?

¿Acaso habría estado desempeñando algún papel durante todo aquel rato? ¿Estaría pidiendo que la dejasen en paz para ejecutar el plan de Taylor en sus narices?