X Control mental (Código Once 2) CAPITULO 78
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CAPITULO 78

U na manifiesta expresión de decepción se acababa de apoderar del rostro de ellos tres.

Nada encajaba en aquel recuadro que gobernaba la pantalla del portátil.

Ni sabían de cuántas letras se componía la clave ni si se trataba de un código alfanumérico o cualquier otra modalidad.

Lo que sí sabían era que no les quedaba ninguna otra pista que les condujese a desbloquear toda la red satelital.

—No sé qué más pensar —dijo Tan de brazos caídos.

—Esto es peor que buscar una aguja en un pajar —añadió Sarah profundamente preocupada.

—¿En un pajar? En todos los pajares —completó Xavier.

Los tres seguían plantados ante el portátil, cuyo brillo de su pantalla iluminaba los rostros de aquel trío, sumidos en el desánimo y el cansancio de todo un viaje de penurias y hambre.

Delante de ellos también seguía la susodicha obra de El Bosco, la cual atrajo la atención de Sarah, que quiso leer una vez más la inscripción que rezaba la imagen del centro de la obra, como esperando a que ésta le hablase, pero nada había cambiado en ella, todo seguía del mismo modo que al principio.

Sus ojos se habían quedado pegados al retablo, magnetizados por la luz que desprendía aquel iris dorado que rodeaba la pupila en la que posaba Jesucristo.

En un momento dado, la mirada de Sarah se desvió a otras partes del cuadro tratando de encontrar alguna respuesta imposible, pero seguro que ninguna de las otras inscripciones de la obra iba a encajar como la clave que con tanta ansia anhelaban, ya que el anagrama de la X, con su círculo central, señalaba el corazón de la pintura en caso de corresponderse, efectivamente, con la obra en cuestión.

Al poco tiempo Sarah arrugó la frente y dijo:

—La chica del museo del Prado nos dijo que la frase del centro de la mesa es CAVE CAVE DUS VIDET , ¿verdad?

—Sí, ¿por? —preguntó Tan sin mostrar ápice de esperanza.

—¿Y si estuviera equivocada? —sugirió la joven.

—Pero ¿cómo va a estar equivocada una especialista que viene trabajando con este cuadro desde hace no se sabe ni cuántos años?

—Mirad. —Sarah señaló hacia el texto en cuestión y comentó—: Es que me da la sensación que donde pone la abreviatura de Dominus , la U no es exactamente como el resto de las U de las otras inscripciones de la pintura.

—Señaló hacia la parte superior de la obra— Me explico, si os fijáis, por ejemplo, en la palabra « PRUDENTIA» que aparece arriba, la U de DUS es más parecida a la « N » de PRUDENTIA que a la U de la misma palabra.

—Yo las veo iguales todas —comentó el mentalista.

—Explícate mejor, princesa .

—Sí, fijaos bien en la parte superior de esa abreviatura. Si fuese una U , no tendría esa fina línea que une las dos astas de la letra.

—No es ninguna tontería lo que dice tu novia —añadió Xavier.

—¿Una N en lugar de una U ? —preguntó Tan.

—Sí, DNS en lugar de DUS —respondió ella.

—No dejaría de ser la abreviatura de Dominus , y además… —decía Archer.

A Tan se le pusieron los pelos como escarpias, su estado de ánimo cambió en cuanto recapacitó sobre un posible mensaje encubierto en aquel texto, que podría tener más importancia de aquella forma, tal y como proponía Sarah, que del modo en que expuso la guía del museo del Prado.

—¿«Además» qué? —interpeló Xavier intrigado.

—A ver, es que es muy bestia. Si fuese cierto, y así quedara la contraseña, estaríamos ante un mensaje profético de un calado de proporciones, nunca mejor dicho, bíblicas —avanzó Archer.

—¿Qué profecía? —preguntó Sarah entusiasmada.

—Supongo que sabréis que las siglas DNS están relacionadas con internet.

—Sí, cielo, son las siglas de Domain Name System (Sistema de Nombres de Dominio), que es el sistema que actualmente facilita que podamos encontrar cualquier información o página web, gracias a que éstas no se configuran bajo dominios numéricos sino con nombres tan sencillos como google.com o yahoo.com —completó la joven nativa digital.

—Tú lo has explicado mejor que yo lo hubiera hecho, princesa —confesó Tan con una sonrisa—.

En resumidas cuentas, es el internet que conocemos y usamos a diario, por lo que la frase configurada de la siguiente forma, « CAVE CAVE DNS VIDET », podría perfectamente significar: «Cuidado cuidado internet lo ve» —reveló Tan.

—Nada fuera de la realidad —añadió Xavier frotándose la barbilla con la mano derecha.

—Eso sería una noticia que arrasaría en todos los canales de misterio de internet si nadie ha hablado de ello antes, amor.

—Así es, princesa. Creo que puede ser algo que le interesará a Puertos, ya que esta profecía, en el centro de los siete pecados capitales, advirtiendo que tengamos cuidado porque «internet lo ve», estaría desvelando la cruda realidad, que cada vez que alguien entra en la red y efectúa cualquier movimiento está siendo controlado, por las cookies o por lo que sea, cada vez que aceptamos las condiciones de uso en cualquier página nos vinculamos a un contrato, lo cual permite a internet apoderarse de todo el rastro que vamos dejando.

Y, por supuesto, internet es un nido de pecados.

Podemos hablar de la lujuria por medio de la pornografía; la gula en todas esas redes sociales subiendo fotografías de platos y platos de restaurantes; la ira, cada vez que en las redes sociales se arremete contra unos y otros por política, fútbol o lo que sea; la soberbia, cuando tratamos de mostrar imágenes de nosotros que no se corresponden a la realidad por mero postureo; la avaricia, por medio de todos esos fraudes que se cometen por medio de estafas como el phising ; la envidia, cada vez que hacemos stalking en cuentas y perfiles de otros anhelando sus vidas y, finalmente, la pereza, que podría ser el rey de los siete pecados capitales en internet, ya que internet ha conseguido que nos separemos de la naturaleza y la actividad física para quedarnos pegados a la red, completamente absortos por la realidad virtual, en lugar de fomentar las relaciones personales.

¿Dónde está ese café?, ¿ dónde aquella forma de conocer el amor en la calle, en un bar o en una discoteca?

Ahora, simplemente pasando una foto y enviando un mensaje por privado —expuso Tan y concluyó—: Y claro, todo eso que hacemos en red queda registrado en algún lugar… porque «internet todo lo ve».

—Amor, se me ponen los pelos como escarpias de imaginarlo.

—Y a mí, mi niña. Es que, si así fuera, tendría todo el sentido que hubiesen escogido esta pintura, como clave de un referente de lo que supondría el control absoluto de los seres humanos, a través de las ondas electromagnéticas que nos proveen de internet en el móvil.

Toda una profecía que podría ser la clave que buscamos si aquella nota que cayó de la biblia se refiriese a ella.

—Bien, ¿a qué esperamos? Comprobemos la clave una vez demostrada tu elocuencia. Sólo queda un intento… y no se nos ocurren más opciones —insistió Xavier.

Archer volvió a abanderar la responsabilidad que se le había encomendado.

Pese a la resignación que les acompañaba, debido a la previsible dificultad que entrañaba el imposible de acertar la contraseña, su tembloroso dedo índice, que sobrevolaba el teclado como un buitre a punto de lanzarse a por la carroña, ponía al descubierto su estado de nerviosismo ante el último y definitivo intento.

Fue de nuevo tecleando letra a letra aquella frase con la nueva lectura propuesta por Sarah: C…

A… V… E… C… A… V… E… D… N… S… V… I… D… E… T…