X Control mental (Código Once 2) CAPÍTULO 77
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CAPÍTULO 77

S arah había quedado sorprendida por la reacción del taxista inglés. No podía evitar pensar en voz alta:

—No entiendo cómo el sátrapa de Taylor se ha esfumado —comentó la joven.

—Tiene un plan que ejecutar todavía —respondió Xavier.

—Exacto, aunque su portátil esté a piezas repartido por el suelo, seguro que se ha marchado a algún lugar donde poder continuar como dijo, aunque fuera sólo desde su propia compañía —completó Tan en referencia a Sayetel.

—Entonces, ¡todavía hay mucha gente en peligro! —exclamó la joven—. ¡Hay que hacer algo para frenarlo!

—Bueno, podemos intentar algo más rápido —dijo el periodista.

Durante todo el tiempo que estuvieron amordazados, Tan tuvo tiempo de pensar en tantas cosas que alguna de ellas podría serles de utilidad en aquel mismo instante.

Todavía vagaba en su cabeza el misterio de aquella nota con la letra X y el círculo en el centro de ella.

Podía tratarse de un anagrama en lugar de la sigla de Xavier.

Archer les pidió que le ayudasen a recomponer las piezas del portátil para tratar de salvar la última sesión, y por suerte, se dio cuenta de un detalle importante, cierto era que la pantalla de éste estaba en negro, pero no porque estuviera averiado…

—Mira, se le ven las tripas al portátil —mostró Tan.

—Sí, está para la basura —lamentó Sarah.

—Para nada.

El periodista introdujo sus dedos con delicadeza en la parte trasera del dispositivo y, con extrema atención, pinzó un cable que quedaba suelto, lo conectó en una ranura que quedaba libre y dijo:

—¿Veis? Esto es el cable flex , es el que conecta la placa base con el monitor. Ha quedado suelto por el batacazo, pero si hago esto —forzó un poco más la conexión—, ¡bingo!

La pantalla recobraba la imagen y la ventana que Taylor había abierto en aquel ordenador, era la casilla que requería el código de control de administración de todas las cuentas adheridas a la red de satélites.

—Sólo nos queda saber cuál es la clave —dijo Tan.

—No pides nada —ironizó Xavier—. ¿Tú la sabes? Porque yo no.

—No, pero he tenido una visión durante el secuestro. Venid conmigo un momento.

El periodista recogió su pequeño bolso, que había quedado tirado por los suelos, y arrastró a Xavier y Sarah hasta la otra estancia, donde se guardaban los cuadros robados de El Bosco, entre ellos la Mesa de los Siete Pecados . Una vez de pie ante la colección explicó :

—No te voy a mentir. Me encontré un papel en el Reconditorio de la catedral que contenía una X con un círculo en su centro, y pensé que podría estar revelando que el asesinato podría tener algo que ver contigo.

—¿Yo? ¿Asesino? Todo se andará si pagan bien —bromeó Xavier.

—Pero estoy convencido —puso una leve mueca de sonrisa— de que era un anagrama que explicaba donde estaba la clave.

—Como no sea una X…

—Para nada, —Señaló la Mesa de los Siete Pecados y explicó—: Hay algo que tampoco sabes, y es referente a la biblia que robaste de nuestra habitación. Sarah descubrió que en el borde de las páginas se escondía una imagen.

—Y es esta que tenemos delante, por supuesto —dijo el mentalista.

—Así es.

—Pero ¿qué tiene que ver la letra X, amor? —preguntó Sarah.

—No únicamente la letra X, sino su círculo central.

—Señaló con un barrido los laterales de la obra y prosiguió—: Si os fijáis en la distribución de esta pintura, sus escenas formarían una X, pero donde se encuentra la información que necesitamos es en el centro, de ahí que el papel que encontré contuviera aquel círculo en el cruce de las aspas de la letra, que vendría a señalar la escena central en la que hay una inscripción principal.

—Y no es una inscripción cualquiera —dijo ella.

—Totalmente. Una inscripción de poder, de control, que es lo que los Hijos de las Sombras vienen persiguiendo todo el tiempo.

— CAVE CAVE DUS VIDET .

—¿Esa sería la clave? —preguntó Xavier.

—Estoy convencido de ello, pero antes tengo que hacer una cosa.

Archer parecía haber obtenido la contraseña que les haría obtener el control de toda aquella tecnología para poder bloquear, en concreto, el sistema de la compañía de Taylor y Sayers que estos dos personajes ominosos pretendían ejecutar.

Únicamente quedaba por teclear aquel mensaje en el portátil rescatado.

De otra parte, tampoco podía obviar la huida de Taylor, por lo que abrió la bandolera y, por suerte, todavía estaba su teléfono móvil dentro de ella, así que decidió llamar con premura a Gallardo, a pesar de las altas horas de la madrugada, para relatarle todo lo que habían sufrido en aquel secuestro y, en especial, conminarle a que iniciase una orden de búsqueda y captura contra Taylor y la monja.

Por suerte, Gallardo respondió a su llamada con voz ronca, recogió el guante y se puso manos a la obra.

Archer tampoco se olvidó de Puertos, aunque ésta todavía no respondía al teléfono.

Probablemente estaría también durmiendo, pero era algo que no tranquilizaba a Tan a pesar de las horas, ya que en ningún momento podía saber a ciencia cierta que Victoria estuviera fuera de peligro, o no, debido a su implicación tan directa en el caso, a menos que diese señales de vida.

Su estado era una incógnita de gran preocupación en aquel momento.

Así, Tan, sin vacilar y sin perder ni un segundo, se echó el móvil al bolsillo y, mientras en un brazo sostenía el ordenador, con la otra mano fue introduciendo una a una las letras de aquella inscripción… C… A… V… E… C… A… V… E… D… U… S… V… I… D… E… T…

Una vez transcrito aquello, su dedo ya sobrevolaba la tecla enter para ejecutar la orden.

Era el momento más esperado, los corazones de los tres se aceleraron ante el hito que suponía poder acertar una clave que les convertiría, una vez más, en héroes.

Y, definitivamente, a pesar de que algunas gotas de sudor empezaron a irrumpir en la frente del periodista, éste presionó el botón.

La imagen de la pantalla se movió y apareció el siguiente mensaje ante sus ojos: « CONTRASEÑA INCORRECTA, LE QUEDAN DOS INTENTOS ».

Toda ilusión se desvaneció por completo, y a ello se unió un miedo profundo al comprobar que las oportunidades de acertar la contraseña eran muy limitadas.

—¿Y ahora qué? —dijo Xavier.

—Pff… Ni idea —respondió Tan.

—No sé, perdido por perdido escribe sólo la X, a ver qué sucede. Aun así, nos quedaría un intento más —comentó Sarah.

—Por probar… Qué remedio —suspiró Tan.

En esta ocasión fue Sarah quien tentó la suerte al avanzarse a presionar la tecla X y, seguidamente, su dedo índice aterrizó sobre la tecla enter , y esta vez algo iba a cambiar en la pantalla respecto del primer intento.

Efectivamente, ahora, en lugar de informar que quedaban dos intentos, ahora decía: « CONTRASEÑA INCORRECTA, LE QUEDA UN INTENTO ».