X Control mental (Código Once 2) CAPÍTULO 72
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CAPÍTULO 72

A rcher, enrabietado y decepcionado, no pudo mantenerse callado ante Taylor, por lo que se encaró directamente hacia él y le dijo:

—Jamás entenderé por qué nos traicionas de esta forma.

—Hay algo que no me ha dado tiempo de contarte, Tan —interrumpió Xavier.

—¿Noche de sorpresas? —ironizó el periodista.

— Don’t worry , Xavier. Díselo. Para lo que queda… —permitió Taylor.

El mentalista estaba a punto de relatar unos hechos que iban a torcer completamente la historia que Tan y los chicos del FDP hubieron hilvanado tiempo atrás en Londres.

Y en esa declaración se iba a hablar de una gran traición, fruto del misticismo del grupo de tarados perversos que estaba detrás de toda la conjura contra la libertad.

—¿Te acuerdas del hijo de Jackson? —avanzó Xavier.

—¿El que mandamos a prisión? —preguntó Tan .

—Exacto. Cumplió su papel de cabeza de turco —confesó el mentalista.

—¿Cómo que cabeza de turco?

—Cumplió una función necesaria para salvar la cabeza de la organización.

—¿Te refieres a la de los Hijos de las Sombras? —preguntó Tan.

—Así es. Veo que has estudiado… —ironizó Xavier—. Si recuerdas bien, intentaron llevar a cabo un ritual en lo alto de Saint Paul’s Cathedral.

—Como para no acordarme… Yo estuve ahí —aseguró Archer.

—Pues resulta que no es el único ritual que llevaron a cabo. Y como comprenderás se deben dar unas condiciones especiales para cada ritual.

—¿Referente a las estrellas?

—Más o menos… —frunció el ceño— ¿Recuerdas qué evento astronómico se dio en aquellos días? —preguntó Xavier.

—Sí, claro. Desaparecía el cinturón de Orión por primavera, si no recuerdo mal —dijo Tan.

—No me refiero a eso.

—Pues ahora mismo no sé qué.

—Entonces no tienes ni idea… para variar —dijo en tono chistoso el mentalista.

Xavier seguía sin perder su característica «acidez», incluso en aquella situación tan poco halagüeña.

—Pocos días antes se dio un eclipse lunar…

—Y ¿qué tiene que ver eso? —preguntó Tan.

—Pues que es un tipo de evento que desde la antigüedad ha venido augurando catástrofes para los más supersticiosos, sobre todo para reyes y emperadores.

Y no hay que olvidar que, como bien sabes, esa organización se auto proclama heredera de dioses de la antigua Sumeria, donde se inició un tipo de ritual que se llamaba el «ritual del Rey sustituto» —relató Xavier.

—¡¿Cómo?!

— Yes , Tan, no te sorprendas… —apostilló Taylor—.

Aquel eclipse fue la premonición de que todo iba a torcerse en un momento dado, y lo que se llevó a cabo en el 10 de Downing Street el día que te recogí por primera vez con el taxi, no fue nada más que escoger al benjamín de Jackson para ocupar la cabeza de la organización, de forma temporal —remarcó—, hasta que ocurriese el suceso que iba a truncar el reinado de los Hijos de las Sombras, y una vez cumplido el mal augurio…

—Volverías tú a la cabeza —completó Tan.

— Absolutely . Así es, querido, yo soy el verdadero. Y el hijo de Jackson: el «granjero» —confirmó el taxista.

Se trataba de un anuncio inesperado, pero que daba explicación al hecho de que Taylor estuviese al frente de la conspiración.

—El «granjero», o ikkaru , era el rey que sustituía temporalmente al auténtico rey en Sumeria hasta cumplida la superstición o augurio —explicaba Taylor—.

Fueron bastantes las veces en las que se recurrió a este ritual a lo largo de la historia, y así viene reflejado en tres tablillas sumerias que se encuentran en el Museo Británico.

Por si te interesa, está publicado en un artículo del asiriólogo Wilfred G.

Lambert — A part of the Ritual for the Substitute King— .

De ese recurso hicieron uso reyes como Erra-Imitti en el s.

XIX a.C., o Asarhaddón en el s. VII a.C.

, que lo llegó a efectuar hasta en tres ocasiones.

—Inspiró elevando su nariz arrogante y finalizó—: Y, cómo no, aquel eclipse del que Xavier ha hecho mención, no se equivocó en su augurio.

Archer quedó perplejo al ver cómo otro ritual, como explicó Taylor, y del que Xavier había hablado, no únicamente quedó acotado entre los sumerios, fue algo que se replicó en otras civilizaciones posteriores y, lo que era peor, en un tiempo actual.

—El rey sustituto, en este caso el hijo de Jackson, estaba obligado a actuar como el propio rey, pero sin mis plenos poderes, aunque sí debía actuar en rituales como manda la tradición —relató Taylor.

—El Urushdaur, su ruina —recordó Tan al respecto del ritual en el que se pretendió matar a Sarah en St. Paul’s.

—Buena memoria, sir —respondió el taxista.

—Entonces ahí fue cuando empezaste de nuevo a encabezar la organización, ¿verdad? —concluyó el periodista.

—Así es, Archer.

—Eres un traidor profesional —reprochó Sarah—. Seguro que venderías hasta tu madre.

—¿Traidor yo? Para nada, preciosa. Llámame estratega, quizás.

¿Pero traidor? ¿Qué es ser un traidor? Todos los días traicionamos algo, a alguien o a nosotros mismos, y no por ello somos traidores.

Desde el momento en que uno toma un dulce ya se está traicionando a sí mismo, o cuando comes un buen entrecot de ternera estás también traicionando a un animal inocente e ingenuo para saciar tu apetito, pero claro, eso no es ser un traidor, es ser carnívoro, ¿verdad?

Como dicen los españoles, por un perro que maté, mataperros me llamaron —ironizó y cambió su semblante—.

¡Basta ya de tanta hipocresía y pon los pies en la tierra!

¡Bienvenida al mundo real! Un mundo lleno de corruptos, de irresponsables, libertinos, irrespetuosos, donde hace falta alguien que, con firmeza, pueda reencauzarlo y aplicarle un poco de orden, un nuevo líder del que nadie llegue a dudar, y ¡¡eso es lo que yo les voy a dar!

! —gritó con los ojos ensangrentados y fuera de sus cuencas.

Después de aquellos tiránicos alaridos, Sarah quedó muda al ver el inesperado cambio de carácter tan explosivo que Taylor acababa de exhibir.

No esperaba una reacción tan agresiva por su parte.

El taxista carraspeó antes de indicar el porqué de su inesperada visita, elevó el maletín que portaba consigo y se explayó:

— Okay , vamos a lo realmente importante.

¿Veis esto? —dijo mostrando el maletín en alto— Aquí tengo algo muy relevante para mí, y no pienso perder la oportunidad de irme de aquí sin obtener lo que necesito.

—Se dirigió a Tan— Al final, sé que has conseguido el libro que contiene la clave que me hace falta para completar el sistema de doble validación, y hacerme con el usuario que administra, sin límites, todas las compañías que hacen uso de la red de satélites que hemos adquirido.

—Yo no sé nada de eso y, aunque lo tuviera… —sus ojos se desviaron ligeramente hacia su derecha, pero de inmediato afiló su mirada, la clavó en el rostro de Taylor y completó—: antes de dártela me quitaba la vida.

—Si no me lo quieres decir, no te preocupes, recuerda que yo enseñé a Xavier las artes del mentalismo. ¡Acompañadme a la otra estancia! —exhortó Taylor.

Amina los seguía apuntando con el arma y, con ella, les indicó que se movieran hacia la cámara oculta que se encontraba a la otra parte del muro interior.

Atravesaron en orden la entrada, y allí se encontraron con algo que hubo sido objeto de titulares durante esos días: las obras robadas de El Bosco.