X Control mental (Código Once 2) CAPÍTULO 71
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CAPÍTULO 71

E l nuevo invitado irrumpió con aires de arrogancia en el zulo, aunque sin perder su exquisita educación.

Su rostro apenas se distinguía pero, en cuanto dio un paso adelante, el haz de luz que alumbraba la entrada del escondrijo trazó su silueta.

Portaba consigo un maletín oscuro —igual que el que se hallaba en la parte trasera del furgón—, vestía con un elegante traje de tres piezas de color marrón grisáceo a finos cuadros y una corbata del mismo tono… Se trataba de Taylor «el taxista».

— Hello . Muy buenas noches. De momento ya estamos todos. Por favor, ladies , cierren la puerta, ya sé que es de mala educación que no lo haga yo al ser el último en entrar, pero no me apetece mancharme las manos… todavía —apuntó Taylor con el marcado acento británico.

—Sí, claro —asintió Amina, se acercó a la entrada del escondrijo y lo cerró.

—Bien. Ahora que no nos puede oír nadie desde afuera, ya puedes quitarles de sus bocas esos pañuelos tan poco hospitalarios.

Tratemos bien a nuestros invitados —ironizó—.

Ah, Amina, toma esto, please . —Sacó unas bridas y se las entregó— Ponle esto al párroco por si despierta antes de hora.

Una lástima, no le tocaba estar aquí. En fin, así es la vida…

Amina se acercó al cura que estaba tendido en el suelo, lo giró y le amarró las muñecas con las bridas por detrás. Una vez bien asegurado lo volvió a dejar boca arriba.

— Perfect , Amina, muchas gracias. Y, ahora, bozales fuera.

Amina arrancó de la boca de cada uno de los retenidos el desagradable pañuelo salivado que los había silenciado durante casi la mayor parte del trayecto.

—Por fin hablamos de nuevo, Taylor —espetó Xavier con la boca pastosa.

— Oh my gosh! Mi viejo amigo… ¿Dónde están tus modales? ¿Ni un «buenas noches»? Ya estoy al corriente de que has mejorado —dijo Taylor—. Por cierto, no te esperaba aquí. Pensaba que estaría sólo con mi amigo Tan y su preciosa pareja.

—¿Viejo amigo? ¿Mejorado? ¡¿De qué va todo esto?! ¡¿Y qué haces aquí en España?! —exclamó Tan confuso y sintiendo que estaba siendo traicionado por Xavier al asistir a aquella exhibición de connivencia entre ambos.

—Digamos que tengo una preciosa casa en esta zona, como otros muchos ingleses. Y respecto del resto, ¿se lo dices tú o lo hago yo, Xavier?

—Tú mismo —respondió el mentalista.

— Okay . Digamos que Xavier es mi alumno aventajado.

—¿Alumno? Estáis juntos en esto, ¿cierto? Ya sabía que no podía confiar en ti, Xavier —dijo Tan defraudado y con una evidente expresión de asco en su rostro .

—Ah, no. —Taylor rio con arrogancia— Para nada. Él va por libre como siempre ha hecho.

Archer no comprendía nada en aquel momento, la conversación se tornaba cada vez más confusa.

Lo único que había quedado claro era que aquel lugar habría sido escogido por el siniestro taxista al conocerse bien el lugar; seguramente no le habría apetecido tomarse la incomodidad de desplazarse a algún sitio alejado, para no arrugarse el flamante traje durante el viaje.

Eso sí, había un detalle que todavía desconocía el periodista, aunque estaba a punto de desvelarse.

—Taylor fue quien me introdujo en el mundo del mentalismo —confesó Xavier.

—Entonces, él…

—Sí, Tan. Taylor también es mentalista —anunció Xavier.

Aquella confesión provocó un silencio sepulcral sin precedentes, cayó como un cubo de agua fría sobre la testa de Tan, éste se quedó sin habla, pasmado. En su interior arrancó un proceso de regresión mental, para tratar de atar cabos que diesen sentido a lo que acababa de escuchar.

—Ahora entiendo que siempre supieses algo más que los demás —recriminó Tan dirigiéndose a Taylor—.

Seguro que cuando subimos en el taxi después del incidente en el Museo Británico fue cuando te metiste en la cabeza de Thomas, si no…

—lo arrolló con una mirada de odio— no tiene explicación que conocieses de sus inquietudes.

— My friend … Cada uno usa sus recursos como mejor puede —respondió Taylor con displicencia—. Ah, hay un pequeño detalle que se os ha escapado, Amina. Ponle a Xavier las otras bridas que han sobrado.

—Vale, aunque ya está esposado —añadió Amina.

— What? ¿Esposado? Eso te crees tú. —Se dirigió a Xavier y le ordenó—: Xavier, querido, disculpa las formas, pero ponte de espaldas a nosotros un momento, please .

El mentalista se encogió de hombros y se giró ante las descolocadas miradas de Lisa, Amina y la monja.

—Xavier puede doblar metal con la mente, yo mismo le enseñé. Percibo que ya no lleva las esposas abrochadas —aseguró Taylor dirigiéndose a Amina.

—¿Con la mente? ¿No son trucos? —dijo ella sorprendida.

—Aficionados… —desairó Taylor.

El taxista inglés se acercó a Xavier y, con delicadeza, tomó las esposas que Amina le había impuesto en el furgón. Tal y como hubo avanzado Taylor, éstas estaban sueltas. Xavier habría estado pergeñando un número de escapismo durante aquella conversación tan distraída.

—Xavier, my friend … ¿pensabas que conmigo ibas a poder con esos truquitos? Por favor, Amina, ponle las bridas, porque al ser de plástico no las podrá abrir con su mente.

—Eso es imposible… —expresó Amina ojiplática e incrédula, y le abrochó las bridas a Xavier—. Ni se te ocurra intentar nada o vacío el cargador —le ordenó a Xavier.

—Amina, please , mientras estoy aquí, yo soy quien da las órdenes y decide qué se hace. Tú asegúrate de hacer lo que no has hecho antes bien y punto. Veis como al final, siempre —remarcó—, todo lo tengo que hacer yo (?) —recriminó Taylor ante una Amina desautorizada.

A pesar de que se acababa de disipar una incógnita de un valor considerable, todavía Archer seguía sin entender el principal giro de acontecimientos, el porqué Taylor había pasado de ser el mejor colaborador al villano que se regocijaba viéndolos inmóviles y desguarnecidos, escapaba de toda lógica.