X Control mental (Código Once 2) CAPÍTULO 37
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CAPÍTULO 37

L a noche prometía, a pesar de ser una visita para pernoctar antes de salir a primera hora de esa mañana siguiente hacia Madrid; se estaba encadenando incidente tras otro en un lapso de tiempo muy estrecho, sin embargo, entre todos ellos hubo saltado una noticia que le despertó especial interés.

Fue la relativa al robo que se hubo pertrechado en el museo del Prado.

A Tan le atrajo la magia que se desprendía de las obras robadas, y de las que Victoria le hubo ilustrado.

Esas profecías acerca de un alcance sobrepoblacional, del hambre y la destrucción plasmados en delicadas y admirables pinturas y retablos.

Se preguntaba qué habría conducido a quién a sustraer aquel patrimonio y por qué.

«¿Por qué únicamente la obra del Bosco?» le planeaba a Victoria.

Con todos los Goya, Velázquez, Sorolla, Caravaggio y un largo etcétera de obras de arte que se podían encontrar en el museo, justo, se dirigieron a un autor en concreto y, para haberlo hecho con tanto sigilo, sin levantar la mínima sospecha, sin haber hecho saltar los sensores…

alguien muy conocedor de las tripas del edificio Villanueva debería haber colaborado o sido el saqueador.

Imposible de comprender que con todos los sistemas de seguridad que allí se disponían como, asimismo, no sólo la vigilancia sino el sistema de suministro eléctrico…

—Bueno, pues, en un programa traté cómo se tuvo que adaptar el museo a nuevos escenarios de peligro para el edificio.

Además de estar alimentado por dos fuentes distintas y, lo que es más interesante, le instalaron un sistema de baterías de emergencia para poder abastecer la seguridad y una temperatura óptima para no achicharrar las pinturas.

Tienen todo un equipo de más de cincuenta personas trabajando, turnándose como los trabajadores de fábricas clandestinas en «camas calientes», ¿cómo habrán conseguido dar con el sistema?

Son más de veinte mil puntos monitorizados —retoricó Puertos.

—Entiendo por donde vas. Se debe haber dado algún tipo de colaboración desde dentro.

—Exacto, y, bueno, si han roto todo el sistema ¿qué tan importante sería lo que robaron como para no hacerlo de otro modo?

—No sé si únicamente será por cuestiones artísticas, pero espero que a estos no los indulten cuando los cacen —bromeó Tan—. ¿No existe ninguna forma de acceder desde fuera?

—Bueno, pues, el museo está, digamos que, afincado sobre una red de acuíferos que desde siempre han amenazado la estructura del edificio, bajo el que han incluso conectado bombas extractoras de agua para reducir la humedad y, de hecho, en el libro El tesoro de Briesca , su autor, Manuel Chaves Nogales apunta que hace años se sacaron del museo cajas con pinturas que mostraban un aspecto terrible, llenas de moho, arrugadas…

No se conseguía saber ni qué pintura era cada cuadro debido al estado tan calamitoso en que se las encontraron.

—Se frotó la barbilla y continuó después de una suave respiración—: Me gustaría recibir más información al respecto, porque la única forma que puede haber de robar algo en el Prado debe ser cortando la luz, conociendo dónde desconectar las baterías de la instalación y que no salte la incidencia.

—¿Así de sencillo? —ironizó Tan.

—Bueno, pues, no tanto. —Sonrió Victoria y afirmó—: Que no se olvide tampoco el laberinto interno con pasillos fuera del tráfico de visitantes, por supuesto.

—Ya decía yo…

—Espera, que aún no he terminado. Son rincones ideales para perderse y no saber ni cómo volver debido a su enrevesada red de pasadizos, pero si alguien, conocedor del subsuelo del lugar, hubiera accedido a través de algún pozo que esté amenazando hacerse paso, podría haber dado con cómo meterse dentro.

Algunos dicen que podría haber algunas grietas y, si fueran muy pronunciadas, picar apenas y colarse sería fácil para gente con conocimientos de ingeniería —explicó Victoria.

—¿Crees que habrán desconectado las baterías? Porque si es así el sistema de seguridad como dices… Si lo han hecho, habrán puesto seguro en peligro la integridad de las obras de arte y, por eso, si se prueba científicamente y se les caza, serían objetivo de una histórica condena —concluyó Tan.

—Me gustaría saber cómo lo habrán planeado, debe ser clave para conocer el alcance de la organización que lo haya robado, ya que no es lo mismo actuar con nocturnidad y sortear la seguridad que tener del lado la propia seguridad .

A Archer también le causó interés ese suceso al haber conocido la relación tan directa de ese robo con obras dedicadas a pasajes bíblicos.

Era lo que acentuaba su curiosidad por conocer un poco más, debido a aquello que soñó con la presencia onírica del señor Jackson y lo que le dijo de: «el secreto está en la Biblia».

Aquél fue un robo de dimensiones históricas por el desafío de haber expugnado todas las barreras inquebrantables, de ahí el especial morbo que a Tan le despertaba, además del magnetismo por la misteriosa relación que adquiría con el componente religioso y bíblico de la colección.

Y ello iba calando en el subconsciente de Archer de forma tan intensa que después de que, finalmente, Victoria lo dejase en la soledad de la noche para conciliar el sueño en el raquítico colchón del sofá cama, recibió otra visita onírica del señor Jackson.

Al parecer se había convertido en el mensajero de sus intuiciones, si no era en realidad, claro, una visita proveniente de un mundo desconocido, de una dimensión distinta a todo lo material y a lo que alcanza el conocimiento humano, ¿qué sería si no?

—Archer. «El secreto está en la Biblia» —insistió el que fue presidente del FDP.

—¡Señor Jackson! —exclamó el Tan onírico con gran respeto a la figura de quien fue su gran jefe.

—¡Vuelven los siete demonios de Nergal, los Hijos de las Sombras! No confíes en su fragancia —exclamó el señor Jackson.

De nuevo volvía a nombrar aquella orden oscura mientras fue avanzando una exorcizante noche en la que se iban sacando demonios a relucir a cada historia que se cruzaba. Tan estaba siendo sugestionado por todo aquello, y el estrés que estaba sufriendo se veía escenificado incluso durmiendo .

Empero la lucidez del sueño, al poco tiempo, se dio cuenta de que no era más que eso, un sueño, ya que al despertar quedó unos momentos paralizado, con un dolor intenso de mandíbula por la alta tensión que se acumulaba en sus maxilares cuando recordaba cada detalle y trataba de encontrar alguna relación con el asesinato de la catedral, que era su mayor preocupación, pero no dejaba de lado tampoco lo de aquella I.B.C.

por la posible relación que pudiera guardar con Sayers.

No podía ser una casualidad que todos los movimientos que se dieron para la compraventa de los activos de la empresa condenada se hubieran efectuado después de liberado al despreciable Sayers.

De repente, al recordarle la frase, de nuevo sobre la ubicación del «secreto», refrescó el versículo de Proverbios 17:23: « El impío recibe soborno bajo el manto, para pervertir las sendas del derecho ».

Con la libertad de Sayers consumada, y el poder que era capaz de concentrar a la vista de cómo abandonó la oscura y afrentosa celda, «alguien que hubiera sobornado una y otra vez y, además, hubiera salido de prisión con tanta facilidad no tendría la menor aprensión a la hora de volver a su detestable modus operandi » pensó Tan.

Y a todo aquello, ¿quiénes serían los siete demonios de Nergal que mencionó el expresidente del FDP? De momento, el nombre del fondo de inversión, Asag, coincidía. ¿Tendría relación con el caso? ¿Sería Nergal la alegoría de Sayers? o ¿éste sería uno de los demonios que habrían vuelto?