X Control mental (Código Once 2) CAPÍTULO 36
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CAPÍTULO 36

—Y ¿qué sucederá con la red satelital? —consultó Tan a Puertos—. ¿De qué sirve que la compañía haya sido condenada si ahora ese fondo se hace con el control de la misma? ¿No crees que esa sentencia habrá caído para tratar de arruinar la compañía y forzarla a vender?

—Bueno, pues, no sería nada descabellado. Si no los obligan a inutilizar los satélites… —reflexionó Victoria.

—Es a lo que voy. ¿De qué sirve esa condena? A lo mejor tiene un carácter disuasorio para evitar la colocación de más basura que cubra el cielo nocturno. Pero, aun así, no sé qué pensar, tiene una doble lectura que parece haber allanado el camino a las bravas a Asag I.B.C.

Victoria seguía indagando datos por internet sobre la empresa que acababa de adquirir la red satelital y, en una de aquellas, aparecía una noticia en tercera o cuarta página del buscador.

—Ya lo dicen los expertos en SEO —optimización de motores de búsqueda—, el mejor lugar para esconder un muerto es en la segunda página del buscador —bromeó Victoria.

—¿Cómo? ¿Has visto algo? —preguntó Tan con gran interés.

—Aquí hay un artículo remoto en el que se nombra Asag I.B.C.

como adquirente de la patente de la tecnología 11G.

Habrían pagado una cantidad superior a diez mil millones de dólares por la licencia, y habría basado sus instalaciones, atención…

—hizo una pausa dramática—, ¡en Valencia! , en la zona del puerto.

—Esa área ha crecido exponencialmente en el establecimiento de tecnológicas.

La han llegado a acuñar como el Silicon Valley español.

No es un mal lugar para una empresa de esas características; un clima primaveral y veraniego la mayor parte del año, con apenas dos meses de frío, precios mucho más asumibles que en otros países, un enclave estratégico en el Mediterráneo con instalaciones frente al mar... ¿Qué más se puede pedir?

—En ese sentido podría ser, sin duda, el mejor lugar.

—Absolutamente. Pero ¿en qué consiste eso del 11G? —inquirió Tan.

—Bueno, pues, hay bastante controversia al respecto.

Mucha gente se ha manifestado en contra, al igual que cuando empezó la implantación del 5G para la telefonía.

Aunque, en este caso, el 11G lleva aparejado consigo un misterio enorme.

Por una parte, algunos aseguran que la frecuencia de las ondas electromagnéticas que se emite podría ser letal para el cerebro, ya que el espectro de frecuencia que emitiría podría tener incidencia con las ondas electromagnéticas que el propio cerebro humano emite, pero, por otra, ello podría ser mera especulación, como siempre.

Con el 5G dispusieron las ciudades de muchas antenas con potencia muy limitada para evitar que hubiera pocos emisores con una potencia alta que pudiera llegar a ser peligrosa.

—Es curioso, un tipo de ondas que pudieran afectar al cerebro con el 11G, y dentro del «pack» adquirido por Asag, Spaceweb 3000, una empresa competencia de la propietaria de Neuralink.

—No es ninguna broma, en uno de mis programas traté que, desde Neuralink, se notificó que consiguieron descifrar el pensamiento humano.

Ha habido experimentos en los que han monitorizado imágenes mentales de voluntarios que se exponían a sus pruebas, y sin necesidad de cables en sus últimos ensayos —relató Puertos.

—Lo mismo que Xavier consigue, pero controlado con máquinas, y al alcance de cualquier poderoso...

Lo que faltaba para la intimidad —se interpeló Tan a sí mismo—.

Ya han censurado nuestras palabras con lo «políticamente correcto» y, ahora, no será de extrañar que también acaben censurando nuestros pensamientos de una forma u otra si consiguen desencriptar nuestros cerebros.

—¿Y si tuvieran alguna relación todos esos proyectos? —preguntó Victoria.

—No sé cómo se podría descubrir.

Después de esa última frase, Tan recibió una llamada al teléfono alternativo, el que usaba para las cuestiones más peliagudas.

—Al habla Joe.

—¿Novedades? —preguntó Tan.

—Me temo que sí .

—¿Temes? —La mirada de Tan se tornó preocupada y se mordió el labio a la espera de aquello que Joe iba a anunciarle.

—Creo que ya sabemos en qué consiste la Gracia Real.

—Cuenta.

—Mmm… Han concedido a alguien un indulto.

—¿A alguien? ¿Quién es ese «alguien»? —preguntó Tan con seriedad.

—No te va a gustar demasiado… ¿Te acuerdas de Sayers?

—¡No me jodas! ¡¿Han indultado a Sayers?!

—Exactamente.

Aquella noticia cayó como una bomba sobre los pies de Archer.

Acababa de recibir la peor de las noticias que habría podido escuchar en mucho tiempo.

Justo la persona que había organizado años atrás todo un plan destinado a masacrar la libertad había quedado en libertad mucho antes de lo que debía.

De poco hubo servido la extenuante lucha en Londres por frenar los pies a gente como ese individuo despreciable, que debería haberse podrido en prisión junto a una piara de colaboradores sinvergüenzas que actuaron como títeres de tan ominoso zascandil.

—¿Y cuándo se supone que Sayers saldrá de prisión? —preguntó Tan.

—Eso es lo mejor, que la Gracia hace al menos un año que se habría concedido —respondió Joe.

—¡¿Un año?!

—Al parecer se silenció o se trató con «discreción» —remarcó—. Y desde entonces está libre.

—Pero ¿Taylor no lo sabía? Me dijo que todo seguía igual.

—Ni idea, Tan. Intenté localizarlo pero no pude hablar con él —informó Joe .

—Está teniendo un comportamiento muy extraño. —Tan suspiró profundamente y continuó—: Recientemente hablé con él y no hizo más que dar evasivas en el tema del la Gracia Real.

—Pues, según me ha informado Michelle —Michelle era la amiga de Tan que fue ascendida a jefa del servicio de inteligencia de la policía de Londres—, se habría dedicado unas buenas vacaciones durante todo ese tiempo.

—Menudo sinvergüenza —gruñó Tan.

—Totalmente, seguro que ha llegado bien bronceado de Seychelles.

—Buen sitio para relajarse ese «chupacharcos». Creo que llamaré a Taylor para comentarle esta calamidad. No es normal que no esté al corriente.

Joe y Tan se despidieron en aquel momento hasta tener más novedades, pero Archer necesitaba profundizar en el porqué de la salida de Sayers de prisión. Quería saber qué hilos habría podido mover, y quién sería la persona que le habría ayudado en todo ello.

Asimismo, que le dijeran que estaba de nuevo en la calle, y que el nombre de la I.B.C.

—empresa compradora—, coincidiera con el de un demonio al servicio de Nergal, que fue el icono de la orden oscura de Los Hijos de las Sombras del «magnate mangante», era algo que desde ese punto instaló una tormentosa quimera entre sus especulaciones por la mala espina que, a paso inexorable, se estaba empezando a clavar fatalmente en su cabeza como una astilla entre uña y carne.

Pero, tal despropósito de dimensiones inusitadas no iba a achicar a nuestro protagonista… Dicho y hecho, Tan llamó por teléfono:

—¿Taylor? Al habla Tan .

—¿Cómo tú a estas horas? —respondió Taylor medio somnoliento.

—Novedades, y no de las buenas.

—Cuéntame —dijo hastiado.

—Sayers ha salido hace más de un año, según ha podido indagar Michelle… ¡y no sabíamos nada! —exclamó Tan irritado.

—¿Michelle? Vaya… —su voz sonó molesta—, algún día iba a suceder —replicó Taylor.

—Vamos a ver, no entiendo cómo no te sorprende. ¿De qué ha servido todo el esfuerzo que hicimos?

—El mundo funciona así, Tan. No le des más vueltas.

Archer no podía creer lo que estaba escuchando, Taylor estaba cambiando radicalmente la forma en cómo se dirigía a él.

El alto grado de condescendencia y connivencia que cauterizó tras los embistes de sus primeros encuentros, parecía disiparse entre aquellos desaires de displicencia del hermano bastardo del señor Jackson.

¿Qué estaba pasando con Taylor? ¿Por qué ese cambio de actitud tan polar? Parecía estar tratando de esconder algo o, tal vez, protegiendo a Tan de algún peligro.