X Control mental (Código Once 2) CAPÍTULO 31
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CAPÍTULO 31

A quel gesto del mentalista no había pasado desapercibido para Tan, ya que, mientras Xavier permanecía obtuso, lo había estado analizando sesgadamente y, sin perjuicio de ser mentalmente «violado», sus sospechas sobre que el émpata tenía algún tipo de relación con el asesinato iban en aumento.

En otro orden de cosas, después de la «accidentada» mañana, Tan no podía volver a casa así como así, su integridad estaba en peligro, por lo que necesitaba una alternativa, al menos antes de viajar la mañana siguiente a Madrid, aunque tampoco quería que Xavier se enterase de sus pasos gratuitamente… por si acaso.

—Mañana no voy a estar disponible, tengo que viajar, pero me gustaría que estuviéramos en contacto por si algo sucediera —anunció Tan a los tres.

—Si hay alguna novedad nos ponemos en contacto.

No te preocupes —respondió Antón—. Ah, macho, y que no se me olvide, viniendo para aquí me he cruzado con el compañero que se encarga de lo sucedido en tu apartamento, así que ya le he entregado tu llave, Tan.

Y en cuanto terminen con toda la pesca me informará y te la devolverán.

—Perfecto, gracias. Y bien, para que estemos en contacto, guardando la mayor de las cautelas, podéis instalaros esta misma aplicación que uso en el otro teléfono, con la que se puede hablar sin que se puedan desencriptar los mensajes en la transferencia de terminal a terminal.

—Les mostró el nombre de la app para que se la descargasen.

Todos ellos sacaron sus teléfonos y se instalaron la aplicación que Tan había recomendado y, una vez todo debidamente a punto, llegó el momento clave: la despedida.

—Por cierto, Puertos, tú vas en la misma dirección de vuelta que yo, ¿verdad? —dijo Tan tratando de que suscribiera su intención de tener un momento aparte.

—Ah, sí, sí, por supuesto —dijo la youtuber al tiempo que asentía con la cabeza de forma acentuada.

Pero Xavier no era ningún iluso, no únicamente era capaz de leer la mente, sino que también conocía la forma de descifrar el significado del lenguaje corporal, por lo que aquel asentimiento exagerado de Puertos no pasó de largo ante sus magnéticos ojos, sino que le causó gran curiosidad.

—Veo que escondéis algo… —insinuó Xavier.

—¿Cómo? —respondió Tan con inquietud.

—Cuando uno miente… refuerza la mentira con lenguaje no verbal.

—Giró hacia la youtuber a quien le dedicó una mirada asesina y, al volver al rostro de Tan, buceó hasta lo más profundo de sus pupilas y le reprochó con un tono a lo Michael Corleone—: Probablemente, Puertos tenga que tomar una dirección distinta a la tuya pero, reforzando la mentira con un movimiento de cabeza tan intenso, se ha descarado por completo .

Todos se quedaron enmudecidos ante aquel agravio fruto de una mente obsesionada por el control, por llegar a cualquier parte con sus tentáculos sin dejar espacio a maniobras a sus espaldas.

—Nada, ni os preocupéis, disfrutad de vuestra cita y mañana hablamos, tortolitos —ironizó Xavier con resquemor y sorna en un giro dramático.

—Por supuesto, Xavier, no te pongas celoso —respondió Tan con agilidad y desenfado.

—No insistas, no eres mi tipo —remarcó el mentalista con desdén.

Finalmente, aquella incómoda escena se destensó con la respuesta tan despreocupada de Archer, pero había que cuidarse de cómo tratar a aquel personaje en situaciones tan delicadas.

Nada tardó cada uno en marcharse por su cuenta, a excepción de Tan y Puertos, a quienes todavía les quedaba una conversación pendiente. Archer quería no sólo protegerse durante lo que quedaba de día sino, además, crear un tándem con el que nutrir de sentido la investigación.

Ya dispersado el petit comité , lejos de aquel húmedo, maloliente, oscuro y abovedado lugar cubierto por el robusto e histórico puente, Puertos se avanzó a proponerle a Tan una oferta irrechazable:

—Creo que deberías alejarte de casa, al menos durante esta noche.

—La verdad que no me apetece demasiado volver hoy al piso —respondió Tan.

—En mi casa hay espacio para quedarte. Apenas son sesenta metros cuadrados, pero dispongo de un sofá cama en el salón en el que podrías pasar la noche —propuso Victoria .

—Normalmente no aceptaría al tener dónde dormir, pero visto lo sucedido, no puedo rechazarlo —respondió Tan con cara de circunstancias—. Aunque necesitaría tomar un pequeño riesgo y regresar al apartamento para recoger lo necesario para mañana.

—Vamos en un momento, entonces —animó Victoria.

El regreso al apartamento reconcomía al periodista, no sabía qué o quién podría encontrarse ante el escenario de donde voló la delincuente antorcha humana.

La preocupación que desprendía se podía casi palpar con la yema de los dedos, no era extraño que, conforme se acercaban a la vivienda, su entrecejo se fuera frunciendo progresivamente, y la expresión facial… constriñéndose.

—Es extraño que la herida se haya producido de una forma tan agresiva sobre la víctima —reflexionó Tan durante el camino con Puertos.

—Bueno, pues, a veces las heridas hablan, cuentan historias.

En una ocasión grabé un programa sobre la investigación de un crimen no resuelto, y éste coincide en cosas como la ocultación de datos, y la verdad sea dicha, si la herida es tan agresiva como se dice, no cabría descartar que hubiera mucho odio en el acto, aunque, bueno, pues…

no veo sólo como algo importante la dirección que se toma en la herida, hay otros factores que también podrían venirnos a decir algo.

—Eso mismo pienso. No es normal que se haya afilado el abrecartas si, en realidad, la manera en cómo se insertó en el cuello fue de punta.

¿Y si tuviese algún significado? No es demasiado cómodo que digamos, salir, raspar en la piedra, entrar, buscar y matar.

Una muerte directa y rápida suele ser más oportunista, pero esta no lo parece, tiene tintes de una premeditación demasiado planeada .

—Pues… sí, bueno, habría que saber qué significado tendría haber afilado en aquella piedra la hoja —reiteró Puertos.

Podría haber sido por casualidad o no, pero esa curiosidad que acababa de apoderarse de la conversación hubo activado una luz en Tan.