X Control mental (Código Once 2) CAPÍTULO 26
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CAPÍTULO 26

A rcher se había quedado en un estado de cierta inquietud a raíz de la reacción del taxista inglés, lo cual iba acumulando más y más tensión un su sistema nervioso, de ahí que se fuera acentuando sobremanera su estado de indignación al respecto de una decisión Real de la que tenía algo que opinar sin demasiada simpatía:

—No tengo ni idea —remarcó Tan— de a quién habrán podido beneficiar con dicha decisión, pero, independientemente del nombre y apellidos que tenga —resopló—, vivimos en un sistema que para nada se puede considerar plenamente justo.

Estoy hasta las narices de ver cómo salen a la calle presos, ya sea en Reino Unido o en España, que sin haber mostrado arrepentimiento alguno son excarcelados antes de cumplir con su condena.

—Se le empezó a hinchar la vena del cuello y continuó—: Se llenan la boca hablando del principio de reinserción social del reo, pero resulta que cuando éste no ha mostrado ningún tipo de arrepentimiento y salen a la calle con un gran índice de reincidencia en muchos casos, e incluso en alguno continuando con sus amenazas, no ha sido más que una condena basada en un principio de retribución, es decir, lo menos didáctico que pueda existir, tanto matas tanto te cuesta, y a veces ni eso.

—Bueno, pues, así es. Tanto han hecho, tanto tiempo están encerrados como si de un mero trámite burocrático o de una máquina expendedora de snacks se tratase —adjetivó Puertos.

—Es que es de vergüenza, y en los indultos ni lo condenado se cumple. ¿Cómo puede llegar a entenderse que un criminal predispuesto a reincidir, sea por afirmación expresa o tácita, quede sin más en la calle?

—Es un sistema que falla, pues.

—Absolutamente. Y es que, además de que existen tipos distintos de delincuentes, entre ellos existen otros que, más que delincuentes, son enfermos y ¡no son tratados como tal!, sino como meros delincuentes o criminales —comentó Tan indignado y añadió—: y eso es un gran peligro.

—¿En qué sentido? —preguntó Victoria con interés.

—Me explico. En ocasiones se han dado ejemplos de violadores que, a pesar de estar encerrados durante años y ser conscientes de que el delito que perpetraron fue una atrocidad, piden por favor que se les mantenga encerrados porque saben que no pueden controlarse al ver la figura de alguna persona físicamente atractiva para sus mentes enfermas, y al cumplir todo el tiempo de la condena son forzados a volver a la calle pese a saber que vuelven a ser un peligro público.

¿Por qué no se distingue bien entre enfermos y delincuentes?

¿Por qué no se les trata a algunos de enfermos crónicos?

y ¿por qué no se les destina a un lugar adecuado a su enfermedad si la medicina no está suficientemente avanzada como para que tengan una vida digna en libertad?

Alguien de esa condición jamás va a «aprender la lección», tal y como la ciencia y la ética permiten en la actualidad, y siendo así, el sistema falla estrepitosamente cuando alguien, que sigue suponiendo un riesgo social inminente, se deje sin control ni límite alguno a los pies de un libertinaje extremadamente salvaje.

—Pues, bueno, imagínate el caso de los terroristas.

—Uf. Ese otro. Además de no arrepentirse y ser un peligro en muchos de sus casos, esos terroristas son supuestos evidentes de un fallo en el sistema educativo y político del país.

En este caso, hablando de lo que sucede en España, tan sólo hay que pensar algo lógico: acaso, si un terrorista vasco de la organización terrorista E.T.A.

, en lugar de haber nacido vasco, hubiera nacido en un barrio de Salamanca, de Valladolid, de Madrid, etc.

y se hubiera desarrollado su infancia y pubertad en un entorno de hispanidad y no de hispanofobia, ¿hubiera llegado a convertirse en un terrorista?

, ¿hubiera llegado a exigir por medio de violencia, de coacción y de terror la independencia de su región?

, ¿hubiera dejado de haber matado a Miguel Ángel Blanco, a Ernest Lluch o haber atentado en Hipercor y dejado de ser un lastre para las arcas estatales por el coste de 1.

800 euros mensuales que supone, aproximadamente, para el estado el sostenimiento de cada preso?

¿Se habría convertido en un icono a seguir por las masas arengadas por radicales?

Ya te respondo yo, por supuesto que no. Habría tenido una juventud en la que se habría preocupado de otras cosas muy distintas a las del terrorismo, y ello es muestra de que el sistema educacional que nos rige es un auténtico fiasco; parece que lo que interesa es crear una red de aborregados sin capacidad de discernimiento ni mente crítica, para ser fácilmente maleables por cualquier aparato mediático de propaganda .

—Pues, es que cada gobierno acaba teniendo su propia ley de educación sin un gran consenso de estado —añadió Victoria.

—Totalmente, pero no quiero ponerme más negro, por lo que prefiero no ampliar más el foco sino esperar a saber quién puede ser la persona presumiblemente beneficiada por la Gracia Real, y espero que exista, al menos en su caso, un claro arrepentimiento que asegure no peligre de reincidencia alguna.

—Bueno, todo es politiqueo de chichinabo.

—Tú lo has dicho, Victoria, aunque a la larga acaba destruyendo la prosperidad de todo un país a pesar de sus siglos de historia.

Ambos continuaron aquel debate encarnizado contra algunas de las carencias del estado, fruto de la justificada indignación que la historia hubo desbrozado y, en aquel caso, insinuado.

Se convirtió en una cadena de irritantes materias que, las unas, iban conduciendo hacia las otras en torno a un sistema de libertad disonante.