X Control mental (Código Once 2) CAPÍTULO 5
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CAPÍTULO 5

A nte tal asalto a su privacidad, sin dudarlo un segundo, Tan se armó de valor y, de un arrebato, contestó furibundo:

—¡¿Quién coño eres tú?!

—Alguien que sabe lo que estás pensando —respondió el desconocido en tono desafiante—. Veo que la conversación con el cura te ha dejado con mal cuerpo.

La ira de Tan fue en aumento y se atrevió a agarrarlo con fuerza de las solapas de la gabardina.

—No me vengas con gilipolleces —dijo Tan apretando los dientes—, ¡¿por qué me estás siguiendo?!

—Tranquilo, deberías echarle un polvo a Lisa y rebajar tensiones —le respondió clavándole la mirada.

—Mira, no sé por qué sabes todas esas cosas de mí. —Lo soltó con un gesto de desprecio y resopló.

—Insisto, ya te he dicho que sé lo que estás pensando. —Inclinó suavemente su mentón hacia abajo y le dijo achinando los ojos—: Estás buscando respuestas, y yo… te puedo ayudar.

Tan no sabía bien qué decirle, ya que la desconfianza se hubo apoderado de todo su cuerpo ante aquel espigado individuo. Le vino en mente la furtiva silueta que había visto huyendo del lugar del crimen y, al igual que el prelado, también le encajaba por el extravagante y fosco atuendo que portaba.

Se encontraba en una encrucijada que lo había ubicado ante un dilema que versaba sobre «en quién confiar», si en el obispo o… en este recién irrumpido del que ni siquiera sabía su nombre.

—¿Cuál es tu nombre? —inquirió Tan.

—Veo que ya empiezo a interesarte, en breve seguro me pides incluso el teléfono —ironizó—. Puedes llamarme Xavier.

—¿Xavier? —Tan puso cara de desconcierto y apostilló—: Con ese nombre, y sabiendo lo que pienso…, ¿te crees que eres el Profesor X de los X-Men?

—Bueno, algo así, pero con más pelo, más movilidad y, por supuesto, más atractivo.

Al parecer, Xavier había dejado entrever un cierto aire narcisista en la forma de definirse y en el cómo le había respondido justo antes de decirle su nombre.

—¿Por qué sabes el número de mi tarjeta?

—Ya te he dicho que sé lo que piensas. Soy mentalista —anunció.

Aquella revelación dejó a Tan descolocado, sin saber si creérselo o tomárselo en broma, pero le había mencionado en tan poco tiempo cosas que nadie más sabía, con lo que su curiosidad le empujó a entablar una conversación con él para comprobar si realmente le podía ser de utilidad.

Al fin y al cabo, le acababa de ofrecer su ayuda.

—Bueno, y si acepto tus servicios…, ¿tú qué ganas? —preguntó Tan esperando a que desvelase qué interés perseguía Xavier.

—No te preocupes, no eres mi tipo, me gustan más jóvenes —bromeó.

—¡¿Qué?! —exclamó Tan perplejo.

—Busco lo mismo que tú. Saber qué está pasando, ya que percibo una intensa inquietud en ti, que es lo que me ha atraído a hablar contigo.

—¿Me estás tomando el pelo?

—Para nada… Mira, piensa en cualquier cosa que hayas visto a tu alrededor y comprobarás que no miento.

Entonces, Tan aceptó el reto y empezó a otear el entorno sin mostrar especial interés por ningún objeto que le pudiera rodear, para no dar pistas de lo que hubiera escogido mentalmente. Una vez elegido le dijo a Xavier:

—Ya está, dime, en qué objeto pienso.

—Mmm… Es alargado, pese a ello no es mi…, bueno, a lo que vamos, tiene como una bola en su extremo superior y emite luz, así que diría que has pensado en una farola.

Archer se quedó estupefacto por la respuesta que le acababa de dar, ya que era exactamente lo que había pensado.

—Y más aún, para ser más exacto, además, me atrevo a decirte que has pensado en aquella farola. —La señaló de entre varias que había cerca de ellos.

—¡Correcto! Me acabas de tumbar.

—Ya quisieras tú que te tumbara, pirata —bromeó.

Después de cada salida que tenía Xavier, demostraba ser un tipo enigmático a la par que divertido, al parecer siempre salía con algún comentario entre picante y jocoso .

La tensión que había casi explotado al principio del desencuentro se había disipado por completo, y Tan empezó a contarle qué había sucedido en la catedral horas antes, y qué impresiones había intercambiado con el obispo a raíz de ello.

Xavier le propuso ir de nuevo a visitar al clérigo para invadir su mente y liberar, así, toda la información que quedaba sepultada bajo la silenciosa discreción del religioso.

—Igual si fuéramos primero al Temple podrían darnos información directamente, sobre todo si tiene algo que ver con el grial —aconsejó Tan.

—Bien, me hacía ilusión ver de primeras lo que piensa tu amigo —respondió Xavier asintiendo.

—No es amigo mío, ni mucho menos.

—Tiempo al tiempo… El roce hace el cariño. —Le guiñó el ojo.

—Bueno, se ha hecho algo tarde, ¿nos vemos mañana temprano para todo esto? —propuso Tan.

—Perfecto, no es necesario que me digas dónde y a qué hora, simplemente piensa el lugar exacto y cuándo. —Xavier lo miró fijamente como si estuviera violando toda su intimidad y, al cabo de unos segundos, se giró y se marchó con una breve despedida.

Tan se quedó de nuevo sin saber cómo reaccionar, ya que todavía tenía la duda de si realmente Xavier iba a acertar el lugar y la hora que había pensado.