Capítulo veintitrés
Kate
Tamborileaba con los dedos en el volante mientras vigilaba el pueblo con nerviosismo.
—Llevan fuera bastante tiempo —murmuré.
—¡Progreso! —Jo dio un golpecito a su reloj y me lanzó una sonrisa—. Esta vez aguantaste un minuto entero.
—Cállate.
Jo fingió echarse hacia atrás su corto cabello castaño, un gesto descarado que recordaba a las estrellas de los reality shows del Antes.
—Sí, mi señora.
Exhalé, intentando no preocuparme.
—Eh. —Texas apareció en la ventanilla de Jo y dio un golpecito—. Tengo noticias.
Jo bajó la ventanilla y él se asomó a la cabina para agarrar una de las botellas de agua del salpicadero.
—Sírvete tú mismo, campeón.
—Con mucho gusto. —Texas le guiñó un ojo por encima de la botella mientras bebía, la nuez subiendo y bajando con cada trago.
Jo puso los ojos en blanco, pero noté el leve rubor que le teñía las mejillas.
—¿Dijiste que tenías noticias?
Bajó la botella y se limpió la boca con el antebrazo.
—Hay una horda carretera abajo. Encerrada en un corral. Parece que el recinto ferial local lo convirtieron en un cercado para carne.
Arrugué la nariz.
—¿Cercado para carne?
—O corral de contención. ¿Zoológico? Como quieras llamarlo, alguien logró atraer a un montón de esos cabrones y encerrarlos.
—¿Pero no los mataron? —preguntó Jo.
—No. —Texas levantó la botella de agua y se la llevó a los labios sin beber—. Me pregunto si la horda incluye a algunos lugareños. La gente se pone muy sentimental a veces.
Algo se movió en el rabillo de mi ojo y me llamó la atención.
—¿Eso es una tormenta de polvo?
Texas y Jo miraron hacia el pueblo, donde una nube de polvo se elevaba desde el centro.
Jo señaló los árboles a lo lejos.
—No hay brisa.
Algo insidioso y frío me recorrió la columna y se me enroscó en el estómago.
—Es una horda.
—No puede ser... —Texas se interrumpió mientras observábamos la nube de polvo atravesar el pueblo en dirección al agua.
—No me gusta esto —susurró Jo—. Algo va mal.
—Tiene que ser una horda. Mierda. —Aferré el volante con todas mis fuerzas, con los dedos ardiendo por arrancar el camión y salir a buscar a Wrath—. ¿Crees que están en problemas?
—Aunque lo estén, no podemos hacer nada. —Jo alargó la mano y me apretó el brazo—. Estarán bien, Kate. Ten fe.
Tragué saliva y asentí.
Texas alargó el brazo para coger otra botella del cartón que había en el salpicadero.
—Voy a volver al coche. Butcher estará preocupado. Quedaos aquí y no hagáis ninguna tontería.
Retrocedió y esperó a que Jo subiera la ventanilla, dejándonos selladas dentro, antes de volver a su coche.
—De verdad que todo va bien, Kate. Entre Pope, Wrath y Audrey lo resolverán.
Asentí, intentando obligarme a sentir la misma confianza que ella. El silencio se instaló en la cabina mientras Jo y yo observábamos cómo la nube de polvo se disipaba, pero nuestro equipo no aparecía.
Vamos. Vuelve a mí, Wrath.
El día se alargó y el sol fue descendiendo en el cielo. Jo contuvo el aliento y ambas nos quedamos paralizadas cuando un bastardo apareció tambaleándose por la calle, escupiendo y gruñendo. Ignoró nuestros vehículos aparcados y desapareció por otra calle.
—Tienen una pinta rara —dijo Jo finalmente, dejándose caer de nuevo en su asiento—. Me recuerdan a niños jugando a ser dinosaurios.
—¿En serio?
Jo asintió, levantó las manos y las curvó como garras.
—Así. —Arañó el aire con un gruñido que supuse que pretendía ser un rugido, pero sonaba más a Wookie. Una sonrisa reacia asomó a mis labios.
Se puso seria, bajó las manos y me miró.
—¿Lo amas?
Tragué saliva y volví a mirar hacia el pueblo desierto.
—S-sí.
Suspiró y se frotó la cara con las manos.
—Estamos cayendo como malditas moscas.
—¿Perdona?
—Primero Ellie, ahora tú. ¿Quién sigue? ¿Ava?
Solté una carcajada.
—Ava le cortaría la polla a un tío antes de que pudiera siquiera pensarlo.
Ambas nos reímos.
—La echo de menos —admití—. Las echo de menos a todas.
—Solo lleva fuera un día. Y nosotras llevamos menos de una semana.
Noté que evitó mencionar a Jules y Lilith.
—¿No echas de menos a tus hermanas?
Jo se frotó la cara con una mano y negó con la cabeza.
—Claro, pero estarán bien sin mí. Estamos haciendo un trabajo importante aquí.
Un movimiento captó mi atención.
—¡Es Wrath!
Me lancé hacia la manilla de la puerta, la abrí de golpe y eché a correr por el camino de tierra para lanzarme a sus brazos.
—Sunshine. —Me estrechó con fuerza y su boca encontró la mía. Caliente, húmeda y exigente; me rendí, me hundí en él y dejé que me marcara.
—¡Kate! ¡Nos persiguieron zombis! ¡Tuvimos que tirarnos al lago para escapar de ellos!
El parloteo de Audrey nos interrumpió. Wrath se apartó ligeramente para mirarme.
—¿Estás bien? —susurré, ignorando a Audrey.
—Ahora sí. —Me dedicó una sonrisa torcida.
Me derretí y me apoyé contra él.
—Te quiero.
—Yo también te quiero, Sunshine —dijo él, atrayéndome hacia sí y dándome un beso en la frente antes de girarnos para seguir a Audrey—. Vamos, tenemos que ponernos al día.
Nos dirigimos hacia los todoterrenos y nos reunimos frente al primer vehículo.
—Los ciudadanos han desaparecido —comenzó Pope, frotándose el pecho—. Una masacre. No sabemos quién fue, pero hay gente en el hospital que podría saberlo.
—¿Hablasteis con ellos? —preguntó Butcher—. ¿Están dispuestos a comerciar?
Audrey negó con la cabeza, abrazándose a sí misma.
—Vimos a un tipo con un arma y a una mujer en una ventana. La mujer estaba muerta de miedo y pidió ayuda.
—Vamos a tener que entrar —dijo Wrath, atrayéndome hacia él—. Lo que pasó en la ciudad flotante no ha terminado.
—¿Y los bastardos? —preguntó Jo.
—Hay una horda, pero están rondando por el lago.
Audrey le dio un golpe a Pope y puso los ojos en blanco.
—Lo que no os cuenta es que escapamos por los pelos.
Miré a Wrath buscando confirmación. Se encogió de hombros sin desmentirla.
¿Qué demonios?
Texas explicó lo de los bastardos enjaulados en el recinto ferial y miró a Wrath.
—¿Cuál es el plan?
—¿Audrey? —preguntó Wrath, cediéndole la palabra.
Apretó los labios y cerró los ojos un momento.
—Al anochecer. Entraremos en silencio. Jo y Kate apostadas como francotiradoras. Wrath, Pope y Butcher dando cobertura. Texas, tú te encargas de la distracción; a ser posible, sin usar el recinto ferial, pero haz lo que tengas que hacer.
—¿Y tú? —preguntó Pope.
—Yo seré el cebo.
—¿¡Qué!?
—¡Ni hablar!
—¡Por encima de mi cadáver!
Audrey apartó las protestas con un gesto de la mano.
—Dejadme que os explique.
Con calma expuso el plan, detallando las contingencias y las alternativas.
—¿Qué os parece? —preguntó, mirando a todos.
Butcher soltó el aire, pasándose una mano por el pelo y dejándolo hecho un desastre.
—Es bueno. Jodidamente bueno.
—De acuerdo —asintió Wrath—. ¿Alguna objeción?
Todos negaron con la cabeza.
—Entonces busquemos un sitio para descansar. La noche se nos echará encima antes de que nos demos cuenta.