Wrath (MC Almas sin nombre nº 2) Capítulo Trece
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Capítulo Trece

Kate

De vuelta en el comedor, Farmer atrajo a Mari hacia su regazo y le acunó el rostro entre las manos.

—¿Estás bien?

—Perfecta —dijo radiante—. Hormonas. Ya sabes cómo soy.

Él soltó una risita, le dio un beso en la frente y volvió a mirar a Ellie.

—¿Qué podríamos hacer para convencerte de quedarte aquí y ayudarnos a montar nuestra propia instalación?

Ellie se rio y le puso una mano en la pierna a Runner.

—Nada. Eso lo tendrían que decidir los Nameless Souls.

Butcher volvió de llevarle comida a Lottie con un recipiente grande de galletas de Yana en la mano. Las compartimos con el grupo mientras Sam y los hombres más jóvenes servían café y té, y Runner, Wrath y Farmer intentaban resolver la logística.

—Entonces está decidido —dijo Farmer al fin—. Cuando volváis, tendremos el equipo y el producto listos.

—Puede que tardemos —advirtió Runner. Sostenía una taza de café en una mano y con la otra tenía la de Ellie entrelazada—. Depende de lo que encontremos en los otros capítulos y de cuánto tarden en ponerse en marcha. Podrían ser meses.

—Pero volveréis, y eso es lo importante.

—Eh, disculpad. —Audrey levantó una mano—.

No quiero interrumpir, pero me parece que ya habéis terminado, así que ¿puedo preguntar…

? —Dejó la taza en el suelo y entrelazó las manos con los índices apoyados en los labios, la cabeza ligeramente inclinada—.

¿Qué. Demonios. Eran. Esas cosas? ¿Zombis? ¿Malditos zombis?

Solté un suspiro divertido. Habíamos tenido suerte de que aguantara tanto.

—Bastardos —corrigió Wrath frunciendo el ceño—. Ya te lo dije. No están muertos. Son humanos degenerados. El virus los convierte en animales desesperados.

Ella lo desestimó con un gesto de la mano.

—Sí, lo pillo. Zombi, bastardo, bah, lo mismo da. —Se inclinó hacia delante—. Pero explícamelo. El origen. No oímos nada sobre esas cosas en la Universidad. Ni un solo viajero las mencionó. ¿Es una mutación nueva?

—No estoy seguro —dijo Farmer, frotándose la frente—. Vinieron del norte. El primer avistamiento fue justo después de que las ciudades quedaran a oscuras.

Vi que Ava se ponía rígida y observaba a Farmer con atención.

Con disimulo, levanté las manos y le hice señas: ¿estás bien?

Captó mi señal y asintió una vez. Respiró hondo y después borró toda expresión de su rostro.

—¿Pero vosotros ya sabíais de ellos? —Audrey miró a los hombres de los Nameless Souls—. ¿Los habíais visto antes?

—No tan al sur —respondió Wrath, y negó con la cabeza—. Se han mantenido en el norte del estado. Pasaremos por sus territorios de caza para ir de Cunnamulla a la Plantación.

—¿Territorios de caza? —Jo se incorporó con los ojos como platos y el rostro pálido—. ¿Has dicho malditos territorios de caza?

Asintió.

—¿Nadie os lo dijo?

—Ah, eso sería un jodido no. —Miró a Texas—. ¿Pensabais decirnos esta mierda o era más fácil dejarnos a las mujercitas en la ignorancia?

Levantó las manos en señal de rendición.

—Eh, a mí no me culpes. Los bastardos nos son muy conocidos. Supongo que dimos por hecho que vosotras lo sabíais.

—No así. Cuando dijiste locos, que les gustaba matar o follar, me esperaba algo tipo adicto a la meta. Ya sabes, fuerte y jodidamente brutal. No animales de verdad que quieren arrancarme la carne del cuerpo.

Ellie miró a Runner.

—¿Vosotros llamasteis horda al grupo que nos atacó?

—Sí. —Se pasó una mano por la barbilla y la barba incipiente produjo un leve sonido rasposo—. A veces forman manadas. No sabemos si son bastardos con la misma cepa del virus, o si hay como un grupo madre o qué. Pero a veces se juntan para rastrear presas.

Audrey se estremeció visiblemente.

—Es The Walking Dead. Estamos en una puta serie de terror.

—Audrey. —Ava se frotó las sienes—. ¿Podemos bajarle al drama un momento?

—Es lo que hay. —Se golpeó el dorso de una mano contra la palma de la otra—. Este año no para de darnos sorpresas. Primero fue la Purga, luego perdimos a Jules y Lilith, ahora es…

Un hombre a nuestra izquierda se inclinó hacia delante con la mirada afilada.

—¿La Purga? ¿Perdisteis mujeres por culpa de la Purga?

—Tal vez —respondí. Se me encogió el estómago de culpa y dolor—. Desaparecieron la noche que la Purga atacó a nuestro grupo. Los rechazamos, pero nos cambió todo.

Se inclinó hacia delante un tipo que no reconocí.

—¿Eran mujeres de calidad?

—¿Perdona? —dijo Ava mientras llevaba la mano a la pistola—. ¿Quieres reformular esa pregunta, amigo?

Tragó saliva.

—No pretendía ofender. Es solo que… —buscó las palabras—. La Purga no está aceptando más mujeres, no hay suficiente comida. Pero las están reuniendo para el Circo.

Un escalofrío de inquietud me recorrió la espalda.

—¿Qué coño es eso? —preguntó Texas.

—Es una competición. Como una pelea en jaula, pero hasta que una cae.

La primera en caer queda eliminada. Es un sistema de liga.

El combate final es a muerte, pero el ganador elige entre las mujeres.

Luego pasan a la siguiente competición. —El tipo se encogió de hombros—.

La Purga no las maltrata; nadie quiere una mujer destrozada como premio.

—Pero vimos a sus mujeres —señaló Ellie—. Las de los grupos de exploración estaban muy maltratadas, desnudas, desnutridas.

—Esas son las mujeres que La Purga tiene permitido quedarse. Si son de calidad (atractivas, en edad fértil, intactas o vacunadas, o una combinación), van al ring como premios.

—Joder —susurró Runner, rodeando a Ellie con un brazo y atrayéndola hacia él—. Esto es una mierda.

—Corre el rumor de que el Circo lo financian unos ricos de mierda escondidos en Oriente Medio. Han conseguido montar una transmisión por satélite para las peleas.

—¿Dinero?

—No, nos mandan petróleo.

Oro líquido.

—¿Cómo sabes todo esto? —preguntó Ava, sin apartar la mano de la pistola. A su lado, Ghost permanecía con los brazos cruzados sobre el pecho, observando en silencio.

El hombre tragó saliva, con el dolor grabado en el rostro.

—Se llevaron a mi hermana. La rastreamos hasta el Circo. Su marido entró a luchar por ella.

Negó con la cabeza.

—No salió.

—¿Y tu hermana? —preguntó Audrey.

—La ganaron unas rondas después, antes de que yo pudiera avanzar lo suficiente en el torneo. No tengo ni idea de dónde está ahora.

—¿Cuánto cuesta entrar? —preguntó Ghost con voz grave.

Todas las miradas se volvieron hacia él, sorprendidas.

—Una mujer o un camión de comida.

El tipo se encogió de hombros.

—Si apuestas una mujer y ganas, te la llevas a casa y eliges otra. Si pierdes, ella pasa al lote de premios.

Ava se frotó la barbilla y miró a Ghost.

—¿Sabes dónde será el próximo?

—Lo último que supimos es que iban camino de Dubbo.

—Eso está a solo cuatro o cinco horas de aquí —dijo Jo.

—Algunos de mis hombres han probado suerte —nos dijo Farmer—. El Circo solo lleva unos meses funcionando.

—¿Algún ganador?

—Dos.

Se encogió de hombros.

—Los dos solo querían mujeres. Querían la oportunidad de formar una familia.

—¿Y las mujeres vinieron por voluntad propia? —Ava arqueó una ceja con escepticismo.

—No, pero viven en la propiedad y tienen mi protección hasta que decidan qué quieren hacer. Aquí no obligamos a las mujeres a nada.

—Están agradecidas de que las rescataran —añadió Mari—. Si nadie las elige después de diez rondas, se las entregan a La Purga.

Me estremecí, sintiendo cómo el miedo se apoderaba de mí al pensar en Jules y Lilith, atrapadas en esa red de esclavitud.

—¿Cuántas veces puede participar alguien? —preguntó Runner.

—El campeón reinante tenía un establo de unas veinte mujeres.

Ava retrajo los labios, enseñando los dientes.

—¿Dejan pelear a las mujeres en estos combates?

Hubo risas.

—Es a muerte —dijo el hombre, negando con la cabeza—. Te harían pedazos.

Ghost se inclinó hacia delante, con la pierna casi rozando la de Ava.

—Tal como yo lo veo, tenemos dos opciones. Puedo ir a echar un vistazo y llevarme a Ava, que conoce a sus amigas de vista. Nos reunimos en Cunnamulla dentro de un mes.

—¿Y la segunda? —preguntó Runner.

—No hacemos nada y Ava va sola.

Le lanzó una mirada.

—Vas a ir de todas formas, ¿verdad?

Ella levantó las manos como diciendo: quizás.

La conocía bien: iría. Si existía la más mínima posibilidad de que Jules y Lilith estuvieran vivas, estaría allí.

—Las batallas, ¿cuándo son?

—Todos los días durante cinco días —respondió Farmer—. Hay dos combates al día. Tienes que ganar los dos para avanzar. El último día es un todos contra todos hasta que queda un solo hombre en pie.

—Eso son potencialmente doce personas que tienes que matar antes de cargarte a otras dos para ganar a Jules y a Lilith.

Audrey tragó saliva.

—Hay muchos hombres desesperados ahí fuera.

Sentí que Wrath se movía a mi lado, con la mirada fija en Ghost.

—¿Estás seguro, hermano?

Ghost no respondió. Miró a Ava, dejándole la decisión a ella.

—Si encontramos el Circo y Jules y Lilith no están, solo habremos perdido combustible y algo de tiempo.

—¿Y si están? —preguntó Jo.

—Entonces lo quemaré todo hasta los cimientos para recuperarlas.

Ava apretó los puños y se los clavó en los muslos.

—Ninguna mujer se queda atrás.

Había sido nuestra promesa. Un juramento forjado en sangre y lágrimas. Y uno que habíamos incumplido cuando Lilith y Jules desaparecieron.

—Tendrás que luchar —le dijo Farmer a Ghost—. Y no tengo comida de sobra para que apuestes. No en esta época del año.

Primavera tras un invierno duro. Había sido inusualmente seco, y las heladas, brutales. Era difícil cultivar y mantener las cosechas en esas condiciones. Esperaba encontrarme con lo mismo en cada parada del camino.

—No necesita tu comida —le dijo Ava—. Me tiene a mí.

—Ni de coña —ladró Jo—. Ni de puta coña, Ava. ¿Y si pierde?

Ava arqueó una ceja mirando a Ghost, con un atisbo de sonrisa desafiante en los labios.

—¿Piensas perder?

Él le devolvió una mirada impasible.

—¿Ves?

Se dio una palmada en los muslos y se levantó.

—Muy bien, creo que es hora de dormir. Tendremos que salir temprano mañana si Ghost y yo queremos llegar a Dubbo para el mediodía.

Hubo protestas y discusiones que Ava despachó con una mirada terca y poniendo los ojos en blanco. Ya había tomado su decisión y ni Dios ni Audrey la harían cambiar de opinión.

Wrath me miró.

—¿No vas a protestar?

Me encogí de hombros.

—No merece la pena ni gastar saliva. Ava lo hará de todos modos.

Podríamos atarla de pies y manos y clavarla al suelo en medio de una prisión de máxima seguridad, y aun así escaparía y haría lo que cree correcto —le dediqué una sonrisa—.

Además, estoy de acuerdo con su enfoque.

Sé de lo que es capaz Ghost. No va a perder. Y si pierde, Ava se las apañará.

Wrath se rascó la barbilla.

—Esa diabla es capaz de cualquier cosa.