Capítulo Seis
Wrath
—Sí.
Mi mente daba vueltas, el cuerpo me dolía mientras procesaba lo que Kate acababa de susurrar. Todos estos jodidos años había sido mía.
Joder.
Perdí el control. Mi corazón puso el cuerpo en marcha antes de que la mente pudiera reaccionar.
Mía. Mía. Mía.
Mis labios descendieron y se detuvieron un instante, a un suspiro de distancia, antes de probar los labios con los que había fantaseado durante años.
Debajo de mí, Kate jadeó y sus manos subieron para agarrarse a mi chaleco.
¿Iba a apartarme? ¿O a atraerme hacia ella?
No se movió, solo aferró la tela mientras yo la devoraba con pasión hambrienta. Atrapé su labio inferior entre los míos, lo chupé, lo mordisqueé. Su boca se abrió y aproveché para avanzar, deslizando mi lengua sobre la suya.
Mis caderas se apretaron contra ella y por un momento pensé que me apartaría. Pero respondió presionándose contra mí. Un gemido escapó de sus labios.
Me incliné, le agarré ese glorioso trasero y la levanté sobre el banco de trabajo, animándola a rodearme la cintura con sus muslos gruesos mientras presionaba mi polla contra su centro.
—Wrath —jadeó, echando la cabeza hacia atrás. Sus manos se cerraron en mi pelo, su cuerpo ávido se apretó contra mí—. Por favor.
—¿Por favor qué? —jadeé mientras mis manos recorrían sus costados—. ¿Que te toque los pechos? ¿Que te lama los pezones? ¿Que te folle ese coñito tan apretado?
Se estremeció, abrió los ojos. Deseo y necesidad luchaban por imponerse.
—Sí.
—¿Cuál?
—Todo.
Sonreí. Sabía que era puro pecado, que a ella le encantaba esa mirada en mi cara.
—Vas a arrepentirte de darme ese permiso, Sunshine.
Mis manos fueron al borde de su camiseta y tiré hasta que se deslizó por su cuerpo y reveló piel suave y curvas gloriosas.
Sus pechos, enfundados en un sujetador negro sencillo y práctico, eran la perfección.
Dejé caer su camiseta y mis manos se movieron de inmediato para abarcarle los pechos sobre la tela.
—Joder —murmuré, inclinándome hacia ella, necesitaba probar su boca de nuevo—. Eres jodidamente perfecta.
Inclinó la cabeza para darme acceso a su boca. Nos besamos mientras le acariciaba los pezones con los pulgares, sabiendo que la tela amortiguaría la sensación.
Pero reaccionó como un pararrayos a mi contacto. Se le entrecortaba la respiración, se le crispaban los dedos, se le tensaban los muslos cada vez que mis pulgares se movían.
Era eléctrica, lasciva, puro salvajismo sin domar.
La polla me dolía, palpitaba y se sacudía. Joder, sabía que no duraría mucho una vez que estuviera dentro de ella.
Le quité el sujetador y mi boca reemplazó a mis dedos. Sus jadeos susurrados de ánimo avivaban nuestro fuego, haciéndolo arder con más fuerza.
Mi lengua se arremolinó, deleitándose en el sabor de su piel. Lamí, chupé, la marqué, tatuando aquel recuerdo en mi alma.
Mía. Mía. Mía.
Vagamente, oí que la puerta se abría, voces que llegaban desde la entrada.
—Como pueden ver...
—¡Fuera! —grité, casi sin detenerme—. ¡Largaos de una puta vez!
Contra mí, Kate se puso rígida, el cuerpo completamente inmóvil.
—Y como estaba diciendo, les mostraré esta habitación más tarde —oí que corregía Brock, con risa en la voz. No podía verlo a través de las enredaderas y los estantes, pero oí que la puerta se cerraba, sellándonos a Kate y a mí una vez más.
Bajé la mirada, mi cuerpo desesperado por el suyo. Ella me miró parpadeando, las mejillas y el pecho teñidos de un rosa delicioso.
—Esto ha sido... —se interrumpió, dejando caer las manos sobre mis hombros—. Inesperado.
Solté una risa.
—¿De verdad? Llevamos años dando vueltas el uno alrededor del otro. Solo era cuestión de tiempo que uno de los dos cediera.
Ladeó la cabeza, con una pequeña sonrisa bailándole en los labios.
—Que conste que fuiste tú el primero.
—Y gracias a Dios que soy el listo —respondí, acercándome para volver a besarla. Una mano en mi pecho me detuvo.
—Wrath, yo... —se mordió el labio inferior—. Necesito decirte algo: esto es territorio bastante desconocido para mí.
—¿Qué, enrollarse en una barcaza? Siempre hay una primera vez para todo, Sunshine.
—No, me refiero a... todo esto —gesticuló entre nosotros—. Soy algo, mmm... inexperta.
Parpadeé lentamente. Procesar aquella noticia me llevó un minuto.
—¿Qué quieres decir con inexperta?
Tomó aire.
—¿Algo así como que ese puede haber sido mi primer beso?
Parpadeé de nuevo. Vagamente consciente de lo jodidamente estúpido que debía de parecer, pero incapaz de procesar que esta chica no solo era mía. Era mía.
—O sea, no soy totalmente inexperta. Me toco y vi porno en el Antes. Y leo mucho romance. Romance muy subido de tono. Pero es que nunca he...
La callé con un beso duro. Duro, sucio y tan jodidamente posesivo. Vertí todos mis sentimientos en ese beso, le follé la boca con mi lengua, le marqué los labios con los míos. Cada sentimiento sucio, obsceno y posesivo que había tenido por esta mujer estaba en ese jodido beso.
—Kate —le dije al fin, rompiendo el beso pero sin separar mi frente de la suya—. Esta noche solo vamos a hacer que te corras. Cuando lleguemos al rancho, voy a desnudarte y follarte sin piedad. No podré evitarlo. ¿Entiendes? Incluso ahora mismo me está costando contenerme.
Asintió con la respiración entrecortada.
—Entiendo.
—Bien —bajé las manos; una fue a su cremallera, la otra a su espalda—. Inclínate hacia atrás, Sunshine.
Se inclinó hacia atrás para darme acceso a sus vaqueros. Le bajé la cremallera, abrí la bragueta y metí la mano dentro.
Empapada. Jodidamente empapada.
—Joder, joder, joder —gruñí cerrando los ojos y tomando aire profundamente.
Abrí los ojos y la fulminé con la mirada—.
Estás poniendo a prueba mi jodida paciencia, Kate.
Esto. —Presioné un dedo contra su ropa interior húmeda.
Contuvo el aliento y su cuerpo se sacudió en respuesta—.
Esto me lo está poniendo muy jodidamente difícil para esperar a una maldita habitación privada con cama.
—No me importa —respondió Kate con voz temblorosa—. No me importa hacerlo aquí.
—Pero a mí sí.
Aparté su ropa interior con un dedo y me deslicé por su humedad. Me concentré en su clítoris, sabiendo que ambos estábamos demasiado al límite esa noche para andarnos con rodeos.
Susurré una breve disculpa y me lancé a trabajar su pequeño y apretado coño.
Giré y dibujé círculos, presioné y provoqué, descubriendo qué hacía que Kate jadeara y gimiera, qué la hacía gemir y suplicar.
Le gustaba más el lado derecho que el izquierdo.
Le gustaba lento y suave al principio, luego duro y rápido cuando se acercaba.
Odiaba los giros pero le encantaban los círculos.
No le gustaba cuando me quedaba callado y se deshacía cuando le hablaba guarramente, cuando la alababa, cuando la llamaba mi buena chica.
—¿Vas a correrte, Sunshine? —pregunté mientras presionaba y dibujaba círculos, llevándola al límite, sabiendo que probablemente me correría solo con lo hermosa que estaba.
Asintió con los ojos vidriosos, las mejillas sonrojadas, el sudor perlándole la frente, los labios hinchados por mis besos.
—Buena chica —la alabé mientras presionaba y dibujaba círculos más rápido. Debajo de mí, su coño se contrajo, las piernas le temblaron, la humedad me cubrió los dedos, la palma, mientras su cuerpo se rendía y su orgasmo me inundaba.
Kate no se corrió con un grito, sino con un suspiro satisfecho, mi nombre en sus labios.
—Wrath.
Joder, eso me hizo sentir como un puto campeón.
Se dejó caer contra mí y me rodeó con los brazos.
Quería saborearla, lamerme los dedos y luego empezar de nuevo, esta vez con la boca en su coño, la lengua saboreando cada gota.
Pero no lo hice. A pesar del deseo que me quemaba por dentro y la necesidad abrumadora de reclamarla, de darle la vuelta y follármela en ese destartalado banco de trabajo, me quedé quieto, acariciándola y calmándola, dejando que encontrara consuelo tras la intensidad de ese orgasmo.
Finalmente se apartó e hizo una mueca.
—Huelo a sexo.
Sonreí.
—Hueles jodidamente bien.
Puso los ojos en blanco.
—¿Hay ducha en este barco?
—Claro.
Esperó y luego se rio, dándome un empujón juguetón en el pecho.
—¡Wrath!
—Oh, ¿quieres que te diga dónde está? —La atraje contra mi pecho de nuevo, la levanté y la dejé en el suelo sin soltarla—. Te lo diré si me prometes una cosa.
—¿Qué? —preguntó con los ojos entornados.
—Que me dejes mirar.
Arqueó las cejas y se puso roja como un tomate.
—No, inténtalo otra vez.
Puse los ojos en blanco.
—Vale, solo duerme conmigo esta noche. Solo dormir. Quiero estar cerca de ti.
A pesar de la erección.
Vaciló y bajó la mirada un momento, luego asintió.
—Me gustaría.
Bajé las manos a su cremallera y se la abroché, cuidando de mi mujer. Hecho eso, le pasé un brazo por los hombros y la atraje hacia mí.
—Pues vamos a ver esa ducha, Sunshine.