Wolf (La Hermandad 1) 28 Alaina
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28 Alaina

VEINTIOCHO

ALAINA

No estoy segura de cuánto tiempo paso fuera de la habitación de Rush, con el corazón dolido y el pulso atronando en mis oídos. Al final, me deslizo por la pared y me llevo las piernas al pecho, apoyando la cabeza en ellas.

Recuerdos de mi verano con James pasan ante mis ojos, y los cierro para no verlos, deseando que me dejen en paz.

Pero ese es el problema. Siempre ha sido ese el problema.

James es inolvidable.

—He hecho una lista de reproducción para ti. —James me pone un AirPod en la oreja izquierda antes de ponerse el otro en la derecha. Navega por su teléfono un minuto, mirándome una vez antes de que oiga las primeras notas de «Maps» de Yeah Yeah Yeahs.

Se me corta la respiración, nuestras miradas se entrelazan y se sostienen mientras ambos escuchamos a Karen O darnos una serenata con su promesa de que nadie te quiere como ella.

Me lamo los labios, repentinamente secos.

Esto se siente como una premonición y una promesa.

Cuando termina la canción, empieza la siguiente, y me dejo caer al suelo, estirando las piernas frente a mí.

James se sienta a mi lado y escuchamos a ese chico abrir su corazón.

Canta que las pecas de nuestros ojos son imágenes especulares y que, cuando nos besamos, se alinean perfectamente.

Para la tercera canción, siento un cosquilleo cálido por todo el cuerpo.

Entrelazo nuestros dedos, dispuesta a pasarme el resto de mi vida escuchando esta lista de reproducción seleccionada que ha hecho para mí.

Para la cuarta canción, siento el corazón lleno y apoyo la cabeza en su hombro.

Esta lista es un vistazo al alma de James, y no voy a dejar pasar la oportunidad de sumergirme más profundo.

Me sobresalto y salgo de mi recuerdo cuando siento una mano en mi hombro.

—Oye. —La voz de Wolf está cerca.

Levanto la cabeza de las rodillas y la apoyo contra la pared. Aún no puedo mirarlo, pero por el rabillo del ojo veo que está agachado frente a mí, manteniendo el equilibrio sobre las puntas de los pies.

Suelto un gran suspiro. —Hola. Así que... tu hermano es mi exnovio —digo mientras lo miro con una sonrisa sin pizca de gracia.

Me observa un momento, recorriéndome la cara con la mirada. —Sí.

Estiro las piernas frente a mí, haciendo una mueca de dolor cuando el hormigueo me sube por las piernas. —Sin embargo, hay una cosa que no entiendo.

—¿Solo una? —Me toma el pelo con un guiño.

—¿Por qué los llamas por nombres diferentes?

Wolf se levanta y me tiende la mano. —Vamos, Red. Necesitamos alcohol para esta conversación.

Me quedo mirando su mano, sin mover un músculo.

—Vamos, nena. Conmigo estás a salvo, y sé que tienes preguntas. Vamos a aclarar algunas de ellas, ¿vale?

Asiento un par de veces. —Sí, de acuerdo.

—Pongo mi mano en la suya y me levanta con más fuerza de la que esperaba, por lo que choco con su pecho.

Su pecho, que sigue muy desnudo. Solo entonces me doy cuenta de que sigo llevando una camiseta de talla grande sobre el biquini. —Yo, ah, debería cambiarme rápido.

—Muy bien —señala con la cabeza la puerta contigua a la de Rush—, estaré ahí dentro. Tienes cinco minutos antes de que venga a buscarte.

—Vale —murmuro.

Una vez a salvo dentro de mi habitación, me apoyo en la puerta, golpeándola suavemente con la cabeza un par de veces. De todas las personas del mundo, ¿cuáles son las probabilidades de que tenga un pasado no con uno, sino con dos de mis posibles nuevos hermanastros?

No, en serio, ¿cuáles son las probabilidades? Una entre un millón... o entre ocho millones, supongo. Me río de lo absurda que es mi vida.

Debería haberme quedado en la ciudad este verano. Pero entonces no habrías conocido a Wolf, rebate una voz.

Separándome de la puerta, cruzo la habitación hacia mi cama, donde he guardado la ropa cómoda de antes.

Mientras me cambio, pienso en cómo se van a volver locas Maddie y Mary cuando les cuente esto, y me río. Una risa profunda que se transforma rápidamente en una carcajada histérica durante dos minutos seguidos.

Para cuando recupero la compostura, me siento un poco mejor. Me paso la mano por debajo de los ojos para secar cualquier lágrima persistente y entro en el baño para echarme agua fría en la cara.

Casi no oigo el golpe antes de que se abra la puerta y entre Wolf.

—¿Llamar no se te ocurre? —Arqueo una ceja hacia él, con las manos en las caderas—. Podría haber estado desnuda.

Suspira burlón. —Ya hemos pasado por esto antes, Red, ¿recuerdas? Además, he oído ese extraño ataque de risa mental durante dos minutos y trece segundos, así que he imaginado que probablemente ya estarías vestida.

Me ruborizo, la vergüenza me calienta las mejillas. —¿Has oído eso?

—Estas paredes son finas, Red. Mejor recordarlo, ¿no crees?

Pienso en el par de veces que saqué el vibrador y me di placer, y siento que una oleada de calor me recorre el cuerpo.

Curiosamente, no es vergüenza, es más como todo es súper raro y no estoy segura de en qué punto estamos, pero definitivamente sigo interesada.

Sea como sea que se llame ese sentimiento.

—Espera. ¿Cómo sabes cuánto tiempo ha durado mi... —agito la mano en el aire— lo que sea?

Se mete las manos en los bolsillos de su pantalón de chándal gris, atrayendo mi atención hacia el bulto seriamente impresionante que luce.

En palabras de mi prima: Dios, me encanta la temporada de pantalones de chándal grises.

Aunque hoy estábamos a más de treinta grados, la mansión se mantiene fresca.

Wolf se encoge de hombros. —Lo cronometré.

Su arrogancia enciende un fuego en mi interior y, por un momento, olvido que es hermano de mi exnovio y de lo que sea que sea Rush.

—¿Para qué narices harías eso?

Sonríe, de esa forma feroz. —Quería asegurarme de que no te estaba dando un ataque o entrando en algún tipo de episodio loco. Si llegaba a los tres minutos, iba a entrar a ver cómo estabas.

No digo nada durante un momento. —Hay tantas cosas que podría responder a eso, pero sinceramente, está al final de la lista de cosas raras de hoy. Así que va a tener que esperar.

Él se encoge de hombros de nuevo y se da la vuelta para salir de mi habitación. —Vamos, Red. Vamos a por esa copa.

—Y las preguntas —añado, siguiéndolo—. No te olvides de las preguntas.

—No se me ocurriría. —Wolf estira el brazo hacia atrás para cogerme la mano. Entrelaza sus dedos con los míos y tira de mí hasta que caminamos uno al lado del otro por todo el camino hasta la cocina.

Wolf se dirige a otro armario con paneles de imitación y lo abre como una puerta. —¿Cuál es tu veneno?

—Ehm, lo que te parezca bien. No soy exigente.

Saca una botella, vasos y vasos de chupito, y lo pone todo sobre la mesa del rincón de desayuno. —Es noche de vodka —dice mientras camina hacia la nevera. Saca una botella de Sprite del cajón de los refrescos y se sienta conmigo a la mesa.

—¿Ah, sí? ¿Por qué no tequila o whisky?

—El vodka es para soltar secretos. El tequila para perder las inhibiciones. Y el whisky para cerrar tratos.

—Hala. Nunca había oído eso antes. ¿Te lo has inventado tú?

Sirve un chupito a cada uno antes de prepararnos un combinado. —Mis hermanos y yo, sí.

—Vaya. —No estoy segura de cómo encaja todo esto, ni de cómo encajan estos chicos, pero cruzo los dedos para que Wolf me ayude a entenderlo un poco.

Sosteniendo su vaso de chupito, Wolf lo choca contra el mío. —Un brindis: por la verdad.

—Y por el vodka —añado, mirándolo fijamente.

—Y por el vodka —murmura. Entonces, al mismo tiempo, ambos echamos atrás nuestros chupitos. Hago una mueca por el ardor, pero Wolf se lo toma como alguien que está muy familiarizado con los chupitos de vodka.

Dos chupitos después, mis extremidades hormiguean y tengo el punto justo de chispa para estar lista para empezar la Inquisición española.

—A ver, ¿qué pasa con los apodos? ¿Es una especie de nombre de guerra o algo así? —Mentalmente me felicito por lo segura que he sonado. Quiero decir, acabo de terminar una maratón de Sons of Anarchy el mes pasado, y podría imaginármelos perfectamente a los tres en un MC.

Él asiente. —Algo así. Los tenemos desde hace tanto tiempo que me suena raro oír mi nombre de pila.

—¿Cuál es tu nombre real?

—Conor.

—¿Tu segundo nombre?

Una sonrisa asoma en las comisuras de sus labios. —Nicolas.

—Conor Nicolas Fitzpatrick. —Pronuncio las palabras suavemente, probándolas en mi lengua. Y ni siquiera me sorprende que me guste cómo se sienten y suenan.

—Ese soy yo —murmura.

Entonces se me ocurre un pensamiento de la nada, interrumpiendo mi pequeña fiesta de deseo. —Espera un momento. ¿Por qué te llaman Wolf?

Bebe de su vaso y se lame los labios. —Ah, Red, no creo que estés lista para esa respuesta todavía.

—¿Qué? —Me quedo boquiabierta—. Dijiste que responderías a mis preguntas —le recrimino.

—Dije que sabía que tenías preguntas. Nunca dije que las respondería todas. —Me mira fijamente, la indecisión ensombrece su atractivo rostro—. Si sigues aquí dentro de seis meses, te lo contaré, ¿vale?

Asiento, pensando en todas las posibles razones por las que no puede decirme por qué o cómo consiguió su apodo.

—Entonces, ¿cómo conociste a mi hermano?

—¿A cuál?

Aprieta la mandíbula y se toma otro chupito de golpe.

Lo miro por encima del borde de mi vaso, fijándome en los tatuajes, la vibra amenazante que puede adoptar en menos de diez segundos y las armas que encontré escondidas por toda la casa. —¿A la Hermandad?

Wolf se queda quieto, con los ojos entrecerrados con sospecha. —¿Qué sabes de la Hermandad?

Me encojo de hombros e intento borrar de mi cara el júbilo que siento por dentro. Después de tantas sorpresas en un solo día, sienta bien atar al menos un par de cabos. —Recordé algo que James... ah, Sully, dijo una vez.

—¿Sully te habló de la Hermandad? —Wolf se frota la barbilla, mirándome sin verme realmente.

—En realidad no. Solo la mencionó un día, pero recuerdo que pensé que era una banda o algo así.

—¿Una banda, eh? ¿Qué te hizo pensar eso?