Wolf (La Hermandad 1) 26 Wolf
69%

26 Wolf

VEINTISÉIS

WOLF

Observo cómo mi hermano pequeño, Sully, desarma a la fogosa pelirrojita en un rápido movimiento. Odio el pánico que veo en sus ojos, pero no puedo dejar que se vaya.

No solo porque Da me arrancaría la cabeza, sino porque yo tampoco sé qué coño está pasando. Miro a Rush por el rabillo del ojo. Su rostro es un vacío de emoción, pero aprieta y relaja los puños. Nunca lo he visto tan jodidamente nervioso.

Me está acojonando cosa mala. Resoplo mientras me cruzo de brazos e intento concentrarme en lo que dice Sully.

—¿Cuándo ha llegado? Pensaba que estaba con los chicos en el norte —le digo en voz baja a Rush.

Su intensa mirada sigue a Sully y a Red como un halcón y se le marca una vena en el cuello. —No lo sé —murmura—. Ya no sé qué coño está pasando, y no me gusta una puta mierda.

Sully empuja a Red hacia el rincón del desayuno, y ella se gira, con el pelo alborotado, para encararlo.

—Joder, ¿Alaina? —dice Sully con voz ahogada. Un segundo después, los ojos de ella se abren como platos antes de cerrarse de golpe y desmayarse.

Me lanzo hacia ella, pero Sully la coge antes de que yo llegue. La sujeta con un brazo por la espalda y el otro bajo las rodillas. Se gira para encararnos, sosteniéndola cerca de su pecho.

—Más os vale que uno de vosotros, hijos de puta, empiece a hablar. ¿Qué coño hace mi exnovia en nuestra casa? —ruge Sully.

No me habría sorprendido más si Tom Hanks entrara por la puerta del patio silbando una canción de Whitney Houston que ver a mi hermano perder los estribos por completo. Mejor dicho, mis hermanos.

Rush pende de un hilo, y no estoy seguro de qué lo hará estallar: el hecho de que Red sea la ex de Sully, el hecho de que hace treinta minutos yo le estuviera metiendo la lengua hasta la garganta o el hecho de que sea la hija de Lana.

Lo que no acabo de entender es cómo la conoce, porque es imposible que se ponga tan de los nervios por una chica a la que apenas conoce.

No, conozco a mi hermano lo suficiente como para saber que aquí hay algo más en juego.

Doy un paso hacia Sully y alargo la mano para coger a Red. —Anda, la llevo a su habitación. Luego creo que tenemos que hablar... todos —digo bruscamente.

Sully la aprieta más contra su pecho y resopla. —Por favor, apenas pesa. Ya la llevo yo.

Red gime y se lleva una mano a la cabeza. —¿Q-qué está pasando? —Sus ojos asustados buscan primero a Sully, luego a mí, y me cuesta reprimir mis celos.

Lo miro fijamente por un momento antes de asentir. —Sígueme. Te has desmayado, Red. Te llevamos a tu habitación para que descanses. —Vuelvo a mirar a Rush mientras guío a Sully fuera de la cocina—. Tú también, Rush.

Rush mira a Red en brazos de Sully con la intensidad de un león observando a una gacela, esperando el momento adecuado para atacar.

Me siguen por el pasillo y subimos las escaleras hasta el segundo piso.

Giramos a la izquierda hacia nuestros dormitorios.

—Está en la habitación de invitados rosa.

—Me detengo frente a la puerta de su dormitorio y respiro hondo.

Un hormigueo me recorre la espalda mientras busco el pomo.

Esto parece algo más que simplemente llevar a la exnovia de Sully, que ahora es mi chica y posiblemente nuestra nueva hermanastra, a su cama después de que se desmayara.

Vaya, qué pensamiento más jodido y raro.

Pero es verdad. Esto parece algo más que el simple acto de abrir una puerta. Parece que estamos a punto de entrar en territorio inexplorado, y yo no tengo los putos planos.

Respiro hondo, giro el pomo y abro la puerta.

No es la primera vez que entro aquí, así que voy directo a su cama y ayudo a Sully a acomodarla. Le inclino la cabeza hacia un lado y me aseguro de que no tenga golpes ni moratones. No creo que se haya golpeado la cabeza, pero el gran corpachón de Sully me tapaba casi toda la vista.

—No se ha golpeado la cabeza —confirma el hombre en cuestión como si me estuviera leyendo la puta mente.

Ella coloca su mano sobre la mía en su cara. —Tiene razón. Solo ha sido la impresión. Estoy bien. —Sus grandes ojos están abiertos de par en par y me suplican algo que no estoy seguro de poder darle. No tengo respuestas.

—Mierda, tío —hago una mueca—. Se me había olvidado lo fácil que lees a la gente.

Se encoge de hombros como respuesta, mirándola por un momento antes de darse la vuelta y salir de la habitación.

—Joder —murmura Rush mientras se adentra en la habitación, observando todo a su paso—. Había olvidado lo absolutamente rosa que es esta habitación. ¿Por qué no le dieron la de invitados azul o la gris? Son menos... estridentes.

Me encojo de hombros. —Ni idea. Supongo que Da pensó que le gustaría el rosa por ser una chica. Hablando de Da, creo que tenemos que tener una conversación con él, ¿no? —Le clavo la mirada a mi hermano.

Rush asiente. —Sí, pero no aquí. —Su rostro se suaviza cuando la mira en la cama, y eso me acojona más que nada—. Quédate aquí y descansa, ¿vale?

Nunca he visto a mi hermano mirar nada de la forma en que la mira a ella; ni siquiera a la única chica que trajo a casa durante un tiempo.

Ella nos mira a Rush y a mí antes de finalmente asentir.

Sigo a Rush a su habitación al otro lado del pasillo, pero dejo la puerta de ella entreabierta. Quiero poder oírla si necesita algo. Una vez que estamos dentro de la habitación de Rush, él va directo a sus monitores, enciende los seis y empieza a teclear.

Cojo asiento en su tumbona de la esquina y miro a Sully, que ya estaba sentado en el sofá de enfrente.

Saco mi móvil, marco el número de Da y le dejo un mensaje de voz cuando no contesta.

—Da, soy yo. Tenemos una pequeña situación aquí, pero nada que requiera dulces.

Es sobre nuestro pequeño pajarito... Llámame cuando oigas esto.

—Cuelgo y apoyo la cabeza contra la pared.

Mientras Rush murmura para sí mismo mientras sus dedos vuelan sobre el teclado, supongo que no hay mejor momento que el presente para empezar a desenredar este puto lío.

—¿Por qué estás en casa, Sully? Lo último que supe es que Da te envió a Nolan para ser nuestros ojos y oídos allí. —Lo observo con atención.

—Y lo era. Pasé tres días allí, y eso fue más que suficiente para deducir que nadie allí sabe una mierda.

Y definitivamente no están planeando una guerra.

Luego llamaron a Nolan para una reunión familiar al otro lado del charco, así que cuando recibí el mensaje de voz de Rush para que volviera antes, lo hice.

—Jooooder. —Gimo e inclino la cabeza hacia adelante para mirarlo—. ¿Te dijo Rush por qué quería que volvieras a casa? —Tamborileo los dedos sobre mis piernas mientras espero su respuesta.

—No —soltó—. Así que imagina mi sorpresa al llegar a casa y encontrarme a Alaina en nuestra cocina.

—Mama Rosa’s ha ardido esta noche —dice Rush mientras se gira para mirarnos—. Ha habido algunas víctimas. Lo siento, tío. Sé cuánto te gustaba ese lugar... y esa gente.

Se presiona una palma en la boca, la desliza hacia abajo y su nuez sube y baja varias veces antes de volver a hablar. —¿Sabemos quién?

Rush niega con la cabeza. —Todavía no, pero había una fiesta del té. No estoy seguro de si Matteo estaba allí o no.

Sully agacha la cabeza, pasándose las manos por el pelo.

—¡Maldita sea! —ruge mientras se levanta.

Saca el teléfono del bolsillo y llama a alguien—.

Más te vale no estar muerto, hijo de puta —murmura con el teléfono en la oreja—.

Buzón de voz —refunfuña—. Matteo, acabo de enterarme de lo de Mama Rosa’s; devuélveme la llamada en cuanto puedas.

—Termina la llamada y lanza el móvil a la mesa de café que hay entre nosotros.

—No sabemos quién empezó el fuego, pero considerando que era un lugar que frecuentábamos, y que Matteo está ascendiendo en la familia Russo, podría haber sido por cualquiera de nosotros —ofrece Rush.

—Sí, excepto que nosotros solemos estar en la ciudad los viernes, no los lunes —desafía Sully.

—Sobre eso —digo con un deje de aspereza en la voz—, ¿quieres decirnos cómo conoces a Red?

—¿Quién coño es Red? —se burla Sully.

—No —dice Rush simplemente.

—¿No? ¿Qué quieres decir con no? Así no funcionan las cosas, capullo. No nos guardamos secretos, y ella —señalo hacia su habitación al otro lado del pasillo— parece un puto secreto bastante grande ahora mismo.

Rush se aprieta el puente de la nariz y suspira audiblemente.

—Está bien. Dadme un minuto para comprobar una cosa.

Estoy intentando ver si puedo encontrar alguna grabación de Mama Rosa’s esta noche.

—Gira su elegante silla de ordenador de cuero y empieza a hacer clic, mostrando diferentes grabaciones de cámaras de seguridad en una pantalla.

Veo la entrada familiar del O’Malley’s Irish Pub en una pantalla, y la curiosidad me puede. Me acerco para ponerme detrás de él y esperar a que me explique lo que estamos viendo.

—No te pongas detrás de mí —espeta Rush sin siquiera mirar.

—Vale —resoplo, poniendo los ojos en blanco. Me muevo a su derecha—. ¿Qué estamos viendo? ¿Y por qué tienes vigilado O’Malley’s?

—Estas son cámaras de seguridad que he sacado para ver si puedo conseguir ángulos diferentes. Y esto —señala el monitor con O’Malley’s— es por mi propia protección. Estoy allí todos los viernes por la noche, sería estúpido no tenerlo vigilado.

Asiento. —Tiene sentido.

Resopla, pero no responde. Cinco minutos después, ha revisado todas las cámaras de seguridad de la zona y no ha encontrado nada. Suelto un suspiro y vuelvo al sofá, sentándome en un extremo.

Rush se acerca a su minibar en la esquina de la habitación. Saca tres vasos de highball y nos sirve a cada uno tres dedos de su whisky favorito. Los trae a la zona de estar y los coloca en la mesa de café antes de sentarse en el sillón a mi lado.

—Muy bien, hermanos, creo que vamos a necesitar esto para esta conversación.

Las cejas levantadas de Sully se corresponden con las mías.

Alcanzo mi vaso y tomo un sorbo. El whisky es suave con un agradable toque picante al final.

—Empiezo yo —ofrezco cuando nadie dice nada durante un minuto—. Conocí a Red..., a Alaina, cuando la recogí en la estación de tren. Y con la excepción de la primera noche, cuando Da y yo cenamos con ella y Lana...

—¿Cómo estaba su madre? ¿Actuaban, no sé, de forma diferente? —pregunta Sully.

—¿Diferente cómo? —Me rasco la barba incipiente de la mandíbula.

Se encoge de hombros. —Ni idea. ¿Esquivas o demasiado amables o lo que coño sea que hace la gente cuando intenta timarte?

—Nah. —Niego con la cabeza y tomo otro sorbo—.

En todo caso, su madre actuaba como si no quisiera a Red cerca.

—Hago una pausa—. ¿Alguna vez has oído hablar de un padre que no va a la graduación de su hija porque estaba demasiado ocupado de compras?

—Frunzo los labios y me paso una mano por la nuca.

Rush niega lentamente con la cabeza. —Mmm. Eso es... un comportamiento extraño. Investigaré más a fondo a Lana ahora que tenemos a Alaina para vincularla con ella. —Se queda mirando su vaso casi vacío y murmura—: Sigo sin explicarme por qué no pude encontrar nada sobre ella antes.

—Bueno, solo hemos estado nosotros aquí. Así que hemos estado pasando el rato. —Finjo indiferencia.

Rush me fulmina con la mirada mientras bebe su whisky. —Seguro que no parecía que solo estuvierais pasando el rato cuando os he visto antes.

—Los celos no te sientan bien, hermano —me burlo con una sonrisa despectiva—. Y ¿qué pasa si me gusta?

—Eh, eh. Para el carro. ¿Quién ha dicho nada de que te guste? ¡Apenas la conoces! —interrumpe Sully, con la voz cargada de rabia.

—¿Ah, sí? ¿Y tú sí? —lo desafío.

—Sí, yo sí. —Me fulmina con la mirada, con la mandíbula apretada.

—¿Y eso cómo es? —Su actitud de mierda me está cabreando.

—Salí con ella.

Tengo que apretar los puños para no borrarle esa sonrisita de suficiencia de la cara de una hostia. Sully me levanta las cejas en señal de desafío, el capullo.

Rush deja de remover su bebida y mira a nuestro hermano. —Sí, sobre eso. ¿Por qué nos enteramos ahora? —pregunta con voz monótona—. ¿Cuándo? ¿Y durante cuánto tiempo?

Sully se termina la bebida de un trago y golpea el vaso contra la mesa de café. —Hace dos años. ¿Os acordáis de la emboscada en Brooklyn hace dos veranos? —Hace un gesto para que le sirvan otra copa y Rush obedece.

Rush y yo asentimos. No creo que ninguno de nosotros olvide ese verano en mucho, mucho tiempo. Quizá nunca.

—Salimos ese verano.

—¿Cómo os conocisteis? —pregunto, tomando un sorbo de mi bebida.

Sully exhala e inclina la cabeza hacia atrás para mirar el techo. —Nos conocimos cuando tuve que hacer trabajos comunitarios en la biblioteca de la ciudad.

—¿No jodas? ¿Red tiene antecedentes? —silbo por lo bajo—. Tengo que decir que no me lo esperaba.

—No tiene antecedentes, gilipollas. Estaba allí por créditos escolares. —Sully me mira con desdén.

—Vale, entonces, ¿por qué no habíamos oído hablar de ella hasta ahora? —Rush aprieta la mano alrededor de su vaso mientras mira a nuestro hermano.

Sully mira fijamente a Rush, con los ojos duros. —Quería guardarme algo para mí. —Se encoge de hombros—. Pero al final, no importó.

—¿Qué pasó? —masculla Rush.

Sully se encoge de hombros como respuesta. —La Hermandad.

Todos nos quedamos en silencio por un momento, y yo intento averiguar qué coño significa el acertijo de Sully.

—Bueno, hablando de la emboscada. ¿Alguno de los dos recuerda cómo empezó todo? —pregunta Rush mientras juguetea con el hilo suelto de la silla. Su comportamiento inusualmente nervioso me pone de los nervios. ¿Qué coño está tramando ahora?

—¿Cómo íbamos a olvidarlo? Me rompí la muñeca —dice Sully sin inmutarse.

—No, quiero decir, ¿recordáis por qué empezó a pelear el consejo joven? O mejor dicho, ¿por quién?

Asiento y me paso los dedos por el pelo, echándomelo hacia atrás. —Sí, un pequeño pajarillo que los cuatro querían reclamar.

Rush asiente y sus ojos se iluminan con anticipación por la bomba de sabiduría que está a punto de soltarnos. Desvío mi mirada hacia Sully para medir su reacción. Ceño fruncido y músculos tensos. Genial.

—Exacto. ¿Y recordáis lo que decidimos los tres? —Oigo la nota de júbilo en la voz de Rush, y el vello de la nuca se me eriza.

—El pacto —murmura Sully.

—Sí, nuestro pacto. —Rush se termina la bebida y hace girar el vaso en su palma—. Entonces, ¿qué será, hermanos?

Nadie habla por un momento. Rush apenas puede quedarse quieto, y entonces caigo en la cuenta. Ladeo la cabeza. —¿Estás hablando de activar el pacto... con Alaina?

Él asiente, con el rostro serio. —Eso es exactamente lo que propongo.