Wolf (La Hermandad 1) 17 Alaina
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17 Alaina

DIECISIETE

ALAINA

Como no he visto a Wolf, voy a suponer que está ocupado, así que paso por la cocina y cojo unos aperitivos y una botella de un té helado de esos de marca para mi propia noche de cine.

Supongo que tanto fisgonear me ha abierto el apetito, pienso con una sonrisita de suficiencia.

No soy lo bastante aventurera como para probar su sala de cine, y nunca antes he tenido una tele en mi dormitorio como esta. Será mejor que la aproveche mientras estoy aquí.

Subo las escaleras corriendo, me detengo al final y aguzo el oído. Habría jurado que he oído un golpe sordo. Como no vuelvo a oírlo, lo achaco a mi imaginación. Seguramente estoy alterada por mis descubrimientos de hoy.

Una vez que me he puesto unos pantalones cortos de algodón y una camiseta de tirantes, monto el nido perfecto para una noche de cine con mantas y almohadas en medio de mi cama.

Los aperitivos están al alcance de la mano, y pongo Netflix.

Resulta que tienen una cuenta de Netflix de la casa de los Fitzgerald y cada habitación tiene su propio perfil.

Siento la tentación de mirar el de Wolf para ver cuáles son sus favoritos y si coinciden con los míos, pero eso me parece que roza lo inquietante. Además, no es así como quiero llegar a conocerlo.

Hago clic en el perfil de la Habitación Rosa y me paso los siguientes veinte minutos buscando algo que ver. Al final me decido por Ha nacido una estrella, con Lady Gaga y Bradley Cooper. Aún no la he visto, pero he oído que es increíble. Y me apetece engancharme a un buen drama.

Una de las chicas de mi clase de coro eligió cantar «Shallow» para su proyecto final. Como era un solo, no tuvo el mismo impacto que un dueto, pero aun así fue precioso. Además, la bordó.

A los treinta minutos de película, la puerta de mi habitación se abre de golpe y una silueta alta llena el umbral, recortada por la tenue luz del pasillo.

Un gritito se me escapa de la garganta y lanzo mi bolsa abierta de M&M's hacia la puerta.

Como defensa, es pésima. Los M&M's de colores vivos golpean a mi supuesto atacante en la espinilla y salen rodando.

Tardo un momento en calmar los latidos de mi corazón lo suficiente como para oír a Wolf partiéndose de risa. Se agacha, recoge unos cuantos M&M's del suelo y se los mete en la boca.

—Ah, Red, vas a ser muy divertida. —Wolf entra en mi habitación vestido con unos pantalones cortos de deporte y una camiseta negra y cierra la puerta de una patada.

Se detiene junto a mi cama y me mira fijamente un momento, con un brillo en los ojos, antes de girarse para ver a Ally y Jackson besarse—.

No es exactamente lo que tenía en mente, pero vale.

Hazme un hueco. —Se quita de una patada sus Vans completamente negras, aparta mis mantas y se mete en la cama a mi lado.

Es una cama de plataforma de tamaño king, así que hay espacio de sobra para que los dos nos sentemos cómodamente, y más todavía. Y yo me quedo ahí sentada, paralizada.

¿Adónde demonios se ha ido toda mi valentía?

Soy hiperconsciente de cada movimiento: el mío, el suyo… diablos, hasta los personajes de la película me ponen de los nervios.

Wolf se acomoda cerca de mí, lo bastante cerca como para que nuestros brazos se rocen cuando estira el suyo para coger un aperitivo, y yo salgo de mi estupor.

—¿La has visto antes? —murmura, y su aliento me hace cosquillas en el vello de la nuca.

Lo miro, esperando que esté de cara a mí, pero tiene los ojos fijos en la pantalla. Volviendo a mirar la tele, respondo: —No, pero he oído que es muy buena. Podemos ver otra cosa si quieres. —Encojo un hombro.

—No. Veamos esta. —Se mete otro M&M en la boca, con la mirada en la tele.

Así que, durante la siguiente hora, eso es lo que hacemos.

Vemos una película juntos sin hablar. Alterno mi atención entre la película y Wolf, lanzándole miradas de reojo.

Juro que siento su mirada ardiente acariciar lentamente mi piel expuesta, pero cada vez que miro, él está sentado como si nada, con los ojos en la tele.

En algún momento durante la película, cambiamos de postura. Él se repantiga con los brazos detrás de la cabeza, y yo me siento, rígida, contra el cabecero, demasiado ocupada dándole vueltas a todo.

Pero para el final de la película, casi me he olvidado de él mientras estoy sentada con las piernas cruzadas, inclinada hacia delante, con la mano cubriéndome la boca.

Las lágrimas ruedan lentamente por mis mejillas, salpicando mis rodillas desnudas.

Respiro entrecortadamente mientras mi corazón sufre por estos personajes.

—¿Estás bien? —la voz de Wolf es grave y ronca.

Sorbo por la nariz y asiento, sin apartar los ojos de Ally mientras canta la última canción.

Siento que la cama se mueve y luego siento su cálida mano en mi espalda. Se inclina hacia delante para encontrar mi mirada. —¿Estás llorando, Red?

Sollozo. —Es que es tan, tan triste. —Mis palabras salen ahogadas por las lágrimas—. Y trágico. Y desgarrador. Y demoledor.

Él suelta una risita divertida. —Eres como un diccionario de sinónimos. Todo eso significa prácticamente lo mismo.

—Lo sé. —Me seco una lágrima de debajo del ojo—. No sé por qué lloro tanto. Es que es tan…

—¿Triste? —enarca una ceja y yo le dedico una pequeña sonrisa—. Es triste, Red. Estaba enfermo. Y necesitaba ayuda —dice Wolf con voz suave, con el dolor grabado en cada palabra.

Asiento un par de veces. —Pero tenían un amor de esos mágicos. De los que trascienden esta vida y continúan en las estrellas. Y fue trágicamente corto.

Su mano se detiene en mi espalda. —¿Sabes que son actores, verdad? No tienen ningún tipo de amor mágico.

Me muevo para encontrar su mirada y veo una sonrisita de suficiencia en su cara. Su mano se desliza por mi espalda con el movimiento. —Claro que lo sé. Pero eso no lo hace menos triste. Tener ese tipo de conexión con alguien y que te la arrebaten así es desgarrador.

Algo cambia en su rostro, y por una fracción de segundo, veo un anhelo tan profundo que me corta la respiración. Tan rápido como aparece, se va, y su máscara de tranquila diversión vuelve.

—¿No quieres un amor así?

No estoy segura de qué me impulsa a soltar eso. Tal vez sea el anhelo que juro que vislumbré o el hecho de que lo reprimiera tan rápidamente. Pero me muero por saber su respuesta.

Sus labios se separan y, aunque me está mirando directamente, siento que en realidad no me está viendo a mí. —¿Un amor que acaba en tragedia? Nah. —Remata su evasiva con una sonrisa forzada, y ahora estoy segura de que vi anhelo en su cara hace un momento.

—No, no uno que termine en tragedia, sino una historia de amor para la posteridad.

Y tal vez esta película no sea el mejor ejemplo, pero mi argumento sigue siendo válido.

Una historia de amor que se cuenta de generación en generación hasta que se convierte en una fábula dibujada en las estrellas.

—Me llevo una mano al corazón y le sostengo la mirada, dejando que vea mi profundo anhelo.

Estoy jugando a un juego peligroso al entregarle mi vulnerabilidad tan abiertamente, pero una pequeña parte de mí espera que esté a la altura del desafío.

Traga saliva, y su mirada se endurece al mirarme. —Eso no va a pasar, Red. No conmigo.

Hago una mueca de dolor, la vergüenza me tiñe las mejillas. —¿Qué? No. Es decir, por supuesto. No estaba…

—Mira —me interrumpe—, creo que estás que te cagas de buena, pero yo no me meto en relaciones, ¿vale? No es nada personal.

—Sí. —Asiento—. Entendido. —Asiento de nuevo y me giro hacia la tele, viendo pasar los créditos—.

No te estaba pidiendo que fueras mi novio ni nada por el estilo.

Solo estaba conversando —refunfuño, deseando que el rubor se me pase—.

Además, ni siquiera eres mi tipo. —Sorbo por la nariz y levanto la barbilla, negándome a mirarlo para ver su reacción.

—¡Ah, ahí está ese famoso carácter pelirrojo! «No eres mi tipo», ¡dice ella! —se ríe—. Venga, no nos engañemos. —Como no caigo en su provocación, lo deja correr—. Veamos algo divertido. Creo que te vendría bien reírte un poco.

Respiro hondo y me seco los ojos una vez más, eliminando algunas manchas de rímel.

—De acuerdo. —Me recuesto contra el cabecero y me pongo cómoda.

Wolf coge el mando a distancia y, un momento después, le da al play a la primera temporada de una comedia.

A los dos minutos, ya me estoy riendo y sintiendo vergüenza ajena por las acciones del personaje principal.

A los diez minutos, Wolf entrelaza nuestros meñiques, enviando un caleidoscopio de mariposas revoloteando por mi interior.

Le echo un vistazo y veo una sonrisa pícara extenderse por su rostro.

Y así es exactamente como pasamos el par de horas siguientes: con los dedos entrelazados y riendo.

Un rato después, me despierto, sobresaltada al darme cuenta de que debo de haberme quedado dormida. La pantalla de ¿Sigues ahí? brilla suavemente en la oscuridad de mi dormitorio.

Mi vejiga grita a medida que aumenta la presión, y me deslizo fuera de la cama, o lo intento. Un gran peso me inmoviliza, y tardo un momento en darme cuenta de que es un brazo. Un brazo tatuado y tonificado.

Joder, Wolf me está haciendo la cucharita. Vale, no te asustes, me digo a mí misma, compórtate con naturalidad y sal de la cama antes de mearte encima.

Respiro hondo, y su aroma me envuelve. Jesús, hasta huele de forma atractiva. Como a sándalo y tentación.

Lentamente, levanto su mano de donde está acurrucada sobre mi estómago y me deslizo silenciosamente de debajo de su brazo. Veo algunas letras tatuadas en sus dedos, pero está demasiado oscuro para distinguirlas.

Un pensamiento fugaz sobre los dedos tatuados de mi exnovio cruza mi mente. Supongo que sí que tengo un tipo.

Céntrate, Lainey.

Una vez que me libro de su brazo, desenredo mis piernas de las suyas y las balanceo sobre la cama, con cuidado de no moverlo. Algo me dice que saldría corriendo en el momento en que se diera cuenta de que se ha quedado dormido.

Masculla algo sobre petardos antes de rodar hacia el espacio vacío donde yo estaba tumbada, rodeando mi almohada con el brazo y acurrucándose en ella.

Casi me molesta lo increíblemente atractivo que me resulta en este momento.

Con un bufido, me dirijo rápidamente al baño privado, dejando las luces apagadas. Una vez que alivio mi vejiga, me miro en el espejo. Mi cara está llena de sombras y ángulos, resaltada por la luna casi llena que brilla a través de las persianas abiertas junto a la ducha.

—¿Qué haces aquí, Lainey? —mis palabras son apenas un susurro, pero la acusación resuena con fuerza en mi mente.

¿Qué hago aquí? Estoy en una ciudad extraña, en una casa extraña, en la cama con un chico extraño, esperando que mi madre… ¿qué?, ¿me preste atención? Dios, sueno patética cuando lo planteo así.

Un patrón de pecas es iluminado por el resplandor plateado de la luna: el Cinturón de Orión. Una punzada de tristeza me golpea en el pecho cuando pienso en papá trazando estas mismas pecas cuando yo era pequeña.

Y es exactamente por eso que estoy aquí.

Se lo debo a papá.

Incluso si estoy escondida en esta gran casa completamente sola, esperando el momento en que me necesite. Como un juguete olvidado.

—Te echo de menos, papá —le susurro a la luna. Solía decirme que no importaba en qué parte del mundo estuviera, él miraría a la luna y me enviaría su amor. Todo lo que tenía que hacer era mirar a la luna para sentirlo.

—Por favor, vuelve a casa, papá. Te necesito. —Una única lágrima rueda por mi mejilla mientras le suplico a la luna.

Me la seco de la mejilla al oír a Wolf mascullar: —El ornitorrinco no, tío.

Me río en voz baja, con una sonrisa curvando las comisuras de mi boca. Vuelvo a meterme en la cama, de cara a él y dejando algo de espacio entre nosotros. Extiende un brazo y me agarra el culo con la palma de la mano, atrayéndome hacia él.

Pongo las palmas de mis manos sobre su pecho desnudo —¿cuándo demonios se ha quitado la camiseta?—. —Wolf —susurro.

—Shh, Red, vuelve a dormir —masculla mientras me acerca más a su pecho.

Su aroma a sándalo y su calor me rodean, y después de unos minutos, su respiración se acompasa. Tardo otros diez minutos antes de estar lo suficientemente relajada como para quedarme dormida.

Supongo que no estoy completamente sola, después de todo.