Wolf (La Hermandad 1) 15 Alaina
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QUINCE

ALAINA

Después de la videollamada con Maddie, sigo con ese subidón que solo te puede dar una charla de ánimos de tu mejor amiga.

Vago hacia la cocina, con la esperanza de cruzarme con Wolf, pero en su lugar encuentro una nota de Sarah.

La cena está en el cajón calientaplatos y las comidas para los próximos dos días están en la nevera.

Alaina, ¡sírvete lo que quieras de la cocina!

—Sarah

Sigo con el dedo su nombre al pie de la nota, y el corazón se me llena de calidez. Sé que es su trabajo —lo sé—, pero se siente... bien que te cuiden así. Muy bien.

Suelto una risita al releer la nota. Supongo que no debería sorprenderme que este lugar tenga algo tan sofisticado como un cajón calientaplatos, pero es que, literalmente, nunca he conocido a nadie que tuviera uno.

Aunque eso no dice mucho, ya que llevo viviendo en una residencia de estudiantes más tiempo del que no.

Supongo que es algo útil en una casa como esta, con tanta gente entrando y saliendo.

Me pregunto si llegaré a conocer al resto de los chicos de Cormac.

Aunque, si son como Wolf, no estoy segura de que vaya a tener ningún tipo de sentimiento fraternal hacia ellos.

Me sonrojo al pensar en Wolf tumbado en mi cama como si tuviera todo el derecho del mundo a estar allí.

Mentiría si dijera que no he pensado en cómo habría sido si hubiera entrado en el baño —y en la ducha— conmigo.

Me muerdo el labio mientras una fantasía de un Wolf desnudo y mojado me pasa por la mente. Sus casi dos metros de músculos sexis, tatuados y duros a la vista.

Sacudo la cabeza para espantar la fantasía. Y eso es todo lo que será: una fantasía. Por muy atractivo que sea, es imposible que salga con alguien que va a ser mi hermanastro. ¿Verdad?

Pero hay muchos matices de gris entre salir con alguien y liarse, se mofa una vocecita que suena muy parecida a la de Maddie.

Es verdad. Quiero decir, no voy a casarme con el tío. Solo besarlo. Mucho. Y quizá algo más.

Dios, tengo que controlarme. Estoy aquí dándome un latigazo cervical con mi debate interno y fantaseando con el tipo como si fuera tan siquiera una posibilidad. Probablemente tenga legiones de chicas siguiéndolo a todas partes. Suelto un suspiro ante ese pensamiento.

Mierda, seguro que las tiene. No hay forma de que un tío así no tenga novia.

Con el ánimo por los suelos, tardo unos cuantos intentos en averiguar cuál es el cajón calientaplatos. Todo en la cocina es de líneas depuradas y madera oscura; incluso el frigorífico está oculto tras unos paneles de madera falsa, lo que hace que parezca integrado en el resto del mobiliario.

Saco del cajón el plato tapado de espaguetis y decido comer en la isla. Parece una tontería usar el comedor principal solo para mí; además, no se sentía muy acogedor cuando cenamos allí anoche.

No puedo reprimir un gemido de placer al probar un bocado de los espaguetis de Sarah. Tendré que pedirle la receta. A Mary le encantaría.

Mirando alrededor de la cocina mientras como, no veo ninguna pista que grite que son la mafia irlandesa. No estoy exactamente segura de qué tipo de pistas estoy buscando, pero espero que sea una de esas cosas que se reconocen nada más verlas.

Miro por las puertas acristaladas que dan al enorme patio trasero. La piscina me llama la atención; apuesto a que sería divertido. Quizá me pase por allí mañana. Sarah dijo que me sintiera como en casa, así que estoy segura de que eso incluye usar la piscina.

Me pregunto qué estará haciendo Wolf mientras termino mi cena. Antes mencionó lo de ver una película juntos, pero ya son las seis y media y no he oído ni un alma en la casa en la última hora.

Seguro que tiene cosas mejores que hacer que pasar el rato con su nueva posible hermanastra. Seguro que ya tenía planes, se ha liado y se ha olvidado.

Lo cual está perfectamente bien, me digo mientras se me hace un nudo incómodo en el estómago. ¿Me fastidia un poco no poder pasar el rato con un tío bueno hoy? Pues claro. Puede que haya maquinado con Maddie lo de hacer la prueba de la película de terror.

La idea es que, si estás viendo una película de miedo y te tapas los ojos o te escondes tras su hombro y él te consuela, es que le gustas. Y si no lo hace, pues no le gustas.

Sigo pensando que es infantil, pero Maddie pone la mano en el fuego por ello, así que pensé en probarlo.

No es que tenga mucho más que hacer en una casa gigante yo sola.

Supongo que podría explorar la ciudad, pero tenía la esperanza de hacerlo con mi madre.

Supongo que podría adelantar algo de los cursos de verano, pero las clases no empiezan hasta dentro de tres semanas, así que tengo tiempo de sobra.

Termino mi cena, llevo el plato al fregadero y lo lavo. Lo dejo escurrir en el escurreplatos que hay al lado.

Veo la nota de Sarah de reojo y decido escribirle una nota amable de vuelta para darle las gracias por la cena, pero necesito un bolígrafo. Malditos modales sureños.

Abro algunos cajones, empezando por los que están cerca.

Cubertería, cuchillos, utensilios, pero nada de bolígrafos.

Tiene que haber un cajón de los trastos, ¿no?

Algún sitio donde metan cosas al azar que no tienen un lugar fijo pero que aun así hay que guardar.

Solo busco algo con lo que escribir; a estas alturas me conformaría con una cera de colores.

Encuentro no uno, sino cuatro cajones de los trastos al otro lado de la isla, cerca del rincón de desayuno.

Premio.

Abro los dos de arriba y son tan diferentes que me detengo un momento a mirarlos.

El de la izquierda tiene unos cuantos blocs de notas en blanco, un puñado de bolígrafos, una cinta métrica, cinta adhesiva y una grapadora.

Cojo un lápiz y miro en el cajón de la derecha.

Es el sueño húmedo de un acumulador. Menús de comida para llevar, recibos viejos, notas garabateadas, bolígrafos, dulces de las Navidades pasadas, paquetes de salsa de soja, auriculares y... joder, ¿eso es una pistola?

Uso uno de los lápices para levantar algunos papeles y me quedo mirando una pistola. Sig Sauer está grabado en la parte superior, y supongo que ese es el modelo del arma. Dios, de verdad que mejor empiezo a ver algunas películas de la mafia.

¿Por qué hay una pistola en su cajón de los trastos en mitad de la cocina?

Supongo que es posible que alguien la dejara sobre la isla y, como estaban recogiendo antes de que llegaran visitas, alguien simplemente la metiera en el primer cajón de los trastos que pilló a mano, ¿no?

Pongo los ojos en blanco ante mi propia excusa barata e inventada.

Suelto el lápiz y los papeles vuelven a cubrir el arma. Cierro despacio ambos cajones y abro los dos siguientes. Uno está completamente vacío y el último es más bien otra fantasía de acumulador como el de arriba, menos la pistola. Rebusco un poco, pero no encuentro nada digno de mención.

Cierro todos los cajones, me siento en un taburete de la isla y pienso en todo lo que sé. Que no es mucho.

Necesito más pruebas.

Es hora de empezar a investigar.