2 Alaina
DOS
ALAINA
Me paso el cepillo de la máscara por las pestañas una última vez y me observo en el espejo que hay sobre mi tocador blanco de estilo vintage. Es una de las pocas cosas que conservo de mi padre; me lo regaló cuando cumplí ocho años.
Un delineado negro con acabado de ala enmarca mis ojos castaños, haciendo que el anillo de color ámbar de mis pupilas resalte contra mi piel clara. Tengo un sinfín de pecas salpicando el puente de la nariz, y no hay corrector que consiga ocultarlas del todo.
Mi padre solía buscar constelaciones entre mis pecas y luego me contaba la historia griega correspondiente.
Mis favoritas siempre eran las que terminaban en historias de amor.
Solo al hacerme mayor me di cuenta de que mi padre se tomaba muchas libertades con sus relatos.
Las mitologías griegas originales son más oscuras, crueles y menos románticas.
Ahora las observo, intentando localizar la Osa Mayor o el Cinturón de Orión... cualquier constelación, en realidad. Pero no encuentro ninguna. De todos modos, ya no estoy segura de creer en ese tipo de historias.
Alguien llama a mi puerta y me giro para ver a Maddie en el umbral. —¿Lista, nena?
Me sacudo mentalmente la bruma melancólica en la que siempre me sumerge pensar en mi padre y me vuelvo hacia ella. —Estás...
—Ridícula —sentencia Maddie con inexpresividad.
—¡Increíble! —exclamo con entusiasmo y doy un par de palmadas de alegría—. ¡De verdad! ¡Combinar la falda con ese top blanco de tirantes finos y las sandalias de cuña ha sido una idea genial!
—Bueno... —Maddie se echa el pelo sobre el hombro con picardía—, si de algo entiendo, es de moda. —Esboza una sonrisa burlona y traza un círculo en el aire con el dedo índice—. Levántate y da una vuelta. Veamos qué te vas a poner esta noche para besar a un desconocido.
Le obedezco y me levanto del taburete en el que estaba sentada frente a mi tocador. Doy una vuelta sobre mí misma y la falda de tul de color rosa fucsia se ondea antes de posarse alrededor de mis rodillas. —¿Te gusta?
—Me encanta, Lainey. Y tienes suerte de que te quiera, chica, porque salir con esa camiseta una noche como esta es buscarse problemas —dice Maddie.
Tiro del hombro de mi camiseta vintage blanca de Johnny Cash, esa que tiene su foto policial descolorida en la parte delantera. —Me encanta esta camiseta. Y mira, le he hecho un nudo abajo para que parezca un crop top. Creo que queda mona.
—Estás muy mona —interviene Mary desde el pasillo. Ni siquiera la veo, pues está detrás de Maddie.
—Gracias, Mary. Ven aquí, que veamos tu conjunto.
—Está increíble, y ya sabes que me encanta el hombre de negro. —Madison lanza una mirada a su hermana—. Solo creo que ponerse esa camiseta precisamente hoy —en la víspera de la luna de sangre— es como enviar una señal de humo para que pase algo malo.
—Oh, ya estamos otra vez con esas chorradas supersticiosas. —Mary resopla y echa la cabeza hacia atrás para mirar al techo.
Maddie se cruza de brazos y mira a su hermana con severidad. —No dirías eso si siguieras las señales y tu horóscopo como hago yo.
—Vale, acepto el reto. ¿Qué dice nuestro horóscopo para hoy? —Mary levanta la barbilla desafiante.
—Tú —señala a Mary— tienes que probar algo nuevo y comprender el valor del compromiso. Y tú —me señala a mí— tienes que prepararte porque se avecinan grandes cambios en tu vida y en el amor. Supera el drama y no tengas miedo de cuidar de ti misma.
Mary pone los ojos en blanco y lanza los brazos al aire antes de dejarlos caer a los costados. —¿Y qué parte de todo eso significa que no deba ponerse su camiseta de Johnny Cash?
—Bueno... —Maddie se cruza de brazos—, la astrología está abierta a la interpretación, pero creo que ponerse una camiseta que fomenta que te arresten justo cuando vas a experimentar grandes cambios en tu vida no es una buena idea.
Hay algo en la forma en que Maddie recita mi horóscopo esta vez que se siente diferente. Casi como una premonición que reverbera por todo mi cuerpo, calando hondo y tomando posesión de mi destino.
—Además, es día trece —añade Maddie con la mandíbula tensa y los hombros erguidos—. Viernes trece.
—Está bien, Maddie. Puedo cambiarme si eso te hace sentir mejor —me ofrezco.
—Venga, Lainey, no hace falta que te cambies. Tu camiseta no nos va a traer ningún mal presagio —resopla Mary poniendo los ojos en blanco.
—No, no pasa nada. Tengo la camiseta perfecta en mente. —Me doy la vuelta y voy hacia mi cómoda. Abro un cajón, saco una camiseta negra con los hombros al aire y la muestro—. ¿Mejor?
Maddie asiente y se cruza de brazos, con un ligero rubor tiñendo sus mejillas de rosa. Mary levanta los brazos con un soplido y se da la vuelta mientras yo me quito la de Johnny Cash y me pongo la negra.
Me arreglo la camiseta negra, colocando la manga corta para que caiga justo sobre mi hombro. —No te preocupes, Maddie. No me importa. —Le dedico una sonrisa por encima del hombro.
Ella se relaja visiblemente un poco y murmura: —Gracias, Lainey.
—No hay de qué. Sé que tú crees en esas cosas, y yo creo en ti, ¿vale? Así que si dices que la luna está en retrógrado y Venus brilla sobre Júpiter...
Maddie se ríe. —Me encanta que lo hayas intentado, pero nada de eso tiene sentido. Mercurio se pone retrógrado, nena.
Me encojo de hombros y le sonrío. Sabía perfectamente que Mercurio se pone retrógrado. Y, sinceramente, disfruto leyendo sobre horóscopos y todo eso, pero buscaba aligerar el ambiente, así que me he equivocado de terminología a propósito.
Me echo las ondas del pelo sobre el hombro y las miro a las dos. —¿Estamos bien, chicas?
—Estamos bien —responden al unísono.
—¡Oh!, ya sabéis que me encanta cuando hacéis eso tan raro de gemelas. —Mi sonrisa es amplia.
—Lo sabemos —responden con tono seco. Otra vez a la vez. Echo la cabeza hacia atrás y me río.
—Muy bien, ¿estamos listas para celebrar?
—Listísima, nena —responde Maddie.
—Esta noche voy a arrasar en la pista de baile. —Mary hace un pequeño movimiento de caderas mientras salimos todas de mi habitación hacia el pasillo.
—Mary, estás espectacular, amiga mía. Esa falda naranja neón te queda de maravilla. Y me encanta la elección tan atrevida de una camisa estampada.
Mary se anima con el cumplido. —Los clientes de O’Malley’s no van a saber qué les ha pasado por encima esta noche.