WOLF (Dark Romance: Hombres Dominantes, Obsesión Peligrosa y Erotismo Psicológico Intenso 5) Capítulo 8
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Capítulo 8

VENENO DE ACCIÓN LENTA

Nest llegó al café antes que ella, lo que Cilia consideró información sobre él: era el tipo de persona que necesitaba llegar primero, ver la puerta, controlar el espacio.

Estaba sentado contra la pared del fondo con una taza de café y gafas de armazón delgado que lo hacían parecer más académico que peligroso.

La apariencia era el primer argumento que usaba, y Cilia lo reconoció por eso.

–Señorita Forest –dijo cuando se sentó–. Gracias por venir.

–No vine por cortesía –dijo ella–. Vine porque la información siempre tiene valor, incluso cuando la fuente no.

Nest sonrió. Era una sonrisa pequeña, calibrada.

–Me gusta eso –dijo–. Directa.

–Tienes quince minutos. Empieza.

Nest tomó café antes de hablar, sin prisa, estableciendo su propio ritmo. Cilia lo dejó hacer sin mostrarse impaciente porque mostrar impaciencia era cederle terreno.

–Wolf Capital tiene un problema que Kevin no le ha mencionado –dijo Nest–. Hay una investigación preliminar de la SEC sobre prácticas de información privilegiada en el fondo de derivados del año pasado.

Cilia no cambió de expresión.

–Eso es información pública si la investigación existe –dijo.

–La investigación es muy preliminar. Todavía no es pública. –Pausa–. Pero lo será.

–¿Cómo sabes eso?

–Tengo fuentes que Kevin también debería tener pero no tiene porque confía demasiado en la gente equivocada.

–¿Cómo el ex socio rencoroso que lo llama desde el otro lado de la ciudad?

Nest no reaccionó a eso de ninguna manera visible. Eso también era información: que había anticipado que ella lo atacaría ahí y se había preparado.

–No tengo rencor –dijo–. Kevin y yo tuvimos una disolución complicada. Los negocios son así. Pero lo que te estoy contando no tiene que ver con eso.

–¿Entonces por qué me lo cuentas?

–Porque usted es inteligente y porque un escándalo de la SEC va a afectar su trabajo independientemente de si Kevin es culpable o no.

–¿Lo es?

–No lo sé con certeza. –Una pausa–. Pero el fondo de derivados tenía acceso a información que no debería haber tenido, y alguien tomó decisiones basadas en esa información, y si Kevin no fue él directamente, fue alguien de su círculo cercano que él debería haber supervisado.

Cilia lo miró. Nest era bueno. La acusación era lo suficientemente vaga para no poder refutarse en el momento pero lo suficientemente específica para que la mente empezara a construir escenarios, y esos escenarios eran la herramienta real, no la información.

–¿Qué quieres de mí? –preguntó.

Nest volvió a sonreír. Esta vez la sonrisa llegó un poco más lejos.

–Nada todavía –dijo–. Solo quería que tuvieras el contexto.

–No haces esto por altruismo.

–No. Pero lo que quiero de ti, si alguna vez quiero algo, va a ser justo para las dos partes. Eso es garantía de mi parte.

–No necesito tus garantías.

–No. –Pausa–. Por eso no te pido nada todavía.

Cilia se levantó. Los quince minutos no habían terminado pero había escuchado suficiente.

–Si contactas de nuevo –dijo–, voy a documentarlo y voy a compartir esa documentación con quien corresponda.

–Por supuesto –dijo Nest, con la misma calma con que habría dicho cualquier otra cosa.

Cilia salió del café. En la calle, el viento frío de noviembre le golpeó la cara con una precisión que agradeció porque la obligó a estar presente, a dejar de procesar todo lo que Nest había dicho y simplemente caminar.

La investigación de la SEC. Información privilegiada. El fondo de derivados.

Si era verdad, Kevin lo sabía. Si Kevin lo sabía, no se lo había dicho.

Si no se lo había dicho, había una razón, y las razones podían ser muchas: que la consideraba un riesgo interno, que quería protegerla de algo que todavía no era seguro, que simplemente no había encontrado el momento.

O que había cosas que Kevin guardaba fuera de sus límites de transparencia, lo que era su derecho pero también era una realidad que Cilia necesitaba considerar.

Esa noche en Tribeca, en la cama, con Kevin dormido, Cilia miró el techo y tomó la decisión: le preguntaría. Directamente, sin construcción, sin rodeos. Si la investigación existía, quería saber de su boca.

Se giró hacia él. Estaba dormido de verdad, no con la quietud calculada que a veces tenía cuando estaba despierto y pensando, sino con la respiración pausa que era puro descanso. La línea de su mandíbula en la oscuridad, la mano sobre su cadera.

Lo despertaría mañana. Esta noche lo dejaría dormir.

Por la mañana, sobre café, dijo:

–¿Hay algo que necesite saber sobre el fondo de derivados del año pasado?

Kevin la miró. Un segundo de quietud que no era sorpresa sino evaluación.

–Sí –dijo.

Eso la golpeó más de lo que esperaba, no que existiera algo, sino que lo admitiera sin siquiera preguntar de dónde venía la pregunta.

–Cuéntame –dijo.

–Hay una revisión preliminar de la SEC. No es una investigación formal todavía, puede que nunca lo sea. Hay una transacción que tiene una apariencia que no es la realidad, y eso requiere documentación que ya estamos preparando.

–¿Quién más lo sabe?

–El equipo legal. Marcus. El consejo ejecutivo.

–¿Por qué no me lo dijiste?

Kevin la miró durante un momento.

–Porque llegaste hace cinco semanas y no quería que fuera lo primero que cargaras.

–Trabajo para ti. La salud de la empresa es mi problema también.

–Lo sé. Debí habértelo dicho antes.

–Sí.

–Cilia.

–¿Qué?

–¿Cómo supiste?

Pausa.

–Nest me contactó ayer.

Kevin dejó la taza de café sobre la mesa con un movimiento que era perfectamente controlado y sin embargo había algo en el tono del gesto que era más parecido al enojo que cualquier cosa que Cilia le hubiera visto antes.

–¿Fue a buscarte?

–Me llamó. Me reuní con él. –Pausa–. Debí habértelo dicho anoche.

–Sí.

Estaban de vuelta al principio, con las mismas palabras intercambiadas, los dos habiendo guardado información por razones que tenían sentido individualmente pero que juntas construían algo parecido a una distancia.

–Nest va a intentar usarte –dijo Kevin, con el tono de alguien que lo tiene claro desde hace tiempo–. Llevaba un año buscando un punto de acceso.

–¿Qué quiere de ti?

–Lo mismo que siempre ha querido: verme perder algo. –Una pausa–. Lo que tiene no es suficiente para hacerlo directamente. Necesita algo desde adentro.

–No voy a ser eso.

–Lo sé.

–¿Lo sabes de verdad?

Kevin la miró fijamente.

–Sí –dijo–. Con la misma certeza con que sé cualquier cosa sobre ti.

Era mucho decir. Era demasiado para un hombre que pesaba las palabras con la precisión con que lo hacía Kevin, y Cilia lo sabía y el peso de eso cayó en su pecho y se quedó ahí.

–La investigación –dijo, volviendo al terreno sólido–. Cuéntame todo.

Kevin le contó todo. Tardó cuarenta minutos y fue completo, sin seleccionar qué revelar y qué no, lo que también era información sobre él: que cuando decidía confiar, lo hacía de manera total.

La transacción era complicada, involucraba a un intermediario que había tomado decisiones que no estaban dentro del protocolo establecido, y la documentación que el equipo legal estaba construyendo era sólida pero requería tiempo.

–¿Necesitas mi análisis? –preguntó Cilia cuando terminó.

–¿Lo harías?

–Estoy ofreciendo. Es diferente a que me lo pidas.

Kevin la miró de esa manera específica que ella había aprendido a reconocer como él en su versión más real.

–Sí –dijo–. Lo necesito.

–Bien. Dame acceso a los archivos del fondo del año pasado.

–Los tienes esta tarde.

Cilia asintió. Se levantó para llevar las tazas al fregadero, y cuando pasó junto a Kevin él tomó su muñeca con una mano, sin sujetarla, solo sosteniéndola el tiempo suficiente para que ella se detuviera y lo mirara.

–Gracias –dijo.

No era sobre los archivos. O no era solo sobre eso.

–No me agradezcas todavía –dijo Cilia–. Todavía no sé lo que voy a encontrar.

Kevin soltó su muñeca. Cilia fue al fregadero y fregó las tazas con el sonido del agua como único sonido en el departamento, pensando en Nest y en Samantha y en la investigación y en la manera en que los problemas se acumulaban al mismo tiempo cuando empezaban a acumularse,

como si esperaran unos a otros.