WOLF (Dark Romance: Hombres Dominantes, Obsesión Peligrosa y Erotismo Psicológico Intenso 5) Capítulo 9
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Capítulo 9

CUANDO TODO CAE

El análisis del fondo de derivados tardó dos semanas y media.

Cilia trabajó con el equipo legal de Wolf Capital en una sala separada del resto de la empresa, con acceso a todos los archivos y la autoridad para pedir lo que necesitara sin explicar por qué.

Kevin no entró a esa sala ni una vez durante ese período, lo que era su forma de decirle que el trabajo era completamente suyo.

Lo que encontró no era lo que esperaba encontrar.

La transacción que había llamado la atención de la SEC era efectivamente irregular en apariencia, el intermediario había operado con información que debería haber sido confidencial,

pero los archivos internos mostraban que Kevin había establecido protocolos específicos para evitar exactamente ese tipo de acceso y que esos protocolos habían sido violados sin su conocimiento por alguien dentro del equipo.

Ese alguien era el anterior director de análisis. El mismo que Kevin había despedido cuatro años antes.

–El hombre que despediste –le dijo cuando terminó–. El que era más leal al consejo que a los números.

Kevin la miró.

–¿Qué hizo?

–Antes de que lo despidieras, tuvo acceso a información del fondo de derivados durante tres meses. Creó un canal paralelo de comunicación con el intermediario que no quedó registrado en el sistema oficial. –Pausa–. Tengo los metadatos.

–¿Cuánto tiempo llevas con esto?

–Cuatro días. Quería estar segura antes de decírtelo.

Kevin se levantó de la silla en la que había estado sentado frente a ella y caminó hacia el ventanal de su oficina. Estaba de espaldas a ella y la postura de sus hombros era diferente a la que normalmente tenía, más tensa, menos geométrica.

–Nest sabe todo esto –dijo, no como una pregunta.

–Probablemente. El anterior director tenía razones para colaborar con él.

–¿Por qué?

–Porque tú lo despediste y Nest paga bien por información.

Kevin giró. Su cara estaba más controlada que sus hombros pero solo por la diferencia que hay entre lo que la gente entrena y lo que no.

–¿Qué necesito hacer?

–Entregar esto a la SEC antes de que Nest lo use de otra manera. La documentación es suficientemente sólida para cerrar la investigación y establecer quién fue responsable. Pero tiene que ser ahora, antes de que él tenga tiempo de mover más piezas.

–Si lo entrego, el nombre de mi ex director sale a la luz.

–Sí.

–Hay consecuencias legales para él.

–Sí. –Pausa–. Eso es lo correcto.

Kevin la miró durante un momento largo.

–Lo sé –dijo finalmente–. Solo necesitaba decirlo en voz alta.

–¿Por qué?

–Porque tomé decisiones que lo llevaron a ese punto. Lo puse en una posición imposible durante demasiado tiempo antes de tomar la decisión que tenía que tomar, y eso tuvo consecuencias que no vi venir.

–Tomar esa decisión tarde no es lo mismo que ser responsable de lo que él hizo después.

–No. –Kevin volvió a su escritorio–. Pero es parte del mapa.

Llamó al equipo legal esa misma tarde. El proceso de entrega de documentación a la SEC comenzó al día siguiente.

Nest supo que algo se había movido dentro de cuarenta y ocho horas. Cilia lo supo porque Samantha la llamó.

Era una llamada casual en la superficie, una invitación a un evento del sector, el tipo de cosa que no tendría ningún peso si no fuera por el contexto. Cilia aceptó la invitación con la misma neutralidad con que había manejado todo lo relacionado con Samantha y llamó a Kevin inmediatamente después.

–Samantha Dreivanova me llamó –dijo–. Nest ya sabe.

–¿Qué quería?

–Verme en un evento el jueves. Es un señuelo.

–¿Vas a ir?

–No. Pero necesito que me cuentes lo que sabes de Samantha, todo, no lo que pensaste que era relevante hace tres semanas.

Kevin le contó. Samantha había aparecido en el radar de Wolf Capital seis meses antes del evento donde Cilia la había conocido, siempre en los márgenes, siempre con la conexión de Marcus.

Lo que Kevin no había visto en ese momento, y que Cilia vio ahora con los puntos conectados, era que Samantha no estaba interesada en Wolf Capital como inversora. Estaba interesada como fuente.

–Marcus –dijo Cilia.

–Marcus no sabe que está siendo usado –dijo Kevin–. Es una víctima de Nest igual que cualquier otro.

–¿Estás seguro?

Una pausa.

–No completamente.

–Entonces hay que manejarlo con cuidado.

–¿Cómo?

Cilia pensó durante un momento.

–Marcus tiene lealtad a la empresa. Lleva diez años. Si le muestras lo que está pasando antes de que lo descubra por otro lado, lo conviertes en aliado. Si lo descubre por otro lado, puede reaccionar de cualquier manera.

Kevin la miró.

–¿Tú se lo dices o yo?

–Tú. Es tu empresa. Es tu relación con él. –Pausa–. Pero yo puedo estar presente si crees que ayuda.

–Ayudaría.

La reunión con Marcus fue al día siguiente en la oficina de Kevin.

Cilia habló menos de lo que podría haber hablado y Marcus escuchó con una expresión que pasó por varias fases: incredulidad, incomodidad y finalmente algo más oscuro que era el reconocimiento de haber sido instrumental en algo sin saberlo.

–Samantha –dijo Marcus, con el nombre en la boca como si lo estuviera probando y no le gustara–. La conozco desde hace dos años.

–Lo sé –dijo Kevin.

–¿Cuánto tiempo llevas sabiendo?

–Cilia lo vio en el evento. Lo confirmé hace dos días.

Marcus los miró a los dos durante un momento.

–¿Qué quieren de mí?

–Nada todavía –dijo Kevin–. Solo quería que lo supieras.

–¿Por qué?

–Porque llevas diez años aquí. Mereces la información.

Marcus guardó silencio durante un tiempo que fue suficientemente largo para que resultara incómodo y que ninguno de los dos usó para llenarlo. Finalmente asintió con una sola vez, el movimiento pequeño de alguien que está recalibrando.

–¿Qué hacemos con Dreivanova? –preguntó.

–Nada todavía –dijo Cilia–. La dejamos creer que sus movimientos están funcionando. La información que recibe de aquí va a ser la que nosotros decidamos que recibe.

Marcus la miró.

–Eso es más agresivo de lo que esperaba de ti.

–Nest no juega defensivo –dijo Cilia–. Nosotros tampoco.

Lo que vino después fue la parte que Cilia no había calculado completamente porque algunas cosas no se pueden calcular, que son las que tienen más peso cuando ocurren.

Nest no esperó. Tres días después de la entrega de documentación a la SEC, Cilia recibió un correo de un periodista de una publicación financiera que incluía preguntas específicas sobre Wolf Capital, el fondo de derivados y su papel personal en la empresa.

Las preguntas tenían detalles que no eran públicos, lo que significaba que Nest había filtrado información seleccionada antes de que la documentación oficial cambiara la narrativa.

Era un movimiento inteligente. Si el artículo salía antes de que la SEC procesara la documentación de Wolf, la historia inicial sería la de una empresa bajo investigación, con todos los daños colaterales que eso implicaba.

Si Kevin respondía al periodista de manera reactiva, validaba la narrativa.

Si no respondía, el silencio se convertía en evidencia.

Cilia lo leyó en su oficina a las siete de la mañana y llamó a Kevin antes de que él llegara al edificio.

–Nest filtró –dijo cuando contestó–. Tenemos un problema de tiempo.

Kevin llegó en veinte minutos. Leyó el correo, llamó al equipo legal, llamó a comunicaciones corporativas y luego se quedó de pie en el centro de su oficina mirando el correo como si la intensidad de la mirada pudiera cambiar lo que decía.

–Tenemos cuatro horas antes de que el periodista publique si no responde –dijo Cilia–. Si respondemos de manera proactiva con la documentación que ya tiene la SEC, cambiamos la historia antes de que salga.

–Eso expone el proceso antes de que esté completo.

–Lo expone de la manera que nosotros controlamos, no de la manera que Nest eligió.

Kevin la miró.

–¿Cuál es el riesgo?

–Que la SEC reaccione mal a que la información salga públicamente antes de que terminen su revisión.

–¿Y el beneficio?

–Que la narrativa es tuya. Que no eres el sujeto de una investigación sino la empresa que descubrió el problema y lo reportó. Esa diferencia es enorme.

Kevin procesó eso durante treinta segundos que Cilia contó internamente.

–Hazlo –dijo.

La respuesta al periodista tardó tres horas en construirse, con Cilia escribiendo el marco narrativo y el equipo legal revisando cada palabra.

Fue directa, documentada y puso la historia donde debía estar: en el ex director que había abusado de acceso privilegiado y en la empresa que había detectado el problema y actuado en consecuencia.

El artículo que publicó el periodista esa tarde era diferente al que habría publicado cuatro horas antes. No era una victoria completa, había daño colateral que tomar, preguntas que responder, un par de días de cobertura negativa que eran inevitables. Pero la estructura era la correcta.

Esa noche, en el departamento de Tribeca, Cilia estaba agotada de una manera que era física y algo más. Kevin le sirvió vino y se sentó junto a ella en el sofá con la ciudad oscura afuera y el silencio de alguien que no necesita llenar los espacios.

–¿Estás bien? –preguntó él.

–Sí. –Pausa–. Asustada. Pero bien.

–¿Qué te asusta?

–Que Nest no haya terminado.

Kevin puso la copa sobre la mesa y la miró.

–No ha terminado –dijo–. Pero tampoco tiene mucho con qué seguir.

–Tiene a Samantha.

–Samantha ya sabe que está expuesta. Ese es un tipo de presión diferente.

–¿La expusiste tú?

–Le hice llegar información de que sabemos quién es. No amenazas, solo el hecho.

Cilia lo miró durante un momento.

–¿Cuándo?

–Hoy, mientras estábamos en la sala de comunicaciones.

–¿Sin decirme?

–Tomé la decisión en el momento. –Pausa–. Debí habértelo dicho.

–Sí.

–Lo sé.

Estaban de vuelta en ese lugar, el mismo que habían estado antes, con la misma economía de admisión que era la forma en que los dos manejaban cuando uno de los dos había fallado en algo.

Cilia se preguntó si eso iba a ser siempre así, si ese era el patrón que los dos tenían, y si ese patrón era sostenible a largo plazo.

No tenía respuesta todavía.

–Kevin –dijo.

–¿Qué?

–¿Qué hay después de Nest?

Él la miró con una expresión que no era fácil de leer pero que tenía algo de vulnerable en los bordes.

–¿Qué quieres que haya?

Cilia lo pensó. Era una pregunta honesta que merecía una respuesta honesta.

–No lo sé todavía –dijo–. Pero quiero tener espacio para averiguarlo sin que haya incendios cada dos semanas.

–Eso es justo.

–¿Puedes dármelo?

Kevin no respondió de inmediato. Cuando lo hizo, fue con una honestidad que ella no esperaba:

–No sé si puedo prometerte que no va a haber más incendios. Lo que sí puedo prometerte es que los que vengan, los vamos a atender juntos.

No era la respuesta que Cilia habría pedido. Era, sin embargo, la respuesta real, y eso valía más que cualquier promesa que sonara mejor de lo que podía cumplirse.

Se recostó contra su hombro. Él puso el brazo alrededor de ella sin hacer ningún comentario sobre eso, con la naturalidad de algo que ya llevaba tiempo siendo inevitable.

Afuera, Manhattan seguía siendo Manhattan, indiferente y brillante y completamente ajena a los problemas individuales de las personas.

Por primera vez en semanas, Cilia pensó que eso no era un defecto de la ciudad. Era simplemente su naturaleza.