De donde las cosas tienen su origen (París, 2000) #8
Cuando Tor entró hoy a La Fourche, una mujer de cabello gris y labios rojos se levantó, caminó hacia ella, la apretó fuerte entre sus brazos y le dijo: Mi pobre niña.
El abrazo duró lo suficiente para que Tor sintiera que, por fin, todos en la casa le habían dado sus condolencias.
Ahora, una hora y un almuerzo después, Harriet acaba de anunciar que está por retirarse después de una larga carrera de periodista.
Te lo juro, dice Harriet: No más reportajes, no más deadlines. Tengo planes más elevados. Por fin me dedicaré a mi jardín, que he descuidado por décadas.
Mandi sale de la cocina con una hermosa tarta de frutas. Al sentarse le pasa a Tor un pequeño tenedor y le dice: fourchette. Se ha propuesto enseñarle francés. Ella no sabe si esto es caridad o alguna forma de competencia con Andreas, pero lo ha aceptado con gusto.
Si esto es fourchette, pregunta ella: ¿Qué significa fourche?
¡La Fourche!, dice Rad: Es el nombre de la estación de metro aquí al lado.
Nunca lo había pensado, dice Fib: ¿Cómo se dice La Fourche en inglés?
The fork, dice Harriet: Supongo que sí es confuso.
Pero La Fourche no es una fourchette, dice Andreas: es una bifurcación, como un cruce en el camino.
Como dijo el beisbolista, añade Mandi: Cuando en el camino llegues a una bifurcación, ¡tómala!
Todos ríen, pero Andreas sigue explicando: Como la letra Y, dice.
Tor asiente, ya entendió. Dice: Como un wishbone.
¿Qué es un wishbone?, pregunta Claudine.
Es ese huesito del pollo, dice Harriet: En mi país dos personas lo sostienen y piden un deseo y luego lo rompen, y sólo a quien se queda con la parte más larga del wishbone se le cumple su deseo. ¿En sus países hacen eso?
Todos asienten excepto Tor.
¿No en México?, pregunta Vla.
Ella duda. ¿Tal vez sí? Su información no viene de una costumbre nacional sino de una versión privada: la de su hermana, de cuando eran niñas. Pero es todo lo que tiene, así que lo extrapola a toda la patria. Dice: En México hacemos magia con ese huesito.
Ah, dice Harriet: Eso es mucho mejor que una persona obteniendo su deseo y la otra quedándose con el palito corto, ¿no? Más democrático, magia para todos.
Tor entiende por qué Harriet fue tan buena periodista.
La forma en que te presta toda su atención hace que quieras abrirte, contarle todo y cualquier cosa, con tal de que siga asintiendo.
Así que se sigue: Pero hay que tener cuidado con lo que se desea, porque nunca puedes pedir el mismo deseo dos veces.
¡Interesante!, dice Harriet.
¡Muy!, dice Tor: De hecho yo lo hice una vez, hice magia con un wishbone. Pero ni bien lo dice, se pone roja como tomate.
Asombroso, dice Harriet: Asombroso pero no imposible. Una vez conocí a un hombre en Panamá cuya cara quedó paralizada para siempre cuando una mujer pronunció una maldición y le sopló harina de ñame en la cara.
¡No lo encuentro!, dice Claudine desde la sala: ¿Cuál es el nombre científico?
Es fúrcula, dice Andreas: Pero no lo vas a encontrar ahí, Fib, los humanos no tienen wishbone.
Ah bon?, dice ella, y regresa a la mesa con los labios fruncidos.
Había estado mirando un póster inquietante que Tor descubrió apenas hoy, después de que Harriet finalmente sacó sus muebles, dejando al descubierto paredes enteras del departamento: en este póster un esqueleto humano, a escala real, tiene en cada hueso un letrero con su nombre. Es de ahí que Radio saca los apodos.
Sólo las aves tienen fúrcula, dice Andreas: Y algunos dinosaurios.
Random, dice Mandi: ¿Por qué sólo aves y dinosaurios?
Por la evolución, dice Andreas.
Todos lo miran.
Las aves vienen de los dinosaurios, añade.
Un «¡aah!» colectivo se eleva de la mesa como el vapor de una sopa.
No creo que me enseñaron eso en la escuela, dice Mandi. Y luego a Harriet: Tal vez tengas que mandarme otra vez a la escuela.
Dudo que te acepten de regreso, querido, responde ella: Pero además, si me preguntan, el reino animal está sobrevalorado. Igual que la flora. ¿Saben de qué reino no hablamos nunca lo suficiente? ¡Del fungi!
La fúrcula o wishbone es lo que mantiene juntas las alas de un ave, sigue Andreas, sin dejarse distraer por el reino de los hongos: Los mamíferos, en cambio, tenemos un hueco entre las clavículas.
Todos se llevan los dedos a ese punto entre las clavículas: una desconexión, una ausencia.
Deberíamos hacer un octubramiento, dice Vla.
Toda la mesa sonríe de golpe.
¿Ahora mismo?, pregunta Mandíbula: ¿Quieres decir en este instante?
Vla asiente y se levanta. Mandi, Claudine y Andreas lo siguen por el pasillo bajo el tapanco. Completamente confundida, Tor se dirige a la única otra persona que quedó en la mesa: ¿Qué está pasando?
¡Un octubramiento!, dice Harriet, tomándole la mano: ¡Qué emoción! Es la primera vez que asisto a uno.
¿Qué es un octubramiento?
Oh, dice Harriet: Es un bautizo comunista en el mundo real, o solía serlo, pero aquí es cuando Radio le da un nombre de hueso a alguien. Como tu hermana, que era Cráneo, y Philip es Mandíbula, y…
Sí, conozco los apodos, pero ¿te van a bautizar ahora mismo?
¡Espero que sí! Yo encuentro a mis pómulos encantadores, pero Rad dice que uno no puede elegir su propio apodo. Ya le dije que tiene que relajarse o va a terminar dirigiendo una secta, y eso nunca acaba bien, ¿estás de acuerdo?
Unos momentos después, los demás regresan cargando telas de todos los colores. Le entregan un mantel floreado a Harriet, pero nada a Tor.
Primero, dice Vla después de guiar a todos a formar un círculo en medio de la sala: Vamos a rendir homenaje a la amiga que hemos perdido.
Saca su armónica y toca una melodía. Uno por uno, caminan hacia el póster del esqueleto, extienden la mano hasta el cráneo y se despiden en silencio.
Cuando es su turno, Andreas apoya su frente contra la de la calaca y se queda así un buen rato, susurrando.
Tor encuentra la ceremonia tan conmovedora como absurda, por no decir bochornosa.
Agradece el ritual pero también agradece que nadie le pida participar. Mana nunca fue Cráneo para ella.
Vla termina la canción y ella supone que todo ha terminado. Pero entonces él dice: Vica, Tor, ¿puedes sentarte en medio del círculo?
Ok… responde ella. Se sienta en el piso y los otros cierran el círculo a su alrededor. Intenta no reír. No llorar.
También hemos ganado una amiga, dice Rad.
Luego todo ocurre rápido, pero como en cámara lenta.
Primero, Fíbula coloca su turbante color mostaza en la cabeza de Vica.
Luego Columna le cubre los muslos con una manta de lana, metiéndola a los lados, bajo sus piernas, con una suavidad que le permite imaginarlo de mayor, casi como el padre de alguien.
Pero no tiene tiempo de disfrutar el atisbo porque ahora Mandíbula le levanta la mano y le ata un pañuelo de seda en la muñeca, como si fuera una pulsera.
Después Harriet, tras pensarlo con cuidado, le cubre los pies con la tela floreada, dándoles tres pequeñas palmaditas antes de regresar al círculo.
Finalmente, Radio guarda la armónica en su bolsillo y se arrodilla.
Se quita la bufanda y la coloca sobre los hombros de Vica-Tor, que ahora está envuelta como un bebé, como una momia, como un bienquerido tamal.
Todavía hincado, Radio toca con la yema de su dedo índice el espacio entre las clavículas de ella, y dice: Te nombro Wishbone.
Wishbone y Columna miran por la ventana: la gente entra y sale del encuadre como en una obra de arte móvil, mágica.
No hablan casi, no queda nada por decir.
Hace unos días, Andreas abrió el buzón y por fin encontró la noticia que había estado esperando: ese trabajo.
En septiembre estará dando clases de física en un Gymnasium en Köln: una preparatoria en Colonia.
Colonia está en Alemania, es donde él creció y donde aún vive su madre. Se irá en un par de horas.
Desde que llegó la carta han estado aquí metidos, enredados uno en el otro, tristes pero acordando, muy racionalmente, varias veces al día, no estar tristes.
No hay necesidad. No hay razón. Han pasado por tragedias verdaderas; esto no es nada, esto es la vida.
Son tan afortunados de tenerla: la vida.
De todos modos yacen rendidos, como desplomados sobre el clic clac que plegaron en sofá para que él pudiera empacar.
De vez en cuando, un transeúnte mira hacia adentro y, al descubrirlos vivos entre los muebles, aparta la vista como si lo hubieran regañado.
Ella se imagina cómo deben de verse: enmarcados, indiferentes, sin duda una pareja.
Él está sentado con las rodillas huesudas sobresaliendo del sofá; ella está recostada de lado, con la cabeza en su regazo.
Los dos vestidos de negro. Cabello grasiento, ambos.
Barba nueva, él; ella: delineador de ayer.
Tan quietos que, un segundo después, el transeúnte empieza a dudar: ¿eran reales?
¿Eran maniquíes? ¿Eran arte? Ella evoca la alucinación que tuvo en el parque y le resulta fácil replicarla.
Fácil sentir su cachete fundiéndose en el muslo de él.
Quedan unidos firmemente en cada punto de contacto: donde la mano de él descansa sobre la curva de su cadera, donde su codo roza el hueco de su cintura.
Él no puede levantar la mano y ella no puede levantar la cara.
No pueden separarse en absoluto. Están tallados en la misma piedra.
Wishbone intenta transmitir con palabras la imagen de ellos como una escultura.
Él lo piensa un momento y luego pregunta: ¿Sabes qué es el entrelazamiento cuántico?
No.
Es cuando dos partículas no pueden describirse por separado, porque sus estados cuánticos han quedado vinculados. Lo loco es que esto puede ser cierto a pesar de estar a una gran distancia. Pueden estar muy lejos y seguir entrelazadas.
Interesante, dice ella.
Muy, dice él: Interesante como dato y también como metáfora.