Wishbone Una rosa es un secreto (Edimburgo, 2017) #7
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Una rosa es un secreto (Edimburgo, 2017) #7

Ahora Vica va a tener que improvisar, inventar un ritual distinto para que los otros no digan que los hizo subir la colina en vano.

Pero no se le ocurre nada, la desilusión parece haber ralentizado los engranes de su cerebro, llevando su pensamiento en una dirección contra intuitiva, e inesperada.

De pronto, lo que se pasa la vida negando le resulta evidente: todo cambia.

Todo se abre, se destruye, se repite sólo en espiral.

El mundo opera por ciclos y por reciprocidad.

Si quiere que su hija confíe en ella, Vica tiene que confiar en su hija primero.

Estrategia básica de trueque. ¿Por qué Pina le contaría cosas de su vida a su madre, cuando su madre le oculta casi todo lo que le importa?

No le habla de Mandíbula, no le habla de su escritura, y, desde luego, no le ha hablado nunca de lo que la hizo exiliarse en primer lugar.

Es hora de hablar, se le ocurre de pronto, sin precedente.

Es hora de la revelación, diría Fiona Murray. ¿O es nomás que está borracha?

Vica está bastante borracha, pero no lo suficiente como para no tener frío, está abrazándose a sí misma como si el nuncaverano le hubiera entrado en los huesos.

¿O es su madre armando tormentas allá adentro?

Su madre, con firmeza y cariño y en una rarísima orquestación de todas las otras voces, personajes, el collage de poesía accidental y sabiduría encontrada que Vica ha ido coleccionando para navegar y sortear todo tipo de dificultades: el coro entero de voces interiores cuya función suele ser criticarla, perseguirla, hacerla dudar, parece en este instante sedado, o por lo menos en paz: el coro entero se alinea con la voz de la madre al decir: Es hora, es hora de romper el iceberg, es hora de decirle.

Pero Calum, dios lo bendiga, aparece a su lado y Vica aprovecha su presencia para esconderse de sus propias multitudes.

Aquí, dice Vica: Es donde se tomó la foto de la portada de Sunshine in Leith.

Todo el mundo piensa eso, dice Calum.

Vica lo mira incrédula: ¿la está contradiciendo?

Él sigue: Pero en realidad esa, foto se tomó desde la azotea de, John Lewis. Levanta una baqueta y señala a la tienda departamental, no muy lejos pero bastante más abajo de donde están. Nunca lo permitirían hoy, concluye Calum: Pero los ochentas fueron una, selva.

¿Ya habías nacido?

No, admite él.

Vica está irritada. Claro que hubiera encontrado Calton Hill de todos modos, porque la colina sobresale como una verruga hermosa en medio de la ciudad donde vive.

Pero el hecho es que la primera vez que subió fue porque Mandíbula quería que se fueran a parar a donde los Proclaimers habían tomado esa foto.

Y ahora el baterista gamer quiere robarle ese mito fundacional.

Calum no parece tener frío, ni siquiera trae calcetines.

¿Y qué significa esta superposición de chamarra de pana café con pantalones de deporte grises?

¿Que nada le importa? ¿Que es demasiado talentoso como para tener que esforzarse con sus apariencias?

¿Y qué es lo que quiere parecer? En el fondo, ¿es más baterista o más gamer?

¿Más artista o más asistente de artista?

¿O acaso sus elecciones de color están cargadas, como la brillantina en la cara de Pina, de un significado que Vica ignora?

Tal vez Calum está apostando por un look cafeverdegrís, tal vez es un nacionalista.

Y cuál es exactamente la diferencia, Vica ha querido preguntarle desde que por fin lo conoció, hace unas dos o tres horas, ¿cuál es la chingada diferencia entre ser un gamer y ser un jugador?

Pero Vica no pregunta nada. Gira sobre sus talones y va a sentarse en la banca más cercana.