27. Confiar en la presencia #5
Dusty observa cómo los colores de la mujer, ahora completamente enteros y suyos de nuevo, se oscurecen ante el recuerdo que está evocando: la sombra, la manera en la que la sentía dentro de ella, el momento en el que disparó a Eli y a JD con las pistolas, Opi y las raíces de los árboles, y la verdad que Eli ha restaurado.
Se le doblan las rodillas al tiempo que frunce el ceño.
—Vamos adentro —propone Chris.
Ella sacude la cabeza, intentando protestar, pero solo puede respirar de forma entrecortada antes de apoyar el peso contra él.
A medida que se aproximan de vuelta a la casa, Dusty siente el zumbido del monolito en la montaña debajo de ella.
La intensidad de su frecuencia se ha suavizado.
Sigue siendo constante, pero ahora es ondulante y le arrulla el cuerpo.
Calma. Los colores de la chica fluyen con suavidad a su alrededor en respuesta.
La luz del sol apenas comienza a rozar la copa de los árboles cuando la agente Reed habla por fin.
Todos se encuentran dentro de la casa de JD.
Michelle se ha dormido al final en el suelo, al lado del cuerpo de su hijo, con Amber y los transformados vigilándolos.
Opi, Eli, Dusty, Will y Chris están en la otra parte del enorme salón abierto.
Han dejado a la agotada agente sobre un sillón, donde se ha quedado dormida casi al instante.
Su padre y Will han estado durmiéndose y despertándose mientras Opi, acurrucada junto a Eli en un sofá, escucha los latidos de los que la rodean y trata de relajarse.
Cuando oye que la agente se despierta, Opi se ve tentada de ir a ver cómo está. Sin embargo, decide esperar y concederle espacio para procesar mientras desvía la vista hacia la ventana y observa el amanecer.
—No sé por dónde empezar —dice al final la mujer, aclarándose la garganta al tiempo que mira a Chris, luego a Opi y, por último, a Eli—: Lo siento —se disculpa con suavidad, con cierto tono de pregunta.
Sacude la cabeza como si lo inadecuado de sus palabras fuera casi cómico y, a continuación, dirige la vista al gru po al otro lado de la estancia.
El cuerpo de JD apenas se ve entre los muebles; su madre le rodea el pecho con los brazos mientras duerme.
Opi observa a la vez que Amber cruza la mirada con la agente, ofreciéndole una ligera y triste sonrisa empática.
—Como te dije anoche —repone Eli—, no fuiste tú.
La agente se vuelve hacia él y suelta un aliento tembloroso antes de estudiarlo un buen rato.
—Seáis lo que seáis, sea lo que sea lo que os ha pasado, no se lo contaré a ni un alma si no queréis que lo haga.
—Mira a Chris—. Es evidente que las cosas no son lo que parecen aquí.
Las cosas… se escapan del control de cualquiera.
Creo que eso también incluye a la señorita King —dice, y luego desvía los ojos hacia Dusty—: Y a Andrew Everett, y…
todo lo demás que habéis estado aguantando por vuestra cuenta.
Dusty parece conmocionada, pero asiente despacio.
—Creo que todos estamos de acuerdo en que lo que ha sucedido aquí…
nadie quería que ocurriera. Al menos, nadie de los presentes.
—La expresión le cambia como si lo estuviera viendo todo de nuevo.
La sombra. La presencia. Se yergue un poco en el asiento—.
Solo quiero… Creo que lo único que puedo hacer, lo que tiene sentido, la verdad, es dar por concluida la investigación y pasar página.
—Puedo borrarlo todo —sugiere Eli, echándose hacia delante en el asiento—. Los recuerdos de lo que te ha pasado. Si quieres. —Mira a Dusty para comprobar si está de acuerdo, y añade—: Creo que ahora es seguro, ya que la sombra… se ha ido.
Dusty asiente, aunque la agente ya está negando con la cabeza.
—Gracias, pero no. Si todos podéis perdonarme… por lo ocu rrido anoche… Si todos estamos de acuerdo en que…
—Estos secretos pertenecen a la montaña —dice Opi.
La agente asiente; han llegado a un acuerdo. Vuelve a mirar a JD. Michelle se revuelve ahora y Amber y los transformados la ayudan a levantarse.
—Vete —suelta Dusty, observando el espacio en torno a la agente, sus colores—. Si es lo que te apetece —añade.
La mujer asiente con un alivio evidente y se pone de pie sobre sus cansadas piernas. Chris la ayuda a salir y Opi escucha cómo el coche de la agente Reed baja por la montaña, dejando atrás todo lo que nunca sabrá ni comprenderá al cien por cien.
Para cuando Chris ha regresado, la suave luz del sol entra por el cristal de la gran habitación.
Al lado de Michelle, el chico más alto y fuerte de los transformados se levanta con el cuerpo lacio de JD entre los brazos.
Sin mediar palabra, Michelle se limpia unas lágrimas nuevas de la cara y, acto seguido, se dirige despacio hacia fuera.
Opi y sus seres queridos van detrás mientras Michelle los conduce a través de la nieve hacia el bosque.
El canto de los pájaros es suave; las hojas de los árboles apenas se mueven por encima con la ligera brisa que sopla entre ellos.
Justo arriba de la casa, en la parte opuesta a la propiedad y a la tumba del padre de JD, se acercan a un pequeño y hermoso claro rodeado de cicutas. Ahí es donde Michelle aminora.
Nadie habla. Es evidente para lo que están allí.
El chico que sostiene a JD se sitúa junto a Michelle mientras los demás se arrodillan también y se ponen a cavar.
Conforme Opi introduce los dedos entre la nieve y encuentra la tierra fría y dura, se conecta de inmediato con los árboles y las plan tas dormidas a su alrededor y les pide que ayuden. La tierra emite un ruido sordo bajo mientras las raíces se mueven y hacen espacio.
Las caras de los transformados, que están alrededor de Opi, son solemnes; sus latidos son palpables por el vigor con el que cavan.
La muchacha mira a las más jóvenes del grupo, las hermanas que han mencionado a su padrastro, intentando imaginarse el ho rror que debieron de haber vivido para cambiar sus vidas por esto.
Piensa en la otra chica, la que ha mencionado el cáncer.
Todas se ven muy sanas y tienen la piel sonrojada por el calor y los latidos fuertes y firmes.
Eso hace que Opi se cuestione, como curandera, si habría hecho lo mismo de haber desarrollado la habilidad de JD. Supone que eso ya no importa. Ellos son su legado, les ha dado una segunda oportunidad y, ahora, también forman parte de este punto de inflexión. De lo que sea que está por venir.
No parece pasar mucho tiempo cuando ya hay una zanja profunda en el terreno.
Amber, Dusty y dos de los transformados se meten dentro, cogiéndole el cuerpo de JD al chico que lo ha estado llevando, y luego lo colocan con cuidado en el suelo.
Cuando salen, Opi vuelve a concentrarse y, empezando por las piernas del muchacho, les pide a las raíces que comiencen a entrelazarse con suavidad a su alrededor.
Se detiene para observar a Michelle, pidiéndole permiso con la mirada para continuar.
La mujer asiente y posa una mano sobre el hombro de Opi.
Esta continúa tejiendo las raíces que se entrelazan con la red que solo ella puede ver.
Se da cuenta de que, con el tiempo, el cuerpo de JD será parte de esa red; su sangre, su piel y sus huesos se transformarán.
Será por completo y para siempre parte de la montaña.