White Mountain (Black River 2) 26. Baile de invierno
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26. Baile de invierno

Lo más profundo de su alma

Opi empuja la puerta de emergencia para abrirla y, después, se quita los zapatos y los tira a un lado antes de atravesar corriendo los campos de entrenamiento. Al otro lado, ve un resplandor alrededor de las raíces de la arboleda. Las ramas se mecen en la noche, llamándola, atrayéndola a su abrazo.

A medida que corre, las verdades la siguen, entrelazándose con su piel.

El sonido de la puerta a sus espaldas abriéndose de golpe hace que corra más rápido.

—¡Ophelia! —grita Eli, ya ganándole terreno conforme cruza los campos.

Ella se mete en la arboleda y solo se detiene cuando pega el cuerpo contra uno de los troncos con las manos extendidas sobre la corteza mientras se empapa de su calma inalterable.

—Ophelia —repite él, ahora solo unos metros detrás de ella— . No le hagas caso al quarterback . El rastrero es él, no tú. No tiene derecho a dejarte tirada así.

La chica se gira hacia él y, con una mueca en la cara, sacude la cabeza.

—Pero no lo es, ¿verdad? Es inteligente, amable y…

Eli gruñe, pasándose las manos por la cara.

—Estoy harto de intentar seguir demostrándote lo que valgo, Ophelia.

Se acabó decirme a mí mismo que no soy lo bastante bueno.

Soy quien soy. No te he mostrado nada más ni nada menos.

Pero, por favor, no trates de decirme que no sientes que hay algo entre los dos.

Algo más allá de la sangre. Porque ya estaba ahí antes.

Y puede que eso sea lo que nos haya hecho desear la sangre del otro.

Es química básica, y estoy harto de que tergiverses mis palabras, porque creo que he sido lo bastante transparente sobre lo mucho que te admiro y respeto, aparte de pensar que eres como la visión de un puto ángel. Así que no…

Ella se aparta del árbol, alarga los brazos hasta su cuello y, entonces, tira de él para darle un beso.

Eli se queda rígido con los brazos a los lados sin que le respondan los labios. Lo único que Opi puede sentir es el corazón de él latiendo como si existiera dentro del suyo.

Pero, entonces, relaja los hombros, lleva las manos al cabello de ella y le devuelve el beso con fuerza y urgencia.

Opi se deja llevar por el beso. Desliza las manos hacia abajo por su camisa, su pecho y, a continuación, las baja más para rodearle la cintura y pegarlo más hacia ella.

Eli la agarra de la nuca y hace que le entren escalofríos alrededor de la coronilla y, luego, hasta lo más profundo de su ser. Cuando él desliza la lengua contra la suya, ella siente un incendio forestal y tira más de él, necesitándolo más cerca.

Él se ríe contra sus labios, y la chica se aparta para mirarlo a los ojos al tiempo que el sonido vibra a través de ella.

Brillan, son puro Eli. Le palpitan los dientes y sus labios encuentran la boca de él otra vez.

A medida que el beso le consume el cuerpo, es como si el muchacho se estuviera derritiendo en su interior, alcanzando lo más profundo de su alma.

—¿Tú también quieres ir detrás de ella? —pregunta Will.

Dusty sigue mirando la puerta desde las gradas descubiertas, intentando darle a su hermana y a Eli algo de espacio y no conectar con él para comprobar que todo va bien. Sacude la cabeza.

—Aún no. Esto es entre ellos.

—Vale, es obvio que él está enamorado de ella, pero ¿Opi? ¿De verdad crees que… tu hermana también siente algo?

Dusty sonríe.

—Si pudieras ver la forma en la que sus respectivos colores han estado danzando el uno alrededor del otro desde hace semanas…, cómo los de Opi han estado acercándose a los de él tanto como los de él a los de ella…, ni siquiera te molestarías en preguntar.

Will suelta una carcajada.

—Es verdad. ¿Alguna vez es demasiado? ¿Ver el modo en el que las personas se sienten antes de que ellos siquiera lo perciban?

La muchacha se encoge de hombros.

—Tal vez, pero aquí no. Creo que es otra razón por la que quiero quedarme en Black River. Es como si este pequeño rincón del mundo fuera suficiente para que yo lo gestione.

Will la atrae más y su aroma hace que ella cierre los ojos.

Esto, estar con él, le parece su hogar tanto como el bosque.

Está a punto de decirlo en voz alta, pero una sensación turbulenta empieza a desplegarse en la base de su columna y la habitación a su alrededor se desvanece; la sensación ya familiar de la mente de JD se apodera de sus ojos.

El bosque está oscuro y tranquilo; solo se oyen sus pasos. Hay charcos de nieve entre los árboles gigantes, y las estrellas relucientes brillan a través de las copas de los árboles. Puede sentir a su familia detrás de él, con sus corazones latiendo como uno solo.

—Por aquí —dice cuando una luz cálida aparece entre los árboles.

Revela la silueta de una valla y una casa de madera blanca más allá.

—Ya casi llegamos a casa —añade cuando siente cómo el zumbido de una vibración comienza a recorrerle el cuerpo. Es más fuerte que cuando se marchó. Mucho más.

Sonríe.

—Bienvenidos a la White Mountain.

—Dust —dice Will cuando ella abre los ojos de pronto—, ¿otra premonición?

Ella sacude la cabeza, aterrorizada.

—Una visión. De ahora mismo. Está aquí.

—¿Va todo bien? —pregunta Mali, sacando a Kat de la pista de baile—. Pareces… ¿Qué has visto?

—JD ha vuelto. Está en la montaña. Tengo que ir. Mi padre se encuentra allí. Necesito asegurarme de que está a salvo antes de que nos encarguemos de JD. —Llama a Eli, intentando mandarle lo que ha visto.

—¿Os habéis dado cuenta de que Amber no está aquí? —pregunta Mali.

Dusty se había percatado, pero no le había extrañado. Amber se ha aislado mucho desde que JD se marchó. Ahora, no le gusta lo que su ausencia podría significar.

—He de irme.

—Voy contigo —repone Will.

Ella quiere protestar, pero sabe que será para nada.

—No tenemos coche —añade él.

—Yo sí.

Todos miran a Kat, que saca una llave grande de su bolso diminuto y se la tiende a Will.

A medida que Dusty y Will suben la montaña, el ruido sordo del motor de Kat atraviesa la noche silenciosa.

Eli y Opi habían corrido hasta ellos cuando se apresuraban a salir del gimnasio, y ahora van detrás en la camioneta de Eli. Dusty baja la ventanilla, inspira y capta el olor de JD.

Los gases del coche son fuertes y le provocan al momento un dolor de cabeza, pero, cuando cierra los ojos, justo debajo del olor atisba un rastro de él, de JD y de aquellos con los que está, a través del bosque, más allá de las casas.

—Sigue de largo —dice Dusty mientras pasan por el camino de entrada de la propiedad de JD—. Primero quiero ver cómo se encuentra mi padre. Bajaremos luego con Opi y Eli.

En cuanto pasan la casa de JD, su olor se desvanece. Dusty se recuesta en el asiento, más tranquila por un instante.

Cuando llegan a su casa, su padre abre la puerta principal.

—¿Estás bien, papá? —pregunta Dusty a medida que sale del coche.

—¿Qué hacéis en casa? ¿De quién es ese coche?

—Vamos a entrar —responde Dusty.

—¿Dónde está tu hermana? —pregunta su padre cuando cie rra la puerta a sus espaldas.

—Con Eli. Pronto llegarán.

—Pareces preocupada —le dice el hombre a su hija—. ¿Es por tus… premoniciones? —La pregunta parece forzada, como si todavía no se creyera que fuera real.

—JD ha vuelto —responde ella—. Aún esperamos detener la premonición.

Su padre se gira y atraviesa a toda velocidad la puerta de la entrada, y Dusty oye cómo abre el armario debajo de las escaleras. Solo unos instantes más tarde, vuelve con su rifle de caza.

—¡Papá!

—Yo voy a hablar con JD con vosotros. Después de lo que ha hecho, ¿de verdad crees que os voy a dejar bajar solos?

Dusty niega con la cabeza.

—Pero, papá, en mi primera premonición había un disparo. ¿Y si es esta arma? ¿Y si al final se desarrolla todo esta noche tal cual? Déjala. Ahora.

Él no mueve ni un músculo.

La chica se gira hacia Will, incrédula, pero él solo le devuelve un encogimiento de hombros sutil en respuesta.

El sonido de la camioneta de Eli acercándose por el camino de entrada hace que todos alcen la vista.

Unos segundos más tarde, Opi y Eli entran corriendo.

Dusty se da cuenta de que Eli mira directamente a su padre, y cuando se gira hacia él, los ojos de Chris están examinando a Opi, sus pies descalzos y, a continuación, la mano aferrada a la de Eli. Se pone blanco.

—Vale —dice Dusty—. El plan es ir a hablar con JD. Debemos ir con calma. Que él nos escuche.

—Si quiere a su madre como pensamos, lo hará —replica Opi.

Todo el mundo le da la razón y empieza a marcharse, pero Dusty mira el rifle en las manos de su padre una vez más y el sonido del disparo en la premonición resuena en sus oídos.

—De verdad, papá, tienes que dejar eso aquí.

—Cariño, no voy…

—Papá, te dejaremos ir, pero si quieres mantener a Opi a salvo, suéltalo.

Él se queda observándola por un momento, como si todavía tratara de comprender que sus hijas son más fuertes que él, que todo esto es real. No obstante, al final asiente y vuelve a guardar el arma en el armario.