25. Baile de invierno #3
La música se detiene de pronto y todo el mundo mira por la sala poco iluminada, murmurando, hasta que Talk de Selena Gómez retumba por los altavoces con el sonido a todo volumen.
Los gritos y los vítores fuertes hacen que Opi se estremezca y se cubra los oídos; en cuestión de segundos, se ha formado una pista de baile delante del DJ y Mali los está llevando a Kat, a Dusty y a Will hacia ella.
Dusty mira hacia atrás como disculpándose. Opi le dice con la mano que no pasa nada y esboza una sonrisa forzada mientras siente un nudo en el estómago.
Al final, suena una canción más lenta y Dusty tiene un momento para relajarse.
Will desliza las manos por la cintura de la chica y ella lleva los brazos a los hombros de él con una sonrisa.
Es la primera vez que lo ve con traje y no tenía ni idea de lo mucho que le iba a gustar.
Sin embargo, al levantar el rostro hacia su cara serena y ver los oscuros mechones sueltos que le caen sobre los ojos, está segura de que es la persona más perfecta que ha conocido nunca.
Los tonos azules se arremolinaron en torno a Dusty en cuanto llegaron, una barrera más que bienvenida entre ella y la sobreestimulación del resto de la sala.
—Mi madre se va —le cuenta Will.
La muchacha siente como si el corazón hubiera dejado de la tirle. Su mirada busca la de él, preguntándose cómo puede estar tan entero.
—Después del instituto —añade—. Cuando yo tenga tiempo para mantenerme yo solo. Me lo ha dicho antes de que Ben viniera a recogerme. Es por la nieve, o eso afirma. —Se encoge de hombros y Dusty aparta los brazos mientras lo mira, sacudiendo la cabeza.
—Will, no puedes simplemente… Sé que somos jóvenes y que no sabemos lo que nos deparará el futuro, pero no puedes decirme sin más que te marchas y…
—¿Qué? No. —Coge los brazos de ella y los vuelve a poner sobre sus hombros—. ¿Por qué todo el mundo asume eso? No voy a ir a ninguna parte.
—Pero tu madre sí. Seguro que no quieres… Estáis muy unidos.
—Sí, pero también sabía que este momento llegaría.
Ella es una nómada, y a mí… me encanta estar aquí, Dusty.
Black River tiene todo lo que siempre he querido.
Montañas, senderos interminables. Es mi hogar, y no me interesa mudarme otra vez.
Ni después del instituto. He visto esa tienda vacía del pueblo, que sería el lugar ideal para poner un taller y vender mis muebles.
Podría aceptar pedidos de clientes. Podría…
—Se detiene al darse cuenta de que Dusty le está sonriendo.
—Creo que yo tampoco quiero marcharme —replica ella, confirmando en voz alta lo que lleva semanas pensando—.
Al menos, no por ahora. No, que yo sepa.
Tengo la sensación de que existe esa idea preconcebida, esa presión por marcharse.
Por buscar más. Pero a mí me encanta estar aquí.
Quiero hacerme un hueco aquí. Solo necesito encontrar algo, como tú, que pueda ayudarme a que funcione.
Y creo…, bueno, hay una cosa que creo que me veo haciendo.
—Ah, ¿sí?
—Sí. Puede que sea una locura, pero, desde que he cambiado, desde que te he conocido, me he vuelto a enamorar del bosque.
Me encantaba cuando era pequeña, y ahora es donde me siento casi…
libre. Libre para ser yo. Siempre que estoy allí, no puedo dejar de pensar en lo importante que la naturaleza es para mí y lo importante que es que exista en la inmensidad de todo lo demás que hay ahí fuera. Y lo que quiero hacer es protegerla.
Una sonrisa ladeada se le extiende a Will por la cara, haciendo que aparezca el hoyuelo de su mejilla.
—¿Estás diciendo que quieres ser agente medioambiental como tu padre?
Dusty suelta una carcajada.
—Creo que sí.
Will la rodea con el brazo y la atrae hacia él.
—Me parece perfecto. Y puedes ser una de las únicas agentes medioambientales que patrullen de noche.
Ella suelta otra carcajada y se inclina para apoyar la cabeza sobre su hombro, notando como si le hubieran quitado un enorme peso de encima, aunque todavía no sea muy seguro.
Se fija en Opi, que está en la otra punta de la sala. Se encuentra en una postura similar con Ben; la única diferencia es la mirada vacía de su cara y el modo en el que los ojos no paran de desviársele hacia la puerta.
—¿Te parece bien? —Dusty oye que Ben le pregunta.
—Ah, sí —responde su hermana.
Dusty ve cómo Ben asiente con incomodidad por encima de su cabeza.
—Bueno —suelta—, ¿qué hacía Eli Blake antes en tu casa? Es amigo de tu hermana, ¿no?
Opi se pone rígida y Ben baja la mirada hacia ella como si lo hubiera notado.
—Sí —responde—. Solo había ido a ver a Dusty.
—Bien, bien —murmura Ben.
De pronto, Opi alza la vista, con los ojos clavados en la puerta.
Dusty puede percibir ya quién ha entrado en la sala.
Cuando se fija, Eli está paseando la mirada por el baile. Ya no lleva la chaqueta y unos cuantos de los botones superiores de la camisa blanca se le han desabrochado. Dusty observa mientras él se detiene con los ojos clavados en su hermana y el quarterback , notando cómo se le parte el corazón.
—¿Me he perdido algo? —susurra Will en el oído de Dusty.
Ella lo mira con cara de «desde luego que sí».
—Después te lo cuento —musita—. Pero me temo que esta va a ser una noche muy larga.
—¡Eli! —lo llama alguien.
Aún sigue con la vista en Ophelia y en la forma en la que las manos de otra persona le envuelven la cintura.
Sabe que le debería importar que el quarterback lo esté mirando y que Ophelia trate sutilmente de alejarlo.
Sin embargo, ahora mismo, le da igual. Se siente muy abrumado por la sensación de que todo eso está mal.
—Eli —lo vuelve a llamar la voz, más cerca ahora.
Se obliga a apartar la mirada.
—Ah, hola, Josie —le dice con una sonrisa a la chica que conoce desde primer año.
—¿No has venido con nadie? —le pregunta.
Él niega con la cabeza.
—Nosotros tampoco. —Le hace un gesto hacia un grupo que está sentado en las gradas. Jesse se encuentra allí, al igual que unos cuantos de sus otros amigos—. ¿Quieres venirte con nosotros?
Pero los ojos de él se han abierto paso de nuevo hacia la pista de baile, como una polilla que, de manera irracional, se lanza hacia la llama.
—O… podríamos bailar —sugiere la chica.
Cuando vuelve la vista hacia ella, la muchacha observa la dirección en la que ha estado mirando él, hacia Ophelia y el quarterback , y asiente con complicidad.
Él se ríe por la nariz.
—Claro. Gracias.
Josie lo guía a través de la multitud y encuentra un lugar lo bastante lejos de Ophelia, aunque todavía la tiene a la vista.
Por suerte, la canción es lo bastante lenta y tranquila para que Eli escuche con atención los murmullos del gentío y localice la voz del quarterback .
Este hace lo posible por charlar, contándole a Ophelia algo que ha dicho Theo, buscando claramente la seguridad de algo en común.
Pero, cuando Ophelia no responde ni a la segun da ni a la tercera, el chico baja la mirada y se fija en que ella está observando a Eli.
Este no puede evitar guiñarle un ojo.
—Eeeh, Opi —dice Ben.
—¿Qué? —Ophelia parpadea, y Eli le da vueltas a Josie para mirar en la otra dirección. Aunque no deja de escuchar.
Ben exhala un suspiro entrecortado.
—¿Sabes? Creo que eres estupenda, pero venir conmigo cuan do es evidente que te mola él… Yo…
—Ben, no…
—Mira, no puedes evitar lo que sientes, pero quedarte miran do a alguien mientras bailas con otro es un poco rastrero.
Eli suelta a Josie y se gira justo a tiempo de ver a Ben marchándose de la pista de baile y dejando a Ophelia allí sola.
Ella levanta la vista de golpe para mirarlo con las mejillas de un rosa intenso y sin aliento.
No obstante, en el segundo en el que Eli da un paso hacia Ophelia, esta se gira corriendo y sale disparada hacia la puerta.