White Mountain (Black River 2) 25. Baile de invierno
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25. Baile de invierno

Baile de invierno

Opi mueve las manos por su cuerpo, contemplando su reflejo en el espejo del armario.

Cuando vio el vestido en internet, la modelo que lo llevaba tenía muchas más curvas que ella.

Los hombros no eran tan anchos ni huesudos y el contorno de su pecho era notablemente más voluminoso.

Sin embargo, el chifón de seda amarillo pálido y el delicado ribete con volantes que le cruza el pronunciado escote y se le desliza por los hombros hace que Opi piense en flores silvestres, y eso a ella le basta.

Ha pasado una semana y media desde que su padre se enteró de la verdad. Desde que Eli les devolvió a él y a Kat sus recuerdos. Por suerte, ninguno ha visto ni un leve indicio de la sombra.

Eso no quita que Opi continúe preocupada. Eli ha seguido vigilando a su hermano, que había visto a la sombra dos veces, pero solo cuando Eli no estaba allí.

Dusty fue al interior de la montaña el otro día.

Tenía la esperanza de que tocar el monolito podría desencadenar algo, lo que fuera, que tal vez le mostrara cómo eliminar a la sombra para siempre, de dónde procedía y cómo o si la presencia estaba relacionada con todo eso.

Will la había acompañado, y aunque no hubiera habido ni recuerdo, ni visión, ni premonición, al menos habían vivido la experiencia trascendental de presenciar algo tan increíblemente sobrenatural.

La muchacha había dicho que quería enseñárselo a su padre un día, pero que, de momento, como ya le habían descubierto una nueva realidad de golpe, habían decidido tomarse las cosas con calma.

Chris aún parece abrumado por todo e incapaz de decir más de una o dos palabras en cualquier conversación, por lo que resulta sorprendente cuando toca a la puerta de Opi con su familiar modo de llamar.

—¿Puedo pasar? —pregunta.

Opi se apresura a dejarlo entrar con el corazón a punto de salírsele por la boca.

Cuando ella abre la puerta, a él se le ensanchan los ojos por la sorpresa y se le extiende una ligera sonrisa por la cara al mirarla.

—Qué bien te queda, chica.

Opi no puede evitarlo. Se lanza hacia él, envuelve los brazos en torno a su cintura y lo atrae para darle un fuerte abrazo.

Ignora la manera en la que se estremece apenas un poco, porque solo tarda un segundo en relajarse y en rodearla con los brazos. Le planta un beso en la coronilla.

—Solo quería verte antes de que te fueras esta noche, y no quería que te marcharas sin saber… —apoya la mejilla sobre el pelo de ella— que no te culpo. Lo sabes, ¿verdad? Siento que me haya costado tanto hablar, pero, sobre todo, es por lo de tu madre y…

Opi escucha mientras él traga saliva, debatiéndose por encontrar las palabras.

—No pasa nada, papá —replica—. Y lo siento.

—Cielo, no tienes que…

—Sí tengo. Y no solo por lo que hice. Sino por ocultártelo todo. Es que no sabíamos por dónde empezar. Supongo que los Silver necesitamos procesar las cosas a nuestro ritmo, ¿no?

Su padre retrocede y la agarra de los hombros al tiempo que la mira con los ojos cargados de comprensión.

—Creo que tienes razón, Op.

La muchacha sonríe, y él la vuelve a contemplar, sacudiendo la cabeza mientras la sonrisa se le extiende a una enorme. Entonces, sin decir palabra, se gira y sale al pasillo a llamar a la puerta de Dusty.

Opi irradia calidez cuando regresa frente al espejo y se permite a sí misma disfrutar de la sensación de paz que su padre le ha dejado. Porque sabe que no durará mucho. Después de todo, siguen esperando a que JD vuelva.

La chica desestima el pensamiento y se gira para comprobar cómo le queda el vestido por detrás.

Se sorprende por la forma en la que la hace sentir.

Sí, seguirá siendo huesuda; sí, tendrá extremidades largas y desgarbadas, y el vestido, si acaso, acentúa todo eso: desde su pequeño pecho hasta donde se encuentran sus caderas bajo la tela, hacia abajo, donde cae sobre las sandalias de tiras de color amarillo pastel con tacón bajo que la hacen aún más alta.

Pero, esta noche, en lugar de de sear lo que no tiene o preocuparse por lo que cierta persona de la que se ha estado alimentando con regularidad pueda pensar cuando la vea, reconoce que se siente bien.

Se siente ella al cien por cien. Se le había olvidado cómo era eso. Y era lo que más había echado de menos.

Todavía no se ha terminado de arreglar el pelo, solo se lo ha lavado y cepillado, así que le cae esponjoso y suave por la espalda.

Se lo pone detrás de las orejas y luego se dirige a la cómoda y saca una paleta pequeña de colorete que se aplica por encima de la nariz y las mejillas.

Tras delinearse los ojos con un sutil tono marrón, decide que ha acabado y cruza el pasillo hacia la habitación de su hermana.

Ha escuchado que su padre ha subido las escaleras a su cuarto hace unos minutos y ha dejado a Dusty para que se prepare a su aire.

—¿Necesitas ayuda? —pregunta cuando llama a la puerta abierta de Dusty.

—Hum, sí, seguramente. —Su hermana se ríe—.

Mali suele…, bueno, asegurarse de que me esfuerzo.

—Se está poniendo un vestido azul claro por la cabeza.

No hay espejo en su cuarto, así que después de meter los brazos por las largas mangas acampanadas y alisarse la falda de seda que le llega hasta los pies, de modo que cae al suelo, se gira hacia Opi en busca de aprobación.

Las dos muchachas abren los ojos de par en par.

—Op, guau. Estás… Guau.

—Dust, qué bonito. —Las dos se ríen.

—Da una vuelta para mí —le dice Dusty.

Opi se gira, incapaz de ocultar una sonrisa orgullosa, y, cuando mira a su hermana otra vez, ve lágrimas en los ojos de Dusty.

—¿Qué pasa? —pregunta.

—Nada, nada. Es que… pareces… más brillante. Tus colores, tu sonrisa… Solo… Con todo lo que ha estado ocurriendo, y con la premonición que no se me va de la cabeza, parecía que las cosas solo iban a peor. Simplemente, es genial verte vivir este momento.

A Opi le da un vuelco el corazón y corre a abrazar a su hermana, sorprendida al no encontrar tela en la espalda de Dusty.

—Hum, te toca dar la vuelta —suelta, apartándose.

Dusty pone los ojos en blanco y sonríe. Cuando se gira, Opi se queda boquiabierta con el vestido con la espalda al aire de Dusty, que va desnuda hasta debajo de la cintura, salvo por su cabello oscuro, que le llega hasta la mitad.

—Sí que te lo tenías callado, Dust.

Su hermana se vuelve.

—Bueno, es mi último baile de invierno.

—Y el primero con una cita —añade Opi.

Dusty sonríe, pero después busca a su hermana con la mirada, pensativa.

—¿Qué? —pregunta esta última.

—¿Estás segura…? De verdad que no quiero ser chismosa ni parecer avasallante…, pero, Op, sabes que lo veo, ¿verdad? El modo en el que Eli y tú os comportáis entre vosotros.

—Dusty, solo es por la sangre.

Eso es lo que se ha estado diciendo a sí misma cada vez que se ha alimentado de él la semana anterior. Tres momentos en los que, básicamente, ha tenido que obligarse a disociar porque la intensidad, la necesidad y el placer que sintió podían quemarla viva.

—Solo es algo con lo que tenemos que lidiar hasta que los dos… Hasta que los dos encontremos a nuestro Will.

Dusty entrecierra los ojos.

—¿Y por qué no puede ser Eli tu Will? ¿Crees que lo es Ben?

Opi duda antes de responder. Durante la última semana, ha estado hablando con Ben en clase, claro, y el chico le ha enviado mensajes unas cuantas veces. Aunque, con todo lo que está ocurrien do, no ha tenido mucha ocasión de conocerlo mejor.

—Quizá —contesta—. Por ese motivo estoy tan entusiasmada por ir con él esta noche.

A ver, lo que sí sé es que es majo, listo y, sí, a mí me huele muy muy bien.

Pero, además, con él sé que no viene conmigo por mi sangre.

Y sé que nunca ha tenido un flechazo por mi perfecta hermana mayor antes que por mí.

Dusty la mira confundida.

—¿Crees que Eli tuvo un flechazo conmigo?

—Dust —replica Opi con cara inexpresiva—. Las dos sabemos que sí.

—No, Op, no es así. A lo mejor él lo pensó durante un minuto…

, cuando se cuestionó si nuestra conexión, nuestra amistad, podía ser algo más.

Pero, la verdad, creo que los dos estábamos muy confundidos con lo que nos estaba pasando y muy…

unidos en todo eso. Aunque cuando comprendimos que éramos más como familia, a ninguno nos extrañó nada.

Tenía mucho más sentido. Eli jamás ha pensado otra cosa sobre nosotros. Hazme caso, lo habría sabido.

Opi va a hablar, pero Dusty la interrumpe.

—Y antes de que digas que vuestro vínculo tal vez sea así… Yo puedo sentir literalmente lo distinto que es. Estoy casi segura de que, conmigo, nuestro vínculo sobre todo se debe a nuestras habilidades y a cómo estas interactúan entre sí. Pero contigo… Bueno, tú sabes qué es y qué…

Dusty se detiene y se gira hacia la ventana justo al mismo tiempo que Opi siente algo también. Eli. Con los latidos acelerados y la respiración entrecortada.

Los ojos de Dusty se vuelven distantes.

—¿Qué pasa? —pregunta Opi, impaciente.

Su hermana levanta una mano para pedirle que espere.

Por la mente de Opi pasan todos los escenarios posibles e imposibles; la preocupación se ha apoderado de ella y se muere por saber qué está sucediendo.

—Agente Reed —suelta Eli, corriendo al encuentro del coche de ella.

El chico lleva un traje negro y zapatos de vestir, y su madre aguarda en la puerta de su casa a sus espaldas, estirando el cuello, pero sin ganas de salir a la calle en zapatillas.

—Si no le importa —replica la agente, saliendo del coche—, quizá deberíamos ir adentro.

Eli está desconcertado por completo y se pregunta cómo es posible que esté ahí otra vez. Ha pensado en ella y en las repercusiones de haber usado su habilidad con la agente. Pero también estaba seguro de que no regresaría a la montaña. Que no se acercaría a la sombra.

—Por su tono, si vamos adentro, mi madre insistirá en llamar a un abogado. ¿Es eso lo que quiere? ¿O podemos quitarnos esto de encima de una vez?

La agente lo estudia.

—No, Eli, creo que deberíamos ir adentro.