24. En el mismo momento #3
—Y antes de que digas que JD es incapaz de tener un código moral…
, recuerda que lo otro que sabemos sobre él es que su padre era un capullo.
Era un controlador, un abusador emocional, un avaricioso…
, elige lo que quieras. Por el contrario, su madre, con todos sus defectos, es más complicada.
Lo quiere con locura, y no me creo que vaya a decir esto, pero quizá eso es lo que JD necesita.
A ver, a menos que estemos dispuestos a matarlo de verdad y cargar con las consecuencias de sus transformados después de ello…
Tal vez su madre pueda ayudarnos…, allanar el camino.
Ni Dusty ni Opi responden. Se quedan calladas, asimilando la idea de Eli. El sol brilla entre las nubes esponjosas por encima de las copas de los árboles y solo se oye el goteo de la nieve derritiéndose.
—A ver —añade Eli—, igual el optimismo de Ophelia ha vuelto y me está nublando la mente, pero es un plan, y, a menos que se nos ocurra otro mejor, estamos aquí parados aguardando a que las premoniciones se hagan realidad.
Opi no se lo puede creer, aunque comienza a asentir. Dusty también.
Mali se pasa por el garaje de Kat después de clase. Se escucha música que proviene de dentro y el sonido de unas herramientas de metal.
Llama y, cuando Kat le sube la puerta, Mali sonríe al ver el mono de mecánico clásico que lleva. Tiene hasta una mancha de grasa en la frente.
No obstante, se le cambia la expresión al recordar por qué se encuentra aquí.
Se sientan en el sofá.
—Creo que puedo ayudarte a que dejes de ver a la sombra — empieza a afirmar Mali—.
Explicarte las cosas extrañas que han estado ocurriendo en la White Mountain sería quedarse corto, por así decirlo.
Lo que te voy a contar ahora es lo esencial.
Tendrás un millón de preguntas que te iré respondiendo con el tiempo.
Pero, por ahora, te contaré lo que necesitas saber para entender por qué Eli Blake viene de camino y va a arreglar algo que te hizo sin intención de hacerte daño.
Kat parece muy confundida, aunque la forma en la que se le cambia la cara ante la mención de la sombra hace que Mali tenga la certeza de que, al menos, se va a tomar en serio la locura que va a soltarle.
Exhala y, entonces, comienza:
—Algo… paranormal… les ha sucedido a los adolescentes de la White Mountain.
Para cuando le ha explicado tanto como cree necesario, incluidas las habilidades que Eli y Dusty han desarrollado y lo que Michelle les contó que quiere la sombra, Eli está fuera esperando. Ha traído a Dusty.
—Joder, Kat —dice Eli cuando echa un vistazo al garaje, tanto sorprendido como impresionado.
Sin embargo, en vez de su fanfarronería habitual, es obvio que quiere arreglar las cosas cuanto antes.
Ocupa el asiento de Mali en el sofá junto a Kat y le pregunta si está lista. Ella asiente, claramente asustada por lo que ha visto al respecto, sin importar lo inverosímil que pueda parecer.
Él vuelve a contarle a Kat qué pasó cuando se cayó, tejiendo de nuevo la verdad en la historia, incluido lo que Opi hizo para curarla.
Cuando termina, Kat se encuentra con los ojos como platos. Se recuesta en el sofá y procesa el recuerdo devuelto.
Mali mira a Dusty a los ojos y, cuando esta asiente de modo alentador, sabe que ha funcionado. Se permite suspirar y recupera la tranquilidad.
—¿Cómo hizo Opi para…? —empieza a preguntar Kat, que parpadea una y otra vez al tiempo que frunce el ceño, muy sumida en sus pensamientos—. ¿Qué…?
—Como ya te he dicho, te lo explicaré todo a su debido tiempo. Por ahora, lo único que necesitas saber es que no creemos que vayas a ver a la sombra de nuevo. Al menos, no aquí o en los alrededores de la propiedad de JD. Y si no la ves, no podrá hacerte daño.
Kat mira a su alrededor, a Eli y a Dusty, antes de volver la vista a Mali. Asiente despacio.
Eli y Dusty se marchan tan rápido como han llegado y dejan a Mali a solas con Kat una vez más.
—Dios —suspira Mali—. Estoy deseando irme a la universidad.
Kat no reacciona por un momento, aunque luego se le extiende una amplia sonrisa por el rostro al tiempo que comienza a reírse.
Mali no lo puede evitar y se ríe también.
—No me malinterpretes —consigue responder cuando se ha recompuesto un poco—.
Los quiero, son como mi familia. Pero necesito no tener que lidiar con esta mierda durante un tiempo.
Necesito que me recuerden que no todo siempre es cuestión de vida o muerte y que, en general, las cosas suelen ser normales.
—Me lo puedo imaginar —contesta Kat, que es evidente que sigue desconcertada.
—¿Me avisarás si vuelves a ver a la sombra?
Kat asiente y se pone seria una vez más.
—Sí. Y gracias. Jamás me imaginé que alguien me creería, y mucho menos que fuera capaz de ayudarme… Me alegro de que hayas sido tú.
Cuando se miran a los ojos, Mali siente un cosquilleo cálido que se le extiende por el pecho. Kat esboza una ligera sonrisa con la comisura de la boca.
Mali va a hablar, pero, en ese mismo instante, Kat también, y ambas se sueltan la una a la otra la misma pregunta en el mismo momento:
—¿Quieres venir al baile de invierno conmigo?