White Mountain (Black River 2) 24. En el mismo momento #2
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24. En el mismo momento #2

—Quizá puedas ayudarla a ella también. Tal vez puedas usar tu habilidad para…

—¿Restaurar su alma? —inquiere Eli en un tono seco—. Nop, gracias. Creo que ya he hecho el daño suficiente.

—No, piénsalo. Dusty dijo que sus colores se encontraban tan rasgados que casi habían desaparecido. Eso significa que los colo res que ve son… una expresión de nuestra alma, ¿no?

Eli suspira, como si se hallara demasiado abrumado para asimilar cualquier nueva información.

—Y si, cuando usaste tu habilidad con mi padre —insiste ella— , se crearon estas burbujas, huecos en sus recuerdos, agujeros en lo que hace que él sea él, ¿no significa eso que puedes hacer lo contrario con ella? ¿No serás capaz de rellenar lo que ha perdido?

Él sacude la cabeza.

—Pero yo no le arrebaté esos trozos a ella.

No los tengo para devolvérselos. Además, por lo que vi a través de Dusty, los colores de Michelle son…

gasas deshilachadas. Y ahora que sabemos más sobre la sombra, creo que el humo negro que ha estado entretejiéndose en los colores de Michelle era la propia sombra.

Como si no solo le hubiera arrebatado algo, sino que también la hubiera poseído.

—Sacude la cabeza—. Ophelia, los ojos de tu padre se pusieron negros.

La sombra se encontró… dentro de él un segundo.

Por mi culpa. No quiero meter mano a la cabeza de alguien nunca más.

En especial, a la de Michelle. Es demasiado frágil. Hay mucho que…

—Pero tal vez no tengas que restaurar todo para ayudarla, solo un poco. Lo suficiente.

Eli frunce el ceño, mirando el suelo a medida que camina pensativo.

No tardan mucho en llegar a la casa. Cuando ella la ve, rodeada de árboles cubiertos de nieve y el humo saliendo de dos chimeneas, siente una sensación de alivio sobrecogedora.

A pesar de la revelación de Michelle sobre la sombra, han cambiado muchas cosas para Opi en los últimos días.

Está el hecho de que sabe dónde se encuentra su madre, un misterio que ha absorbido cada recoveco de su mente durante años.

Su amor por las plantas ha vuelto y, con él, la idea de un futuro.

Además, ahora su padre también lo sabe todo.

Cómo vaya a tomárselo es otra historia, pero, al menos, ya no hay secretos entre ellos.

Exhala lento a medida que se acercan, lista para afrontar lo que sea que la espere dentro con un optimismo renovado.

—¿Cómo coño haces eso? —pregunta Eli.

Ella no se ha percatado de que la ha estado observando.

—¿El qué?

—Hacerme sentir que todo va a ir bien. Te juro que acabo de sentir arcoíris y unicornios surgiendo dentro de mí.

Opi tuerce la boca al tiempo que intenta no sonreír.

—¿Cómo haces eso?

Él entrecierra los ojos.

—¿El qué?

—Que sea difícil adivinar si te estás metiendo conmigo o me estás haciendo un cumplido.

Eli sonríe.

—Bueno, ¿cuál de las dos es? —pregunta, curiosa.

—Casi siempre te hago cumplidos, Ophelia. Creía que a estas alturas lo sabrías.

Enfrente de ellos, la puerta del porche trasero se abre. Dusty sale corriendo a su encuentro dentro de la linde del bosque.

—¿Cómo está? —pregunta Eli.

—Sus colores vuelven casi a estar completos —responde con los ojos relucientes de esperanza.

Eli suelta un suspiro y Opi se queda mirando cómo el cuerpo de él se destensa.

—¿Y cómo lleva… todo lo demás? —pregunta Opi.

—Creo que se encuentra en shock. Sigue sentado en su silla, mirando el fuego.

Pero le he hecho uno de tus tés y se lo ha bebido.

Y me ha prometido avisarme si vuelve a ver a la sombra.

La única cosa que ha dicho es que no se puede creer que mamá haya pasado por eso.

Que ella creyera que estuviera perdiendo la cabeza y no se lo contara y que él no se diera cuenta.

Por sus colores, creo que sobre todo está luchando con la culpa.

—Vale —contesta Opi, asintiendo. Es lo único que había esperado por ahora—. Cuando esté listo, podremos decidir todos qué queremos hacer con lo de mamá.

Dusty le da la razón.

—¿Y Michelle? —pregunta, mirando a Opi y a Eli. No obstante, entonces, deposita toda su atención en Eli y una conversación silenciosa se produce en su lenguaje propio, uno del que Opi jamás formará parte.

Sabe que el vínculo entre ellos es la manera más eficiente de contar eventos, así que intenta fingir que la molesta picazón de su pecho no son celos.

—Joder —espeta Dusty a la par que se lleva una mano a la boca para tapársela con dedos temblorosos.

—Lo sé —contesta Eli—. Pero Ophelia me ha dado una idea. —Esa línea entre sus cejas vuelve a aparecer—. No me gusta que Michelle esté… ahí sola, sufriendo, alimentando a esa sombra asquerosa con su alma. Y sí, no me puedo creer que acabe de decir esa frase tampoco.

—Es horrible —replica Dusty—. Entonces ¿cuál es el plan?

—Bueno, no tengo muchos recuerdos que darle que digamos —responde, encogiéndose de hombros—. Pero JD sí.

Tanto Dusty como Opi fruncen el ceño.

—Escuchadme. JD la conoce mejor que ninguno de nosotros.

Y sabemos que la quiere. Quizá sea la única cualidad que tiene, joder.

Así que ¿y si Dusty pudiera ver los suficientes recuerdos de él de su madre, y tal vez incluso algunos de la propia Michelle, si está dispuesta a ello, y luego Dusty me los enseña a través de nuestro vínculo y yo se los devuelvo?

Puede que, si hacemos eso, sea lo que sea lo que haya planeado JD, sea lo que sea que le pase a Ophelia en las premoniciones…

, tal vez ayudemos a su madre y las cosas cambien.

Igual así podemos concertar una especie de tregua.

Alguna serie de reglas o código moral en los que todos podamos estar de acuerdo.

Dusty abre la boca para hablar; sin embargo, él alza una mano para detenerla.