White Mountain (Black River 2) 24. En el mismo momento
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24. En el mismo momento

En el mismo momento

Mali se sienta junto a Will en el banco de metal congelado fuera de la cafetería.

Es donde empezaron a conocerse el uno al otro, pero dejaron de ir cuando hace un mes más o menos comenzó a hacer demasiado frío.

A Dusty le hubiera encantado seguir yendo; sin embargo, se ha sacrificado por el bien del equipo y se queda dentro como el resto de la gente normal y corriente.

Mali puede ver la ironía que hay en que, justo hoy, cuando Dusty le ha mandado un mensaje diciéndole que Eli, Opi y ella no iban a ir a clase, Will y ella hayan salido.

Dusty les ha asegura do que todo va bien.

«¿Con respecto a qué? —se había pregunta do ella—.

¿Igual de bien que se encuentra Kat, aunque haya visto también a la sombra?

». De todas maneras, como sabe que tal vez estén ocupados con algún drama nuevo y horripilante, ni a Mali ni a Will les ha apetecido mucho quedarse en clase.

Detrás de ellos, las casitas para abejas de Will están cubiertas de nieve. Al principio, Mali se había espantado por él, pero este le aseguró que habría crisálidas y larvas dentro esperando salir. Esa idea no había hecho que ella se sintiera mejor.

—Creo que tengo una mala relación con la nieve —le explica ahora, mirando por encima del cuello del plumífero abrochado con cremallera—. Es tóxica, en serio. Algunos días, me gusta más que nada, y otros, la detesto.

—¿Y hoy? —pregunta Will con la voz amortiguada. Tiene la mitad de la cara tapada con su propio chaquetón.

Mali entrecierra los ojos.

—Es una mezcla.

Will se ríe por la nariz.

—Te pareces a mi madre.

—Ah, ¿sí?

Él asiente.

—Cuando nos mudamos aquí las últimas navidades, le encantaba la nieve. Jamás habíamos vivido tan al norte, y aunque la habíamos visto antes, este lugar parecía un paraíso invernal. Hacía que todo pareciera… puro.

—¿Y ahora?

—Creo que las primeras nieves la asustaron. Supongo que unos pocos de los otros camareros de la cafetería le contaron que tal vez sería un invierno malo, lo que significaría días de nevadas y turnos cancelados.

—Joder —responde Mali. Lleva sin nevar unos cuantos días, pero no hay duda de que volverá a empezar pronto.

—Aunque no es solo que la asuste —añade Will—. Creo que… llevamos aquí casi un año ya, así que enseguida llegará el momento en el que suele comenzar a desear mudarse.

—¿Te refieres a… dejar Black River? —pregunta ella, sorprendida.

—Sí —contesta él con indiferencia—. Siempre estamos mudándonos.

Al principio, era por mi padre. Tenía mucho miedo de que nos encontrara.

Yo también. Pero la verdad es que dudo de que siga buscándonos después de un año.

Seguro que ha encontrado a otra mujer a la que joder con sus mierdas…

E hijos nuevos a los que dar una paliza.

Pero seguimos moviéndonos de todas formas.

Ahora, es como si el modo de supervivencia fuera su zona de confort y no sabe cómo parar.

Se quita la presión de asentarse o tener amigos de verdad, incluso conocer a alguien.

Las cafeterías son la única constante para ella.

Y para mí. No creo que se haya parado nunca a preguntarse si hay algo más que le pueda gustar hacer o a buscar algo que le entusiasme.

Solo quiere… seguridad. Es lo que conoce.

Mali se siente afligida. Aunque ella también se marchará el año que viene, no se imagina su vida aquí sin Will. Y mucho menos cómo se sentirá Dusty al respecto.

—Dios, Will, lo siento.

—¿Por qué? —pregunta.

—Bueno —contesta, sorprendida por su indiferencia—. Por una vez, te encanta estar aquí. Y…, a ver…, las clases…, Dusty…

Él se encoge de hombros.

—No creo que ella se marche hasta que yo termine. Aunque luego… sí. —Frunce el ceño a la par que añade—: Pero que mi madre se marche no significa que yo también.

—Ah —suelta, sintiéndose un poco infantil por asumir que él se iría adondequiera que su madre se fuera. La idea de que sus padres cojan y se vayan es… Bueno, no pasaría y ya está. Black River es su hogar porque es el de ellos—. ¿Y te parece bien? —pregunta.

—A ver, sí. —Se saca las manos de los bolsillos, se echa el aliento sobre ellas y las frota entre sí—.

Ella es ella —explica—. Y yo soy yo. Siempre podré ir a verla adondequiera que esté.

Y mi madre siempre podrá venir a visitarme también.

Tú te marchas a la universidad. En realidad, no hay mucha diferencia. Solo que ella es la que se va.

A Mali siempre le conmueve la madurez de Will. Es muy seguro de sí mismo. Todo el mundo asume que ella también es así, pero, en realidad, no.

—No he hablado de ello con Dusty —añade—. Sé que no es lo mismo que cuando pasó por lo de su madre, pero… le cae muy bien mi madre, y no quiero removérselo todo otra vez. En especial, ahora.

Ella asiente.

—Vale —responde—. Pero, para que lo sepas, desde que se transformó y desde que te conoció… creo que ya es capaz de soportar cualquier cosa.

Will asiente, pensativo.

—Mientras tanto, si quieres hablar de ello…, estoy aquí.

—Lo sé —contesta, dándole un golpecito con la rodilla. Tras un instante, añade—: Y hablando de hablar…

—¿Qué? —pregunta, alzando la vista hacia él. Will la mira con tranquilidad y paciencia, como siempre. Mali suspira—. ¿Kristen?

Él asiente.

—Creo que, antes de su funeral, era capaz de compartimentar lo que sucedió. A ver, me afectó, y fue horrible en su momento, pero, entonces, todo pareció un sueño, y yo casi que… seguí adelante.

—¿Y ahora?

—Ahora me siento culpable por vivir cuando ella no puede.

— Se le forma un nudo en el estómago y siente de pronto un gran peso en el corazón—.

Ni siquiera la conocía tanto. En realidad, no.

Y creo que es que… ahora es muy oficial.

Ella no tiene ningún futuro, mientras que yo haré las maletas y me marcharé a la universidad.

—Supongo que así es la vida, ¿no?

Ella lo mira de reojo.

—¿A qué te refieres?

—A que lo que le pasó a Kristen en concreto no era justo ni correcto, pero la muerte es parte de la vida.

Creo que estamos muy programados para temer a la muerte, para no pensar en ello por todo lo…

desconocido. Sin embargo, me parece que, una vez que aceptamos que existe, la vida resulta más valiosa aún.

—Joder, Will —replica, medio riéndose, aunque con lágrimas en los ojos—. Dust y tú estáis hechos el uno para el otro, en serio.

—¿Por qué? ¿Porque soy tan oscuro como ella se ha vuelto?

Mali le da un empujoncito en el hombro.

—No. Porque eso es lo que ella necesitó oír durante años después de que murieran sus abuelos, pero yo jamás pude encontrar las palabras para decírselo.

Él suelta una risita y, a continuación, se queda un rato pensativo.

—De todas formas, lo siento mucho —dice—. Lo de Kristen. Que la muerte sea inevitable no significa que lo que le sucedió estuviera bien o que tú no puedas estar triste por ello o preguntarte lo que habría ocurrido.

Se quedan callados durante un momento, contemplando el paisaje blanco y reluciente lejano, y, luego, Will pregunta:

—¿Y Kat?

Por primera vez, Mali no siente una punzada de culpa. Es como si las palabras de Will le hubieran dado el permiso de sonreír y pensar en lo bien que se había sentido pasando tiempo con Kat anoche.

—¿Qué? —pregunta, mirándola por el rabillo del ojo.

Mali ensancha la sonrisa.

—Creo que le voy a pedir que venga conmigo al baile de invierno.

Mali ve que la sonrisa de Will iguala la suya por encima del cuello del chaquetón.

—Estoy intentando tomármelo con calma —comenta, sintiéndose inusualmente tímida—. Pero, sí, es muy mona y guay, y yo… no quiero hacerme ilusiones.

Will asiente.

—Sí que parece guay. ¿Y has visto qué coche tiene? —Alza las cejas, haciendo que Mali suelte una carcajada.

No obstante, ambos se ponen serios, y Mali piensa en la sombra y se pregunta cómo su vida amorosa la ha arrastrado al medio de todo lo que estaba sucediendo en la White Mountain otra vez.

—No permitiremos que le pase nada —dice Will, como si le estuviera leyendo la mente—. Te lo prometo.

—Tengo que devolverle los recuerdos a Kat también.

Opi mira a Eli al tiempo que se dirigen a la casa. Él tiene una línea marcada entre las cejas y los músculos de la mandíbula tensos.

—Espero que la madre de JD estuviera en lo cierto —añade—. Que la sombra solo tome un aliento cada vez o algo así. Igual ella… Tal vez no tenga ninguna secuela. Aparte de, ya sabes, las mentales por ver a una puta sombra devoradora de almas.

Opi se detiene de golpe, sintiendo que a él se le desborda la angustia. Es como si él hubiera decidido que la carga de todo de pronto fuera suya.

—Eli.

Se vuelve hacia ella con reticencia.

—Esto no es culpa tuya —afirma—. No lo sabías.

—¿Igual que lo que JD está haciendo no es su culpa? ¿Ni lo que ha hecho ya?

—No, eso sí lo es. Él entiende de sobra lo que está haciendo ahora.

Y sigue haciéndolo. A eso es a lo que me refiero.

Tú no lo sabías. Y nosotras hemos sido las que te hemos pedido ayuda.

Las que la necesitábamos. Todos somos responsables, pero también seguimos aprendiendo lo que somos y de lo que somos capaces.

Todos hemos cometido errores, y sé que cometeremos más.

Sin embargo, ahora mismo lo que importa es la intención, ¿vale?

Eli gruñe al mismo tiempo que alza la cabeza para ver el cielo.

—Pero tienes razón. Le devolverás los pequeños recuerdos que le arrebataste a Kat, y estoy segura de que no quedará daño a largo plazo.

Dusty dijo que los colores de nuestro padre empezaron a volver a unirse al momento, y él lleva meses expuesto.

Con suerte, eso significa que no será capaz de ver a la sombra más y esta no podrá robarle nada.

Él le da una patada a un montón de nieve y, a continuación, comienza a andar.

—¿Y Michelle qué? —pregunta.

Opi visualiza a la mujer tal y como la dejaron, mirando por la ventana. Por cómo estaban las cosas cuando la encontraron, no cree que Michelle sea capaz de cuidar de sí misma mucho más.