White Mountain (Black River 2) 23. Todo sobre la mesa #2
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23. Todo sobre la mesa #2

»Tardé unos cuantos meses en convencer a alguien de que me vendiera este lugar, y mi marido trató de oponerse.

Pero le prometí… más. Le prometí que aquí era donde estábamos destinados a vivir.

Que todo conducía a esta montaña. Le conté que podía percibir poder aquí.

Y ya le había demostrado que valía la pena escucharme.

En secreto, tenía la esperanza de que este lugar fuera bueno para ellos dos.

De que su poder los haría sanar, los ablandaría, de que el bosque les enseñaría lo que de verdad importaba. Pero las cosas no salieron así.

Inclina la cabeza con una sonrisa triste y Opi ve que la mujer desvía la mirada hacia los árboles al fondo de la propiedad. Hacia el lugar en el que está enterrado su marido.

—Todo comenzó a suceder casi enseguida —añade, cambian do el tono mientras se gira para mirar a Opi—. Más o menos cuan do empezó la construcción, cuando conocí a tu madre.

La chica siente la cabeza zumbarle de anticipación.

—Estaba en la propiedad un momento, y al siguiente, en al gún lugar del bosque.

—Se calla y baja la voz—. Resulta que mi propio futuro era más escurridizo de lo que me habría imaginado, porque jamás vi venir a la sombra.

Creo que es porque puede doblar el tiempo y el espacio del modo en el que lo hace.

El miedo se apodera de la mirada de Michelle de una forma tan evidente que Opi siente cómo le recorre la piel también a ella.

—Ahí fue cuando la vi por primera vez —continúa Michelle con la voz aún baja—.

Siempre se encontraba allí cuando perdía la noción del tiempo, un vacío oscuro y vigilante, desorientador.

Tu madre no parecía poder verla, pero a mí no me sorprendió.

No cuando yo siempre he visto cosas que los demás no.

No tardé mucho en percibir lo que quería.

Fue como si me susurrara en el fondo de la mente.

Michelle guarda silencio.

—¿El qué? —pregunta Eli, moviéndose hacia el borde del sofá—. ¿Qué es lo que quiere?

La mujer suelta un suspiro entrecortado mientras vuelve a mirarlos, cansada.

—Almas humanas.

A Opi se le hiela la sangre.

Es como si el aire hubiera desaparecido de la montaña entera.

—¿A qué te refieres? —tartamudea Eli—. ¿Cómo?

—La primera vez que me arrebató algo no sentí más que una exhalación —dice como si nada—.

Fue como si me hubiera quitado un simple aliento, la más mínima parte de mí.

En aquel momento, supe que la razón de que me arrebatara algo era porque yo era la única que podía verla.

Como si yo fuera la única que la hiciera real.

Por supuesto, yo estaba preparada para correr, para contarle a mi marido que me equivocaba, que teníamos que cortar por lo sano antes de terminar de construir la casa.

Sin embargo, la sombra vino a mí luego y llegamos a un acuerdo.

Me dijo: «Quédate, y solo te arrebataré algo a ti».

»Lo que tenéis que entender es lo mucho que la montaña y el sueño de esta casa significaban para mí.

La idea de marcharme me rompía el corazón.

No sabía adónde irme. Y era consciente de que jamás dejaría de soñar con ella.

La montaña nunca dejaría de llamarme. Me convencí a mí misma de que el trato no era tan malo.

Darle solo un aliento de mi alma aquí y allá para que yo no tuviera que cambiar de rumbo.

Para que pudiera quedarme al fin aquí. Y me dije a mí misma que aún seguía teniendo libre albedrío.

Podía acabar y dejarlo en cualquier momento si quería.

Opi se da cuenta de que hace mucho que no respira. Jadea, inhalando el aire de manera temblorosa. Eli hace lo mismo, como si se le hubiera olvidado también.

—No me pareció tan malo después de que me arrebatara un poco otra vez.

Me dije que no era nada. La había visto rondando la casa algunas veces.

Era como una huésped que solo yo conocía.

También la vi rondando a Jake en alguna ocasión, pero tenía la sensación de que, incluso aunque él pudiera verla, era demasiado joven para que la sombra le arrebatara algo. La sombra solo parecía… curiosa.

»Lo que yo no sabía era que yo la estaba fortaleciendo poco a poco.

Mi deterioro comenzó de forma muy gradual, aliento a aliento.

No fue hasta que estuve demasiado débil para hacer nada al respecto que me percaté de que suponía un peligro para los demás.

Yo era una cáscara vacía. Mi marido pensó que era la progresión natural para mí, teniendo en cuenta cómo había sido yo siempre. Como si tuviera más bien una depresión.

»En fin, un día, no mucho después de que Jake cambiara, me preguntó si yo también veía a la sombra. La pregunta… me aterró. Pero yo estaba muy débil, muy cansada. Notaba la intención de la sombra. Necesitaba más. Yo ya no era suficiente para servirle de sustento.

Opi asiente, interiorizando cómo encaja la línea temporal.

—Fue la sombra lo que Dusty y yo sentimos cuando fuimos a recolectar —murmura.

—Lo siento, cielo —se disculpa Michelle con un tono desga r radoramente maternal—.

No lo sabía. Pensaba que solo era Jak e, por su conexión conmigo y con esta casa.

Creo que le arrebató algo. Una o dos veces, tal vez.

Me disponía a contarle a mi marido que necesitaba su ayuda, que debíamos marcharnos, cuando…

me di cuenta de que Jake estaba distinto en cuanto lo vi.

Al principio, creí que era por la sombra, pero, en cierto sentido, supe…

que era algo todavía más escurridizo lo que lo había cambiado.

Después, cuando le pregunté si había visto a la sombra otra vez, se lo tomó a la ligera, como si no fuera nada.

Como si se hubiera convencido a sí mismo de que todo había sido un mal sueño.

Y, cuando me encontré a la sombra en la misma habitación que él, este ya no la veía, y la sombra actuó…

Era como si le tuviera miedo. Como si lo odiara. Como si no pudiera tocarlo.

Suspira.

—Sentí tanto alivio que me dio igual en qué se hubiera convertido Jake.

No comprendía… Aún no lo hago. Pero él ya no estaba en peligro.

Eso era lo único que me importaba. Nunca pensé…

—Los ojos le relucieron de dolor y sincero pesar—.

Sabéis que él ignoraba lo que era cuando…

mató a su padre. No lo hizo a propósito. Solo… reaccionó.

Ahora se queda en silencio y vuelve a mirar la nieve a través de la ventana.

Eli carraspea.

—¿Por qué crees que la sombra observa a mi hermano? ¿Por qué…? ¿Por qué fue a por Ophelia antes de que… cambiara?

—Creo que se ha vuelto lo bastante fuerte como para que los jóvenes puedan verla —contesta Michelle, con la mirada perdida en algún punto—. Pero, como he dicho, no puede arrebatarles nada… No hasta que se hayan desarrollado físicamente.

—Supe que iba a volver a por mí —replica Opi, acordándose—. Lo noté. Pero luego… cambié, y jamás la vi de nuevo.

Michelle asiente despacio y, a continuación, mira a Eli.

—Tu hermano no está en peligro. Todavía no.

Y vuestra amiga… ¿Kat? Creo que la sombra es lo bastante fuerte para ser vista en esta propiedad, pero nadie viene aquí en realidad, excepto vosotros…

, los que habéis cambiado. No sé cómo la habrá visto en el pueblo.

—Frunce el ceño y se queda pensativa un buen rato.

Luego se gira hacia Opi—. En cuanto a tu padre, pensaba que yo era la única adulta que podía verla fuera de la propiedad…

Creía que la sombra no era lo bastante fuerte.

—¿Y si… mi habilidad…? —interviene Eli—. La usé con Kat, ¿quizá por eso la sombra ha podido encontrarla después? Mierda. —Sacude la cabeza, cerrando los ojos y apretándolos—. La noche que le borré a tu padre la memoria, lo debilité. Lo suficiente para ver a la sombra, al menos.

A Opi le dan náuseas.

—¿Crees que se alimenta de ellos? —pregunta, mirando alternativamente a Michelle y a Eli.

El chico solo sacude la cabeza; no obstante, la mujer responde:

—No lo sé. Pero no se me ocurre por qué más los iba a rondar.

—Joder —maldice Eli, pasándose las manos por el pelo y llevándoselas después a la nuca.

Opi percibe la angustia del muchacho. Extiende la mano para cogerle la suya y se la aprieta. Él no podía saberlo, y las dos veces que lo ha hecho ha sido por cubrirle las espaldas a ella.

Al parecer, la sombra ha estado aquí todo este tiempo, marcando el rumbo del futuro, lo quisiera o no: la ausencia de su madre, la presencia y lo que los cambió a ellos.

Por fin, Opi es capaz de ver cómo las piezas del rompecabezas encajan en su lugar.