21. Él también tiene una vida #3
—Claro. —La ayuda a ir hasta el sofá y la sienta con delicade za antes de tomar asiento justo a su lado—. Rápido —añade, y luego le acerca la muñeca a la boca.
Se le curva hacia arriba el labio ante el olor de su piel, le roza el pulso con los dientes y presiona la lengua contra él mientras lo muerde.
El alivio es instantáneo, como respirar después de contener el aliento debajo del agua el máximo tiempo posible.
La sangre de él es lo mejor que ha probado en la vida.
Se deja llevar un momento. Cierra los ojos y el mundo a su alrededor desaparece. Lo único que existe son los latidos de sus corazones, palpitando al unísono, su sangre infusionándose, mezclándose. Cuando percibe una mínima vacilación en él, recuerda por qué.
Abre los ojos, despacio al principio, y, de repente, se da cuenta de que algo ha cambiado.
En lugar de estar sentada junto a él, ahora se encuentra encima con las piernas a horcajadas sobre sus muslos y las manos aferradas a la muñeca de él entre los dos.
Percatándose de la sorpresa de sus ojos, Eli se apresura a decir:
—No pasa nada.
Ella se baja de él, sujetando todavía la muñeca para poder lamerle enseguida la herida del modo menos sensual posible.
—Perdona. No me había dado cuenta de que…
—No pasa nada —repite él. Una sonrisa inmensa le reluce en la mirada, pero hace un buen trabajo al no mostrarla en la cara.
Opi se levanta de pronto, buscando algo, lo que sea, para cambiar de tema. Se fija en un montón de paquetes sin abrir y cajas apiladas en la esquina de la habitación junto a la cama. Al lado, hay varias cestas de regalo con el papel celofán roto.
—Había comida en ellas —explica Eli—. La llevé a la cocina y luego intenté tirar lo demás, pero mi padre me ha dicho que tengo que considerar todas las ofertas.
—Espera, ¿eso es de los patrocinadores? —pregunta Opi.
Eli asiente.
—Perdona por no haberte preguntado más al respecto. Sé que lo ocurrido ha sido importante para ti, pero…
—No. Si te soy sincero, la verdad es que no tengo ni idea de qué decir. Ni siquiera sé todavía si quiero seguir haciéndolo.
—Eli —interviene Opi—, no pasa nada por ser el mejor, ¿sabes? Sé que dijiste que para ti era como hacer trampas, pero, si eso es lo que te gusta, si eso es lo que te encanta, encuentra la manera de igualar las condiciones. O no compitas… También podéis ir por libre, ¿no?
Eli asiente, riéndose un poco entre dientes.
—Así es.
—Vale —responde ella, aún sorprendida por la cantidad de paquetes—. Entonces, de momento, mientras te llueven las oportunidades, tal vez no sea la peor idea del mundo considerarlas, ¿no? Yo te podría ayudar…
Parece que Eli va a rechazar la oferta, pero cuando cruza la mirada con Opi y ella sube y baja las cejas, alentándolo, él se rinde.
Conforme los revisan uno a uno, llenos de todo tipo de cosas, desde ropa deportiva hasta relojes para personalizar esto y aquello con Eli Blake escrito en ello, la respiración y el corazón de Opi empiezan a recuperar un ritmo más tranquilo.
—Esto es increíble, Eli. Hasta yo conozco la mayoría de es tas marcas, y eso que no he visto nunca ni un segundo de depor te en mi vida.
—¿Aparte del fútbol americano?
La muchacha aprieta los labios con los ojos muy abiertos, sorprendida de haberse olvidado.
—Aparte del fútbol americano —admite.
—¿A quién crees que debería escoger? —pregunta él, desviando la vista hacia el montón ordenado.
—No sé mucho sobre ellas. ¿Cuál… te encaja más?
Eli suelta una risita y menea la cabeza.
—¿Ves? Antes de conocerte, no lo habría dudado dos veces. Me habría decantado por la que ofrecía más. La mayoría de la gente a la que le habría preguntado diría lo mismo; mis padres lo han hecho.
—Bueno, a ver, el dinero es importante —acepta Opi—. Pero todas son buenas ofertas; seguro que te puedes permitir elegir una que…, no sé…
—¿Sea moralmente ética? ¿No produzca basura?
Ella sonríe.
—Ese es un buen punto de partida.
Continúan clasificando cosas, y, por un rato, le sienta bien estar haciendo algo que podría considerarse típico de amigos, si se ignora el hecho de que son las dos de la madrugada.
Pero el cerebro de Opi se corrige. «Eli no es solo un amigo».
Y, con eso, nota que vuelve a alzar las defensas y que su inseguridad se pone por las nubes al recordar que Dusty le contó que él había intentado alimentarse de ella una vez en esa misma habitación.
Que se habían decepcionado cuando no había funcionado, al igual que le ocurrió a Eli al darse cuenta de que los sentimientos que tenían el uno por el otro eran más bien platónicos. O, al menos, los de Dusty.
Se pone de pie.
—Debo irme.
—¿Por qué sigues haciendo eso? —pregunta él.
—¿El qué?
—Cerrarte en banda conmigo. Estamos bien un momento y luego sales huyendo. Entiendo que los dos estemos un poco… confundidos. Las cosas han cambiado para nosotros a lo bestia…
—Es tarde, Eli. —Ella suspira—. En serio, no estoy huyendo.
—¿De veras vas a seguir diciéndote eso?
Opi traga saliva y, aunque sabe que se morirá de vergüenza más tarde, se esfuma por la ventana y se va corriendo a su casa.