20. Límites básicos #2
—Oye —suelta cuando ella gira la esquina—. Para.
—Perdona, no quería…
El chico se aparta de la taquilla de un empujón y pasa por delante de ella, haciendo que Dusty se dé la vuelta para seguirlo.
—Eli, no quería… He sentido que estabas enfadado, y ahora mismo estoy muy alerta. Trato de respetar los límites básicos, pero…
—No pasa nada. —Suspira, y el pecho se le relaja a cada paso que se aleja de Ophelia y del quarterback —. Estoy bien, en serio.
—¿Estás enamorado de mi hermana?
Él se detiene de golpe. Despacio, gira la cabeza para mirarla.
—Tía —espeta, mandándole una advertencia a través de su vínculo para decirle que lo deje en paz—, límites básicos.
—Lo siento, solo he creído que sería más fácil soltar la pregunta como si arrancara una tirita. O puedo seguir fingiendo que no ocupa todo el espacio de tu cerebro si quieres. —Le dedica una ligera sonrisa que se parece muchísimo a la lástima.
—Da igual cómo me sienta —dice, sin dejar de recorrer el pasillo.
—Eli, por supuesto que no da igual.
—Lo superaré. Es solo que… me estoy adaptando a todo, a lo de compartir sangre y eso.
—Vale —contesta ella, pero Eli nota que no se lo traga.
—Bueno —prosigue el chico—, tú eres como mi hermana, así que ¿eso no hace que ella lo sea también? Es un follón.
Dusty suelta una carcajada.
—No creo que cuente. Puedo sentir el vínculo entre vosotros dos —explica con delicadeza—. Lo veo en vuestros colores. Lleva semanas ahí. Incluso antes de que os alimentarais el uno del otro.
Eli se pasa las manos por la cara.
—No me digas eso.
—¿Por qué? Lo siento. Solo quiero dar a entender que… no te lo estás imaginando.
—Eso díselo al quarterback . —Intenta sonar sarcástico, pero las palabras salen claramente amargas.
Mali encuentra a Kat sola en la sala de música después de las clases.
Se halla sentada en una silla, de espaldas a la puerta, mientras toma nota en hojas de pentagramas apoyadas en un atril. Su violonchelo, como siempre, está en la funda a su lado.
Hay otras sillas y atriles dispersos por la habitación, justo como cuando Mali y Dusty se escondieron aquí cuando todo comenzó a enrarecerse.
En aquel entonces, se encontraba asustada por lo que Kristen le había hecho en la hoguera.
Tenía muchísimas preguntas. Ahora, está empezando a preguntarse si alguna vez habría respuestas.
Era complicado creer que sus amigos descubrirían alguna vez lo que está sucediendo.
Todo parece muy inmenso, muy fuera de su control.
Por lo tanto, había decidido vivir el momento, y, justo ahora, lo que quería era ver otra vez a Kat.
Esta da golpecitos con el pie mientras se concentra, como si estuviera llevando el ritmo de una melodía reproducida en su cabeza. Mali sonríe.
Sin embargo, entonces se detiene, y Mali oye cómo sorbe mientras se pasa las manos por la cara.
—Oye —dice Mali con delicadeza a medida que se acerca—. ¿Te encuentras bien?
Kat vuelve a sorber.
—Hola.
Tiene los ojos rojos y las mejillas sonrosadas, y Mali se apresura a acercar una silla a ella.
—¿Te importa que me siente?
—Sí, claro, por supuesto.
—¿Te puedo ayudar con algo? —pregunta—. ¿Es por lo de la solicitud de tu beca?
—No —responde, secándose los ojos. Sacude la cabeza, pero no dice nada más.
—Bueno, se me da bien escuchar —se ofrece Mali—. En serio, Kat, puedes contarme cualquier cosa.
La chica suelta un largo suspiro.
—Esto no. Parecerá que estoy loca.
—No pasa nada —contesta Mali—. En realidad, estoy muy acostumbrada a las cosas locas.
Kat la mira a los ojos y le dedica una ligera sonrisa.
—No de este tipo, créeme.
Mali se queda quieta y, entonces, pregunta con cautela:
—¿Es por lo de la otra noche? ¿Cuando te caíste?
La chica cierra los ojos con fuerza, pero asiente.
—Kat, en serio, me lo puedes contar.
Cuando abre los ojos, inhala hondo.
—Te juro que… Sé que necesito contárselo a alguien, pero tengo este deseo irrefrenable de no hacerlo. No sé explicarlo.
Mali aguarda, paciente.
—Cuando me encontraba fuera de la casa de JD, justo antes de caerme… —Vuelve a sacudir la cabeza y empieza a rebotar el pie contra el suelo.
—No pasa nada —murmura Mali, alargando el brazo para frotarle el hombro—. Tómate tu tiempo.
Kat suspira.
—Cuando estaba mirando por la valla, vi una…
figura. Era negra, como una sombra al principio, pero luego como que…
tomó forma. Como una persona, quizá. Aunque la manera en la que se movía…
No puedo… No sé cómo explicar el miedo que se ntí cuando la vi.
Sabía que quería algo de mí. Era un ser consciente.
La sentí examinarme. —Nuevas lágrimas empezaron a acumulársele en los ojos y las pestañas se le pegaron en montones densos—. Me acojonó muchísimo, Mali.
A la otra chica le entra un escalofrío. «No —piensa—. Ya basta. Otra vez no».
—Como te he dicho —añade Kat, temblorosa—, sé que parece que estoy loca.
Mali se muerde el labio inferior.
—No pareces estar loca —responde al fin—. ¿La has visto desde entonces? ¿A la sombra?
Kat asiente.
—Eso creo. No lo sé, es como si siguiera viéndola por el rabillo del ojo. Como si estuviera cazándome, joder. Creí verla en mi garaje la otra noche cuando estuviste allí. Sin embargo, no era tan… visible como cuando la vi en la casa de JD. Por eso estoy actuando de modo tan raro, perdona.
—No —contesta Mali—. Ni siquiera lo había notado. —No se puede creer que haya estado tan absorta en sus pensamientos que no se haya percatado—. Yo he sido la que ha estado actuando… Da igual, no importa. La cuestión es que te creo.
—Gracias —responde la chica, sorbiendo por la nariz.
Aún sorprendida, Mali espera que un nuevo miedo, preocupación o irritación la invada. No obstante, la ira que sentía hacia JD ayer todavía prevalece y una necesidad aguda de proteger a Kat le da fuerzas. La idea de perderla de vista, de permitir que algo le pase, de pronto no es una opción.
—¿Qué vas a hacer esta tarde? —pregunta.
Kat suelta un suspiro tembloroso.
—No tengo planes —dice, llorando cada vez menos. Parece un poco más liviana.
—¿Quieres ir a mi casa a ver la tele o algo? —pregunta Mali— . ¿Algún programa para desconectar?
Kat se queda mirándola con los ojos entrecerrados, como si le costara creerse la invitación.
Mali siente que su determinación flaquea al verla, y por mucho que desee proteger a esta chica, quiere animarla también. Hacerla feliz.
—Mi abuela ha hecho tarta de calabaza —añade con las cejas alzadas—. A menos que prefieras…
—No —responde Kat—. Me encantaría. De verdad.