20. Límites básicos
Límites básicos
Opi observa cómo Mali abre con cuidado el táper que acaba de sacar de su mochila. Dentro, hay un trozo gigante de tarta de calabaza.
Enfrente de ella, Will la observa.
—¿Es para mí?
Mali se queda mirándolo.
—Pero si tu abuela me dijo que cualquier tarta que haga es para mí. —Junto a Will, Dusty suelta una carcajada.
Opi se siente muy aliviada de haber vuelto al instituto tras los últimos días. Hay mucho ruido en la cafetería, como siempre, pero oír a Mali y a Will discutir la ayuda a tranquilizarse.
—Solo porque ha descubierto que eres hijo de madre soltera sin más familia aquí; y la idea de que no tienes a nadie alrededor para cocinarte literalmente le quita el sueño.
Will parpadea, mirándola con fijeza.
—Uf, está bien —replica ella, deslizando la tarta hacia él.
Will agarra el tenedor y corta un buen trozo.
—Tienes que estar de broma —masculla Mali.
Él se encoge de hombros.
—Estoy creciendo.
Detrás de ella, Opi puede sentir a Eli acercándose antes de olerlo. No han hablado desde ayer después de que descubrieran el monolito. Desde que se lamieron el uno al otro las heridas.
No ha sido capaz de dejar de pensar en ello, y preferiría no tener que interactuar con él aún, pero Dusty le ha dicho a todo el mundo que debían hablar en el almuerzo, así que aquí están.
—¿Qué pasa? —suelta Eli, retirando la silla al lado de Opi y sentándose con indiferencia.
—Sí, ¿cuál es el orden del día? —pregunta Mali, saboreando un bocado de tarta.
Dusty suspira, dudando por un momento demasiado largo. Su hermana puede sentir cómo aumenta la impaciencia en la sangre de Eli.
—Empiezo yo —salta él—. Mi hermano pequeño me ha contado que ve una sombra.
Opi se inclina hacia delante.
—¿Qué? ¿Cuándo?
—Me lo dijo ayer, pero supongo que lleva un par de meses viéndola. —Se gira hacia Dusty—. ¿Recuerdas que al poco tiempo de que cambiáramos mojó la cama porque tenía mucho miedo de algo que vio?
—Sí… —responde ella—. Me lo contaste en el claro. Joder.
Opi siente una punzada de celos repentina al imaginarse los días y las noches que pasaron Dusty y Eli juntos a solas en el bosque poco después de la transformación.
—Eso no ocurrió mucho antes de que yo viera algo en mi ha bitación —añade, esperando que Eli repare en las emociones rela cionadas con aquello en vez de en sus celos.
—¿Creemos que la sombra es la presencia? —pregunta Mali.
—No lo sé —responde Dusty—. Pero cuando vi la sombra en la premonición, no parecía la presencia.
Ver la sombra despertaba el peor miedo imaginable.
Sé que yo soy sensible, pero me dolía físicamente lo aterrorizada que estaba.
O… —se corrige, mirando a su hermana— que Opi estaba.
Sin embargo, la noche en la que la transformaron, vi a la presencia durante un minuto y percibí esa sensación de…
calma. Como si estuviera viendo todas estas cosas descabelladas, aunque de alguna forma confiara que pasaba algo mucho mayor.
No se sentía tan… —se detiene, buscando la palabra exacta— tóxico.
—He estado pensando —comenta Eli— en el monolito. Si ha estado vibrando así o lo que coño haga, nos habrá afectado de alguna manera al crecer aquí, ¿no?
Opi asiente.
—Sin duda. Era muy poderoso.
—¿Y creemos que se encuentra bajo la casa de JD? —pregun ta Mali.
—Sí —responde Dusty—. Por eso lo sentimos con tanta fuerza allí.
—Quizá por eso él está tan perturbado —reflexiona Mali.
—Tal vez —contesta Opi—. Y creo que ahora sabemos con seguridad que el hecho de que su madre construyera su hogar aquí ha tenido algún efecto en el monolito. Como si hubiera alterado su frecuencia.
—Entonces, digamos que el monolito nos afectó de algún modo al crecer aquí —comenta Dusty—. Igual eso es lo que le ha permitido a la presencia cambiarnos.
Eli asiente.
—Sí, pero ¿no habría transformado la presencia a todo el mundo que vive aquí entonces?
—Tal vez sea por la etapa de la vida en la que estamos —propone Dusty—. Hemos crecido, pero seguimos en desarrollo. Solo ha alterado a los adolescentes, que sepamos. Y ha esperado a que Opi…
Cuando Dusty mira a su hermana, ya puede sentir cómo se sonroja.
—Lo siento —pronuncia sin decirlo en voz alta.
Por los asentimientos de todo el mundo, es evidente que todos saben que se refiere a que a Opi le llegó su primer periodo.
—¿Creéis que eso significa que la presencia quiere que propaguéis lo que sois, pero poco a poco?
—pregunta Mali—. A ver, como vosotras dos ya tenéis la regla, significa que técnicamente podéis tener bebés.
Quizá. Algún día. Así que ¿podría ser hereditario?
¿Y la habilidad de JD podría ser solo un extra?
Se produce un largo silencio mientras todo el mundo comprende la gravedad del asunto.
—Tiene mucho sentido —responde Dusty—. Si la presencia estuviera comprometida con la vida aquí, por algún motivo, no solo bajaría y cambiaría a todos los adolescentes del tirón.
Sería un caos. No solo significaría que la presencia se revelaría ante todo el mundo, lo que causaría la anarquía.
Los gobiernos empezarían a cazar a gente.
No querrían que hubiera personas más poderosas que ellos.
Sería algo apocalíptico a muchos niveles.
—¿No creéis que si la gente supiera que existen más cosas ahí fuera eso nos uniría? —pregunta Opi.
—Tal vez —contesta Eli—. Si solo se enfrentaran a la existencia de la presencia. Pero ¿nosotros? —Sacude la cabeza—. Dusty tiene razón, nuestra propia gente cazaría a todos los adolescentes y los mataría.
Opi siente que la inunda una profunda oleada de tristeza.
—Aunque —prosigue Eli— también creo que Mali tiene razón con lo de que la presencia ha elegido que esto sea gradual. Somos una especie de rama nueva de la evolución. Al menos, nos han dado tiempo para adaptarnos y para que el mundo se adapte a nuestro alrededor.
Cuando Opi alza la vista hacia él, se da cuenta de que ha estado hablándole directamente a ella, como si tratara de reconfortarla.
—Me gusta —dice.
—Pero nada de eso explica lo de la sombra y el motivo por el que está acechando a prepúberes y a adolescentes —comenta Mali.
—Y a mi padre —interrumpe Dusty—. Y a Michelle.
—Entonces ¿qué hacemos ahora? —pregunta Mali—. ¿Nos sentamos y esperamos a que JD aparezca y suceda la premonición de Dusty?
—Creo que tenemos que volver a hablar con Michelle —res ponde Eli—. No sé cómo se contuvo de contarme lo de la sombra, pero sabe más, ¿verdad?
Todo el mundo está de acuerdo.
—Aunque no me gustó la apariencia de sus colores —comenta Dusty—. Era como si apenas estuviera allí. Parecía muy frágil. Vamos a dejarle uno o dos días más, ¿vale? Me preocupa que meternos en su mente pueda acabar con ella para siempre.
Todo el mundo está de acuerdo con eso también.
—Hablando de tu habilidad —le dice Mali a Eli—. Creo que es hora de que tengas una charla con la agente. Me dejó preocupada ayer en el funeral, y esa mujer está demasiado al tanto de las cosas.
—Vale —contesta él.
Todos se quedan mirando la mesa, procesándolo.
Un minuto más tarde, Will suelta:
—Creo que, de todas vuestras habilidades, escogería la de Opi.
Ella sonríe al mismo tiempo que Dusty le da un codazo, fingiendo estar ofendida.
Will agarra el tenedor y está a punto de coger el último trozo de tarta de calabaza cuando Mali lo pilla de pronto y se lo queda para ella.
Él sacude la cabeza, mirando el táper vacío.
—Tu abuela estaría muy decepcionada contigo.
Mali sonríe y se deleita con el sabor.
—Ahora, ¿podemos hablar por fin del baile de invierno de la semana que viene? Dust, Op, ¿habéis escogido vestido?
Opi siente una presión en el pecho y no está segura de si es de ella o de Eli.
—¿Cómo estás? Creo que no te he visto mucho estos últimos días.
Eli observa cómo Ophelia mira al quarterback y aprieta los labios, como si dudara de qué contestar.
—Bien —responde ella—. Sí, he estado muy… ajetreada.
Él juraría que ve cómo se sonroja, a pesar de que se encuentra en la otra punta del pasillo.
Por una vez, no la estaba siguiendo en realidad. Se encontraba en su taquilla, con sus cosas, cuando ha olido a Ophelia viniendo por el pasillo.
Es como si ahora pudiera sentirla más. Más que a ninguna otra persona, incluso a Dusty. Técnicamente, solo se han alimentado el uno del otro una vez. No se puede imaginar lo que la sentirá a medida que continúen. Si es que lo hacen.
Ha notado el modo en el que se ha apartado de él después de lo ocurrido en la cueva y ha temido que ella esté pensando en el quarterback . Porque tenga sentimientos en conflicto y todo eso.
Ahora, le dedica al chico una sonrisa amplia y permanente, y Eli se siente como su extraño secreto, alguien con quien practicar. El quarterback es el importante de verdad.
—Ah, ¿sí? —le pregunta el quarterback —. ¿Qué ha ocurrido?
Ella vuelve a sonreír.
—Ah, es una historia muy larga. No te preocupes por eso.
Comienzan a andar por el pasillo hacia Eli, charlando.
Este último quiere salir de allí, pero tiene los pies plantados en el sitio.
Como Ophelia no parece verlo, observa, notando la manera en la que inhala con sutilidad el aroma del quarterback , lo similares que parecen: buenos estudiantes, inteligentes y de trato fácil que le caen bien a todo el mundo.
Puede ver que el quarterback no provoca que se ponga nerviosa o se irrite.
En teoría, hacen una pareja perfecta, justo como Will y Dusty.
Entonces, se pregunta por qué observarlos le provoca arcadas.
Sabe que se ha pillado. Mucho. Pero también cree que un hombre mejor, alguien como Will o el quarterback , sería feliz si ella lo fuera. «Si amas a alguien, déjalo libre», o una tontería de esas.
Está a punto de girarse cuando lo golpea una oleada de hambre. No obstante, no es suya. Sin lugar a dudas, es de Opi. Su cuerpo responde con unos celos rojos y ardientes, a los que les sigue un odio a sí mismo.
«Dale espacio», se dice.
De pronto, algo llama su atención en la dirección opuesta, provocándole un latigazo.
Es capaz de sentir a Dusty en su cabeza, en su pecho, explorándolo.