White Mountain (Black River 2) 19. Solo pasa por aquí #2
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19. Solo pasa por aquí #2

Noah mira por fin a su hermano con la cara seria.

—La suelo ver de noche —explica con un tono de voz dolorosamente bajo ahora—. Pero una vez la vi fuera, detrás del árbol del jardín.

—¿Qué hace? —interroga Eli.

—A veces solo pasa por aquí, como si fuera a alguna otra parte. Pero otras… me observa.

De repente, a Eli le vuelve a palpitar la cabeza; el cansancio lo impacta con fuerza.

—¿Cómo es?

—Como una sombra —responde Noah—. Pero luego, bueno…, se separa de la superficie. Como si se hiciera real. En una ocasión, estaba en la pared justo allí. Como la sombra de una persona. Y entonces salió de la pared. Como si fuera humo, supongo. Aunque más denso. No me gustó.

Al instante, Eli se acuerda de Ophelia y de aquella vez que una figura había estado en su dormitorio y la había arrastrado hacia los pies de la cama.

—¿Alguna vez te ha… tocado? —pregunta Eli—. Quiero decir, ¿la sientes? ¿Podía mover cosas?

Noah asiente.

—En una ocasión, me quitó el gorro de la cabeza. Y me abrió la puerta. Pero jamás me ha… hecho daño. Una vez, pasó tan cerca que la vi, negra contra mi piel, aunque no sentí nada. Por eso sé que no es solo una pesadilla.

Eli exhala despacio.

—Lo siento, coleguita —replica, revolviéndole el pelo con cariño—. La próxima vez que la veas, dímelo, ¿vale?

Noah arruga la frente.

—Si nunca estás aquí.

Su respuesta es como un puñetazo en el estómago.

—¿Tienes mi móvil? —pregunta Eli.

Noah asiente.

—Pues úsalo —contesta Eli, y después le devuelve el mando a su hermano—. Ahora, enséñame tu mejor tiro.

Noah sonríe, y le parece otro puñetazo más. Eli se inclina hacia atrás con los codos en el suelo, acomodándose junto a su her mano. Desearía estar mucho más presente, pero tiene la cabeza a mil tratando de comprender qué cojones está pasando.

La nave de la primera iglesia presbiteriana de Black River está a reventar.

Los dolientes se extienden desde los bancos hasta los pasillos laterales y la parte trasera, bloqueando el vestíbulo, por lo que las puertas de la entrada permanecen abiertas.

Unas gélidas ráfagas de aire se cuelan por el espacio, haciendo que la estructura de madera cruja.

Mali alza la vista hacia la vidriera, que refleja luz ámbar, roja y amarilla sobre las paredes de color crema y los elementos de madera oscura de la iglesia, creando una ilusión de calidez.

Esperaba romper a llorar en el instante en el que pusiera un pie dentro.

Su madre y su padre la flanqueaban, sujetándole las manos como si ellos también lo hubiesen esperado.

Sin embargo, hoy no ha derramado ni una sola lágrima.

Se pregunta si es porque su mente se ha insensibilizado para evitar pensar en lo que hay en el interior del pequeño ataúd bajo el altar.

O quizá es porque ya ha llorado a Kristen.

Aquellos que saben la verdad ya la habían ente rrado hace unos meses.

Mali duda de que esto le sirva de cierre a los padres de Kristen. Los ve en el primer banco sacudiendo los hombros como si llorasen en silencio por su única hija, aún sin saber nada de lo que le ocurrió.

El órgano empieza a susurrar un cántico melancólico y la congregación se pone en pie.

A medida que las notas suaves y profundas recorren la estancia, los sollozos y los jadeos de angustia atraviesan el aire como cuchillos.

Mali sigue con la mirada los sonidos de los amigos más cercanos de Kristen, que se apoyan entre sí y en sus padres.

El dolor es casi tan palpable que Mali prácticamente puede sentirlo también.

Niegan con la cabeza en señal de incredulidad, como si se preguntasen cómo es posible que haya ocurrido eso y quién puede haber hecho algo así.

«Si supieran…».

A sus espaldas, se encuentra Dusty entre su padre y Will.

Ella le ha contado a Mali enseguida lo que Opi y Eli habían descubierto la noche anterior.

Por muy interesante que pueda ser, justo hoy, eso solo hace que Mali anhele un mundo en el que sus amigos sean solo eso, sus amigos, y no seres sobrenaturales.

Sabe que ellos no tienen la culpa, pero a veces no puede evitar molestarse porque los problemas de ella, así como sus pérdidas, jamás serán tan importantes como lo que está sucediendo en la White Mountain.

Conforme observa a la multitud, se sorprende al ver a Amber.

Tiene la expresión vacía y la piel tan pálida que parece un fantasma en contraste con la ropa negra.

Sus padres están a su lado. Mali no puede evitar notar lo mucho que han envejecido en los últimos meses.

Le recuerda que las acciones de JD han afectado a cada persona de esa estancia de un modo u otro.

Y que sigue ahí fuera, yéndose de rositas.

Mali nota un cosquilleo en la nuca, lo que le indica que alguien la observa.

Lo primero que piensa es que debe de ser Kat, pero, al girarse para mirar la sala, ve a una mujer al fondo de la habitación.

Parece como si tuviera treinta y pico, es negra y lleva el pelo recogido hacia atrás en un apretado moño y la impresionante cara sin rastro de maquillaje.