13. En voz alta #2
Eli lo mira, preguntándose a qué parte concreta de la mañana se refiere.
—Dusty dijo que tú podías… controlar a la agente cuando quisieras, ¿no?
Eli asiente, aliviado.
—Sí. No podía hacerlo precisamente delante de su padre ni del ayudante del sheriff, pero la tanteé y la agente Ella Reed no es inmune a mi habilidad.
—Bien —replica Will—. Eso está bien.
Delante de ellos, el altar a Kristen aparece a la vista. Está ro deado de dolientes y hay un cartel sobre un funeral en el pueblo al día siguiente.
Eli respira despacio, intentando bloquear el olor a lágrimas y tristeza, cuando nota la presencia de Dusty dentro de la cafetería.
Aunque la ha sentido durante todo el día, no la ha visto desde que se bajaron del coche, y la idea de encontrarse cara a cara con ella hace que se le forme un nudo de culpa en el estómago.
¿Hizo algo malo con su hermana la noche anterior?
¿Se había aprovechado de ella? Había ocurrido tan deprisa y Ophelia había estado tan absorta en sintonizarse con su poder…
¿Debería haber bajado el ritmo? Pero entonces recuerda el momento en el que ella se alimentó.
La sangre había sido lo último que se le había pasado por la mente.
Y justo ahí radica el origen de su culpa. Desea ocultar desesperadamente lo que siente a Dusty. Hasta que él mismo lo comprenda.
Quiere evitarla a ella y a los demás que se encuentran en la cafetería; no obstante, Will ya está empujando las puertas para abrirlas y Eli lo acompaña adentro.
Will se encamina derecho hacia donde aguardan Dusty y Mali, pero Eli decide sentarse con sus viejos amigos. No puede exponerse ante ella. Todavía no. De camino, se fija en la mesa de Ophelia y en el modo en el que desvía la vista antes de que se crucen sus ojos.
—¿Qué pasa, tío? —pregunta Matt cuando Eli toma asiento en el hueco vacío que hay a su lado.
Jesse, que está sentado enfrente de ellos, asiente mientras absorbe un gajo de naranja.
Eli tenía previsto alimentarse de él dentro de dos días, así que deberá contárselo luego.
Al contrario que Mali, que no le cabe duda de que está encantada ahora que lo sabe, no está seguro de cómo se sentirá Jesse con la noticia.
Todo el mundo está charlando, pero Matt se inclina y lo chincha:
—¿Qué? ¿No tienes ganas de sentarte con tu ex y su novio hoy?
—Ja —responde Eli en tono plano al tiempo que Matt le da un codazo.
—Anímate, tío, que estoy de broma. Bueno, a ver, no, pero habéis quedado como amigos. Eso está bien. —Coge un puñado de patatas fritas ya mojadas en kétchup y se las mete en la boca. Des pués de masticar y tragar la mayoría, le pregunta—: ¿Todavía sigues esa dieta deportiva?
Eli asiente.
—Sip. Ayuno intermitente. Comeré esta noche.
—Bueno, ¿y qué tal tus patrocinadores y esa mierda? Ese vídeo tuyo sigue a tope.
—Sí, tío —interviene Jesse—. Ahora debes de tener a todo el mundo intentando contactar contigo.
Eli se encoge de hombros.
—Me estoy tomando un pequeño descanso. Aún lo estoy pensando.
No pasa por alto la mirada que intercambian Matt y Jesse en respuesta.
—Es demasiado —explica—. Son como miles de mensajes y demás, literalmente.
—Deberías buscarte un representante —sugiere Matt.
—Lo sé. Aunque creo que voy a esperar hasta que acabemos. Me voy a centrar en el último año… El circuito no se va a ir a ninguna parte.
—Tiene sentido —comenta Jesse, y Matt asiente.
Un cosquilleo le recorre la columna a Eli, por lo que asume que Dusty lo está observando, pero, cuando se vuelve para mirar, se sorprende al ver que Ophelia se dirige hacia la parte de la cafetería en la que se encuentra él.
Se endereza un poco en el asiento mientras una sensación inquietante le hormiguea en el pecho.
Sin embargo, la sensación se rompe en pedazos cuando ella le dedica una sonrisa y luego pasa por su lado y se detiene dos mesas más allá.
—¿Ben? —lo llama, de pie justo detrás del quarterback .
Él se levanta demasiado rápido y se golpea las enormes piernas con la silla con torpeza.
—Opi, hola —la saluda, frotándose la nuca, enrojecida de pronto.
Si Eli no estuviera en medio de un cóctel confuso de a saber qué emociones, se habría sentido mal por el chico. Salta a la vista que se le da fatal socializar fuera del campo.
—¿Te llegó mi mensaje? —escupe Ben mientras sus amigos se ríen con disimulo.
—Sí —contesta ella, sonriendo, claramente divertida por su falta de aplomo—. Perdona por no haberte respondido.
—Ah, no pasa nada —replica él; el rubor se le expande a las mejillas.
—Bueno —suelta Ophelia con el mentón bien alto—, me preguntaba si querías ir al baile de invierno conmigo.
Se produce un murmullo cuando uno de los amigos de Ben escupe el batido de chocolate.
—Oh —repone Ben, con las orejas también coloradas ahora—. ¡Sí! Me encantaría.
—Oooh —corean sus amigos mientras Matt le da un codazo a Eli en el brazo otra vez.
Cuando Eli lo mira, Matt asiente hacia él con complicidad.
—Ahora todo tiene sentido —suelta.
—¿El qué? —pregunta Eli, que tiene todos los vellos del cuerpo de punta por el enfado.
—El motivo por el que te juntas con tu ex todo el rato.
Eli espera con el ceño algo fruncido.
Matt se mete otra patata en la boca, la mastica un poco y luego añade:
—Te mola su hermana.
—¿Qué cojones dices, tío? No —replica Eli, sintiendo cómo se le forma una capa de sudor en la frente.
—Lo que tú digas —contesta Matt con una risita y mirando a Jesse con una sonrisa maliciosa.
Jesse sonríe, pero se muestra reservado.
—Tiene razón —comenta este, y después echa un vistazo a Ophelia, que vuelve como si nada a su mesa, donde Theo le lanza una sonrisa llena de orgullo.
De repente, Eli siente mucho calor. Se tira del cuello de la camiseta, pues nota como si le estuviera ahogando.
«Mierda. Creo que estoy enamorado de ella».
La admisión se le pasa por la cabeza con tanta rapidez que tiene que morderse la lengua para no decirlo en voz alta.
Recoge la mochila.
—Tengo que irme —suelta, y se va derecho a la salida.
—¿Qué ha dicho ella? —pregunta Mali, instando a Dusty a hablar con un codazo en las costillas.
Sin embargo, la chica apenas lo nota. Sigue con la vista clavada en su hermana con una mezcla de orgullo y una creciente sensación de aprensión.
La noche anterior, Opi descubrió su poder, su fuente de sangre.
Eso la liberó para averiguar lo que quiere y lo que es ahora, y esa independencia va a complicar que Dusty pueda protegerla.
—Dust, me estás matando.
Se gira hacia Mali.
—Le acaba de pedir a Ben Garrett que vaya con ella al baile de invierno.
—Nooo, ¿en serio? —medio susurra, medio grita Mali.
Hasta Will había sonreído ante lo nervioso que estaba Ben, y eso que ni siquiera había alcanzado a oír la conversación.
—La tía se ha marcado un tanto —comenta Mali, y luego susurra en un tono bajo—: ¿Crees que es por Eli?
Dusty se vuelve hacia su amiga, sentada a su lado.
—¿A qué te refieres?
—No sé. —Mali se encoge de hombros—. Él tiene ese tipo de confianza. Nunca vacila en perseguir lo que quiere. Y… sé que muchas cosas han cambiado para Op, pero ella jamás ha sido la clase de chica que va a pedirle salir al quarterback delante de todo el instituto.
—En primer lugar —susurra Dusty—, tú tienes ese tipo de confianza también.
En segundo… —echa un vistazo adonde se encuentra su hermana para asegurarse de que está hablando con sus amigos—, a Opi nunca le ha importado mucho lo que los demás opinen.
Solo porque su interés por los chicos aún no se hubiera despertado del todo no significa que jamás fuera a hacerlo…
Además, ¿se te olvida que probó la sangre de Ben en Halloween? ¿Justo delante de él?