White Mountain (Black River 2) 12. Inocencia y desconcierto #3
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12. Inocencia y desconcierto #3

—Papá, esto es absurdo —responde Dusty—. Eli es nuestro amigo. Ahora es como un hermano para mí, así que forma parte de mi vida. De nuestra vida. No ha hecho nada malo. —Suspira—. De verdad, tengo que irme. Te veré luego, ¿vale?

—Una cosa más —añade su padre con voz tan baja que a Opi le cuesta oírlo—. No habrás notado nada… extraño alrededor de la casa, ¿no?

—¿Extraño? —pregunta Dusty.

—Seguro que no es nada —duda—. Pero ¿no habrás visto…?

—¿El qué, papá? —insiste Dusty mientras a Opi se le vienen a la cabeza las posibilidades: «Una luz extraña, un orbe, ¿qué?».

—Una sombra —contesta. Dusty no dice nada, pero Opi se puede imaginar la cara de sorpresa de su hermana, porque su padre agrega—: Da igual.

—No, papá, cuéntame. ¿Puedes describir esa sombra? Quiero entender a qué te refieres.

—No es nada, cariño. No he estado durmiendo muy bien, eso es todo.

—Papá —insiste Dusty.

Hay un sonido de pasos.

—Ten un buen día, cariño —grita.

Lo sigue un largo silencio y, a continuación, el sonido de más pasos antes de que la puerta delantera se abra. Cuando Dusty sale, mira a Eli y a Opi con el ceño fruncido, examinando.

—¿Estás bien? —pregunta Opi.

Dusty intenta controlar la respiración al tiempo que se aferra al volante y pisa el acelerador a fondo.

La nieve limpia y fresca cubre el bosque y una niebla baja se desliza entre los árboles.

Hay una curva cerrada más adelante, pero está demasiado distraída para frenar.

Gira el volante con fuerza y las ruedas chirrían a lo largo de la carretera cubierta de sal, provocando que se sobresalte.

—Cálmate —murmura Eli desde el asiento trasero.

Dusty se fija en su hermana, después en Eli por el espejo retrovisor; y, por último, en la carretera otra vez.

Se queda callada al tiempo que trata de entender cómo su hermana y él han conseguido alimentarse el uno del otro y cómo es que no se ha enterado hasta que se ha topado con ambos esta mañana.

No obstante, que su padre haya mencionado una sombra, justo igual que Amber, le ocupa la mente…

, la agente…, Kristen…, Andrew Everett…, el recuerdo de su madre.

Es demasiado. Da un volantazo hacia el arcén de la carretera, intentando no pisar el freno muy fuerte mientras aminora, se para y se aferra al volante, tratando de recuperar el aliento.

—Dust —suelta Opi, poniéndole una mano en el hombro.

Siente cómo Eli la alcanza a través del vínculo, pero lo hace con prudencia. Con inseguridad. Ha captado destellos de lo que él ha pensado cuando la agente los ha interrogado, aunque ha sido como si activamente la hubiera bloqueado, provocando que le fuera imposible entender o concentrarse.

«Y sus colores», piensa, recordando la forma en la que los rojos y los naranjas de Eli se han extendido hacia los de Opi en cuanto este ha entrado en la habitación.

Luego, cuando han estado sentados en el sofá, prácticamente se ha sentido atrapada en una nube de tonos que se buscaban y se entrelazaban.

Sus colores brillaban con chispas, como una tormenta eléctrica en un horizonte neblinoso y de colores arcoíris.

Ha tenido que concentrarse en la agente con todas sus fuerzas.

—¿Podéis…? —dice entre jadeos—. ¿Podéis explicarme lo que ocurrió anoche?

Los colores de ambos cambian, pero su hermana habla primero.

—Anoche descubrí mi habilidad.

Dusty mira a Opi, cuyos colores se atenúan y brillan con calma.

—¿Cuál es? —pregunta—. ¿Qué sucedió?

—Bueno, después de encontrar a Kat, me sentía… agitada. Eli quiso sacarme de ese estado. Me llevó al desfiladero y, cuando saltamos al agua, sentí que algo era distinto.

Le explica lo que pasó; las palabras le salen tan rápido que a Dusty le cuesta seguirla. Eli permanece callado en la parte de atrás.

—Creo que se ha estado formando desde el principio —termi na, al fin disminuyendo el ritmo—. Pensé que solo eran mis senti dos agudizados, pero creo que las plantas han estado intentando comunicarse conmigo todo este tiempo. Me encontraba tan distraída por todo lo demás que no las escuchaba.

—¿Cómo? —espeta Dusty, maravillada por completo—. Ay, Op, eso es increíble, de verdad, es… Es perfecto para ti. Pero ¿tie nes idea de cómo funciona? De algún modo, resulta más descabellado que todo lo demás que ha ocurrido.

—No lo sé —responde su hermana—. Parece… magia. Creo que necesito algo de tiempo fuera, sola, para comenzar a entenderlo. Hoy después de clase.

Dusty asiente y, a continuación, se gira para mirar a Eli y luego a su hermana.

—Y… ¿cómo os sentís ambos hoy? ¿Creéis que ha funcionado de verdad? ¿Vuestra sangre será suficiente? Quiero decir… ¿Será lo mismo que cuando os alimentáis de Mali y Jesse?

Hay una pausa, y ella trata de ignorar el torrente de colores que la envuelve.

—Sí —contesta Eli al fin—. Es suficiente.

—Ha sido un alivio —añade Opi—. Me pareció maravilloso no sentirme mal por ello. Tomarla de alguien que lo entiende. Saber que le podía dar mi sangre a cambio.

Dusty asiente. Tiene sentido. Pero también sabe que ambos están callándose algo.

—Supongo que eso significa que, si tú quieres, también podrías alimentarte de alguno de nosotros —añade Eli.

Opi gira con brusquedad la cabeza para fulminarlo con la mirada, y, por el espejo retrovisor, Dusty ve la expresión de sorpresa en el rostro de Eli, seguido de una sonrisa que se ensancha poco a poco.

Dusty se da cuenta de que se le han contraído los músculos a modo de defensa, de repente sintiéndose muy protectora con Will y lo que comparten.

«Mío». La palabra gira a su alrededor, primitiva, irracional.

—O no —añade Eli, alzando las manos.

Opi se gira para mirar hacia delante, callada.

—Pero gracias —consigue contestar Dusty—. Tal vez si Will necesita un descanso, o lo que sea. De todas formas, es bueno saber que es una opción.

—Sí —responde Opi en un tono tranquilo, aunque sus colores reflejan lo contrario—. Y nos da tiempo a Eli y a mí para encontrar a nuestras… personas.

Eli tose a la par que Dusty arranca el coche, y cuando están circulando de nuevo, esta vez bajo el límite de velocidad, la chica dice:

—Es genial, Op. Tu habilidad. Y quién sabe lo que significa para ti y tu futuro. Imagina lo que serás capaz de hacer con un don como ese… con otras plantas, curar a gente o lo que sea, es perfecto para ti.

Opi asiente con los ojos aún en la carretera y el ceño arrugado, pensativa.