White Mountain (Black River 2) 12. Inocencia y desconcierto #2
50%

12. Inocencia y desconcierto #2

—Me temo que estamos aquí como portadores de malas noticias —se detiene, y, bajo su escrutinio, Opi empieza a sudar. Puede oler que Dusty y Eli también—. Estoy convencida de que ya se han enterado de que se descubrieron restos humanos cuando un árbol se cayó al pie de la montaña, ¿verdad?

Todos asienten, y el sonido de sus latidos acelerados comienza a llenar la habitación.

—Los advertí de que podría ser Kristen King —añade Chris—. ¿De eso se trata? ¿Era ella?

—Sí —contesta la agente—. Siento su pérdida. Supongo que eran amigos, ¿no?

—Ah, bueno, no la conocíamos mucho —responde Dusty—. Pero, gracias; aun así, es… devastador.

Cuando la agente aguarda un segundo, a Opi se le forma un nudo en la garganta. No se atreve a tragárselo.

—He venido a Black River a investigar lo que le sucedió a Kristen —prosigue—. También me encargaré del asesinato sin resolver de Andrew Everett.

Opi está bastante segura de que se acaba de disociar de su cuerpo, porque ya no puede sentir cómo respira.

Pero entonces comienza a oír el ruido sordo de un pulso en los oídos y se obliga a asentir, forzando a que su rostro componga una expresión tanto de simpatía como de perplejidad.

«No has hecho nada. No has hecho nada», se repite a sí misma.

—¿Cree que los dos casos están relacionados? —pregunta Chris.

Brookes baja la vista a su taza de café y, por algún motivo, hace que el nudo en la garganta que tiene Opi se duplique de tamaño.

—Esa es la cosa —responde la agente Reed—. El único vínculo entre ellos son ustedes dos. —Agarra una taza de café de la mesita y, a continuación, da un sorbo mientras observa a Dusty y a Eli.

Opi mira hacia el lado para ver cómo se les alzan las cejas a ambos y después componen unas miradas de inocencia y desconcierto. No parecen estresados, pero es capaz de oír cómo les aumenta el pánico.

De repente, siente un tirón en su interior, un cambio en sus emociones, una sensación de antesala de algo. Como si se estuviera preparando a sí misma. La sensación le recorre las venas y el corazón, arrastrada por la corriente de la fuerza que ha reunido desde anoche. Desde que se alimentó de Eli.

Alza los dedos para taparse los labios, reprimiendo una respi ración temblorosa mientras se pregunta si es posible que, de algu na manera, lo que hicieron le permita a ella sentir lo que él siente.

A su lado, ve a Eli inclinarse hacia delante, apoyar los codos en las rodillas y observarla. Se miran a los ojos por primera vez hoy, intercambiando la misma curiosidad.

Chris se acerca un paso más.

—¿En qué sentido? —pregunta—. ¿Porque iban al mismo instituto que Kristen y dio la casualidad de que acamparon a unos kilómetros de donde el señor Everett desapareció? —Baja la vista a Brookes, que todavía no alza los ojos—. Eso es una conclusión apresurada, por decirlo amablemente, ¿verdad, Barry?

—Eso —apunta la agente, tranquila— y el hecho de que viven aquí, en la montaña, donde se encontró el cuerpo de la señorita King.

Chris se ríe por la nariz.

—¿Hay nuevas pruebas sobre el señor Everett o algo así? Porque eso a mí sigue sin parecerme mucho.

Brookes se remueve en su asiento mientras los ojos de la agente permanecen en el padre de Opi.

—Aún no —responde ella.

—Entonces ¿está aquí sin basarse en nada más que una corazonada? —pregunta Chris.

—Chris, siéntate, por favor —le pide el ayudante Brookes, que al fin hace contacto visual.

El padre de Opi no se mueve.

La agente suelta una carcajada.

—No los estamos acusando de nada, señor Silver. Solo tengo unas preguntas que hacerles, eso es todo.

—Eeeh, ¿no deberían estar aquí mis padres para eso? —pregunta Eli.

La agente Reed sonríe.

—Tiene dieciocho, ¿no?

Él asiente.

—Entonces, no. Pero no se preocupe, esto es muy informal, señor Blake.

Solo me estoy orientando. Llegué al pueblo ayer, ¿saben?

Todavía me estoy poniendo al día. —Deja el café en la mesita y luego observa a los tres adolescentes mientras continua—: Bueno, ¿dicen que no eran cercanos a la señorita King? ¿Cuál era su relación, entonces?

—Pues… —empieza a responder Dusty—, Opi apenas la conocía, ¿verdad, Op?

Su hermana sacude la cabeza.

—No —contesta—. Sabía quién era, como todo el instituto, pero jamás hablé con ella.

Es cierto, si no tiene en cuenta la noche en la que Kristen falleció.

—¿Y usted? —le pregunta la agente a Dusty.

—Eh, bueno, era un año mayor que yo, así que tampoco me relacionaba mucho con ella en el instituto. Pero mi amiga Mali tuvo una especie de… relación con ella durante poquísimo tiempo, así que hablamos un par de veces debido a eso.

La agente saca su teléfono y escribe algo. Instintivamente, Opi se inclina hacia Dusty para que sus hombros se toquen. No ayuda al calor sofocante de la habitación, pero reconforta de igual forma.

—¿Y cuánto tiempo hacía de eso cuando desapareció la señorita King? —pregunta la agente.

—Ah, hum, muy poco, creo —replica Dusty—. Pero su relación no llegó a ir a ningún lado en realidad. Más bien se quedó en… nada. Aunque en buenos términos, porque Mali y yo fuimos una tarde a saludarla no mucho antes de que ella… De que desapareciera.

La agente alza la vista.

—Entonces ¿no la conocía antes de aquello, a pesar de que vivían en la misma montaña?

Dusty sacude la cabeza.

—Es una montaña grande —replica su padre.

La agente escribe algo en su teléfono otra vez antes de mirar a Eli.

—¿Y usted, señor Blake?

—Ah, la conocía de vista, como la mayoría de la gente.

—¿De qué manera? —pregunta la mujer.

—Bueno, se… implicaba mucho en el instituto. Comités, deportes, clases. Era como la presidenta de todo. Además, era guapa, ya sabe. Al menos, ese era el consenso general.

Opi siente cuánto desea poner los ojos en blanco.

—Algunas veces, fuimos a las mismas fiestas —se apresura a añadir—. Pero, como Dusty, yo soy un año más pequeño que Kristen, así que no llegué a conocerla bien ni nada.

La agente permanece observando a Eli durante un largo instante, y Opi nota el motivo sin siquiera mirar. Él tiene los ojos clavados en la mujer enfrente de él, buscando, probando.

—Vale —dice Chris—. Estos chicos tienen que marcharse a clase pronto. ¿Hay algo más?

Ella parpadea, liberada de la mirada de Eli, y luego sacude la cabeza un poco mientras frunce el ceño.

—No —responde—. Creo que eso es todo lo que necesito por ahora. —A continuación, se pone de pie y deja una tarjeta en la mesa—. Pero estoy segura de que nos volveremos a poner en contacto pronto.

La advertencia no pasa inadvertida para nadie, y se despiden con tensión antes de que los agentes se marchen.

Eli suelta un suspiro largo y exagerado y, acto seguido, se levanta.

—Deberíamos irnos.

Dusty asiente, poniéndose de pie para marcharse también, cuando su padre dice:

—¿Podemos hablar, Dust?

Opi y Eli intercambian una mirada, vacilantes, pero, cuando ella se gira hacia la puerta principal, él la sigue.

—Ah, un segundo —dice, dirigiéndose primero a la cocina a por una infusión para Kat.

Mientras la mete en la mochila, alza la vista hacia Eli, reparando en el modo en el que la está examinando con los ojos abiertos.

Ella presiona los labios e intenta no mostrar el calor que le provoca su mirada y, después, salen afuera para, supuestamente, darle a Dusty y a su padre un poco de privacidad.

Se quedan en el camino cubierto de nieve, esperando sin decir ni una palabra. Opi siente que la conciencia aún fluye entre ellos. Es como si su sangre y su respiración fueran una.

—¿Sabes lo que le ocurrió a ese hombre? —le pregunta su padre a Dusty dentro.

Opi y Eli giran la cabeza para mirarse el uno al otro, sorprendidos y desconcertados por la pregunta tan directa y el tono cortante de Chris.

—¿Qué? —oyen a Dusty soltar igual de perpleja.

—Supongo que yo también tengo una corazonada —responde él.

A Opi la invade una sensación de desasosiego en las venas que hace que la cabeza le vaya a mil. ¿Por qué no lo ha mencionado antes?

—¿Por eso le mentiste a Brookes sobre dónde se encontraba el claro? —pregunta Dusty.

Opi lo recuerda: su padre le había contado al ayudante Brookes que el claro se encontraba mucho más lejos de la cabaña en la que desapareció Andrew Everett de lo que en realidad se hallaba.

—Sé que no harías daño a nadie, Dust —le explica su padre—. Mentí porque no quería que te vieras en medio de lo que parecía una investigación por asesinato, y creí que el hecho de que tú estuvieras allí era tan solo una puñetera coincidencia.

—Entonces ¿qué…? ¿Por qué me lo preguntas ahora?

Hay una larga pausa antes de que su padre diga:

—Porque, desde ese fin de semana, hay algo diferente en ti.

No es que sea malo, pero la agente estaba en lo cierto.

Que huyas así, después regreses actuando de manera distinta el mismo fin de semana que un hombre acaba muerto muy cerca de donde Eli y tú os encontrabais…

Es… complicado no pensar que existe una conexión.

Opi se envuelve los brazos alrededor del vientre, intentando apaciguar la tensión nauseabunda. De repente, Eli se acerca a ella y siente un cosquilleo en las venas. Por el rabillo del ojo, ve que el chico acerca una mano a ella poco a poco, pero luego la aparta a medida que su padre continúa.

—Hablando de Eli —añade—. No estoy diciendo que todo esto esté directamente relacionado con él, pero todavía no me inspira confianza.

Solo tengo un mal presentimiento sobre él.

¿Y has visto la manera en la que ha mirado a la agente?

Es… ¿Por qué sigue por aquí ahora que estás con Will? Él sí me cae bien.

Ahora es Opi la que siente la necesidad de tocar a Eli. Aprieta el puño para detenerse mientras lo imagina la noche en la que se alimentó de su padre. Eli sosteniéndolo, tranquilizándolo y bo rrando el horror de su mente.

Siente que él se calma, y se pregunta si está sintiendo la gratitud de ella.