White Mountain (Black River 2) 10. Hambre, caza, presa #2
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10. Hambre, caza, presa #2

Eli ladea la cabeza, tratando de entender lo que está sucediendo. Sin embargo, en un momento de pausa, Ophelia vuelve a mirar hacia abajo, se inclina y abre la boca.

—No —gruñe, y está a su lado en un segundo. Estira los brazos para apartar a Ophelia, pero se detiene en seco. Se agacha para ver con más claridad y se percata de que la otra chica es Kat y de que Ophelia no se está alimentando de ella para nada. Le está lamiendo la herida.

Kat parpadea, intentando ver lo que le ha ocurrido. La nieve dispersa bajo su pelo se está volviendo rosa debido a la sangre. Eli saliva, deseando haberse alimentado de Jesse la otra noche. La idea de esperar unos cuantos días más ahora le parece imposible.

—No pasa nada —la calma él, tratando de centrarse en el hecho de que Kat se encuentra herida—. Te está curando.

—¿Qué…? —empieza a decir Kat, visiblemente desorientada al tiempo que intenta erguirse. Sin embargo, tiene la mano de Ophelia en el pecho, manteniéndola con firmeza en el sitio.

Cuando Opi se retira, alza la vista hacia Eli, y sus enormes ojos marrones reflejan una luz del interfono cercano.

Se le acelera la respiración, su pecho sube y baja mientras sus cuerpos en conjunto crean una nube de vaho a su alrededor.

Tiene sangre en torno a los labios y la barbilla, y aunque Eli puede oír a Kat moverse debajo de ellos, no es capaz de apartar los ojos de Ophelia.

—Lo he conseguido —dice, fascinada—. No he… He podido contenerme.

Eli abre la boca para hablar; no obstante, no le sale ni una palabra porque el pecho se le encoge en un puño. «¿Siempre ha sido así de guapa?», se pregunta.

—Pero tú… —prosigue, bajando los hombros al tiempo que el asombro se desvanece de su rostro—. Tú nunca confiarás en mí, ¿verdad? Jamás serás capaz de olvidarte de aquella noche con mi padre.

—Yo…

—¿Qué ibas a hacer, contenerme? —pregunta con frialdad a la vez que rompe el contacto visual para ayudar a Kat a levantarse—. ¿O llamar a Dusty para que me llevara a casa?

Eli aprieta los dientes en el instante en el que Ophelia se yergue, levantando a Kat con ella.

A la chica le tiemblan las rodillas, y Eli la sujeta del brazo para ayudarla a sostenerse.

La herida de la sien se le ha curado por completo, pero tiene el cabello pegajoso por la sangre.

Él siente que le palpitan los dientes y la boca se le hace agua.

—Has perdido mucha sangre —dice Ophelia. De pronto, se gira hacia el bosque como si hubiera oído algo. Aguarda un momento y, luego, sacude la cabeza antes de volverse a girar hacia ellos.

Al observarla, Eli se da cuenta de que, aunque parezca tranquila y con la situación controlada, el corazón todavía le late desbocado y no deja de apretar la mandíbula ni de mover la garganta mientras traga sin cesar.

—¿Me has… lamido? —pregunta Kat; es evidente que sigue conmocionada. Mira a Ophelia de arriba abajo, a la nube de vaho irreal que la rodea y su vestido antiguo. «¿O es un pijama?», se pregunta Eli.

Este agarra a Kat de los hombros y la gira para que lo mire.

—Kat, sé que parece dar miedo, pero… —Se inclina para que sus ojos estén al mismo nivel que los de ella.

Kat se queda mirándolo, aturdida, y a él le toma un segundo sentir cualquier atisbo de conexión con ella.

Cuando lo hace, se aferra a ella y, con la mirada fija, le dice—: Te has resbalado y te has caído.

Cuando te hemos encontrado, ya tenías la herida curada.

No has visto a Ophelia hasta que te ha ayudado a levantarte.

Ha sido una suerte que estuviéramos aquí para ayudarte.

Kat asiente y relaja los hombros bajo las manos de Eli mientras se le suaviza la expresión.

—Gracias por ayudarme —responde.

Eli cierra los ojos, liberando su mente con suavidad. Lo único que puede oír son los latidos del corazón de Ophelia. Cuando se gira hacia ella, tiene la vista fija en la sangre en el suelo y los puños apretados.

En el fondo de su mente, atisba una conciencia. Familiar. Alarmada.

—Joder —suelta—. Viene Dusty.

Ophelia desvía su atención a él, con los ojos como platos.

—No puedo… No quiero que me vea así. —Mira a Kat, incapaz de decir a qué se refiere en voz alta.

Pero Eli lo sabe.

Aunque no ha hecho nada malo, no quiere que Dusty presencie lo cerca que se encuentra de perder el control. No desea que ella vea que está hambrienta.

Con los ojos aún clavados en Ophelia, Eli suelta:

—Kat, tenemos que marcharnos. Dusty vendrá en un minuto.

Will también. Métete en tu coche y enciende la calefacción.

Has perdido mucha sangre, así que será mejor que no conduzcas todavía, ¿vale?

—Como Kat no responde, aparta la vista de Ophelia y se gira hacia ella—. ¿Vale? —repite con más urgencia.

Ella asiente.

—Meterme en el coche. Encender la calefacción. Esperar.

—Bien —contesta. Después, le dice a Opi—: Vámonos.

Dusty mira a través de la ventanilla del coche con los ojos entrece rrados.

El olor a sangre y a Opi y Eli está por todos lados.

Si no hubiera sentido a su amigo afirmándole que estaban a salvo y que ella tenía que cuidar de Kat, aún se encontraría en pánico.

Ahora, lo que se le ha instalado en el estómago es más bien un escalofrío debido a una corazonada.

—¿Kat? —pregunta Will, dándole golpecitos al cristal de la puerta del coche.