White Mountain (Black River 2) 9. Soy mía #3
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9. Soy mía #3

Se produce una pausa mientras se quedan mirándose con los labios esbozando sendas sonrisas.

Una parte lejana de la mente de Eli sabe que esta interacción puede considerarse dulce o encantadora, pero la parte más fuerte y más dominante de su cerebro le grita: «El quarterback da un mal rollo que flipas, ¿cómo es que no lo ve? ».

De repente, Ophelia rompe el contacto visual y mira hacia abajo cuando un mechón dorado castaño le cae por la cara. Al chico se le contrae la mano, como si quisiera alargarla y ponerle el cabello detrás de la oreja. Para alivio de Eli, no lo hace, porque Ophelia cierra la taquilla.

—Tengo que irme —suelta de forma abrupta. Le dedica al quarterback una ligera sonrisa. Eli intenta ignorar el modo en el que el corazón le da un vuelco al verla—. Gracias por la oferta — aña de, y luego se marcha con la atención del muchacho sobre ella has ta que la pierde de vista.

Es obvio que le produce un efecto similar a Eli, porque todavía está ahí plantado como un imbécil cuando la chica dobla la esquina y pasa junto a él.

—¿Listo para informar a mi hermana? —pregunta sin mirarlo siquiera.

Eli se frota la cara con una mano antes de decidirse a ir trotando tras ella.

En cuanto dejan a Eli en su casa, Dusty nota la tranquilidad de su hermana. Apenas se había movido en todo el camino de vuelta, y sus colores se agitaban en dirección opuesta a Eli, que iba detrás.

—¿De veras es tan malo?

—¿Quién? —pregunta, mirando distraída por la ventanilla.

—Eli.

Los colores de Opi se sacuden una vez más de una forma que Dusty, normalmente, interpretaría como hambre. Sed. Pero tanto Opi como Eli son sangredependientes, así que no puede tratarse de eso.

Es consciente de que ser supersensible a los sentimientos de la gente puede conllevar interpretaciones erróneas.

Ella solo vislum bra la esencia del sentimiento, no la miríada de cosas que ha lleva do a su creación.

También sabe que algunas veces ve cosas de los demás de las que aún no son conscientes ellos mismos.

Aun así, los colores de Eli habían estado actuando de manera extraña también. Como si estuviera obligándose a mantenerse alejado de Opi, en un patrón muy parecido al de cuando tiene miedo.

—Siempre dices «de momento» —replica Opi, que, por lo que se ve, ignora la pregunta—. ¿Crees que habrá un después cuando todo esto acabe? ¿Que no seremos un secreto para siempre?

Dusty dirige el coche hacia el camino de entrada.

—Hasta en nuestra casa —añade Opi—, a menos que se lo contemos a papá, siempre estaremos viviendo una mentira.

Dusty apaga el motor.

—¿Qué me estás preguntando?

—Supongo que quiero saber si alguna vez voy a poder acercarme de verdad a alguien. Si en serio tengo que ignorar mis sentimientos como tú hiciste con Will. Porque, en caso de que se te haya olvidado, eso casi te mata.

—Op, yo no me alimentaba entonces. Al menos, no de una persona. Eso fue lo que casi me mató.

La hermana menor se calla sin hacer ningún movimiento para salir del coche mientras contempla el bosque cubierto de nieve.

—¿Esto es por Ben? ¿Crees que así es como te sientes con él? —cuestiona—. ¿Que es lo mismo que yo sentía con Will?

Opi arruga el entrecejo, mordiéndose el labio inferior.

—No. Todavía no. Pero ¿cómo lo voy a saber si no puedo siquiera llegar a conocer a nadie? Ahora mismo, siento como si… Me gusta la forma en la que Ben me hace sentir, y me gustaría conocerlo sin esta sensación… Sin temerme a mí misma.

—¿Tienes miedo por lo que ocurrió con papá?

Opi traga saliva y después asiente; no obstante, por sus colores, parece que hay algo más. Algo que a Dusty se le está escapando.

—Incluso aunque no dudara de mí misma, es como si tú y Eli me vigilarais todo el tiempo, como si esperarais que la fastidiara, y yo…

—Te prometo que no es así.

Opi sigue sin mirarla.

—Oye —insiste Dusty, intentando atraer la vista de su hermana—, no es así. Te vigilamos porque yo tengo miedo. De la premonición, de lo desconocido y del peligro muy real que pare ce acechar nuestras vidas ahora. ¿Sabes que Eli y Mali han hablado hoy con Amber?

Por fin, Opi se vuelve y busca a Dusty con curiosidad.

—Les ha hablado de JD… De cómo fue para ella ser su trans formada, de cómo se sentía cuando él estaba aquí. También ha di cho algo que su madre no para de mencionar. Algo relacionado con una sombra.

Opi inclina la cabeza de modo interrogante.

—Yo… —Dusty duda, no muy convencida de que lo que le ronda por la cabeza desde que Eli le ha enseñado lo que ha dicho Amber valga la pena contarlo.

—¿Qué? —pregunta Opi.

—Seguro que no es nada…

—Genial. Entonces, no pasará nada por que me lo cuentes.

Dusty sonríe.

—Vale, bien. Cuando Amber mencionó la sombra, lo primero que se me vino a la cabeza fue la noche que estabas acostada y ha bía… una figura allí.

Al instante, los colores de Opi se oscurecen, revoloteando como si estuvieran en sintonía con los latidos de su corazón.

A Dusty jamás se le olvidará lo mucho que se asustó cuando Opi le contó por primera vez que se había despertado y había visto a alguien cerniéndose sobre ella en la oscuridad.

—Mencionaste que te arrastró de la cama hacia sí, ¿no? —dice Dusty; el asco le rezuma por los poros ante la idea.

—Sí. Luego se escuchó algo en tu habitación. —Observa a Dusty—. Creo que en realidad era Eli colándose en tu cuarto. De todas formas, cuando volví a mirar la figura se había ido.

—Cierto, pero también dijiste que cuando la figura tiró de ti, no sentiste manos tocarte. No sentiste nada de nada. Como si estuviera, pero a la vez no, ¿verdad?

Opi asiente de nuevo.

—Como una sombra.

La manera en la que se le oscurecen los colores hasta casi tornarse negros hace que a Dusty se le erice la nuca.

—Podría no tener nada que ver con esto o no ser nada —comenta con la garganta de pronto seca—. Pero, no sé… No logro quitármelo de la cabeza. Siempre me ha molestado no saber quién o qué era.

—¿No habíamos asumido que se trataba de la presencia?

—Tal vez lo era. Fue justo antes de que viniera el orbe y te cambiara. Por lo que ha dicho Amber, parece que JD podría haberla visto también antes de cambiar, pero no después. Aunque también ha mencionado que su madre suele decir cosas raras, así que quién sabe.

Opi tiene los ojos abiertos de par en par y con una expresión de recelo cuando asiente.

—Lo que quiero decir es que no te enfades por que Eli te vigile. Solo intentamos ir por delante, mantenerte a salvo. He visto lo que va a ocurrir y, de algún modo, tú estás en el centro.