9. Soy mía #2
Eli cae en que esa debe de ser la chica del violonchelo que buscaba a JD. Kat, cree.
Mali sigue caminando y Eli ve cómo Kat y sus amigos intercambian miradas de confusión y emoción hasta que la muchacha atraviesa las puertas batientes junto a él.
El chico sonríe.
—¿Qué? —pregunta Mali, mirándolo mientras se encaminan hacia la biblioteca.
—Supongo que esa era Kat, ¿no?
—Sí —responde Mali con demasiada indiferencia.
Él olisquea el aire en su dirección.
—Creo que alguien podría tener un flechazo…
Mali lo corta, riéndose.
—Si ni siquiera sabe quién soy.
—¡Ja! —Él suelta una carcajada, sonriendo ahora de manera cómplice—. Me refería a ti. Tienes un flechazo.
—¿Yo? —pregunta con incredulidad—. Si solo le he dicho «hola».
—Ya, ya, claro —responde—. Quizá alguien más se lo trague, pero sabes que, al ser superhumano y eso…, sé cosas. Literalmente, lo huelo en ti.
Ella pone los ojos en blanco y hace un gesto con la mano para quitarle importancia, pero en su mirada hay un brillo cuando dice:
—Sabía que lo que erais se te iba a subir a la cabeza de un modo u otro.
El chico todavía sonríe al entrar en la biblioteca. Eli no se molesta en oler a Amber; ya sabe dónde la encontrará.
Se aproxima del tirón a la última fila de estanterías. La chica está sentada con las piernas cruzadas en el suelo, inclinada sobre el portátil con unos auriculares con cancelación de ruido puestos.
Eli se agacha delante de ella como si se acercase a un gato asustadizo. Amber alza la mirada para encontrarse con la suya y con la de Mali después, y se quita de mala gana los cascos.
—Dusty ha tenido una visión de JD —dice Eli.
—Directos al grano, supongo —murmura Mali.
Amber se sienta un poco más erguida.
—Ah, ¿sí?
Mali, con más tacto, pregunta:
—No tienes ni idea de dónde podría estar, ¿no?
Amber sacude la cabeza.
—No he sabido nada de él. Y yo aún no he tenido una… visión, como Dusty y tú —le explica a Eli. En cierta manera, huele su tristeza—. Pero puedo sentirlo —añade.
Se queda callada un momento.
—¿Sentirlo? —pregunta Mali.
Amber mira hacia algún lugar entre las filas de libros de forma ausente, distraída. Perdida.
—¿Cómo es? —pregunta Eli, tratando de no sonar impaciente.
Amber se estremece sin esconder el efecto que JD sigue teniendo sobre ella.
—Como una voz silenciosa que siempre me llama. Durante el fin de semana, la sentí… más fuerte. —Hace una pausa antes de preguntar—: ¿Qué ha visto Dusty?
Eli vuelve a mirar a Mali, preguntando si debería contárselo. La chica se encoge de hombros, así que él lo interpreta como un sí.
—Ha transformado a alguien. Justo como lo hizo contigo.
Amber permanece callada, procesándolo.
—Dusty también ha tenido una premonición —explica Mali— . De Opi en el futuro. Estaba en peligro y asustada, y creemos que podría tener que ver con que JD esté creando a más como tú.
Eli se pregunta si Mali se está guardando el detalle de que son seis porque le preocupa que Amber no pueda manejarlo.
Esta asiente despacio con los ojos vidriosos.
Mali pregunta con suavidad:
—Queríamos saber si podrías contarnos cómo fue para ti. Cómo es ser una…
—Transformada —termina Eli.
Amber se ríe por la nariz.
—¿Eso es lo que soy?
Mali ignora la pregunta.
—Tenemos que comprender lo que significa. Cuáles son las implicaciones.
Amber suspira.
—¿Creéis que lo sé? No tengo ni idea de por qué esa cosa que os ha cambiado le habría dado a él el poder de hacer eso.
—La presencia —aclara Mali.
Amber resopla y Eli se da cuenta de que ponerle un nombre no desmitifica lo que la presencia es en realidad.
—No creo que sea así —responde él, sacudiendo la cabeza—.
Al menos, no creo que la presencia nos haya dado nada.
Después de haber cambiado, nuestras distintas habilidades se han desarrollado a partir de rasgos que ya teníamos.
Yo siempre he sido per suasivo, así que ahora lo soy de forma excesiva.
Dusty siempre ha sido sensible a las emociones, empática, por lo que ahora puede ver las emociones de la gente y sus pasados y sus futuros.
Kristen era muy centrada y disciplinada, por lo que ahora tiene…
¿Cuál era la palabra? —pregunta, volviéndose hacia Mali.
—Telequinesis —responde ella bajito.
Por la mirada de su cara, Eli se pregunta si Mali está pensando en el momento en el que Kristen la protegió al arrojar a JD una roca con nada más que su mente o cómo este le rompió el cuello a Kristen justo después. Se pasa la mano por la cabeza, intentando no distraerse.
—Y JD estaba necesitado —agrega Mali con frialdad—. Estaba solo, desesperado por complacer, y, por lo que se ve, esa necesidad se desarrolló en una habilidad para crear a sus propios… amigos. Familia. Novias. Lo que sea. Lo hizo contigo, y ahora lo ha repetido con otra chica.
Amber se queda mirando. En el silencio que sigue, el ruido blanco de las luces de arriba parece intensificarse.
Mali exhala.
—Lo siento, pero es lo que es.
—Pues yo no tengo ninguna habilidad especial, si eso es lo que me estáis preguntando —responde Amber.
—Ophelia tampoco —replica Eli a modo de consolación.
—Pero la tendrá —repone Amber—. No es como yo.
—Entonces ¿cómo es? —insiste Eli, que quiere algo, lo que sea, que ayude a llenar los huecos de lo que está pasando.
—¿Ahora que ya no está o mientras estábamos juntos?
Eli se encoge de hombros.
—Supongo que las dos cosas.
Amber suelta un suspiro largo mientras piensa.
—Cuando aún se encontraba aquí, no era como si pudiera controlarme.
No del todo. Era más bien como si yo… Como si yo sintiera lo que él quería, y yo lo quisiera también.
Como si mis sentimientos fueran los suyos.
Seguía teniendo voluntad propia. Es decir, no tenía que hacer nada.
Era más bien que quería hacerlo porque él quería.
Estaba en sintonía con él. Casi como… como si hubiera absorbido una parte enorme de mí.
No es lo mismo que lo de Dusty y tú —añade Amber, tal vez al darse cuenta de la manera en la que Eli frunce el ceño—.
Lo que vosotros tenéis funciona en los dos sentidos.
Yo no creo que JD estuviera al tanto de mis sentimientos.
Pero no me importaba, porque… —Cierra los ojos mientras piensa.
—Porque ¿qué? —pregunta Eli con un tono cada vez más lleno de frustración.
—No importa —contesta ella, dejando caer los hombros—.
Lo seguí a ciegas, y hasta que Dusty no me dijo que había matado a su padre…
Fue como si el hecho de que me hubiera escondido eso me abriera los ojos lo suficiente para verme a mí misma de nuevo.
Para ver que no tenía por qué hacer todo lo que decía, incluso aunque sintiera que quería hacerlo.
—¿Y ahora que se ha ido? —pregunta Mali.
—Me siento vacía —responde ella con total naturalidad—. Como si me faltara una parte de mí que no necesariamente quiero recuperar.
—¿Por qué crees que podría volver? —cuestiona Eli.
Sin ningún ápice de duda, Amber contesta:
—Por su madre. —Niega con la cabeza—. Ella no estaba bien. Y no me refiero solo a que no se quiere ir de la casa. No… No paraba de preguntarle a JD si seguía viendo «la sombra».
Eli mira a Mali cuando la chica pregunta:
—¿A qué te refieres con la sombra?
—No lo sé. Parecía creer que JD había visto algo antes de cambiar.
Cuando él le respondió que no, se mostró tan aliviada que parecía que le habían aligerado la carga que sentía por aquello en lo que él se había convertido, por lo que me estaba haciendo a mí, por lo que le estaba haciendo a ella.
Y, en retrospectiva…, incluso por lo que le había hecho a su padre.
Fuera lo que fuera la sombra, tenía pinta de ser lo más importante para ella.
—¿Y tú nunca la viste? ¿La sombra esa? —pregunta Eli.
—No. No sé de qué hablaba ella, y JD tampoco parecía tenerlo muy claro. En mi opinión, su salud mental llevaba mal un tiempo, y creo que JD pensaba que su madre solo estaba paranoica o algo así. Como si siempre dijera cosas raras. Como si no fuera nada.
El timbre del final del día suena y los estudiantes salen en tropel de clase hacia el aparcamiento para volver a sus casas. Eli va por un pasillo vacío cuando detecta el olor de Ophelia, que lo conecta al tenue sonido de su voz. Por acto reflejo, comienza a seguirlo.
Conforme se acerca, su tono le impacta. Es diferente al habitual. Más suave, más dulce, más bajo, con un deje de…
Disminuye el paso cuando oye una voz grave responderle. El quarterback .
Eli se aproxima en silencio lo máximo posible al final del pasillo y, acto seguido, se asoma despacio por la esquina.
Ophelia está delante de su taquilla abierta, sosteniendo contra el pecho un montón de libros entre los brazos.
Lleva la mochila encima, y la tela del vestido —verde, cubierta de florecillas en tonos dorado y crema— se mece con sutileza mientras habla.
No se había fijado cuando la había visto antes, pero tiene botones desde el cuello hasta el dobladillo, que cae justo por encima de sus rodillas desnudas.
No sabe por qué los botones le parecen una distrac ción; sin embargo, por algún motivo, le ha entrado un sudor frío.
La chica lleva las caderas hacia un lado para apoyarse la pesada carga de libros que sujeta, y se ríe de algo que ha dicho el quarterback .
Es entonces cuando Eli recuerda que puede escucharlos.
—Te puedo pasar mis apuntes si quieres —le ofrece el quarterback —. Para el año que viene, digo. Por si quieres ir adelantada o algo así.
—¿Por qué piensas que necesito tus apuntes? —pregunta ella—. Resulta que Biología es lo que mejor se me da.
Eli detecta la sonrisa de su voz, y eso hace que le brote una nueva capa de sudor por los poros.
—No lo dudo —responde el quarterback , cambiando el peso de un pie al otro para acercarse más a ella—, pero resulta que también es lo que mejor se me da a mí y que soy el rey de los apuntes. La gente pagaría un pastón para conseguir mis apuntes al principio del último año.
—Ah, ¿sí? —pregunta Ophelia.