9. Soy mía
Soy mía
Dusty se mira en el espejo del baño. Debería tener los ojos rojos por haber estado mirando la pantalla la mayor parte del día de ayer y anoche, pero el blanco de sus ojos es puro y brillante. Le hace preguntarse qué aspecto tendrá JD.
Aún puede sentir su abrumadora fuerza. Seguro que se ha alimentado por lo menos unas cuantas veces para que lo note tan distinto.
Se pregunta cómo de cuidadoso o imprudente es.
Si es tan arrogante que ni siquiera se le pasa por la cabeza que lo atrapen, sin importarle que, si lo hicieran, conduciría a las autoridades a la White Mountain.
No solamente está propagando lo que realmente son como si fuera una enfermedad. No solo va detrás de su hermana por algún motivo desconocido. También se está arriesgando a exponerlos a todos.
Abre el grifo y luego se echa agua fría en la cara, pero eso no impide que siga pensando en él.
Se ha preguntado a menudo si su comportamiento desde el principio se debe en parte a que nunca se ha contenido como ella lo ha hecho.
Fue el primero en alimen tarse, mató a su padre durante los días que estaba cambiando y, tras aquello, continuó alimentándose cuando quería.
Jamás se ha resistido. «Igual es que él es así —piensa—.
Igual es que ha nacido así y lo educaron para convertirse en esto».
Entonces, recuerda el poder que brotó de él cuando mordió a aquella chica. No se trataba solo de la sangre, sino también de que sabía lo que le ocurriría después. Sabía que se volvería suya.
Suenan unos pasos en el rellano, seguidos de un golpe en la puerta.
—Pasa —dice.
Opi entra en el baño, dubitativa.
—¿Qué tal anoche? —pregunta—. ¿Alguna pista?
Dusty suspira y se gira de nuevo de cara a su reflejo mientras Opi entra, se pone a su lado y coge un cepillo para desenredarse el largo cabello.
Ella niega con la cabeza.
—Hay un montón de gente desaparecida, pero nadie ha mencionado nada sobre un cadáver al que le hayan drenado la sangre.
Tras la visión, Eli y ella han coincidido en que los árboles, la hora del día y la nieve que ella había visto en la visión de JD no eran muy diferentes de donde se encuentran ahora, en el norte del estado de Nueva York.
JD debe de estar por aquí cerca o hacia el norte.
Dusty se ha tirado la noche repasando lo que parecía cada noticia de la última semana en el norte del estado de Nueva York, Vermont y los alrededores de Montreal y Ottawa en busca de algo que pudiera conducir a su ubicación.
Ha puesto especial atención a las de excursionistas.
Como a los que Amber y él cazaron antes de marcharse.
—A lo mejor no los está matando —comenta Opi, pasándose el cepillo por el pelo—. Tal vez se alimenta de ellos y luego se va.
Dusty no menciona que es más probable que haya noticias al respecto en el caso de ser así. Tampoco le cuenta que, después de r endirse en la búsqueda de JD, se ha tirado dos horas rastreando pistas inverosímiles que conducen a su madre. Pero, como siem pre, no eran más que callejones sin salida.
Contempla a su hermana en el espejo por un instante.
La piel de Opi es un tono más oscuro que la de Dusty, sin apenas pecas.
Tiene el pelo más claro, el cuerpo más esbelto, las extremidades más alargadas y los ojos más grandes.
Sin embargo, también comparten un montón de similitudes.
Los mismos pómulos marcados, las pestañas oscuras y la cara con forma de corazón, rasgos de su madre.
Como de costumbre, el parecido le provoca a Dusty un sentimiento agridulce de consuelo.
También le hace darse cuenta de que, aunque antes solía ver a su hermana primero como a una amiga y luego como a una hermana pequeña, Opi lleva razón al afirmar que, desde que cambió, es posible que Dusty haya adoptado el papel de hermana mayor protectora con demasiada firmeza.
El incidente con su padre no ha sido de ayuda. Como tampoco lo es el que los colores de Opi no se asienten nunca, ni siquiera después de alimentarse de Mali.
Sabe que tiene que concederle más tiempo.
Solo han pasado unos pocos meses, y, mientras Dusty y Eli averiguaron lo que son en un viaje de autodescubrimiento lento y evocador, en el caso de Opi todo ha cambiado de la noche a la mañana.
Para ella, ha sido como si un tren colisionara a toda velocidad, por lo que no es de extrañar que esté tan confundida y se sienta tan frustrada, ni que Dusty tenga esa necesidad tan fuerte de proteger a su hermana de sí misma.
Al menos, eso es lo que se dice.
—Escuché lo que me dijiste en Halloween —suelta—. Sé que nuestra dinámica ha cambiado. Y sé que poder alimentarme de la persona que más quiero, mientras que tú no, es injusto. Lo siento, Op, mucho. Pero espero que comprendas por qué esa opción no es viable para ti ahora mismo.
Opi abre la boca para hablar; no obstante, Dusty la detiene.
—Sobre todo, ahora que han encontrado a Kristen. No pode mos arriesgarnos. Ni siquiera conoces a Ben. Sé que piensas que lo de la otra noche no fue para tanto, pero si Eli no hubiera estado allí… Si él no te hubiera parado…
—Solo lo probé —replica Opi en voz baja; sus colores se dispersan como si se estuvieran desmoronando a su alrededor.
—No pudiste evitarlo —dice Dusty por ella—. Lo pillo. Hazme caso. Cuesta mucho contenerse cuando lo tienes justo delante de ti. Incluso aunque sea algo tan inofensivo como una gota de tu dedo. Así que espero que, por ahora, alimentarte de Mali sea suficiente. Ella te mantiene con vida, Op.
Opi suspira y sus colores vuelven a cambiar, apagándose conforme asiente.
—Lo sé.
Dusty exhala un suspiro y luego hace lo posible por que su pelo parezca presentable para el día que tienen por delante.
—Ahora —dice—, aunque sea un rollo, tenemos que lavarnos los dientes para irnos al instituto.
Las dos sonríen mientras miran el tubo de pasta de dientes de fuerte sabor a menta como si en realidad fuera el peor de sus problemas.
Cuando Eli entra en la cafetería, medio espera que todo el mundo esté hablando de que han encontrado el cadáver de Kristen.
No obstante, nadie lo está haciendo y su altar continúa intacto, lleno de mensajes y ofrendas de esperanza.
Le da un vuelco el estómago, pues sabe que solo es cuestión de tiempo.
En cuanto pone un pie en la concurrida sala, se dispone a dar se la vuelta y esconderse en el auditorio. Pero Dusty se vuelve y lo saluda para que se acerque a su mesa con Mali y Will, y sabe que después del fin de semana tienen mucho de lo que hablar.
Cuando pasa al lado de ellos, observa a sus antiguos amigos, que se dan cuenta de la dirección en la que va. Matt se lleva las manos al pecho haciéndose el ofendido, mientras que Jesse desvía la mirada y se gira para hablar con alguien al otro lado de la mesa.
El muchacho se sienta junto a Mali, que está llevándose un buen bocado de macarrones con queso a la boca. Dusty le manda un saludo reconfortante a través del vínculo y Will asiente con despreocupación.
Eli pasea los ojos por el resto de la sala. Ophelia está en su mesa junto a Theo mirándose las manos. Ella desvía la vista hacia la derecha, y cuando Eli ve hacia dónde está observando, divisa al quarterback en una mesa cercana.
—Tío, ese vídeo tuyo todavía lo está petando en mi feed —comenta Mali con la boca medio llena.
—Igual si dejaras de verlo, el algoritmo haría oídos sordos. — No pretendía ser mordaz, pero hasta Eli puede oír el tono con el que lo ha dicho.
—Vale —replica Mali con las cejas alzadas—. Es evidente que a alguien no le gusta ser el centro de atención tanto como antes.
—Perdona —se disculpa, y se frota la cara con las manos. Perci be a Dusty interrogándolo por el vínculo, preguntándole qué ocu rre, pero la aleja—. Bueno, ¿qué pasa? —suelta, levantando la vista.
—Amber —contesta Dusty, aún examinándolo.
Mali asiente.
—Hablábamos de que igual si descubrimos más sobre lo que significa ser…
¿un transformado? ¿En serio así es como lo vamos a llamar?
—Todos se encogen de hombros o asienten—.
Vale —continúa—. Tal vez valga la pena preguntarle a Amber al respecto.
Ella es distinta a vosotros, ¿no? Ninguno ha tenido visiones a través de sus ojos como las habéis tenido con los demás y JD.
No está conectada con vosotros del mismo modo. Solo con él.
Dusty asiente.
—Solo vi a través de sus ojos una vez y fue un recuerdo. Puedo ver los recuerdos de los demás si los toco a ellos o a algo ligado a ellos.
—Cierto —concuerda Mali.
—Pues… —añade Dusty— creo que quizá Eli o Mali son los más idóneos para hablar con ella.
Él echa la silla hacia atrás y se pone de pie, aliviado de tener una excusa para irse.
—Eso está hecho. —Está a punto de marcharse, pero se detiene, pensando en los momentos que ha pasado con Amber los últimos meses.
En su mayoría, sus interacciones se han reducido solo a asuntos relacionados con alimentarse—.
Deberíamos ir los dos —añade en dirección a Mali—.
Además, tú eres la que se ha estado encargando del lado más… emocional.
Ella suspira, pero asiente.
Eli aguarda de pie a su lado.
Mali traga otro bocado de macarrones con queso.
—Ah, ¿ahora?
Eli desvía la mirada hacia Ophelia. Está hablando con Theo sin darse cuenta, por lo visto, de que ahora es el quarterback el que la está mirando.
El chico asiente otra vez y luego se gira para irse.
—Os contaré cómo va —oye que Mali les dice a Dusty y a Will cuando se levanta para seguirlo.
Justo antes de que Eli llegue a la salida, escucha que Mali se para a hablar con alguien más.
—Hola —dice en voz baja y cálida.
Él se gira a tiempo de verla sonreír a un grupo que está sentado en una mesa observándola con los ojos muy abiertos.
A su alrededor, hay instrumentos de todas las formas y tamaños.
Mali tiene la vista clavada sobre una chica en concreto.
Esta mira hacia atrás para comprobar si Mali no está hablando con otra persona.