White Mountain (Black River 2) 8. Transformados
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8. Transformados

Transformados

Unos cristales afilados le rozan la cara mientras corre entre los árboles cubiertos de nieve.

Abre los ojos en el otro lado, jadeando, con el miedo haciendo que las extremidades le pesen al tiempo que intenta seguir el ritmo.

El chasquido de un tiro todavía resuena en sus oídos, de alguna forma más alto a cada segundo.

«Huye, huye», grita su mente. No obstante, justo cuando empie za a correr otra vez, se detiene en seco.

Cuando se estrella contra el suelo, la agarran de los tobillos. No puede moverse.

Los pasos se acercan, amortiguados por la nieve. Ella mira a su alrededor, limpiándose los ojos húmedos. Un terror que no sabía que existía le recorre las venas.

Se produce un movimiento entre las sombras de los árboles, y gira la cabeza con brusquedad. Ahí, saliendo a la luz de la luna. Seis de ellos. Puede sentir su ira, su dolor, su intención. Fuera de la vista, es capaz de percibir a otro más. Poderoso.

Una oscuridad líquida le recorre hacia arriba la columna y la parte en dos.

Un pensamiento se cuela a través de la negrura: «Así es como voy a morir».

Dusty parpadea, volviendo en sí misma y sintiendo a su hermana por todas partes.

—Opi —susurra, y el pánico la invade al tiempo que cierra el portátil y cruza la cama a gatas hasta la ventana abierta.

Está lista para salir a la noche. Lista para luchar, para morir.

Cualquier cosa por su hermana. Pero se detiene.

El sol brilla, haciendo que lo que queda del dosel de hojas cambiantes arda en llamas.

No era una visión ni un recuerdo.

Lo que acaba de ver está por venir.

Es última hora de la mañana del sábado, y Opi se encuentra entre Mali y Eli en el sofá. Dusty ha convocado una reunión de urgencia en su casa.

Will está en la silla enfrente de ellos, con los codos apoyados en las rodillas y la cabeza agachada, y Dusty se halla en cuclillas a los pies de Mali, agarrándole las manos a su amiga. Acaba de contarles que han encontrado a Kristen.

—Lo resolveremos —dice Eli—. Paso a paso.

Él fue quien lo confirmó anoche. Se acercó lo suficiente como para ver el árbol volcado en el lugar exacto en el que la habían enterrado.

Mali ha permanecido en silencio todo el tiempo, pero solloza, y cuando Opi la mira, puede ver cómo una lágrima le baja por la mejilla. También oye los latidos de su corazón y el modo en el que la sangre le fluye con suavidad por las venas.

Aparta los ojos con la boca haciéndosele agua mientras se reprende a sí misma. Dusty parece totalmente relajada alrededor de Will; salta a la vista que la sangre es lo último en lo que está pensando su hermana. Y Eli también.

—Me pregunto si habrán avisado a sus padres de que podría ser ella —dice Mali, ausente.

Dusty suelta un suspiro largo y pausado.

—Perder a un hijo debe de ser el dolor más grande que haya, pero…

—¿Qué? —pregunta Mali, secándose las mejillas.

—Bueno —contesta Dusty, mirando a Opi—, nosotras sabemos un poco s obre aferrarnos a la esperanza de que la persona a la que más queremos en el mundo vuelva a casa algún día. Es como si flotaras, aislada de todo. Así que… yo… Será mejor que lo sepan. A la larga.

Opi no lo dice en voz alta, pero está de acuerdo.

Siente que Eli se remueve a su lado. Él abre más las rodillas y le roza las suyas.

—¿Tienes que ocupar tanto espacio? —se queja.

—Soy alto. Supéralo. —El chico aleja al instante la rodilla de la suya y el espacio se enfría cuando lo hace.

Opi alza la vista y descubre a Dusty mirándola con el ceño fruncido.

—Perdona —repone, sacudiendo la cabeza—. Es que… Lo único que se me viene a la cabeza son nuestras manos enterrando a Kristen. Nuestras huellas podrían estar por toda ella, si eso es posible.

Dusty asiente.

—Yo me preguntaba lo mismo, pero me da demasiado miedo buscar la respuesta. De nuevo, debemos tener precaución.

—No va a pasar nada —responde Eli al tiempo que se pone de pie. Empieza a andar por detrás del sofá—. Tenemos nuestras propias… ventajas ahora. Las usaremos cuando las necesitemos.

Todos asienten, al parecer más tranquilos por poder contar con las habilidades de Dusty y él si la policía comienza a husmear otra vez. Opi, por el contrario, se da cuenta de que sigue sin ser de ayuda para ninguno de ellos.

—Hay algo más —añade Dusty, que se incorpora para sentarse en la silla al lado de Will.

Él ladea la cabeza para mirarla.

—He tenido otra premonición.

Eli deja de pasearse justo detrás de Opi, aguardando a que Dusty la describa.

—Era la misma noche que la primera —cuenta—.

Al menos, parecía y se sentía como la misma noche.

El miedo… —Mira a Opi antes de proseguir—.

Era Opi, aterrada, corriendo por el bosque.

Había más nieve que ahora. Muchísima más.

Y, esta vez, algo se aferró a sus tobillos.

La sujetaba en el sitio. Entonces, de entre los árboles, salieron seis extraños.

Todos de nuestra edad, y…, por sus colores, creo que eran como nosotros. O, al menos…, creo que eran como Amber.

Mali se echa hacia delante.

—¿A qué te refieres con que eran como Amber? ¿En qué sentido?

—Bueno…, Eli, Opi, yo, incluso JD… Nuestros colores se mueven de manera distinta a la de todos los demás.

Es una especie de característica que ahora puedo distinguir.

Somos… distintos. Amber también la tiene, de algún modo, pero más débil.

Es diferente a la nuestra, la de los creados por la presencia, aunque también la de la gente normal.

Es como si sus colores siempre estuvieran buscando, aguardando alguna señal.

Más infantil, en cierta manera, salvo por la…

sed peculiar. Al pensar en JD, es como si los colores de Amber replicaran los suyos.

Como si hubiera absorbido parte de la esencia de él cuando la transformó.

Will apenas se ha movido; no obstante, Opi puede oír cómo se le acelera el corazón. Hasta es capaz de oler su preocupación.

—¿Qué quieres decir? —pregunta Mali, de pronto con un tono cortante.

—Estaba oscuro, pero los seis extraños… Sus colores tenían todos la misma característica. La de Amber. Replicaban los de JD. Entonces, justo antes de que terminara la premonición, sentí que había alguien más allí. Alguien poderoso. Debía de ser él. Creo que los extraños eran… suyos.

—¿Qué estás…? No —replica Mali, inflexible, observando a su alrededor como si esperara que alguien le dijera que no era cierto.

Will se pasa las manos por la cara y luego se echa el pelo para atrás.

—Está diciendo que cree que JD está creando más de ellos —suspira—. O que lo hará. Transformar a personas como hizo con Amber.

Se produce un largo silencio antes de que Mali susurre:

—Pedazo de cabrón.

Opi asiente. No se lo puede creer.

—Entonces ¿significa que va a volver? —pregunta Mali.

—Eso parece —contesta Eli—. Y va a traer un pequeño ejército con él.

Dusty sacude la cabeza.

—A ver, no lo sé con seguridad. Ni siquiera sé cuánto tiempo pasará antes de que ocurran estas premoniciones.

Podría ser el invierno que viene. O dentro de años.

Pero… no sé. En cierto sentido, parecen una advertencia.

Como si las viera para que tengamos la oportunidad de detenerlas antes de que ocurra de verdad. Para proteger a Opi.

—¿Y estás segura de que estabas viendo a través de sus ojos? —pregunta Eli.

Opi siente la mirada de él sobre ella mientras se alza imponente a sus espaldas, aunque no se da la vuelta.

Dusty se encoge de hombros.

—La pude sentir. La pude oler. De forma abrumadora.

Eli está callado, pero Opi lo oye girarse como para mirar por la ventana.

—¿Qué hacemos? —pregunta Mali—. No tenemos ni idea de dónde se encuentra JD, y si ya ha transformado a sus… ¿Cómo los llamamos?

—¿Transformados? —propone Will.

Mali se encoge de hombros y asiente.

—Eso mismo.

—Debemos encontrarlo —suelta Dusty—. Tan pronto como podamos. Luego, tal vez seamos capaces de evitar que cree más transformados. E impedir que vuelva a hacer… lo que sea que iban a hacerle a Opi en la premonición.

—¿Y después qué? —pregunta Will—. ¿Qué haréis cuando lo encontréis?

—Yo podría controlarlo —se ofrece Eli, volviendo al sofá para sentarse. Se inclina hacia delante con los codos apoyados en las rodillas y los dedos entrecruzados—. Podría decirle que pare, que en realidad no quiere herir a nadie o transformar a ninguna otra persona. Decirle que no sea… JD.

Opi niega con la cabeza.

—Eso no es suficiente —espeta, alzando la vista y percatándose de que lo ha dicho en voz alta.

Todos se giran hacia ella.

La chica se muerde el labio inferior.

—Lo siento, es que… Es buena idea que Eli pueda controlarlo para que pare, pero…

—sacude la cabeza— para cuando te colo ques delante de él así, te habrás arriesgado muchísimo.

Sobre todo, si ha creado un pequeño ejército.

No quiero que nadie salga herido por mí.

Por vuestra necesidad de protegerme. Hagamos lo que haga mos, tiene que ser rápido.

Sin vacilaciones. Sin tiempo para… —La frustración se refleja en su tono.

Sabe que Dusty y, por consiguiente, Eli irán tras JD y la dejarán atrás para mantenerla a salvo, arriesgando sus propias vidas sin pensar en lo doloroso que sería perderlos; perder a Dusty sería peor para Opi que nada en la vida.

Dusty no es la única que no puede soportar más pérdidas. No es la única que siente el dolor del abandono.

—Entonces ¿qué intentas decir? —pregunta Eli, examinándola—. ¿Que lo matemos?

Se sumen en un silencio largo y cargado.

Dusty empieza a negar con la cabeza y parece que va a protestar cuando Mali la interrumpe.