White Mountain (Black River 2) 5. Una promesa escrita en la nieve
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5. Una promesa escrita en la nieve

Una promesa escrita en la nieve

—Parece que he llegado justo a tiempo —suelta Eli, mirando a Opi con fijeza.

Esta abre la boca para hablar, pero no puede. El sabor de la sangre de Ben aún cubre su lengua.

Dusty se aleja de Eli para girarse hacia su hermana.

—¿Qué estás haciendo? —pregunta enfadada.

—Nada —responde Opi—. No iba a…

—Ha sido… Ha sido culpa mía —interviene Ben. Suena aturdido, como si reprodujese el último minuto en su cabeza para tratar de procesarlo.

—Creo que es hora de que vuelvas a entrar —replica Eli.

Opi está indignada.

—¿Perdona? —espeta, levantándose para ver al muchacho.

Dusty suelta un suspiro pausado y luego le pone la mano encima a Opi en el brazo.

Esta se retuerce y se libera.

—¿Qué problema tienes? —suelta.

Dusty la mira con los ojos abiertos como platos.

—Estás de broma, ¿no? Métete en el coche.

—¿Va todo bien? —le pregunta Ben a Opi.

—Yo que tú, me quedaría al margen —interrumpe Eli, haciendo un gesto con la cabeza hacia Dusty, y añade—: Son hermanas.

—Ah —responde Ben, asintiendo como si eso fuera explicación suficiente.

Se oyen unos pasos en el porche. Opi desvía la mirada hacia el sonido, donde ahora se encuentra Will, observando la puerta principal rota.

Otras personas de dentro también lo notan y están echando un vistazo a ver de qué va todo ese jaleo.

Will dirige la vista a Opi y a Ben, luego a Eli y, por último, a Dusty.

—Igual deberíamos marcharnos —propone.

—Al coche. Ya —dice Dusty, furiosa, con la voz tan suave que parece letal.

Opi se gira, dispuesta a enfrentarse con su hermana de nuevo, pero sus ojos se fijan en Eli.

Espera que la mire como lo había hecho cuando la detuvo con su padre —con cautela, decepción y condescendencia—; no obstante, en su lugar, más bien la observa con curiosidad, como si la estuviera viendo por primera vez.

Ella intenta cambiar lo que siente por él.

Sabe que debería estar más agradecida por lo que hizo, y, muy en el fondo, es así.

Pero, como el día que lo vio en el claro con Dusty la asustó tanto, parece que ahora solo es capaz de echarle la culpa a él.

Había notado un odio tremendo. No recuerda haber odiado a nadie así antes, y los restos de ese sentimiento siguen adheridos a ella como si de un pegamento extrafuerte se tratara.

Después, antes de tener ocasión de verlo de otra forma, su vida se puso patas arriba y ahora él tiene vía libre en sus vidas al compartir ese vínculo familiar y sobrenatural con Dusty que los hace más fuertes a los dos.

Sin embargo, Dusty es la hermana de Opi, la sangre de Opi.

Y, hasta hacía muy poco, Eli ni siquiera sabía cuáles eran sus nombres.

Ahora siempre está revoloteando alrededor; si no en su casa, cerca, en la montaña.

Puede olerlo en todas partes, a cada momento, irritándola de un modo que, de alguna manera, dificulta los ya de por sí complicados sentimientos de Opi.

Hace que esta se sienta alejada de su hermana de una forma que jamás lo ha hecho.

Aunque tenga dieciocho meses menos, siempre se ha sentido más como una amiga de su hermana.

Ahora, le parece que tiene que probarse a sí misma en cierto sentido.

Demostrarles que no es solo la hermana bebé a la que aún le cuesta montar en bici sin los ruedines.

Demostrarles que no se encuentra a segundos de perder el control. Demostrarles que no los necesita.

Eli sonríe con la comisura de la boca, provocándole una nueva punzada de nerviosismo. Es como si él siempre fuera consciente de un chiste que ella nunca pillase, recordándole que es la única persona en el mundo que ha presenciado sus peores momentos.

—Iré a buscar a Mali —dice Will.

Opi mira a Dusty, que parece en conflicto. No quiere esperar.

—Yo la llevaré a casa —suelta Eli con la vista clavada en Opi—. Tengo el coche en la carretera principal. Lleva tú a Will y a Mali de vuelta al pueblo y yo me reuniré con vosotras en vuestra casa.

Dusty no responde por un instante, pero luego suspira.

—Vale.

—¿Os dais cuenta de que estáis hablando de mí como si yo no estuviera aquí? ¿No creéis que…?

—No —dice Dusty, cortándola.

—¿Seguro que estás bien? —pregunta Ben. Ahora se le ve sobrio, como si los últimos minutos le hubieran quitado de un plumazo la borrachera.

—Está bien —contesta Eli, acercándose y poniéndose delante de Ben para mirarlo a los ojos—. Y tú también lo estás. Os habéis dado un cabezazo; después, su hermana ha llegado y os ha interrumpido. Eso es todo.

—Eso es todo —repite Ben.

Eli lo mira fijamente hasta que Ben asiente hacia Opi y se marcha adentro.

—No ha pasado nada —suelta Opi cabreada y con palabras cortantes.

—No sé yo si eso sería nada —repone Eli.

El mal humor de Opi se reaviva otra vez, pero se resiste a volver a mirarlo. En su lugar, se gira hacia su hermana.

—No importa lo que yo haya hecho, eso no te da derecho a controlarme.

—Opi, ¿qué…?

—No, Dusty. Estoy hablando, y necesito que me escuches.

— Agarra a su hermana del brazo y tira de ella para alejarla de la fiesta, en dirección a los árboles—.

Sí, cometí un tremendo y horrible error que nunca jamás me perdonaré justo después de cambiar; pero desde entonces es como si, a menos que actúe como una buena chica, sea simpática y sonría a todo el mundo e ignore lo que desea mi cuerpo, tú pensaras que lo haré otra vez.

Mientras tanto, tú ya no tienes que luchar contra tu sed de sangre.

Puedes dejarte llevar cada vez que te apetezca, y yo tengo que reprimirlo día tras día.

Tú estás floreciendo prácticamente y tus mejores amigos saben la verdad; por el contrario, yo lo he perdido todo.

No tengo a na die. ¿Cuánto tiempo esperas que esto siga así?

¿Cuánto tiempo debo pagar por lo que hice?

—Opi —dice Dusty en tono bajo, con los ojos casi negros en la oscuridad—, yo maté a un hombre. ¿Se te ha olvidado? ¿En qué mundo crees que vivir con eso es florecer?

—Lo sé, Dusty, ¡pero yo no lo he hecho!

—Opi, ¡tú te alimentaste de papá!

Opi siente como si se hubiera quedado sin fuerzas. Le palpita la cabeza mientras el corazón le late con violencia.

—Acababa de cambiar —susurra ella con la voz quebrándosele. Nota que Eli las está mirando e intenta no dejar que el recuerdo entero la consuma—. Sabes que no volverá a ocurrir —añade con frialda d—. Fue un error. Eso no te da derecho a tenerme atada en corto.

—Pues salta a la vista que te hace falta —replica Dusty igual de fría—. Todavía huelo su sangre en ti, Opi.

—No iba a… —Opi se detiene, percatándose de que es inútil defenderse.

Suspira—. Lo que intento decir es que no puedes negar lo muy restringida que estoy en comparación contigo ahora.

¿Qué pasa si nuestra naturaleza es alimentarnos de alguien que…

de alguien que nos hace sentir como Will te hace sentir a ti?

A lo mejor si no tuviera que alimentarme por narices de Mali, cosa que, por cierto, odia, yo no…

Tú no te preocuparías tanto por mí. Igual yo sabría quién soy ahora.

—¿Esto es porque no has desarrollado aún ninguna habilidad? —cuestiona Dusty.

La pregunta escuece. Opi sabe que todos han estado esperando a que ocurra algo, a que algún tipo de poder nuevo y místico surja de las cenizas que era ella, pero no ha ocurrido nada, ni siquiera una chispa.

No es por el poder en sí mismo, se da cuenta ella ahora, sino más bien como señal de que avanza hacia delante.

En vez de eso, se ha quedado atrofiada, subdesarrollada.

—Opi —suelta Dusty, mirando a su alrededor como si leyera los colores de su hermana.

Exhala despacio en un intento de calmarse—, esto no va de lo que hemos obtenido ni de lo que es justo.

Nada de esto lo es. ¿De veras piensas que mi vida es fácil ahora?

Yo soy la que está tratando de averiguar qué ocurre.

La que todavía busca a mamá. La que vive con lo que ha hecho.

Y tú deberías estarle agradecida a Mali, joder.

Si no te hubieras alimentado esta mañana…

—¡Pero sí que lo he hecho! No soy estúpida, Dusty. Ni tampoco una ingenua, a pesar de lo que creas. ¡Por eso he venido aquí con él!

Espera a que Dusty diga algo. Lo que sea. No obstante, su hermana se restriega la cara en silencio, haciendo que Opi sienta que su verdad no es más que una molestia.

Tras un rato, Eli suelta con calma:

—Vámonos.

Dusty se gira y camina de vuelta a casa a esperar a Will y a Mali.

—Estupendo —murmura Opi—. Lo que pensaba. Mis sentimientos no importan una mierda.

Por el rabillo del ojo, ella ve que Eli la está esperando. Antes de que sus emociones la abrumen, Opi se gira sobre sus pasos y camina en dirección contraria mientras él la sigue de cerca.

Cuando Eli toma el desvío al pie de la White Mountain, los faros de la camioneta iluminan un cartel reciente: desaparecida . Aún se pueden ver los bordes del mismo que yace debajo, desgastado por el tiempo.

—Los padres de Kristen han debido de sustituirlo mientras estaba fuera —comenta él.

Silencio.

Asiente para sí mismo. A su lado, Ophelia va sentada con los brazos cruzados y el cuerpo girado hacia la ventanilla.

—Conque el quarterback , ¿eh? —pregunta el muchacho con la vista fija en la carretera.

Él oye cómo se vuelve en el asiento. Cuando la observa, ella ha girado la cara hacia él y lo está mirando.

—No te culpo, ¿sabes? —añade—. Podía oler su sudor bajo toda esa sangre sintética deliciosa. Aunque es un poco raro que no se duchara o se pusiera un uniforme limpio, ¿no? ¿Qué se cree? ¿Un actor de método o algo así?

—¿Puedes dejarlo?